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Entrevista a Mariana de Althaus, dramaturga peruana

Entrevista
realizada por Gianmarco Farfán Cerdán
Que una mujer escriba obras de teatro es algo poco común en
América Latina. Sobre eso y la dramaturgia en general, la joven
dramaturga peruana Mariana de Althaus (Lima, 1974) nos habla en
esta interesante entrevista. Ella es Bachiller en
Literatura
por la Pontificia Universidad Católica del Perú, y también
actriz. En el 2002 estudió Dirección de Escena en la escuela La
Casona, de Barcelona, España. En Barcelona dirigió su primera
obra, En el borde (estrenada en 1998, y puesta en escena
en Buenos Aires también). Otras obras suyas son El viaje
(2001, coautora), Los charcos sucios de la ciudad (2001),
que además protagonizó. Asimismo la obra apareció publicada en
el libro Dramaturgia Peruana II, cuyo editor fue Roberto
Ángeles), Princesa Cero (2001, coautora), Tres
historias de mar (2003, la estrenó y dirigió en Barcelona.
Con ella participó en el Festival Margaritas, festival catalán
dedicado a difundir las artes escénicas creadas por mujeres),
Vino, bate y chocolate (2004), Volar (2004), La
puerta invisible (2005), y Ruido (2006). Ahora
Mariana acaba de ser madre de Nerea, y, tras esa pausa obligada
para dedicarse de lleno a su hija, espera pronto seguir
enriqueciendo la dramaturgia peruana y latinoamericana con la
calidad de sus obras. Porque ya un grande de la dramaturgia y la
dirección teatral de América Latina, el peruano Alonso Alegría
(creador de El cruce sobre el Niágara, que ha sido
representada en casi cincuenta países y traducida a doce
idiomas) ha tenido palabras elogiosas para ella. Alegría
escribió en su columna semanal de un diario limeño, respecto de
la obra Ruido de Mariana: ya no queda la menor duda de
que Mariana cumplirá con creces, a través de su vida y de su
carrera (que son lo mismo), la promesa que vimos en ella. Ruido
nos revela a una dramaturga de ideas tan veraces como poéticas,
a una directora de escena de amplio conocimiento, buen gusto y
mano segura y –como si esto fuera poco- a una eficaz productora
(…) Mariana, poeta y pensadora del escenario, orgullo del
teatro de nuestra patria.
El
alemán Bertolt Brecht, renovador del teatro contemporáneo, decía
que él escribía una obra de teatro como si fuera una carta.
¿Cómo las escribe Mariana de Althaus? ¿Cómo es su proceso
creativo?
No
tengo un proceso creativo, es siempre diferente en cada obra que
escribo. No tengo ninguna disciplina, ningún método, ni siquiera
una técnica porque trato, en cada obra, de cuestionar la técnica
que tradicionalmente se usa para escribir teatro. Pero, si es
que Brecht escribía sus obras como una carta, yo las escribo más
bien como un diálogo interior, converso conmigo misma, con las
diferentes facetas de mí misma.
¿Considera que escribir obras de teatro es
hacer literatura?
Hay
un largo debate acerca de si el teatro es literatura o no, pero
definitivamente el teatro se completa con la puesta en escena.
El texto en sí es literatura en la medida que uno escribe
también, usa las palabras para transmitir algo, la palabra
escrita sobre todo. El teatro escrito es muy valioso. Hay muchas
obras de Shakespeare que si no las leyéramos no las conoceríamos
porque son muy difíciles de montar. Entonces, creo que sí es
literatura.
El
gran dramaturgo Arthur Miller, a través de sus obras, como La
muerte de un viajante, por ejemplo, se mostraba como un
lúcido testigo de su tiempo. ¿Todo dramaturgo o dramaturga debe
tener pretensiones no sólo artísticas sino sociales?
Cada
dramaturgo debe tener las pretensiones que desee. No creo que
deba tener ninguna pretensión social como una cosa obligatoria.
Uno debería estar metido en una burbuja para no dejar traslucir
en sus obras los conflictos sociales que se dan en su época.
Arthur
Miller afirmaba que el triunfo de una obra de teatro radicaba en
los vacíos que mostraban sus protagonistas en las obras. ¿Es tan
cierta esta afirmación?
Totalmente.
Es una forma de decir algo que también siempre tengo en mi
cabeza como fundamental a la hora de escribir: las elipsis, los
vacíos, los momentos de silencio, los misterios que carga cada
personaje son fundamentales. Y allí es donde está la “carnecita”
del personaje, de la historia, de la idea de la obra. En el arte
en general, hay que guardar cierto misterio. Y tenerle cierto
culto al silencio.
En la narrativa, durante un
tiempo, existió la novela total, ¿no existe una ambición del
teatro total?
Sería
un error. Incluso ahora en la novela hay también una tendencia a
la elipsis, a hacer cosas más episódicas y no tan totales. Estos
nuevos tiempos exigen que no se diga todo en la obra. En la obra
artística, en general. Que se deje algo al espectador o al
lector para que complete.
¿Cuáles
son los autores teatrales que más han influido en su trabajo
como dramaturga?
Difícil,
porque desde que empecé a leer hasta ahora creo que ha habido
varios, pero puedo decir que quizás hay autores, como Pinter,
que me han obsesionado mucho por un tiempo y todavía no termino
de entenderlos. De alguna forma me puede haber influido, eso
espero. Quizás también Koltesz, un francés que ya murió, pero
sobre todo, últimamente, me están influyendo más que
dramaturgos, muchos guionistas y cineastas. El cine,
inevitablemente termina siendo una referencia mucho más fuerte
para los dramaturgos de ahora. Y en mi caso, cineastas como
Jarmusch o Wim Wenders, en fin. Wes Anderson me fascina y ojalá
tenga alguna influencia en mi obra. Pero en general creo que es
el cine el que más influye.
Menciona
a Wim Wenders, eso significa que le gusta lo expresionista.
Claro.
No sé si he escrito algo al respecto, medio expresionista, pero
sí me encanta, me seduce muchísimo eso.
¿Cuál es el tema principal del teatro
contemporáneo peruano: acaso la violencia, después que nuestra
sociedad vivió dos décadas de terrorismo?
Creo
que sí. Es inevitable. Estamos un poco acostumbrados a vivir con
la violencia y aunque uno quiera escribir una comedia, termina
habiendo ciertos rezagos de la violencia que vivimos. Debemos
seguir escribiendo así, porque la violencia permanece. No en una
forma tan explícita sino en una violencia moral y ética, y eso a
veces puede ser peor. Así que en los próximos años y quizás
décadas, la dramaturgia peruana va a seguir teniendo como tema
la violencia.
¿Eso refleja que aún somos una
sociedad enferma o que nos estamos curando de la enfermedad?
Nos
enfermamos cada cierto tiempo. Nos curamos y enfermamos como
todos, como verdaderos seres humanos. Es un proceso. Quizás uno
quiere creer que estamos evolucionando, sobre todo a nivel moral
-es lo que más me preocupa porque económicamente uno puede
subir, bajar-. Lo más importante es la calidad moral de una
sociedad. Me parece que no estamos evolucionando, que estamos
enfermando cada vez más en ese sentido.
El dramaturgo peruano César de María,
premiado con el Casa de las Américas, decía: “qué bueno sentir
que el teatro, aunque no nos dé de comer, nos da bastante para
vivir”. ¿Opina igual?
Sí,
para vivir y para morir. Definitivamente, un dramaturgo en el
Perú tiene siempre de qué hablar, pero tiene que ocuparse de mil
oficios más para poder sobrevivir. Si uno tiene las orejas bien
paradas y los ojos bien abiertos, siempre tiene material. Tanto
un dramaturgo como cualquier escritor, y en general, cualquier
artista. Este es el país de las mil ideas y las mil historias.
¿Y tiene que hacer muchas otras
cosas Mariana de Althaus para salir adelante cada día?
Claro.
Pero tengo una situación privilegiada en el sentido de que hasta
ahora me he podido dedicar a lo que me gusta, que es escribir.
No teatro, no puedo dedicarme a escribir teatro porque no
solamente no gano, sino que pierdo dinero cada vez que escribo
una obra de teatro. Pero sí me gano la vida escribiendo, eso ya
es una situación bastante privilegiada. Así que hasta ahora no
me quejo. Uno nunca sabe qué va a pasar.
Tengo
entendido que el estupendo poeta peruano Luis Hernández es su
autor favorito. ¿Algo de su poesía ha influido en su trabajo
como dramaturga?
Sí. Me gusta integrar bastante esa inocencia aparente que
caracteriza un poco a la poesía de Luis Hernández -que en el
fondo no tiene nada de inocente- pero sí usa mucho los motivos
infantiles o la ternura. La ilusión como un cuadro naif, pero en
el fondo hay muchísima tristeza, muchísima desolación. No sé de
qué forma puede haber influido pero creo que algunas veces he
intentado ir por ese camino.
Sé que le hubiera gustado escribir Roberto Zucco y haber
elaborado el guión de Amores Perros ¿Qué le atrae de
estas obras?
“Roberto Zucco”, ¡wow!, es que esa obra es perfecta. Desde que
la leí por primera vez sentí que era como una sinfonía de Mozart.
Estaba perfectamente bien escrita. No le falta ni le sobra nada.
Es de una intensidad contenida, que es lo que a mí me gusta
tanto en el teatro como en el cine. La intensidad contenida:
nada es obvio, nada es explícito, y sin embargo hay una
explosión de emociones en cada página.
¿Y de Amores Perros también?
También ahí me pasa lo mismo. No es tan contenida la emoción,
pero es de una intensidad... Me gustan las historias intensas.
En el caso de Amores Perros, historias cruzadas también.
Las historias cruzadas son muy atractivas, últimamente se usa
mucho eso. Es un recurso bastante rico para un guionista.
¿Alguna vez ha creado un personaje pensando en una actriz o
actor específico que lo vaya a representar?
Sí. No sé por qué desde la primera vez que trabajé con Denisse
Arregui tuve buena química con ella. Sobre todo en la última obra
que hice, que se llamó Ruido. Pensé desde el principio que
ella la iba a interpretar. Creo que era porque justo había vuelto de
Buenos Aires después de un buen tiempo, y ella encajaba perfecto con
el personaje. Desde que empecé a escribir el personaje de “La
vecina” tenía en la cabeza la cara de Denisse.
¿Fue difícil para usted ganarse un nombre dentro de la dramaturgia
nacional por el hecho de ser mujer?
No creo que haya sido difícil por el hecho de ser mujer. Ser mujer
no implica ninguna desventaja respecto de los hombres en el mundo de
la dramaturgia. Más bien, el hecho de ser mujer a veces puede llamar
más la atención, y ser positivo. Quizás si fuera hombre, y hubiera
escrito las obras que he hecho, nadie me hubiera dado ninguna bola,
ja… Pero el que seamos pocas mujeres que escribimos quizás me da
cierta ventaja.
¿Cuántas mujeres más o menos escriben en el Perú, ahora?
Quisiera saber y conocerlas a todas. Deben ser varias, lo que pasa
es que no muchas publican ni estrenan, entonces no hay cómo saber.
De las que publican, estrenan y conozco hay muy poquitas,
desgraciadamente, pero están saliendo más porque ahora con la
facultad de Artes Escénicas de la Católica más nuevas ex alumnas
están escribiendo.
Ha puesto en escena una de sus obras teatrales en Argentina. ¿Cómo
fue esa experiencia y cuál fue la recepción del público de allá ante
la obra?
La montó un grupo de teatro argentino. Supongo que habrá ido bien.
La experiencia para mí fue interesante por ver cómo un grupo de
teatro argentino interpretaba mi obra. No me hubiera imaginado que
la hicieran así. Tuve que hacer un gran ejercicio de tolerancia,
porque siempre el dramaturgo tiene en la cabeza una forma de cómo
debe ser puesta la obra y es difícil sacarse ese esquema de la
cabeza. Es un error, sé que uno debe ser más abierto. Estuve
contentísima con la puesta en escena que hicieron y fue realmente un
honor.
Ahora que es madre, ¿cree que esta nueva etapa de su vida cambie las
motivaciones esenciales de su dramaturgia?
Definitivamente, y eso me preocupa un poco. Porque dicen que para
escribir uno tiene que sufrir un poco, y la maternidad, aunque
conlleva cierto sufrimiento cotidiano por las dificultades que trae,
en general te llena de luz la vida. Entonces, no sé si todas mis
siguientes obras serán un concierto de felicidad. No sé qué va a ser
de mi dramaturgia de ahora en adelante, qué va a ser de mi carrera
ahora que soy madre. Estoy preocupada, últimamente no he escrito
nada.
Usted ha sido parte del equipo de guionistas -junto a Giovanna
Pollarolo y Alonso Cueto- de “Mi novela favorita”, el programa
peruano de radio que ha trasladado muchas de las mejores novelas de
la literatura universal al formato radial. Novelas seleccionadas
inicialmente por nuestro gran escritor Mario Vargas Llosa. ¿Cómo ha
sido esa experiencia?
Muy interesante, muy divertida además. Gracias a Alonso Alegría, que
me eligió como uno de los guionistas, he podido participar en este
proyecto que es lindo. La dificultad era enorme por reducir a sólo
40 minutos aproximadamente, novelas inmensas como La guerra y la
paz o El Retrato de Dorian Gray. Es un ejercicio de
síntesis enorme y un esfuerzo por no sufrir a la hora de desechar
grandes partes de la novela, pero lo que se consigue es algo muy
puro y rico. Porque está la “carnecita”, la parte más divertida, más
emocionante, más intensa de la novela. Entonces, el producto final
es muy hermoso.
Cumplía sobre todo una función educativa.
Sí. Es también para llamar la atención del público que no está
interesado en leer o que no tiene el tiempo. Para que digan “oye,
esta historia es interesante, de repente la leo”. O sea, tenemos la
esperanza de que la gente luego compre el libro y lo lea. Y si no lo
hace, por lo menos se enteró de qué trata, pasó un tiempo muy
divertido, y de paso se instruyó.
Hubiera sido mucho más difícil sino tuviéramos la calidad de actores
que han juntado ¿verdad?
Eso es fundamental. Cuando escuchaba la versión final, ya grabada,
no podía creer que fuera a ese nivel de intensidad cada novela. No
es lo mismo lo que escribimos y luego entregamos, a cuando ya está
el producto final con ese nivel de actuación. Es increíble.
Cambiando de tema, una pregunta que tiene que ver con su familia. El
dramaturgo francés Jean Genet, en 1980, tras una visita a Beirut,
escribió un artículo Cuatro horas en Chatila, donde toma
partido por la causa política de Palestina y describe las masacres
de los campos de refugiados de Sabra y Chatila. Usted, que es hija
de un reconocido analista político, Jaime de Althaus: ¿nunca ha
sentido la tentación de escribir algún artículo sobre temas
políticos nacionales o internacionales?
Sería un gran error eso, porque el periodista político es mi papá.
No tengo nada que ver con eso. Además no estoy tan informada, porque
no me interesa tanto. Sería una osadía pretender hacer lo mismo que
mi papá. La verdad que mi terreno es el de la ficción, no el de la
realidad. Pocas veces estoy pensando en cosas reales, generalmente
estoy pensando en cosas imaginarias. Creo que sería muy malo ese
artículo acerca de la realidad, ja ja…
¿Nunca le ha motivado este tema -que parece de ciencia ficción, a
veces- de la corrupción en nuestro país?
De hecho en mis obras -es inevitable- saco cosas de la realidad y
las mezclo con la ficción, ese es el trabajo de todos los
escritores. Hay un poco de real maravilloso en nuestra realidad, por
eso lo que decía César de María: acá hay mucho para vivir.
¿Cuántos años ya, relacionándose con el teatro?
Habré empezado el 92. Hace quince años empecé.
¿Cómo fue su inicio en dramaturgia, en teatro?
Lo que pasa es que primero era actriz. Estudié actuación y a la vez
empecé a estudiar literatura. Y como escribía, una forma de integrar
los dos intereses que tenía, era escribir sobre teatro. Fue algo
natural. No fue programado ni pensado. Creo que estaba destinada.
Última pregunta: qué le recomendaría a una mujer joven o adolescente
que quiera entrar al mundo de escribir obras de teatro. ¿Se lo
recomendaría? ¿Cómo empezar?
Claro que lo recomendaría, es un mundo maravilloso. Y le
recomendaría primero estudiar otra carrera. Asegurarse con una
carrera que le permita subsistir y luego meterse a un taller de
Alonso Alegría, que fue lo que yo hice. Porque Alegría es una
escuela muy sólida aquí, para empezar a escribir. Aquí y en
cualquier lado. En verdad es una buena base para cualquier persona
que desee escribir teatro.

Gianmarco Farfán Cerdán
(Lima, 1978). Egresado de Comunicación Social de la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). También
tiene estudios de Psicología en la Pontificia Universidad
Católica del Perú (PUCP). Ha ejercido el periodismo en
diversos medios de comunicación: el boletín Católica
Deportes de la PUCP, Radio Santa Rosa, Radio Cadena, diario
El Comercio, semanario Milenios, revista
Universidad & Business. Además, ha sido editor los años
2005 y 2006 de la revista Bar News. En el 2006 obtuvo
una Mención Honrosa en el concurso de cuentos Horas de
Agora, organizado por estudiantes de la UNMSM. Ha publicado
poemas y reseñas en las revistas virtuales Miríada y
Bocanada, y tres poemas en la publicación impresa
Punto Edu (ediciones 62 y 73) de la PUCP. Y es miembro
de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES).

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