México, Distrito Federal I noviembre-diciembre 2007 I Año 2 I Número 11Publicación Bimestral I

 








 

Eduardo Lago, escritor y director del Instituto Cervantes de New York

Entrevista realizada por Gianmarco Farfán Cerdán

Un muy breve pero fructífero paso por Lima para enseñar a jóvenes narradores peruanos sus conocimientos literarios, tuvo recientemente el premiado escritor Eduardo Lago (Madrid, 1954). El actual director del Instituto Cervantes de Nueva York, ha sido ganador del Premio al mejor artículo de crítica literaria Bartolomé March (la Fundación March busca darle notoriedad al rol de la crítica) publicado el 2001 con El íncubo de lo imposible. Y con su obra Llámame Brooklyn, el escritor español obtuvo el Premio Nadal de Novela 2006, así como el Premio Ciudad de Barcelona 2007, el Premio de la Fundación Lara a la novela con mejor acogida crítica 2007, y el Premio Nacional de la Crítica 2007. Sin duda, se trata de una de las mejores novelas en castellano de los últimos años. Doctor en Literatura por la Universidad de New York City, Lago ha sido profesor de literatura en la universidad Sarah Lawrence Collage desde 1993. Y ha traducido a escritores norteamericanos legendarios como Henry James y Sylvia Plath. Es colaborador de la madrileña Revista de Libros desde su fundación, y del suplemento Babelia del diario El País de España. Otro aspecto destacable de su trayectoria como hombre de letras es que ha desarrollado una interesante labor como periodista literario, entrevistando a los premios Nobel Czeslaw Milosz, Toni Morrison, y a otros grandes escritores como Norman Mailer, Philip Roth, John Ashbery, Don De Lillo, David Foster Wallace, Tobias Wolff, Lorrie Moore, y Richard Ford, así como a los críticos Edward Said y Harold Bloom. El autor español ha publicado además Cuaderno de Méjico (2000), crónica de un viaje, y la colección de relatos Cuentos dispersos (2000). Amable, conciso, y con un fino sentido del humor, Lago nos concedió de muy buena gana esta interesante entrevista en el siempre activo Centro Cultural de España, donde nos detalló sus distintas y bien desarrolladas facetas como narrador, crítico literario, periodista y director del importante Instituto Cervantes neoyorquino. 

¿Cómo ha sido el crecimiento del Instituto Cervantes en los últimos años, específicamente en los Estados Unidos?

El Instituto Cervantes ha crecido muchísimo en todo el mundo, y se ha pasado a triplicar el número de centros en pocos años. En Estados Unidos existe desde la fundación el año 91. No es suficiente el número de Institutos Cervantes que hay ahora mismo en Estados Unidos -cosa que se remediará en el futuro-, pero vamos es difícil porque es muy difícil dotar de centros a un país. En Estados Unidos en concreto, hacen falta más. 

¿Cuál es el principal aporte del Instituto Cervantes de Nueva York para la consolidación de los hispanohablantes como una comunidad más sólida y respetada?

Bueno, el Instituto Cervantes de Nueva York, después de dieciséis años de trabajo continuado, ha conseguido una cosa muy importante: ser un lugar respetado y querido por todos los latinos de todos los orígenes y ser un punto de encuentro entre latinoamericanos, latinos originarios de los Estados Unidos, y españoles. Allí se promocionan actividades de todos estos grupos, se percibe de manera natural como un punto que pueden usar para sus actividades. 

¿Hay un interés real por parte del público norteamericano hacia las manifestaciones de la cultura hispana en su territorio?

Sí, los Estados Unidos ahora mismo están ajustándose al hecho de que su país tiene un componente hispano tan importante que está cambiando la composición de todo, del propio país en general. Entonces, los anglosajones, los demás grupos, ven que la minoría más grande del país es la hispana, y con su lengua y cultura está convirtiendo aquel país en un lugar bilingüe y bicultural. En este sentido, creo que se está produciendo un proceso armónico de crecimiento y adaptación a este fenómeno que es muy interesante. 

Hay quienes dicen que el español es el idioma más hermoso de todos: ¿usted está de acuerdo con esta afirmación?

No. Eso es absurdo y peligroso. Se ha dicho muchas veces que tal idioma era el perfecto para la filosofía, que tal idioma era el idioma de Dios… Todos los idiomas son iguales, naturales, producto de la creación del hombre, y no hay un idioma que sea superior a otro. Eso sí, todos y cada uno hemos de ser fieles a nuestros orígenes, y la fidelidad al idioma latino es idéntica a la fidelidad al país de origen o a la propia madre, pues no en vano se dice “la lengua madre”. Dicho esto, el castellano es un idioma bellísimo, con una literatura y una fuerza expresiva bellísimas. 

¿Por qué afirma usted que Nueva York es la capital cultural de América Latina?

Es que es un punto que atrae de manera natural a latinos de todos los países. Ahí se reúnen argentinos, bolivianos, españoles, colombianos, caribeños de la República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, están los chicanos, los mexicanos, y sólo en la ciudad de Nueva York se encuentran, se mezclan. Como es una ciudad con mucho prestigio cultural, muchas veces hay poetas, escritores, pintores que prefieren mostrar sus cosas allí. Mientras que lugares como Lima, Buenos Aires o México D. F. tienen lo suyo propio, en Nueva York está lo de todos. Entonces, se ha convertido en un lugar que suma y engrandece las fuerzas de los demás. 

Escritor en ascenso 

Su primera novela Llámame Brooklyn, ganadora del Premio Nadal del 2006, ¿es su obra literaria más lograda hasta el momento?

Es la única de relieve y a la que he dedicado casi veinte años de mi vida. Es una primera novela, pero porque durante mucho tiempo yo no tenía mucha intención de publicar ni me quería enfrentar a ese problema. Lo que sucede es que cuando por fin la entrego y gana este prestigioso premio recibe mucha atención, pero es la obra que resume una vida dedicada a la lectura y a la escritura. 

¿Cuál cree que hayan sido las cualidades literarias de esta novela para que haya merecido tantos premios y reconocimientos de la crítica?

Creo que les ha sorprendido ver que ha aportado muchas técnicas de los narradores norteamericanos y que -un poco- las introducía en la literatura en lengua castellana. Luego, supongo que tendrá valores por sí misma, pero no soy buen juez de mí mismo. Escribí lo que escribí porque lo sentía, los demás lo han recibido bien, y me siento muy orgulloso.  

¿Cada vez hay más americaniards (término acuñado por el autor barcelonés Felipe Alfau para referirse a los españoles que, tras décadas de haberse afincado en los Estados Unidos, permanecen fieles a su identidad hispana) en la literatura hispana de Estados Unidos?

No. Esa es una especie en extinción. Además, nunca fue mayoritaria porque entre la gigantesca fauna de latinos de todos los orígenes que se mezclan en Nueva York, lo que menos hay es precisamente españoles. Y en concreto los americaniards, el tema de Felipe Alfau -que tiene mucha gracia y por eso lo utilizo-, es una especie no en extinción, sino casi inexistente.

Ingrata traducción 

Lago ha traducido a autores fundamentales de la literatura estadounidense como Henry James, Sylvia Plath, Charles Brocken Brown, Jonh Barth, Hamlin Garland, y William Dean Howells. 

Su trabajo como traductor de autores como Henry James o Sylvia Plath, ¿le ha dado más satisfacciones que su faceta de creador literario?

No. La tarea del traductor es muy ingrata y poco reconocida. A mí la satisfacción que me ha dado es el estar en contacto con grandes escritores, poder transformar su palabra trayéndola a mi propio idioma. Pero realmente hubo un momento en que tuve que decidir el dejar de hacerlo porque me robaba el tiempo y la energía que necesitaba mi propia escritura. La traducción es un trabajo generosísimo, está muy mal compensado económicamente y de mil maneras más. Y tengo una enorme simpatía por los traductores. Sobre todo, es un trabajo que está reservado a los que no sean ya, de entrada, creadores porque si no se quitan el tiempo a sí mismos. Hay excepciones notabilísimas: cuando uno se enamora perdidamente de una obra… 

¿Le ha pasado?

… -como le sucedió a Borges con el Orlando (1928) de Virginia Woolf-, entonces uno la traduce. A mí no me ha pasado, porque con las entrevistas literarias que hago, siempre he hecho traducciones que me encargaban. Me decían ¿quieres traducir esto? No he sentido necesidad ni curiosidad por traducir ninguna gran obra, por lo que te he dicho anteriormente. Sí me queda el reto, la intriga, de una cosa que hubiera hecho: la última obra de James Joyce -que es imposible de traducir, además-, se llama Finnegans Wake (1939). Pero tendría que nacer otra vez y tener setenta años de vida solamente para dedicárselos a Joyce (sonríe)

Entrevistador de grandes autores 

Je, je… En cuanto a su labor como periodista literario, de todos los entrevistados importantes que usted ha tenido, como Milosz, Bloom, Mailer, De Lillo, Morrison, Said: ¿hay alguno que usted recuerde en especial por algún detalle?

Sí. Hay varios que me impresionaron muy profundamente. Creo que el que más me ha impresionado de todos es Milosz, a quien entrevisté poco antes de morir él (falleció el 2004). Entonces, esa fue una experiencia sobrecogedora: estar con él en la ciudad de Cracovia y pasar con él dos días. Luego, me impresionó muchísimo el novelista John Barth -tuve con él una entrevista breve-. Me impresionó mucho más todavía el novelista Don De Lillo, y me impresionó mucho el editor y novelista William Maxwell (1908-2000, mítico editor de The New Yorker que tuvo bajo su tutela a magníficos autores como Vladimir Nabokov, J. D. Salinger, John Updike y John Cheever), que tenía noventa y tantos años y me produjo una emoción especial estar tan cerca de él. Luego, he tenido el privilegio de estar ante escritores que apenas conceden entrevistas, como Philip Roth, -de inteligencia vertiginosa, estar a su lado es una efervescencia-. La verdad es que he sido muy afortunado porque he entrevistado a gente de primer orden. Edward Said era un hombre muy sabio. Creo que los que más impresión me han dado son los que después han muerto, porque se queda como un eco de su vida para siempre contigo. Tengo sus voces enjauladas en cintas. 

Reconocido crítico literario 

Usted escribió el artículo El íncubo de lo imposible, que era un análisis comparativo de las tres versiones del Ulises de Joyce existentes en idioma castellano -y que le dio el premio de la crítica literaria Bartolomé March el año 2001-. ¿Podría explicarnos un poco acerca de este trabajo suyo de investigación literaria?

Fue una cosa diabólica. Un trabajo endiablado. Y por eso te decía de broma lo de Finnegans Wake, para mí el Ulises (1922) es una obra fundamental. Entonces, intenté no hacer este artículo, pero los de la Revista de Libros (donde se publicó el texto) de Madrid volvieron a mí después de pedírmelo otra vez al año siguiente diciendo “todo el mundo lo rechaza, tienes que hacerlo tú”. Veía la enorme cantidad de trabajo que era, entonces, cuando decidí hacerlo me pasé un año entero, un año de mi vida dedicado a este libro que me pareció fantástico. Me ha marcado esa experiencia. Lo que hice fue introducirme en las tres versiones, acercarlas muy en profundidad, reconocer que las tres son de una labor muy meritoria, generosa, y no concederle la prioridad a ninguna. Quizá la que más me gusta sea –por motivos sentimentales- la primera, porque la leí con diecisiete años, y, pese a sus errores –todas tienen errores-, es la que más me atrae. Fue un proceso lentísimo, durísimo. Pero tuvo la recompensa del premio y de conocer muy a fondo esa obra. 

Muchas gracias por la entrevista y ojalá que vuelva en otra oportunidad.

Muy bien, muchas gracias, hombre.

 

Gianmarco Farfán Cerdán (Lima, 1978). Egresado de Comunicación Social de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). También tiene estudios de Psicología en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha ejercido el periodismo en diversos medios de comunicación: el boletín Católica Deportes de la PUCP, Radio Santa Rosa, Radio Cadena, diario El Comercio, semanario Milenios, revista Universidad & Business. Además, ha sido editor los años 2005 y 2006 de la revista Bar News. En el 2006 obtuvo una Mención Honrosa en el concurso de cuentos Horas de Agora, organizado por estudiantes de la UNMSM. Ha publicado poemas y reseñas en las revistas virtuales Miríada y Bocanada, y tres poemas en la publicación impresa Punto Edu (ediciones 62 y 73) de la PUCP. Y es miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES).

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