México, Distrito Federal I septiembre-octubre 2007 I Año 2 I Número 10Publicación Bimestral I

 








 

Entrevista a Mariana de Althaus, dramaturga peruana

 

Entrevista realizada por Gianmarco Farfán Cerdán

Que una mujer escriba obras de teatro es algo poco común en América Latina. Sobre eso y la dramaturgia en general, la joven dramaturga peruana Mariana de Althaus (Lima, 1974) nos habla en esta interesante entrevista. Ella es Bachiller en Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Perú, y también actriz. En el 2002 estudió Dirección de Escena en la escuela La Casona, de Barcelona, España. En Barcelona dirigió su primera obra, En el borde (estrenada en 1998, y puesta en escena en Buenos Aires también). Otras obras suyas son El viaje (2001, coautora), Los charcos sucios de la ciudad (2001), que además protagonizó. Asimismo la obra apareció publicada en el libro Dramaturgia Peruana II, cuyo editor fue Roberto Ángeles), Princesa Cero (2001, coautora), Tres historias de mar (2003, la estrenó y dirigió en Barcelona. Con ella participó en el Festival Margaritas, festival catalán dedicado a difundir las artes escénicas creadas por mujeres), Vino, bate y chocolate (2004), Volar (2004), La puerta invisible (2005), y Ruido (2006). Ahora Mariana acaba de ser madre de Nerea, y, tras esa pausa obligada para dedicarse de lleno a su hija, espera pronto seguir enriqueciendo la dramaturgia peruana y latinoamericana con la calidad de sus obras. Porque ya un grande de la dramaturgia y la dirección teatral de América Latina, el peruano Alonso Alegría (creador de El cruce sobre el Niágara, que ha sido representada en casi cincuenta países y traducida a doce idiomas) ha tenido palabras elogiosas para ella. Alegría escribió en su columna semanal de un diario limeño, respecto de la obra Ruido de Mariana: ya no queda la menor duda de que Mariana cumplirá con creces, a través de su vida y de su carrera (que son lo mismo), la promesa que vimos en ella. Ruido nos revela a una dramaturga de ideas tan veraces como poéticas, a una directora de escena de amplio conocimiento, buen gusto y mano segura y –como si esto fuera poco- a una eficaz productora (…) Mariana, poeta y pensadora del escenario, orgullo del teatro de nuestra patria.

 

 El alemán Bertolt Brecht, renovador del teatro contemporáneo, decía que él escribía una obra de teatro como si fuera una carta. ¿Cómo las escribe Mariana de Althaus? ¿Cómo es su proceso creativo?

 No tengo un proceso creativo, es siempre diferente en cada obra que escribo. No tengo ninguna disciplina, ningún método, ni siquiera una técnica porque trato, en cada obra, de cuestionar la técnica que tradicionalmente se usa para escribir teatro. Pero, si es que Brecht escribía sus obras como una carta, yo las escribo más bien como un diálogo interior, converso conmigo misma, con las diferentes facetas de mí misma.

¿Considera que escribir obras de teatro es hacer literatura?

 Hay un largo debate acerca de si el teatro es literatura o no, pero definitivamente el teatro se completa con la puesta en escena. El texto en sí es literatura en la medida que uno escribe también, usa las palabras para transmitir algo, la palabra escrita sobre todo. El teatro escrito es muy valioso. Hay muchas obras de Shakespeare que si no las leyéramos no las conoceríamos porque son muy difíciles de montar. Entonces, creo que sí es literatura.

 El gran dramaturgo Arthur Miller, a través de sus obras, como La muerte de un viajante, por ejemplo, se mostraba como un lúcido testigo de su tiempo. ¿Todo dramaturgo o dramaturga debe tener pretensiones no sólo artísticas sino sociales?

 Cada dramaturgo debe tener las pretensiones que desee. No creo que deba tener ninguna pretensión social como una cosa obligatoria. Uno debería estar metido en una burbuja para no dejar traslucir en sus obras los conflictos sociales que se dan en su época.

 Arthur Miller afirmaba que el triunfo de una obra de teatro radicaba en los vacíos que mostraban sus protagonistas en las obras. ¿Es tan cierta esta afirmación?

 Totalmente. Es una forma de decir algo que también siempre tengo en mi cabeza como fundamental a la hora de escribir: las elipsis, los vacíos, los momentos de silencio, los misterios que carga cada personaje son fundamentales. Y allí es donde está la “carnecita” del personaje, de la historia, de la idea de la obra. En el arte en general, hay que guardar cierto misterio. Y tenerle cierto culto al silencio.

 En la narrativa, durante un tiempo, existió la novela total, ¿no existe una ambición del teatro total?

 Sería un error. Incluso ahora en la novela hay también una tendencia a la elipsis, a hacer cosas más episódicas y no tan totales. Estos nuevos tiempos exigen que no se diga todo en la obra. En la obra artística, en general. Que se deje algo al espectador o al lector para que complete.

 ¿Cuáles son los autores teatrales que más han influido en su trabajo como dramaturga?

 Difícil, porque desde que empecé a leer hasta ahora creo que ha habido varios, pero puedo decir que quizás hay autores, como Pinter, que me han obsesionado mucho por un tiempo y todavía no termino de entenderlos. De alguna forma me puede haber influido, eso espero. Quizás también Koltesz, un francés que ya murió, pero sobre todo, últimamente, me están influyendo más que dramaturgos, muchos guionistas y cineastas. El cine, inevitablemente termina siendo una referencia mucho más fuerte para los dramaturgos de ahora. Y en mi caso, cineastas como Jarmusch o Wim Wenders, en fin. Wes Anderson me fascina y ojalá tenga alguna influencia en mi obra. Pero en general creo que es el cine el que más influye.

 Menciona a Wim Wenders, eso significa que le gusta lo expresionista.

 Claro. No sé si he escrito algo al respecto, medio expresionista, pero sí me encanta, me seduce muchísimo eso. 

¿Cuál es el tema principal del teatro contemporáneo peruano: acaso la violencia, después que nuestra sociedad vivió dos décadas de terrorismo?

 Creo que sí. Es inevitable. Estamos un poco acostumbrados a vivir con la violencia y aunque uno quiera escribir una comedia, termina habiendo ciertos rezagos de la violencia que vivimos. Debemos seguir escribiendo así, porque la violencia permanece. No en una forma tan explícita sino en una violencia moral y ética, y eso a veces puede ser peor. Así que en los próximos años y quizás décadas, la dramaturgia peruana va a seguir teniendo como tema la violencia.

 ¿Eso refleja que aún somos una sociedad enferma o que nos estamos curando de la enfermedad?

 Nos enfermamos cada cierto tiempo. Nos curamos y enfermamos como todos, como verdaderos seres humanos. Es un proceso. Quizás uno quiere creer que estamos evolucionando, sobre todo a nivel moral -es lo que más me preocupa porque económicamente uno puede subir, bajar-. Lo más importante es la calidad moral de una sociedad. Me parece que no estamos evolucionando, que estamos enfermando cada vez más en ese sentido. 

El dramaturgo peruano César de María, premiado con el Casa de las Américas, decía: “qué bueno sentir que el teatro, aunque no nos dé de comer, nos da bastante para vivir”. ¿Opina igual?

 Sí, para vivir y para morir. Definitivamente, un dramaturgo en el Perú tiene siempre de qué hablar, pero tiene que ocuparse de mil oficios más para poder sobrevivir. Si uno tiene las orejas bien paradas y los ojos bien abiertos, siempre tiene material. Tanto un dramaturgo como cualquier escritor, y en general, cualquier artista. Este es el país de las mil ideas y las mil historias. 

 ¿Y tiene que hacer muchas otras cosas Mariana de Althaus para salir adelante cada día?

 Claro. Pero tengo una situación privilegiada en el sentido de que hasta ahora me he podido dedicar a lo que me gusta, que es escribir. No teatro, no puedo dedicarme a escribir teatro porque no solamente no gano, sino que pierdo dinero cada vez que escribo una obra de teatro. Pero sí me gano la vida escribiendo, eso ya es una situación bastante privilegiada. Así que hasta ahora no me quejo. Uno nunca sabe qué va a pasar.

 Tengo entendido que el estupendo poeta peruano Luis Hernández es su autor favorito. ¿Algo de su poesía ha influido en su trabajo como dramaturga?

Sí. Me gusta integrar bastante esa inocencia aparente que caracteriza un poco a la poesía de Luis Hernández -que en el fondo no tiene nada de inocente- pero sí usa mucho los motivos infantiles o la ternura. La ilusión como un cuadro naif, pero en el fondo hay muchísima tristeza, muchísima desolación. No sé de qué forma puede haber influido pero creo que algunas veces he intentado ir por ese camino. 

Sé que le hubiera gustado escribir Roberto Zucco y haber elaborado el guión de Amores Perros ¿Qué le atrae de estas obras?

“Roberto Zucco”, ¡wow!, es que esa obra es perfecta. Desde que la leí por primera vez sentí que era como una sinfonía de Mozart. Estaba perfectamente bien escrita. No le falta ni le sobra nada. Es de una intensidad contenida, que es lo que a mí me gusta tanto en el teatro como en el cine. La intensidad contenida: nada es obvio, nada es explícito, y sin embargo hay una explosión de emociones en cada página.

¿Y de Amores Perros también?

También ahí me pasa lo mismo. No es tan contenida la emoción, pero es de una intensidad... Me gustan las historias intensas.

En el caso de Amores Perros, historias cruzadas también.

Las historias cruzadas son muy atractivas, últimamente se usa mucho eso. Es un recurso bastante rico para un guionista.

¿Alguna vez ha creado un personaje pensando en una actriz o actor específico que lo vaya a representar?

Sí. No sé por qué desde la primera vez que trabajé con Denisse Arregui tuve buena química con ella. Sobre todo en la última obra que hice, que se llamó Ruido. Pensé desde el principio que ella la iba a interpretar. Creo que era porque justo había vuelto de Buenos Aires después de un buen tiempo, y ella encajaba perfecto con el personaje. Desde que empecé a escribir el personaje de “La vecina” tenía en la cabeza la cara de Denisse.

¿Fue difícil para usted ganarse un nombre dentro de la dramaturgia nacional por el hecho de ser mujer?

No creo que haya sido difícil por el hecho de ser mujer. Ser mujer no implica ninguna desventaja respecto de los hombres en el mundo de la dramaturgia. Más bien, el hecho de ser mujer a veces puede llamar más la atención, y ser positivo. Quizás si fuera hombre, y hubiera escrito las obras que he hecho, nadie me hubiera dado ninguna bola, ja… Pero el que seamos pocas mujeres que escribimos quizás me da cierta ventaja.

¿Cuántas mujeres más o menos escriben en el Perú, ahora?

Quisiera saber y conocerlas a todas. Deben ser varias, lo que pasa es que no muchas publican ni estrenan, entonces no hay cómo saber. De las que publican, estrenan y conozco hay muy poquitas, desgraciadamente, pero están saliendo más porque ahora con la facultad de Artes Escénicas de la Católica más nuevas ex alumnas están escribiendo.

Ha puesto en escena una de sus obras teatrales en Argentina. ¿Cómo fue esa experiencia y cuál fue la recepción del público de allá ante la obra?

La montó un grupo de teatro argentino. Supongo que habrá ido bien. La experiencia para mí fue interesante por ver cómo un grupo de teatro argentino interpretaba mi obra. No me hubiera imaginado que la hicieran así. Tuve que hacer un gran ejercicio de tolerancia, porque siempre el dramaturgo tiene en la cabeza una forma de cómo debe ser puesta la obra y es difícil sacarse ese esquema de la cabeza. Es un error, sé que uno debe ser más abierto. Estuve contentísima con la puesta en escena que hicieron y fue realmente un honor.

Ahora que es madre, ¿cree que esta nueva etapa de su vida cambie las motivaciones esenciales de su dramaturgia?

Definitivamente, y eso me preocupa un poco. Porque dicen que para escribir uno tiene que sufrir un poco, y la maternidad, aunque conlleva cierto sufrimiento cotidiano por las dificultades que trae, en general te llena de luz la vida. Entonces, no sé si todas mis siguientes obras serán un concierto de felicidad. No sé qué va a ser de mi dramaturgia de ahora en adelante, qué va a ser de mi carrera ahora que soy madre. Estoy preocupada, últimamente no he escrito nada.

Usted ha sido parte del equipo de guionistas -junto a Giovanna Pollarolo y Alonso Cueto- de “Mi novela favorita”, el programa peruano de radio que ha trasladado muchas de las mejores novelas de la literatura universal al formato radial. Novelas seleccionadas inicialmente por nuestro gran escritor Mario Vargas Llosa. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Muy interesante, muy divertida además. Gracias a Alonso Alegría, que me eligió como uno de los guionistas, he podido participar en este proyecto que es lindo. La dificultad era enorme por reducir a sólo 40 minutos aproximadamente, novelas inmensas como La guerra y la paz o El Retrato de Dorian Gray. Es un ejercicio de síntesis enorme y un esfuerzo por no sufrir a la hora de desechar grandes partes de la novela, pero lo que se consigue es algo muy puro y rico. Porque está la “carnecita”, la parte más divertida, más emocionante, más intensa de la novela. Entonces, el producto final es muy hermoso.

Cumplía sobre todo una función educativa.

Sí. Es también para llamar la atención del público que no está interesado en leer o que no tiene el tiempo. Para que digan “oye, esta historia es interesante, de repente la leo”. O sea, tenemos la esperanza de que la gente luego compre el libro y lo lea. Y si no lo hace, por lo menos se enteró de qué trata, pasó un tiempo muy divertido, y de paso se instruyó. 

Hubiera sido mucho más difícil sino tuviéramos la calidad de actores que han juntado ¿verdad?

Eso es fundamental. Cuando escuchaba la versión final, ya grabada, no podía creer que fuera a ese nivel de intensidad cada novela. No es lo mismo lo que escribimos y luego entregamos, a cuando ya está el producto final con ese nivel de actuación. Es increíble. 

Cambiando de tema, una pregunta que tiene que ver con su familia. El dramaturgo francés Jean Genet, en 1980, tras una visita a Beirut, escribió un artículo Cuatro horas en Chatila, donde toma partido por la causa política de Palestina y describe las masacres de los campos de refugiados de Sabra y Chatila. Usted, que es hija de un reconocido analista político, Jaime de Althaus: ¿nunca ha sentido la tentación de escribir algún artículo sobre temas políticos nacionales o internacionales?

Sería un gran error eso, porque el periodista político es mi papá. No tengo nada que ver con eso. Además no estoy tan informada, porque no me interesa tanto. Sería una osadía pretender hacer lo mismo que mi papá. La verdad que mi terreno es el de la ficción, no el de la realidad. Pocas veces estoy pensando en cosas reales, generalmente estoy pensando en cosas imaginarias. Creo que sería muy malo ese artículo acerca de la realidad, ja ja…

¿Nunca le ha motivado este tema -que parece de ciencia ficción, a veces- de la corrupción en nuestro país?

De hecho en mis obras -es inevitable- saco cosas de la realidad y las mezclo con la ficción, ese es el trabajo de todos los escritores. Hay un poco de real maravilloso en nuestra realidad, por eso lo que decía César de María: acá hay mucho para vivir. 

¿Cuántos años ya, relacionándose con el teatro?

Habré empezado el 92. Hace quince años empecé. 

¿Cómo fue su inicio en dramaturgia, en teatro?

Lo que pasa es que primero era actriz. Estudié actuación y a la vez empecé a estudiar literatura. Y como escribía, una forma de integrar los dos intereses que tenía, era escribir sobre teatro. Fue algo natural. No fue programado ni pensado. Creo que estaba destinada. 

Última pregunta: qué le recomendaría a una mujer joven o adolescente que quiera entrar al mundo de escribir obras de teatro. ¿Se lo recomendaría? ¿Cómo empezar?

Claro que lo recomendaría, es un mundo maravilloso. Y le recomendaría primero estudiar otra carrera. Asegurarse con una carrera que le permita subsistir y luego meterse a un taller de Alonso Alegría, que fue lo que yo hice. Porque Alegría es una escuela muy sólida aquí, para empezar a escribir. Aquí y en cualquier lado. En verdad es una buena base para cualquier persona que desee escribir teatro.

Gianmarco Farfán Cerdán (Lima, 1978). Egresado de Comunicación Social de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). También tiene estudios de Psicología en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha ejercido el periodismo en diversos medios de comunicación: el boletín Católica Deportes de la PUCP, Radio Santa Rosa, Radio Cadena, diario El Comercio, semanario Milenios, revista Universidad & Business. Además, ha sido editor los años 2005 y 2006 de la revista Bar News. En el 2006 obtuvo una Mención Honrosa en el concurso de cuentos Horas de Agora, organizado por estudiantes de la UNMSM. Ha publicado poemas y reseñas en las revistas virtuales Miríada y Bocanada, y tres poemas en la publicación impresa Punto Edu (ediciones 62 y 73) de la PUCP. Y es miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES).

  

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