México, Distrito Federal I septiembre-octubre 2007 I Año 2 I Número 10Publicación Bimestral I

 








 

 

Lennys  Pérez.   (Trujillo, Venezuela ,1982 Auxiliar de biblioteca, Estudiante de Educación Mención Castellano y Literatura del Núcleo Universitario Rafael Rangel. Ha escrito varios cuentos, poemas y ensayos. También una novela, la gran mayoría de su obra inédita, esperando publicación. Ha participado en eventos de literatura como organizadora y ponente a nivel Nacional, publicado artículos para diarios regionales y varios cuentos y poemas en la página literaria del NURR CUENTA DE ESCRITURA, es integrante de la sociedad de artes Almas sin rostro, grupo dedicado a la promoción de la pintura, escultura, teatro y literatura; También del Grupo Literario Naci2alasar.  Premio Ensayo 2005 de la ULA- Mérida. Recientemente fue galardonada en el certamen mayor de las artes y las letras capítulo Literatura con el Premio Narrativa 2006 por su libro BAJO OTROS SOLES y otros relatos. Actualmente se desempeña como Preparadora en Investigación adscrita al Departamento de Ciencias Sociales, en la Universidad de los Andes Trujillo.

 

 

El día que Verónica me pidió que le contara un cuento, yo, estaba dibujando unas ovejas para el pesebre de la casa de mi abuelo.

Al principio la miré sorprendida pero cuando vi su insistencia y luego de darme una gran sonrisa mientras yo me entretenía cortando el dibujo para tener listas de puro pintar las ovejas ella me volvió a decir:

-En serio madrina, quiero que me cuentes un cuento.

-Humm… ¿y por qué quieres que te lo cuente? A ver convénceme.

-porque tu me dijiste una vez que te pregunté que estabas haciendo un cuento y yo quiero que tu me lo cuentes.

-Yaaa… bueno pero antes déjame terminar esto. Y mientras, me ayudas a pintar estas ovejas yo te cuento el cuento.

-Pero no quiero que tengan ni brujas, ni monstruos, ni bichos raros.

-Tu como que eres exigente para que te cuenten cuentos.

-Anda madrina, yo se que tu tienes un cuento que me va a gustar.

            Después de eso le propuse a Verónica que me ayudara a pintar las ovejas y para entretenerla más le di una oveja, -la más grande por cierto- solo para poner a volar mi imaginación a ver que se me ocurría… y así contarle el cuento que ella me pedía.

            El problema estaba en que yo escribía cuentos, no los contaba… así que por ahí la cosa se me complicaba… yo, podría contarle un cuento para niños pero la mayoría, tienen brujas, monstruos, bichos raros y justamente ella me pidió un cuento sin esas cosas.

Caramba… me puso a pensar Verónica. En eso escucho que me dice:

-Madrina… ¿Cómo me está quedando la oveja?

-Linda, pero ponle más pintura por aquí.

            Luego ella volvió a su tarea y yo a mis pensamientos. Me salvé, por poquito de que no me volviese a preguntar por el cuento en ese momento, de hecho pensé que se le había olvidado pero sé que no… a los niños rara vez se le olvidan las cosas que le piden a un adulto, pero a los adultos… si se les olvidan, el ejemplo está aquí justo en lo que Verónica me dijo que quería que le contara el cuento que yo estaba haciendo el otro día. Ciertamente, yo me había olvidado de aquel momento, pero ella no.

            Y entonces… ¿ahora que hago? ¿Cómo empiezo a contarle el cuento? Será con… había una vez… no no nooo todos los cuentos que ella ha escuchado comienzan así… entonces… piensa…piensa… piensa… algo se me tendrá que ocurrir.

            Mientras pensaba, seguí pintando mi oveja y vi que Verónica estaba muy entretenida con la de ella tanto que volví a creer en la posibilidad de que realmente si se le había olvidado la petición que me había hecho. Pero mi sospecha se derrumbó justo cuando ella dejando por un instante de pintar me miró y me preguntó:

-Madrina… ¿Y mi cuento?

            Inmediatamente dejé lo que estaba haciendo y luego de ponerme la mano en la barbilla, así como si estuviera pensando, -que de hecho si estaba pensando y ¡mucho!-  decidí intentar contarle el cuento que Verónica me pidió, pero antes le propuse que mientras le contaba el cuento siguiéramos pintando las ovejas.

            A Verónica se le dibujó una gran sonrisa en el rostro estaba feliz pues al fin iba a escuchar el cuento que con tanta insistencia me había pedido. En eso escuché que me volvió a decir:

-Madrina… estoy esperando –sin dejar de pintar su oveja-

-Ah…si…ya, Verónica… ¿te acuerdas la vez que fuimos a Torococo?

-Si… que me bañe en la piscina.

-Aja…bueno. Allá hace mucho tiempo vivía una niña que se llamaba dulce.

-¿Cuánto tiempo madrina?

-Ehh… como cinco años…si… cinco años más o menos.

-Estaba pequeña yo… ¿Verdad?

-Si muy pequeña.

-Pero ya estoy grande.

            Bueno como te contaba… Allá vivía Dulce ella era una niña muy bonita que todas las mañanas se levantaba tempranito para ayudarle a su mamá a traer agua de un pozo que quedaba cerca de su casa. Luego de eso se bañaba, se arreglaba, desayunaba le daba un beso a su mamá y se iba a ala escuela con la promesa de regresar temprano. A Dulce, le gustaba mucho la escuela tanto que era una de las niñas más aplicadas e inteligentes de su salón. Aprendió a leer escribir y sumar rápido. Siempre dibujaba pues le gustaba mucho. Un día, dibujó un pozo , un sapo y una niña y le dijo a la maestra que esa era ella, que el sapo era su amigo y que todas las mañanas antes de venir a la escuela ella bajaba al pozo a buscar agua para su mamá, veía al sapo y conversaba con él. La maestra la miró, le sonrió… y le dijo que tenía mucha imaginación y que nunca la perdiera. Pero lo que la maestra no sabía era que Dulce si decía la verdad y lo que le había dicho si era cierto. Así que Dulce siguió yendo todas las mañanitas al pozo a buscar agua y así aprovechaba y saludaba a su amigo el sapo.

            Un día la mamá de dulce enfermó y la niña se puso muy triste. Ella siguió bajando al pozo a buscar agua pero ya no iba casi a la escuela pues tenía que cuidar a su mamá. Una vez que bajó al pozo el sapo le preguntó por qué tenía esa cara tan triste y ella le contó lo de su mamá. El sapo que era muy buen amigo se ofreció a ayudar a Dulce y le dijo que dentro de seis días bajara al pozo que encima de una piedrita ella iba a encontrar el remedio que curaría a su mamá.

            Pasaron los días y su mamá no mejoraba, el médico del pueblo le había dicho que tenía que bajar a la ciudad y tratarse, sino se pondría aún más mal de lo que estaba… pero la mamá de Dulce no quiso dejarla sola y decidió no ir. A Dulce eso le dio mucha tristeza y llorando se acostó a dormir. Al otro día se levantó tempranito pues recordó lo que su amigo el sapo le había dicho y bajó al pozo. Cuando llegó no encontró a su amigo y aunque lo llamó él no vino a su encuentro. Triste, se levantó para regresar a su casa y por última vez miró a los alrededores a ver si lo veía pero no, sin embargo una cosita que estaba encima de una piedra le llamó tanto  la atención que fue a buscarla. Era una bolsita, cuando la abrió vio un frasquito y se acordó de lo que su amigo le había dicho y luego de gritar “Adiós amigo” se marchó a su casa. Ya allá le dio el remedio a su mamá y ella a los días mejoró. Ahora Dulce, volvió a ir todos los días a la escuela, hace sus tareas y es una de las niñas más aplicadas del salón, así como tu Verónica. Y colorin colorado este cuento se ha acabado.

-¿Te gustó?

-Si madrina, está muy lindo pero prométeme que me contarás otro después.

-Si…si…si. Pero ahora vamos a terminar de pintar las ovejas.

-Yo terminé ya la mía.

-Entonces ayúdame con esta ¿si?

-Bueno.

            Luego mirando a Verónica comencé a pensar e imaginar como me las ingeniaría para contarle el próximo cuento…sin brujas, ni monstruos, ni bichos raros justo como me los pidió ella.

 

 

 

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