Christopher
Carbajal Ochoa (1982) Mexicano de nacimiento y de corazón.
Estudia Licenciatura en Letras Hispánicas en la UAM-Iztapalapa.
Ha realizado trabajos referentes a algunas obras de la
literatura medieval y conforme se ha ido desarrollando, el
interés y la vocación lo han unido más estrechamente con la
poesía; así, ha realizado algunos trabajos de poetas clásicos
españoles y de contemporáneos universales. También ha realizado
estudios de algunas obras cinematográficas clásicas del cine de
arte y del cine de culto.

Sobre la mesa un
mantel repleto de los nombres.
Sobre el colchón
las pocas marcas de los triunfos,
de olvidos, de
pecados, que enumeran tus horrores.
¿Y la miseria del
corazón es la que te hace vulnerable?
Sobre el rostro la
cadena salina
que se evapora a
la par del adiós.
Se evaporan con el
tiempo los tormentos y
a los que
sobreviven les llaman rencores.
¿Es la necesidad
de ser parte, pequeña,
de alguien lo que
hace aferrarte?
¿Es sentir o son
sentidos?
¿Es la memoria una
estrella que refleja,
que guía y
resplandece tus suspiros?
Sobre el pasillo
la pequeña mesa
y después sólo un
colchón y siguiendo
la ruta la áspera
tela del verbo desamor.
Paso a paso llegas
a la última habitación,
recoges los
cubiertos y quedas frente a frente
con la silla del
vacío, del vacío del corazón.

Esto que describo;
no tiene concepto
ni maneja el estribillo,
esto es un fuerte
motivo;
no es cualquier
objeto guardado en un bolsillo.
Es un fuerte
suspiro de alguien que a tu lado se mantiene erguido y vivo,
una melodía
ensordecida en la que sólo sale fuerza del aire de unos dos.
Un viejo -te
extraño- convertido
en un fresco –te
olvido-;
un juego de azar
donde todos juegan
sin que la botella
diga ¡ya¡.
Y ya cansado hoy
te digo,
y desquiciado hoy
te grito:
que la saliva de
mis gatos ya no alcanza
para barnizar mis
heridas.
Y fastidiado hoy
te pido:
que el –te olvido-
olvide al ya cansado-te extraño-,
que alimentes con
eclecticismo a esta pasión
que se niega a
alejarse del cansado corazón;
que se mantenga
puro y que trunque lo vano.
No se trata del
epitafio en la cripta del vecino.
Es un corto poema
sin explicación que va
aumentando los
derroches de la carencia.
Porque sí se sufre,
sí se llora,
sí se exhorta y se
perdona,
se manifiesta y se
retuerce
pero siempre se
endereza.
Porque sí se cansa
pero se levanta,
sí está hambriento
pero se alimenta.
Porque sí es
pasado
y también futuro,
sí es vanal y sí
es mundano,
ortodoxo e
indisciplinado.
Un fuerte suspiro
mío que a tu lado se mantiene erguido y vivo.
Esto que te grito,
su naturaleza
nunca niega y
aunque permanezca
muerta
con agua respira y
se alimenta.
