Ruth Levy
(1948), colimense, vive en Guadalajara, Jalisco, México.
Cursó estudios de posgrado en Würzburg, Alemania, la
maestría y el doctorado en Letras en la Universidad de
Guadalajara. Es profesora investigadora en la citada
universidad. Publica cuento y ensayo en periódicos y
revistas.

Una vez
interpretada, la metáfora nos predispone a ver el mundo de
manera distinta.
Pero para
interpretarla hace falta preguntarse no
por qué
sino cómo se nos muestra el mundo de esa forma nueva.
Umberto Eco
En la
concepción mítica, naturaleza, dioses y humanidad se incluyen
recíprocamente; se relacionan, y se hace posible la metamorfosis de
un orden al otro. En el fondo, se trata de un recurso del
pensamiento para enfrentarse con el sinsentido y para salvar la
contradicción que surge entre dos planos: el de los significantes
disponibles para el propio pensamiento, y el de los significados
concretos conocidos en el mundo objetivo.
El lenguaje
permite nombrar a lo que no tiene rostro; aquél, obedeciendo al
poeta, se apoya en el pensamiento platónico: verdad filosófica y
realidad poética. Entonces será la palabra misma la que se
convertirá en relación. Podrá decir una cosa, pero también otra.
El primer
paradigma del pensamiento mítico hace que se rija por categorías de
lo viviente, de lo singular y de lo concreto
(en lugar de por lo físico, lo general y lo abstracto). El segundo
paradigma introduce un principio semántico generalizado, que
dota de significación a todo cuanto acontece, no dejando ningún
rasgo de lo que se dice sin una carga de sentido: Todo
encierra algún mensaje que hay que descifrar (cfr. Morín, 1997:
175-180).
Y es que en
mi próximo paso pretendo descifrar el poema "Venus en ascensor",
incluido en Cal y canto (1926-1927), de Rafael Alberti.
Quiero apoyarme en Paul Ricoeur cuando expone, en el capítulo "La
explicación y la comprensión" de su libro Teoría de la
interpretación, a partir de la semántica profunda, que lo que
tiene que ser entendido no es la situación inicial del discurso,
sino lo que apunta hacia un mundo posible gracias a las señales en
el documento: El significado del texto no está detrás del texto,
sino enfrente de él; no es algo oculto, sino algo develado (Ricoeur,
1998: p. 100). El lector intenta captar las proposiciones del mundo
abiertas por la referencia de lo escrito. Es el texto el que abre
adecuadamente, y descubre, las dimensiones de ese mundo (ibidem).
De la forma
y del fondo del poema
"Venus en
ascensor" es uno de los poemas que conforman Cal y canto
(Alberti, 1959:42), volumen que apareció como participación de un
intento de rescate a Don Luis de Góngora y Argote por parte de los
poetas que sí lo reconocían; los que originaron la exitosa y trágica
Generación del 27 en España.
El poema
lleva un subtítulo entre paréntesis (Cielos: 1, 2, 3, 4, 5,
6, 7); y no porque se divida en siete estrofas, se estructura en
ocho, sino porque son los siete cielos/pisos
de los niveles celestes/edificio.
Lo conforman
ocho estrofas de cuatro versos, endecasílabos y heptasílabos
alternantes, con rima A B A B. Después del primer cuarteto se
numeran los siete restantes sin el sustantivo "Cielo". Los
siguientes siete cuartetos están coronados con un verso de catorce
sílabas (Alberti recurre a la sinalefa en dos) que nombra y define
al habitante de cada piso/cielo, y que rimará con el último verso de
la anterior estrofa.
En el poema
se reconocen representantes míticos de tres culturas: la cristiana,
la griega y la romana —sin embargo sólo emplea los nombres griegos
cuando no se trasladaron al latín—. Lleva el número siete como
corolario, número que es casi universalmente el símbolo de una
totalidad, pero de una totalidad en movimiento o de un dinamismo
total (Chevalier, 1999: p. 943). Los segundos y cuartos versos
de cada estrofa son heptasílabos; el verso con la descripción de
cada uno de los habitantes del edificio está dividido en dos
conjuntos de siete sílabas:
Agencia de
tinteros. Despacho de poesías.
Realización
de voces. Se perfila el sonido;
El discurso
del texto es claro: no una reactualización de mitos, sino una
analogía de dioses y semidioses con seres vivos contemporáneos al
poeta. Sin embargo lo velado de la semántica del poema y la
transferencia analógica de las pequeñas unidades del lenguaje más
allá de la oración, me comprometen a intentar una interpretación
personal que indican los traslativos del primero y último párrafos;
mismos que develaron otras dimensiones de la experiencia de mi
lectura por lo polisémico de las palabras, y del más de un sentido
de cada una a causa de, paradójicamente, la ausencia de ellas.
Una
interpretación:
La voz
poética cuenta que un maniquí, por la mañana, "llega" a un edificio:
—Buenos días, portera. Probablemente no sabe adónde va, entra en
cada uno de los despachos y describe lo que ve. Al anochecer: —Buenas
noches, portera. Sale por el mismo camino. ¿Dónde estuvo durante
ese tiempo? Aventuro que en el séptimo porque no describe, sólo
menciona qué es y los nombres que lo definen (Bar azul del
escándalo: Dios Padre y la Paloma). Al final repite la estrofa
introductoria con una variante, sustituye dos preposiciones: con,
del cuarto verso, por: sin. En su momento analizaré el porqué.
Una otra
interpretación:
La voz
poética implica que "alguien" (lo llamaré portador), por la mañana,
lleva un maniquí para entregar en alguno de los despachos, no sabe
en cuál; el portador entra en cada uno hasta que llega al sexto
donde trabaja un (o una) modista parisién; quizás ahí debiera
haberlo entregado; sin embargo sigue hasta el séptimo y, al
anochecer, sale por el mismo camino aún con el maniquí.
Así vaya el
maniquí solo, o "sostenido" por un portador, la analogía está
presente sin los nexos: como, semejante, igual, que pudieran nombrar
comparación a la correspondencia establecida.
La diosa
Venus surgió del caos, emerge de la espuma del mar; a su paso
brotaban la hierba y las flores. Inicia un viaje por distintas
islas, ninguna le gusta hasta que por fin llega al Olimpo. La
moderna Venus de Alberti es un maniquí, pero hace florecer la escoba
de la portera, y también emprende un ascenso (el rito de iniciación
de cualquier ser en la vida) en el que encontrará a distintos
profesionistas homologados con dioses, semidioses y dos mortales.
Entre los dioses el tiempo no cuenta cronológicamente, por eso ya en
el primer piso ve, en un abogado de mal de amores, a su propio hijo
Eros, dios del Amor, que en lugar de lanzar flechas de pasión los
enciende para obtener más dinero de sus clientes.
Después
encuentra a Apolo, dios de las artes, de la medicina y de la poesía,
personificación del sol, lo mira como un escribano desaliñado y
abúlico. Resalta el siguiente verso: su corona de pámpanos de
lata, porque no es Apolo quien la porta, sino Baco; y es que
este tinterillo sólo reproduce la poesía, ni tan siquiera sabe quién
es quién.
En un
estudio de grabación descubre al hijo de Apolo, Orfeo, el mágico
tañedor de la lira (de siete cuerdas) que amansaba fieras y las
reunía a su alrededor para escuchado; y su lira, al ser él
desmembrado, fue trasladada a los cielos y dio nombre a una
constelación. En este tercer piso, con el ruido infernal que
pretende ser música moderna, la concha, que fue de un crustáceo, no
asciende, baja, huye hacia el bote de basura; el mismo Orfeo se
convierte en un animal moribundo cuando intenta rescatada.
Con el
invento del cine la ficción adquiere doble artificio, por eso es que
Venus ve a Ceres, la diosa de la Tierra Madre y de las cosechas,
como a una embustera. Ceres no tuvo esposo propio, pero sus
sacerdotisas iniciaban a los novios en los secretos del lecho; en
este filme proyectado en el cuarto piso, la diosa misma lleva
mujeres a Baco, ¿por qué a él? ellas son de alcanfor y cera: el
alcanfor sólo es soluble en alcohol, y la cera es una mezcla de
éter, ácidos y alcoholes.
En un
comercio de muebles y aparatos para cuartos de baño, dos mortales de
la mitología vuelven a representar su antiguo papel aunque los
parodie a través de la connotación con la línea de los artículos. El
más bello de los vivientes, Ganímedes, el prototipo del efebo
helénico, raptado por Zeus y convertido en el escanciador en las
copas de los dioses, orina sobre Ícaro una flor destilada de
gasolina y de ozono; con ello duplica el tormento de Ícaro, pues el
olor de la gasolina y del ozono provoca fuertes náuseas.
En el piso
del modisto parisién Venus vuelve a constatar la homosexualidad de
Narciso en la generalizada fama que tienen los profesionales de la
aguja, del hilo y de las telas; pero, a diferencia del auténtico,
este moderno Narciso querría ser mujer, pues:
se asoma
a una luna
de azogue,
enamorado
de sus
pechos de goma.
Una
tradición hindú atribuye al sol siete rayos: seis corresponden a las
direcciones del espacio y el séptimo al centro. También el arco iris
no tiene siete colores, sino seis, el séptimo es el blanco, síntesis
de los otros seis. Esto es otro secreto del número siete: el retorno
al centro, al principio, pues al acabar el desarrollo senario,
completa el septenario (cfr. Chevalier, op. cit). Así llega Venus al
séptimo piso, ya pasó por seis, el séptimo debe ser el centro, el
axis mundi, el axis coelli, lo que realmente va buscando. Y se
encuentra con un bar azul del escándalo donde ve a Dios
Padre y la Paloma.
Acerca del
color azul Chevalier cita a Jung: además de ser el color del cielo,
es también el del espíritu en el plano síquico, el color del
pensamiento (p. 322); en otro apartado (p 166) el francés escribe
que en el color azul la mirada se pierde en lo indefinido; que está
hecho de transparencia, de vacío acumulado; el vacío es exacto, puro
y frío. Por consiguiente Venus, en su búsqueda/rito de iniciación,
no encuentra al Dios cristiano (se refiere a ése porque está junto a
la Paloma representante del Espíritu Santo, y no a Zeus, a Alá, o a
Yahvé), tampoco vio completa la Trinidad. Cuando sale, ha
anochecido, y es que en la vacuidad del azul no transcurre el
tiempo. La portera no trae una escoba que pueda volver a florecer.
Así, regresa por el mismo camino y sale.
Concluyo al
parafrasear a Mircea Eliade cuando habla de la función del mito que
es esencialmente la integración del hombre en el cosmos. Igual que
el pensamiento empírico adapta fácticamente la sociedad al medio
natural, el pensamiento mítico adapta, sicológicamente, a los
individuos a un mundo socioculturalmente organizado.
Y de ese
mundo/cielo/edificio socioculturalmente organizado, Rafael Alberti
re-trae a los personajes mortales que cada ser encuentra en el
caminar por su vida; la función homologatoria con los personajes
míticos cumplen su misión de dejar las imágenes pretendidas en su
poema, encerrados en otra conclusión: todo lo que sube, baja; si
acaso Dios se encuentra en el centro del mundo, la mirada no lo
descubre, se pierde en lo indefinido del azul.
Como colofón
transcribo una cita del poeta tapatío Ricardo Yáñez, un día después
de la muerte de Alberti: ¡Cómo, los mitos también mueren!
Venus en ascensor
(cielos 1,2,3,4,5,6,7)
Maniquí, Venus niña, de madera
y de alambre. Ascensores.
-Buenos días, portera. (La portera,
con su escoba de flores.)
Primero:
Abogado y notario de los males de amores.
Eros, toga, monóculo y birrete,
clava a sus señiorías
en el arco voltaico de un billete
de cinco mil bujías.
Segundo:
Agencia de tinteros. Despacho de Poesías.
Apolo, en pantalones, sin corbata
-«Diga, usted»- ,aburrido,
su corona de pámpanos de lata
-«Repita»- lustra, ido.
Tercero:
Realización de voces. Se perfila el sonido.
Con la esperanza a cuatro pies, procura
pescar, mientras expira,
Orfeo, del cajón de la basura,
la concha de su lira.
Cuarto:
Cinema. Noticiario. Artificio. Mentira.
En la pantalla anunciadora, Ceres
instantánea, embustera,
imprime a Baco un saldo de mujeres
de alcanfor y de cera.
Quinto:
Inodoro celeste. Termosifón. Bañera.
Ganimedes impar y pulcro, orina
sobre Ícaro, tronchada
luz del viento, una flor de gasolina
y ozono, destilada.
Sexto:
Modista parisién. A la inversa la entrada.
Narciso, ligas verdes, descocado,
todo tacón, se asoma
a una luna de azogue, enamorado
de sus pechos de goma.
Séptimo:
Bar azul del escándalo: Dios Padre y la Paloma.
Maniqui, Venus niña, de madera
y de alambre. Ascensores.
-Buenas noches, portera. (La portera,
sin su escoba de flores).
BIBLIOGRAFÍA
ALBERTI,
Rafael, "Venus en ascensor" en Cal y canto. Buenos Aires,
Edit. Losada,
1959 (pp 42
a 44).
CHEVALIER,
Jean; Alain GHEERBRANT.
Diccionario
de los símbolos.
Traducción de
Manuel
Silvar y Arturo Rodríguez. Barcelona, Herder, 1999.
ECO, Umberto.
Los límites de la interpretación. Traducción de Helena
Lozano.
Barcelona,
Lumen, 1998 (epígrafe de la página 169).
ELIADE,
Mircea. Mito y realidad (así traducido Aspects du mythe).
Traducción de Luis
Gil.
Barcelona, Edit. Kairós, 1999.
GRAVES,
Robert. Los mitos griegos. Tomo 1. Traducción de Luis
Echávarri. Madrid,
Alianza,
1992.
MORIN,
Edgar. El método, III: El conocimiento del conocimiento.
Madrid, Cátedra, 1988 (p 175); citado por Pedro Gómez García: "El
mito, ayer y hoy" en Cultura e identidad cultural.
Introducción a la antropología. Ángel Aguirre (coordinador).
Barcelona,
Ediciones Bardenas, 1997 (pp 175 a 180).
RICOEUR,
Paul. Teoría de la interpretación. Discurso y excedente de
sentido.
Traducción
de Graciela Monges Nicolau. México, Siglo XXI, 1998.
No encontré alguna relación con los siete cielos (de nueve)
de Dante.
