
Esa mañana Chris Hart tuvo la oportunidad de sorprenderse y era
difícil que esto ocurriera. Había sido extremadamente vividor y a su
edad aunada a su experiencia parecía que en este mundo las sorpresas
para él ya se habían agotado.
Estaba entrevistando al último candidato para el cargo de Subgerente
de Finanzas intuyó que este joven era el mejor candidato.
Extrañamente le agradó por su sola presencia y tratándose de un
gerente de la vieja escuela, suspicaz, exigente y dictatorial; era
algo inusual. Verlo le hizo recordar cuando tenía veinticinco años
físicamente similares considerando las diferencias de edades,
modales finos, elegante, delgado y por sobre todo la ambición
reflejada en el rostro. De su persona emanaba poder a cualquier otro
esto lo habría intimidado, pero Chris habituado a su competitivo
ambiente gerencial al cual llamaba íntimamente “jauría de hienas” no
lo inquietaba un mocoso inexperto.
En su currículo leía: Andrés Errázuriz Montt segundo apellido Montt,
notó que lo observaba seguramente esperando preguntas.
—Con que Errázuriz Montt— dijo por fin.
—¿De la familia Montt dueños de las empresas de curtiembre?
—No señor mi familia es campesina tenemos un pequeño fundo, nada
relacionado con curtiembre.
Le agradó su respuesta honesta, directa y hasta el tono educado de
su voz resolvió contratarlo.
—Podemos ofrecerte estas condiciones— las enumeró y luego consultó:
—¿Puedes comenzar el lunes?— el muchacho muy seguro de sí mismo no
se inmutó con esta oferta, más bien parecía sentirla merecida un
resultado natural a su innegablemente excelente preparación.
—¿Y por qué no ahora mismo señor, me quedo y ya? El lunes prefiero
llegar preparado a trabajar.
A Chris le pareció una propuesta que manifestaba disciplina de
trabajo, para zanjar el tema acotó.
—El contrato se inicia a contar del lunes, estos días no te los
pagaríamos.
—¡Ganaré experiencia entretanto señor!
Vaya, vaya, pensó, Chris, ya vas a ver en lo que te estás metiendo
muchacho. Mientras pasaban estas ideas por su mente, presionaba el
intercomunicador.
—Elena, llame al Jefe de Personal para que haga el contrato, usted
interiorice e inscriba en el circuito de inducción a este joven y
lléveselo.
—Sí señor inmediatamente.— Fue la respuesta casi instantánea de la
eficiente secretaria. Por su parte Chris terminó agregando:
—Conocerás áreas, gerencias, departamentos, jefaturas; ya vas a ver
ocúpate de anotar todo eso porque yo no voy a darte información que
entreguen en ese curso.
—Descuide señor por costumbre anoto todo lo relevante.
—Me parece bien, ve con Elena— ella, estaba en la puerta brindándole
una sonrisa y al parecer muy dispuesta a ser su guía. Andrés realiza
la última consulta.
—Respecto de la hora de entrada, señor…
—A las 8:45 como en toda empresa de servicios.
—Señor me gustaría llegar más temprano, aprovecharía ese tiempo para
trabajar y cuando tenga que salir aviso a la secretaria y me
movilizo con independencia, con la tranquilidad de tener cubiertos
mis deberes.
—¡Buena idea! no tengo objeciones.
—Permiso entonces— dijo Andrés mientras seguía a Elena.
Chris realizó un pequeño movimiento de cabeza, sin siquiera pararse
o darle la mano lo despidió. Una vez a solas meditó, estos jóvenes
cada vez van más rápido por la vida: Ingeniero en Finanzas con
mención en computación e informática, Master Financiero, Master en
Administración de Grandes Corporaciones, Full bilingüe en inglés y
francés, conocimientos básicos de japonés. Con excepción del francés
y japonés, él tenía igual formación, claro que lo aprendió en diez
largos años y este joven venía saliendo del cascarón y ya traía
todas esas herramientas. Era cómico pero le parecía verse a sí mismo
en un remake la misma historia, pero actualizada y con nuevos
actores.
Esa noche Chris no podía dormir se daba vueltas en su amplia cama
vacía. Desde que la última de sus hijas se casó su otrora fiel y
sumisa esposa se había mudado a un departamento en Viña del Mar, si
bien ella seguía cumpliendo su rol social sólo lo apoyaba para
mantener las apariencias y hacer feliz a la familia extendida. Pero
cariño del bueno, compañerismo o amor: nada. Lo sabía merecido
resultaba evidente que su comportamiento en los años mozos había
minado el amor que existió en ella. Él hizo todo para lograr este
final así que a callar y aguantar.
Recordó cuando tenía unos ocho años de casado ya tenía a sus cuatro
retoños y vivía ocupado con: sus ambiciones, su trabajo, sus
amiguitas y su familia; lamentablemente en ese orden.
Ese día había sido ajetreado estaba en un café, aburrido, mientras
su vista deambulaba de mesa en mesa la vio. Tenía bonita figura,
rubia, de tez blanca, sonrisa de comercial y profundos ojos verdes.
Estaban en mesas contiguas, se puso a conversar con ella y
engancharon, comenzaron siendo amigos, luego intimaron y al cabo de
un tiempo se tornaron inseparable. Él le puso un departamento y con
la excusa de sus negocios, entraba y salía cuando deseaba, ella por
su parte era sureña, trabajaba de secretaria en una empresa céntrica
y no imaginaba que él tenía compromisos.
Cuando llegó una tarde ella lo esperaba radiante para darle la
mayor alegría de su vida
—¡Estamos embarazados!— le dijo y se echó en sus brazos.
—¿Cómo es eso de “estamos embarazados”?— le espetó secamente,
apartándola de sí. No estaba en sus planes un huacho y hacía un
tiempo estaba preocupado, era inadecuado en su posición y para sus
ambiciones continuar con esta niñita: Teresa Montt. Por la cual
había tomado esta afición tan apasionada que ya estaba afectando sus
intereses.
Dejando en evidencia su falta de amor, extrajo su chequera y
escribió un monto muy generoso le pasó el documento a Teresa. Ella
lo observaba en silencio como si fuese la primera vez que lo veía,
no atinando a hacer o decir algo. Dada esa situación le dejó el
cheque sobre la mesa y ordenó:
—Anda a una buena Clínica y suprime ese problema no quiero que te
arriesgues, cuando estés libre llámame. Le dio una palmadita en la
mejilla y se fue dando un portazo.
¡Amarrarme con crías a mí! ¿Qué se habrá imaginado? Él se las sabía
todas de seguro lo llamaría dentro de unos días para disculparse;
pero aquello no ocurrió. La buscó en el departamento y lo halló
vacío; la llamó al trabajo y nadie sabía donde estaba y si conocían
su paradero no abrieron la boca; literalmente había desaparecido.
Mejor de esta manera, no podía darse el lujo de tener amiguitas que
lo pusieran en conflicto e interfirieran con sus metas.
Él
llegó a pensar que Teresa realmente lo había amado, pero cuando
apareció en su cuenta corriente el cobro del cheque entendió que era
otra de tantas que ya habían pasado por su vida y quizás lo del
embarazo había sido una forma de sacarle dinero.
¡Que extraña es la razón de la sinrazón! había bastado un apellido
para gatillar esa serie de recuerdos enterrados tantos años en su
mente.
Andrés se dio a conocer dentro de la empresa en gran parte por su
juventud, aportes profesionales, carisma personal y por el gran
parecido físico que tenía con su jefe directo. Aunque nadie lo
mencionó explícitamente, por miedo a represalias, el comidillo
estaba por todos lados.
Chris por su parte disfrutando la simpatía que surgió entre ambos lo
tomó bajo su tutela y lo ayudó a potenciarse. La transnacional ponía
a disposición de quien se interesara una serie de actividades a
nivel internacional. Lo mandó a cuanto curso o representación se
pudiera hacer en el extranjero, él estaba harto de tener que:
asistir a convenciones, dictar charlas, conferencias y demás
actividades propias de su cargo; Por tanto, la presencia de Andrés
único subalterno que lo tuteaba y a quién tenía como a un par le
alivianó bastante el trabajo. Situación que supo aprovechar en su
beneficio personal.
Parecía que su vida agitada le estaba pasando la cuenta.
Concretamente a un año de llegar Andrés se había empoderizado de la
gerencia completa, con un perfil bajo, que no causaba conflictos ni
suspicacias.
Era lunes y Chris llegó cerca del mediodía, Elena le informó que el
Gerente General deseaba hablar con él, lo esperaba en su oficina y
parecía que era urgente. Llamó a Andrés y le consultó si existía
alguna situación especial. —Nada que yo sepa Chris— fue su respuesta
cordial.
Fue a la oficina del
Gerente General, entró y saludó:
—Patricio me dijeron que deseabas conversar conmigo— desde un gran
sillón le miró por sobre los lentes puestos en su nariz un sonriente
señor algo calvo.
—¡Hola Chris! ¡Que bueno que llegaste! necesito conversar contigo—
le indicó un sillón frente al escritorio se puso de pie cerró la
puerta y de un pequeño armario sacó dos vasos, les puso hielo y
agregó whisky. Todo este ritual inquietó a Chris algo sabía de este
modus operandi.
—Vamos acompáñame y conversemos civilizadamente. Tú mejor que nadie
conoces la situación de nuestra empresa y que constantemente estamos
reestructurando áreas para generar economías. Esta vez se verá
afectada tu gerencia.— Terminó de decir esto y bebió un buen trago
de su vaso, dejando tiempo para que sus palabras hicieran efecto.
—Patricio, creo que si vamos a mover algo en “mi gerencia” debo
participar en las decisiones.— Respondió secamente y bebió todo el
contenido de su vaso, sintió como la ira se apoderaba de su mente.
—Ahora no Chris, porque el corte se realizará al nivel más alto.—
respondió Patricio.
—¿Me quieres decir que me estás echando?— fue la respuesta de Chris,
Patricio acotó:
—La palabra correcta es desvincular.—
—Deja los eufemismos de lado— dijo Chris.
—¿Y se puede saber qué van a hacer?— preguntó.
—Mantendremos tus subgerencias bajo un solo mando y eliminaremos al
subgerente de Finanzas, el nuevo gerente es muy joven, más
económico, con nuevos ímpetus, muchas ideas nuevas y ha demostrado
en terreno que puede ejercer tu cargo y asumir tus otras tareas
¿Imagino sabes a quien me refiero?— Chris palideció.
—¡Andrés! ¿Cierto?— Lamentó haberlo apoyado incondicionalmente y
sintió una profunda punzada en el pecho ¿sería ese el dolor de
sentirse traicionado?
—Vamos— dijo Patricio palmoteándole la espalda.
—Saquémonos las caretas, a fin de cuentas todo queda en familia, o…
¿Me vas a negar que es tu hijo?
Chris sin oír ni esperar a que su ex jefe terminara de hablar
regresó a su oficina, a la pasada llamó a Andrés quien sin
preocuparse mayormente por su notoria alteración lo siguió.
—¡Malagradecido! ¿Cómo es eso de que asumes mi cargo?
—Me lo ofreció Patricio, es una gran oportunidad y no puedo
desperdiciarla. Chris a ti ni te debo, ni me has dado nada: me lo he
ganado yo. He trabajado de sol a sol y si no te has dado cuenta es
porque nunca estás cuando llego, ni cuando me retiro. Fue Patricio
quien me invitó a pasar el fin de semana a su casa y me hizo la
proposición. ¿Sabias que él llega muy temprano? Nos encontramos en
el ascensor casi a diario por la mañana y también cuando regreso a
casa. Le encanta practicar francés y comenzó a invitarme un café a
la salida y nos fuimos conociendo. Luego me pidió que le hiciera
aportes concretos en el mejoramiento de algunas áreas y lo apoyé con
ello, sin descuidar las tareas que me asignabas. Él me considera
mejor que tú para ese cargo, no tengo la responsabilidad de que
piense de esa forma, tu posición te la farreaste solito.
A Chris le resuenan las palabras de Patricio en la mente “todo
queda en familia, o… ¿Me vas a negar que es tu hijo?
—Una pregunta que nunca te he hecho ¿Puedes decirme el nombre de tu
madre?
—Creí que nunca tendrías el valor de preguntarlo ¡Teresa Montt!— al
oír este nombre, Chris reconoció su propia sangre, artera.
—¿Te parece conocida? Ya que tanto te interesa mi familia te
comento: soy hijo de madre soltera, pero mamá decidió ponerme un
apellido que me abriera puertas, ni siquiera el de mi padre
biológico fue suficientemente bueno para sus expectativas. Cuando se
casó con “mi padre” Fernando Verdejo ella le pidió que no me
reconociera por lo tanto conservé los apellidos de huacho de
alcurnia y en vez de pasar inadvertido llego a destacar.
Chris fuera de sí y como un animal herido le gritó —¡Eres un maldito
cínico! me traicionaste, te proyecté, te brindé oportunidades y ¿Así
me pagas?…— Andrés displicente y sin inmutarse le contestó:
—Oscar Wilde escribió que cínico era “Aquel que conocía el precio de
todas las cosas y el valor de ninguna”. Tú eres el cínico primero
engañaste y luego creíste comprar a mi madre. Pero, eso no ocurrió,
ella volvió al sur, el dinero para mi aborto lo depositó para pagar
mi educación y nací yo. ¡Ah! Chris quiero dejar algo muy claro, fue
casualidad encontrarte aquí, pero no que me comporte de esta forma,
soy hijo tuyo y los genes mandan.
Ahora te dejo tranquilo imagino que querrás recoger tus cosas y
marcharte dignamente, tal como hizo mi madre hace veintisiete años.
