México, Distrito Federal I septiembre-octubre 2007 I Año 2 I Número 10Publicación Bimestral I

 








 

Christopher Carbajal Ochoa (1982) Mexicano de nacimiento y de corazón. Estudia Licenciatura en Letras Hispánicas en la UAM-Iztapalapa. Ha realizado trabajos referentes a algunas obras de la literatura medieval y conforme se ha ido desarrollando, el interés y la vocación lo han unido más estrechamente con la poesía; así, ha realizado algunos trabajos de poetas clásicos españoles y de contemporáneos universales. También ha realizado estudios de algunas obras cinematográficas clásicas del cine de arte y del cine de culto.

 

 

Sobre la mesa un mantel repleto de los nombres.

Sobre el colchón las pocas marcas de los triunfos,

de olvidos, de pecados, que enumeran tus horrores.

¿Y la miseria del corazón es la que te hace vulnerable?

 

Sobre el rostro la cadena salina

que se evapora a la par del adiós.

Se evaporan con el tiempo los tormentos y

a los que sobreviven les llaman rencores.

 

¿Es la necesidad de ser parte, pequeña,

de alguien lo que hace aferrarte?

¿Es sentir o son sentidos?

¿Es la memoria una estrella que refleja,

que guía y resplandece tus suspiros?

 

Sobre el pasillo la pequeña mesa

y después sólo un colchón y siguiendo

la ruta la áspera tela del verbo desamor.

Paso a paso llegas a la última habitación,

recoges los cubiertos y quedas frente a frente

con la silla del vacío, del vacío del corazón.

 

 

Esto que describo;

no tiene concepto ni maneja el estribillo,

esto es un fuerte motivo;

no es cualquier objeto guardado en un bolsillo.

 

Es un fuerte suspiro de alguien que a tu lado se mantiene erguido y vivo,

una melodía ensordecida en la que sólo sale fuerza del aire de unos dos.

 

Un viejo -te extraño- convertido

en un fresco –te olvido-;

un juego de azar donde todos juegan

sin que la botella diga ¡ya¡.

 

Y ya cansado hoy te digo,

y desquiciado hoy te grito:

que la saliva de mis gatos ya no alcanza

para barnizar mis heridas.

 

Y fastidiado hoy te pido:

que el –te olvido- olvide al ya cansado-te extraño-,

que alimentes con eclecticismo a esta pasión

que se niega a alejarse del cansado corazón;

que se mantenga puro y que trunque lo vano.

 

No se trata del epitafio en la cripta del vecino.

Es un corto poema sin explicación que va

aumentando los derroches de la carencia.

 

Porque sí se sufre, sí se llora,

sí se exhorta y se perdona,

se manifiesta y se retuerce

pero siempre se endereza.

 

Porque sí se cansa

pero se levanta,

sí está hambriento

pero se alimenta. 

 

Porque sí es pasado

y  también  futuro,

sí es vanal y sí es mundano,

ortodoxo e indisciplinado.

 

Un fuerte suspiro mío que a tu lado se mantiene erguido y vivo.

Esto que te grito,

su naturaleza nunca niega y

aunque permanezca muerta

con agua respira y se alimenta.

 

 

 

 

 

Imprime este cupón de descuento

destiempos.com  I  Año 2 I  Número 10 I  2007 ©

volver al índice  

Copyright 2006-2007- destiempos.com - All Rights Reserved - publicación de 12e