México, Distrito Federal I septiembre-octubre 2007 I Año 2 I Número 10Publicación Bimestral I

 








 

 

Cecilia Estévez Hernández (1982). Nacida en primavera en la Cuidad de México. Egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa en la carrera de Letras Hispánicas. Mientras se adentró en el mundo de la literatura, encontró su pasión por la poesía en Garcilaso de la Vega, Federico García Lorca, T. S. Eliot y Ezra Pound. Ha realizado investigaciones que abarcan cuentos de Amado Nervo, Julio Cortázar y Luisa Valenzuela; en novela ha hecho trabajos sobre Benito Pérez Galdós, la intertextualidad en El quijote, Raymond Chandler y Soledad Puértolas. Gran apasionada de la música, se interesa por la creación de compositores húngaros, percusiones japonesas y el trabajo musical de Shigeru Umebayashi

 

Se perdió. Era algo tangible, sólido.
Con muchas diferencias, extrañas semejanzas.
Estaba ahí, a la vista
como el resultado de un proyecto,
de una teoría.
Creado por el método adecuado:
cantar y estar dentro del hábito
de comer, caminar
y llorar las cosas que se alejan,
muchas veces no deseadas,
con su reflejo de agonía existente.

Se perdió;
y en algún momento, mojado o seco,
apareció vagabundo
y pedía limosna de recuerdo.
¿De qué? Todos lo saben.
El amor mendiga hasta la gota más amarga
del más cruel de los venenos.
Fue parte de una teoría, de un método.
Como sal derramada en forma de agua
para una sola tierra,
para una sola –cada vez diferente- tumba,
esperando el resultado inútil en un campo infértil.

Fue…
Cuando el mundo giraba insolente
acusando a las almas graves,
atormentando a las almas breves;
con sus brazos, cabezas, ojos y labios.
Todo cargado de erotismo, cargado se sexo árido.
Todo se mantenía constante.
Y sólo él, como aire que no se ve,
pero que acribilla la mente,
actuaba como el bufón:
burlándose de todos y en sus entrañas
sabiéndose inteligente.

Se siente la carne cansada de esperar,

con dolor en los huesos por frío.

El aire caliente cruza los cráneos

que colocan sus pensamientos a la hora de comer.

 

Un poema gira sobre el TODO,

sencillez matizada de fastidio;

                   brillo, ojos semi-cerrados

y ondas de sonido que lamparean

los oídos de aquellos que desean escapar.
 

 

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