
Ángeles Charlyne, María de los Angeles Carloni, nació en Monte Buey. Provincia de Córdoba (Argentina), el 2 de mayo de 1956.Reside en Lomas de Zamora, Buenos Aires. Escritora y Pintora. Poeta y Narradora. Fue consagrada Primer Premio Poesía en el “III Certamen Internacional de Poetas y Narradores Contemporáneos 2002”- Editorial “DE LOS CUATRO VIENTOS”. Ese mismo año publicó “Vitral” (Poesía).Seleccionada por el mencionado sello editor para integrar las siguientes antologías:"Poetas y Narradores Contemporáneos 2002"- "Homenaje a Julio Cortázar" -2002- “Letras en la Red” - 2003- “Letras al viento”-2003- “Homenaje a Oliverio Girondo” -2003-“Nueva Literatura Argentina”-2004- “Territorio Sur”-2004- “Nueva Literatura Argentina 2005”- “Son puros cuentos” -2006- Editorial Dunken.Autora/ Stand, Editorial “De Los Cuatro Vientos”/ Feria Internacional del Libro/ 2003/2004/2005.Obtuvo menciones y distinciones en numerosos certámenes. Primer Premio “Poema Ilustrado”-año 2000- Escuela Bellas Artes -Lanús- Buenos Aires (Argentina) Ilustró cuentos del escritor y periodista Carlos Parodíz Márquez (revista Sudestada)Su material literario ha sido publicado en páginas y revistas digitales .En la plástica, expone. Miembro activo de “SURARTE”-Artistas Visuales-, y de la Federación de Entidades de Artistas Plásticos, Delegación Lomas de Zamora. Buenos Aires. Se desempeñó como columnista colaboradora en el sitio Web del Diario La Unión, Lomas de Zamora, Buenos Aires (Argentina), con su espacio “La lengua en la cornisa”.
Perfume
El ciego huele el perfume que nace en la piel de la mujer amada... único... inigualable... y con la fragancia que no requiere envase... se unta los sentidos...
Los aromas ganaron altura. Los sentidos, alertas, atraparon distancias. La percibió flotando, como siempre, en las profundidades de su sexo. Ella era un remolino abrasador que lo envolvía. Él, apenas, hoja revuelta por otoños de furia. Nunca pronunció su nombre. La llamó: mujer perfume... agua... espuma y sal... madera de oriente, musk, azahar, benjuí, nardo, sándalo, reina de la noche. Porque las noches, aliadas, la traían dejando atrás estelas intangibles de paso breve... sueño que se desvanece con la mañana. Andrés olfateó, como un perro, los últimos vestigios. Pensó en la hembra de otro y gruñó lo inalcanzable...
ΘΘΘ
Refugio
Lo incierto flameaba; quiso sostenerse sobre los tablones flojos del puente... del otro lado
-creyó -, lo esperaba la salvación
Lo tiraron a las sucias aguas del río. Estaba herido de bala. Se aferró a unos pastizales que le sirvieron de refugio. Las altas varillas hicieron de soporte. El miedo, sólido, le paralizó hasta su aliento. Alguna vibración, el leve rumor de la respiración, tal vez, podrían alertar al patrullero que se alejaba. La voz lo sobresaltó:
-¿Quién anda ahí?-. Se supo descubierto por el hombre vestido de andrajos. Le pidió ayuda. El ciruja le dijo -¿pero qué puedo darte yo?; -Sólo una bolsa -respondió desesperado-, nada más que otro refugio para la confusión... eso... volverá a salvarme...
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Mujeres
Ayer, hoy, mañana… después y nunca….
Las cinco mujeres, aguardaban al psicoanalista. Todas charlaban, excepto una. La señora de don Ayer decía que él, siempre pensaba en su pasado. La de don Hoy, que nunca lo hacía en mañana. La de don Mañana, que el suyo postergaba todo para después. La señora de don Después “que para su cónyuge no existía ni ayer, ni hoy... que todo era luego”. La mujer silenciosa miraba sin comprender por qué ellas no estaban conformes. Una, rompió el mutismo -Decime... ¿vos no tenés de qué quejarte?-. La interrogada miró antes de contestar con otra pregunta -¿Qué podría decir alguien casada con don Nunca...?
ΘΘΘ
Molerte
Algo de Pablo, el de Isla Negra y de su magistral cocina, saltó a mi plato vacío. Ahora tengo sus palabras en una ensalada y tus manos, tus ojos y tu corazón, dando vueltas en mi insaciable garganta...
Se colocó el delantal, el gorro y se dispuso a preparar el menú. La receta se la había recomendado una amiga, acostumbrada a ciertos ritos -No falla -le dijo- después de probarlo nunca más te gustará otro-. La licuadora trabajó implacable, triturando cada parte. El jugo rojo, parecía tentador, no se contuvo, mojando el índice en el líquido que saltó de la máquina. Tomó, por último, el corazón del hombre, a salvo de la moledora y adornó con este, el plato principal. Buscó acomodarse en la silla, presa en la gula de amor. Mordió los ojos de su amado, como uvas… y le pidió perdón por sentarlo en su mesa sin permiso...
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