
Eugenio Bautista De la Cruz.
Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica, egresado
del Instituto Politécnico Nacional. Poeta y
narrador, su obra permanece inédita. En su haber hay
diferentes libros de cuentos como: La ciudad de
los sueños y otras historias, Desde la
ventana, Cuentos para niños y los
poemarios: Soledades (Del cual son extraídos
estos tres poemas), Otros ojos, otras hojas,
Entreviaje, De tiempo en tiempo, Vuelo de hojas.

Mírame ya,
reconóceme en
el tiempo de una mirada,
de un suspiro
o de un beso.
Si me paro un
poco
en el momento
en que la noche cae insondablemente
entre mis
sentidos y los tuyos,
en los
momentos de las vastas soledades perpetuas
que cobijan
mis auroras y mis diferentes soles,
y mis
diferentes días, ¿me reconocerás?.
Yo soy la
sombra que se escuda entre
los diferentes
pliegues de tu piel, de tu deseo, de tu falda,
de tus órganos
más queridos y guardados,
de tu vientre.
Yo soy la
sombra que no pide permiso para atraparte
entre las
manos de arcilla de unos versos,
y a través de
las horas, de los días.
Yo soy el
destino,
cruel,
marchito y envejecido
por la daga
que van dejando tus huellas
en el camino
de este largo soñar,
que es la
vida.

A veces me
pregunto
del amor que
por ti siento,
¿Qué es lo que
me hace quererte,
desearte con
toda mi alma hasta el sepulcro
en donde
reposan mis huecos y mi soledad?.
Quizá sea esta
misma soledad
que me
acompaña,
tu abrazo
fuerte o la miel de tus labios en flor,
el calor de tu
cuerpo como lava ardiente,
o tu soledad
también -¿por qué no?.
Hay algo en mi
que te llama,
que pronuncia
tu nombre
cada vez que
abro los ojos o la boca o mis manos,
y como propio
lo reclama, sin tregua ni abrigo
ni posesión ni
libertad, sólo tu nombre
o tu soledad.
Quiero creer
que es el amor que te reclama,
que es esto
que siento cuando veo tu fotografía
sola,
desoladamente esperando
siempre, una
caricia en mi escritorio
o una última
mirada derretida.
Pero eres tú
la que me acecha en el sueño,
eres tú la que
me atrapa cuando hablamos,
la que me
lleva al cielo cuando amamos
y cuando
decimos: “te quiero”,
es tu misma
esencia la que me lo dice,
tu misma alma.
Son tus mismas
manos que vuelan como mariposa
de flor en
flor en cada centímetro de mi piel,
son tus ojos
de noche, eterno cielo estrellado
que me brota
del alma amurallada con tus brazos,
con tus
piernas, con tus pechos, con tu boca.
Y después de
pensarlo tanto,
he descubierto
que es tu misma alma la que me atrapa,
la que me hace
amarte, como te amo.
En la noche
estaban sus ojos y callados
y firmes
miraban y miraban sin descanso.
En las oscuras
sombras, sus sombras daban pasos,
perdidos pasos
en alturas que no alcanzo.
Sus ojos
mágicos, negros, miraban la noche,
estrellas los
rodeaban por su belleza atraídas
y yo en mi
ventana exhalando un reproche,
captando
esencias claras de estrellas caídas.
Quizá sea yo,
que por suerte capte sus miradas,
quizá mi amor
le alcance para llenar su ausencia,
quizá sea yo,
que dibujo el amor con palabras.
En la noche
están sus anhelos y no me alcanzan,
sus miradas
hablan y en la noche sus ojos
relucientes
entre las sábanas, me miraban.
