México, Distrito Federal I septiembre-octubre 2007 I Año 2 I Número 10Publicación Bimestral I

 








 

EL CÍNICO

Alejandra Loreto Rojas Silva, Loreto Silva, nació el año 1959 en el oasis de  Pica en Chile. Hoy vive en Santiago de Chile, y se dedica a: la narrativa y pintura.Ha publicado dos libros de cuentos: “Es mi naturaleza dijo el escorpión”, año 2005; y “Chile: Punto de quiebre y otros relatos”, año 2001. Y por editar: “Los Nuarianos”.Está Diplomada en Administración de Empresas y es Ingeniero de Ejecución en Sistemas de Información; como autodidacta es: Escritora y Pintora.A la fecha es: socio de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH) y miembro del Club Literario de www.escritores.cl. Está inscrita en REMES.

Esa mañana Chris Hart tuvo la oportunidad de sorprenderse y era difícil que esto ocurriera. Había sido extremadamente vividor y a su edad aunada a su experiencia parecía que en este mundo las sorpresas para él ya se habían agotado.  

Estaba entrevistando al último candidato para el cargo de Subgerente de Finanzas intuyó que este joven era el mejor candidato. Extrañamente le agradó por su sola presencia y tratándose de un gerente de la vieja escuela, suspicaz, exigente y dictatorial; era algo inusual. Verlo le hizo recordar cuando tenía veinticinco años físicamente similares considerando las diferencias de edades, modales finos, elegante, delgado y por sobre todo la ambición reflejada en el rostro. De su persona emanaba poder a cualquier otro esto lo habría intimidado, pero Chris habituado a su competitivo ambiente gerencial al cual llamaba íntimamente “jauría de hienas” no lo inquietaba un mocoso inexperto.  

En su currículo leía: Andrés Errázuriz Montt segundo apellido Montt, notó que lo observaba seguramente esperando preguntas.

—Con que Errázuriz Montt— dijo por fin.

—¿De la familia Montt dueños de las empresas de curtiembre?

—No señor mi familia es campesina tenemos un pequeño fundo, nada relacionado con curtiembre.

Le agradó su respuesta honesta, directa y hasta el tono educado de su voz resolvió contratarlo.   

—Podemos ofrecerte estas condiciones— las enumeró y luego consultó:

—¿Puedes comenzar el lunes?— el muchacho muy seguro de sí mismo no se inmutó con esta oferta, más bien parecía sentirla merecida un resultado natural a su innegablemente excelente preparación.

—¿Y por qué no ahora mismo señor, me quedo y ya? El lunes prefiero llegar preparado a trabajar.

A Chris le pareció una propuesta que manifestaba disciplina de trabajo, para zanjar el tema acotó.

—El contrato se inicia a contar del lunes, estos días no te los pagaríamos.

—¡Ganaré experiencia entretanto señor!

Vaya, vaya, pensó, Chris, ya vas a ver en lo que te estás metiendo muchacho. Mientras pasaban estas ideas por su mente, presionaba el intercomunicador.

—Elena, llame al Jefe de Personal para que haga el contrato, usted interiorice e inscriba en el circuito de inducción a este joven y lléveselo.

—Sí señor inmediatamente.— Fue la respuesta casi instantánea de la eficiente secretaria. Por su parte Chris terminó agregando:

—Conocerás áreas, gerencias, departamentos, jefaturas; ya vas a ver ocúpate de anotar todo eso porque yo no voy a darte información que entreguen en ese curso.

—Descuide señor por costumbre anoto todo lo relevante.

—Me parece bien, ve con Elena— ella, estaba en la puerta brindándole una sonrisa y al parecer muy dispuesta a ser su guía. Andrés realiza la última consulta.

—Respecto de la hora de entrada, señor…

—A las 8:45 como en toda empresa de servicios.

—Señor me gustaría llegar más temprano, aprovecharía ese tiempo para trabajar y cuando tenga que salir aviso a la secretaria y me movilizo con independencia, con la tranquilidad de tener cubiertos mis deberes.

—¡Buena idea! no tengo objeciones.

—Permiso entonces— dijo Andrés mientras seguía a Elena.  

Chris realizó un pequeño movimiento de cabeza, sin siquiera pararse o darle la mano lo despidió. Una vez a solas meditó, estos jóvenes cada vez van más rápido por la vida: Ingeniero en Finanzas con mención en computación e informática, Master Financiero, Master en Administración de Grandes Corporaciones, Full bilingüe en inglés y francés, conocimientos básicos de japonés. Con excepción del francés y japonés, él tenía igual formación, claro que lo aprendió en diez largos años y este joven venía saliendo del cascarón y ya traía todas esas herramientas. Era cómico pero le parecía verse a sí mismo en un remake la misma historia, pero actualizada y con nuevos actores. 

Esa noche Chris no podía dormir se daba vueltas en su amplia cama vacía. Desde que la última de sus hijas se casó su otrora fiel y sumisa esposa se había mudado a un departamento en Viña del Mar, si bien ella seguía cumpliendo su rol social sólo lo apoyaba para mantener las apariencias y hacer feliz a la familia extendida. Pero cariño del bueno, compañerismo o amor: nada. Lo sabía merecido resultaba evidente que su comportamiento en los años mozos había minado el amor que existió en ella. Él hizo todo para lograr este final así que a callar y aguantar.  

Recordó cuando tenía unos ocho años de casado ya tenía a sus cuatro retoños y vivía ocupado con: sus ambiciones, su trabajo, sus amiguitas y su familia; lamentablemente en ese orden. 

Ese día había sido ajetreado estaba en un café, aburrido, mientras su vista deambulaba de mesa en mesa la vio. Tenía bonita figura, rubia, de tez blanca, sonrisa de comercial y profundos ojos verdes. Estaban en mesas contiguas, se puso a conversar con ella y engancharon, comenzaron siendo amigos, luego intimaron y al cabo de un tiempo se tornaron inseparable. Él le puso un departamento y con la excusa de sus negocios, entraba y salía cuando deseaba, ella por su parte era sureña, trabajaba de secretaria en una empresa céntrica y no imaginaba que él tenía compromisos.  

Cuando llegó una tarde  ella lo esperaba radiante para darle la mayor alegría de su vida

—¡Estamos embarazados!— le dijo y se echó en sus brazos.

—¿Cómo es eso de “estamos embarazados”?— le espetó secamente, apartándola de sí. No estaba en sus planes un huacho y hacía un tiempo estaba preocupado, era inadecuado en su posición y para sus ambiciones continuar con esta niñita: Teresa Montt.  Por la cual había tomado esta afición tan apasionada que ya estaba afectando sus intereses. 

Dejando en evidencia su falta de amor, extrajo su chequera y escribió un monto muy generoso  le pasó el documento a Teresa. Ella lo observaba en silencio como si fuese la primera vez que lo veía, no atinando a hacer o decir algo. Dada esa situación le dejó el cheque sobre la mesa y ordenó:

—Anda a una buena Clínica y suprime ese problema no quiero que te arriesgues, cuando estés libre llámame. Le dio una palmadita en la mejilla y se fue dando un portazo.

¡Amarrarme con crías a mí! ¿Qué se habrá imaginado? Él se las sabía todas de seguro lo llamaría dentro de unos días para disculparse; pero aquello no ocurrió. La buscó en el departamento y lo halló vacío; la llamó al trabajo y nadie sabía donde estaba y si conocían su paradero no abrieron la boca; literalmente había desaparecido. Mejor de esta manera, no podía darse el lujo de tener amiguitas que lo pusieran en conflicto e interfirieran con sus metas. 

Él llegó a pensar que Teresa realmente lo había amado, pero cuando apareció en su cuenta corriente el cobro del cheque entendió que era otra de tantas que ya habían pasado por su vida y quizás lo del embarazo había sido una forma de sacarle dinero.  

¡Que extraña es la razón de la sinrazón! había bastado un apellido para gatillar esa serie de recuerdos enterrados tantos años en su mente.

Andrés se dio a conocer dentro de la empresa en gran parte por su juventud, aportes profesionales, carisma personal y por el gran parecido físico que tenía con su jefe directo. Aunque nadie lo mencionó explícitamente, por miedo a represalias, el comidillo estaba por todos lados.

Chris por su parte disfrutando la simpatía que surgió entre ambos lo tomó bajo su tutela y lo ayudó a potenciarse. La transnacional ponía a disposición de quien se interesara una serie de actividades a nivel internacional. Lo mandó a cuanto curso o representación se pudiera hacer en el extranjero, él estaba harto de tener que: asistir a convenciones, dictar charlas, conferencias y demás actividades propias de su cargo; Por tanto, la presencia de Andrés único subalterno que lo tuteaba y a quién tenía como a un par le alivianó bastante el trabajo. Situación que supo aprovechar en su beneficio personal.  

Parecía que su vida agitada le estaba pasando la cuenta. Concretamente a un año de llegar Andrés se había empoderizado de la gerencia completa, con un perfil bajo, que no causaba conflictos ni suspicacias.  

Era lunes y Chris llegó cerca del mediodía, Elena le informó que el Gerente General deseaba hablar con él, lo esperaba en su oficina y parecía que era urgente. Llamó a Andrés y le consultó si existía alguna situación especial. —Nada que yo sepa Chris— fue su respuesta cordial.  

 Fue a la oficina del Gerente General, entró y saludó:

—Patricio me dijeron que deseabas conversar conmigo— desde un gran sillón le miró por sobre los lentes puestos en su nariz un sonriente señor algo calvo.

—¡Hola Chris! ¡Que bueno que llegaste! necesito conversar contigo— le indicó un sillón frente al escritorio se puso de pie cerró la puerta y de un pequeño armario sacó dos vasos, les puso hielo y agregó whisky. Todo este ritual inquietó a Chris algo sabía de este modus operandi.

—Vamos acompáñame y conversemos civilizadamente. Tú mejor que nadie conoces la situación de nuestra empresa y que constantemente estamos reestructurando áreas para generar economías. Esta vez se verá afectada tu gerencia.— Terminó de decir esto y bebió un buen trago de su vaso, dejando tiempo para que sus palabras hicieran efecto. —Patricio, creo que si vamos a mover algo en “mi gerencia” debo participar en las decisiones.— Respondió secamente y bebió todo el contenido de su vaso, sintió como la ira se apoderaba de su mente.

—Ahora no Chris, porque el corte se realizará al nivel más alto.— respondió Patricio.

—¿Me quieres decir que me estás echando?— fue la respuesta de Chris, Patricio acotó:

—La palabra correcta es desvincular.—

—Deja los eufemismos de lado— dijo Chris.

—¿Y se puede saber qué van a hacer?— preguntó.

—Mantendremos tus subgerencias bajo un solo mando y eliminaremos al subgerente de Finanzas, el nuevo gerente es muy joven, más económico, con nuevos ímpetus, muchas ideas nuevas y ha demostrado en terreno que puede ejercer tu cargo y asumir tus otras tareas ¿Imagino sabes a quien me refiero?— Chris palideció.

—¡Andrés! ¿Cierto?— Lamentó haberlo apoyado incondicionalmente y sintió una profunda punzada en el pecho ¿sería ese el dolor de sentirse traicionado?

—Vamos— dijo Patricio palmoteándole la espalda.

—Saquémonos las caretas, a fin de cuentas todo queda en familia, o… ¿Me vas a negar que es tu hijo?  

Chris sin oír ni esperar a que su ex jefe terminara de hablar regresó a su oficina, a la pasada llamó a Andrés quien sin preocuparse mayormente por su notoria alteración lo siguió.

—¡Malagradecido! ¿Cómo es eso de que asumes mi cargo?

—Me lo ofreció Patricio, es una gran oportunidad y no puedo desperdiciarla. Chris a ti ni te debo, ni me has dado nada: me lo he ganado yo. He trabajado de sol a sol y si no te has dado cuenta es porque nunca estás cuando llego, ni cuando me retiro. Fue Patricio quien me invitó a pasar el fin de semana a su casa y me hizo la proposición. ¿Sabias que él llega muy temprano? Nos encontramos en el ascensor casi a diario por la mañana y también cuando regreso a casa. Le encanta practicar francés y comenzó a invitarme un café a la salida y nos fuimos conociendo. Luego me pidió que le hiciera aportes concretos en el mejoramiento de algunas áreas y lo apoyé con ello, sin descuidar las tareas que me asignabas. Él me considera mejor que tú para ese cargo, no tengo la responsabilidad de que piense de esa forma, tu posición te la farreaste solito. 

A Chris le resuenan las palabras de Patricio en la mente “todo queda en familia, o… ¿Me vas a negar que es tu hijo?

—Una pregunta que nunca te he hecho ¿Puedes decirme el nombre de tu madre?

—Creí que nunca tendrías el valor de preguntarlo ¡Teresa Montt!— al oír este nombre, Chris reconoció su propia sangre, artera.

—¿Te parece conocida? Ya que tanto te interesa mi familia te comento: soy hijo de madre soltera, pero mamá decidió ponerme un apellido que me abriera puertas, ni siquiera el de mi padre biológico fue suficientemente bueno para sus expectativas. Cuando se casó con “mi padre” Fernando Verdejo ella le pidió que no me reconociera por lo tanto conservé los apellidos de huacho de alcurnia y en vez de pasar inadvertido llego a destacar. 

Chris fuera de sí y como un animal herido le gritó —¡Eres un maldito cínico! me traicionaste, te proyecté, te brindé oportunidades y ¿Así me pagas?…— Andrés displicente y sin inmutarse le contestó:

—Oscar Wilde escribió que cínico era “Aquel que conocía el precio de todas las cosas y el valor de ninguna”. Tú eres el cínico primero engañaste y luego creíste comprar a mi madre. Pero, eso no ocurrió, ella volvió al sur, el dinero para mi aborto lo depositó para pagar mi educación y nací yo. ¡Ah! Chris quiero dejar algo muy claro, fue casualidad encontrarte aquí, pero no que me comporte de esta forma, soy hijo tuyo y los genes mandan.  

Ahora te dejo tranquilo imagino que querrás recoger tus cosas y marcharte dignamente, tal como hizo mi madre hace veintisiete años.

 

 

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