Daniel C. Narváez Torregrosa es
profesor de la Licenciatura en Comunicación Audiovisual en
el Centro de Estudios de Ciudad de la Luz en Alicante
(España). Es doctor en Historia del Arte por la Universidad
de Murcia (España). Ha impartido en seminarios de Historia
del Arte, Arquitectura y Cine en el Doctorado en Humanidades
y Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas y es miembro
del Sistema Nacional de Investigadores. Ha publicado
numerosos libros y artículos sobre cine, arte contemporáneo
y teoría de la arquitectura.

En contraposición al cine religioso tradicional, a saber: vida de
patriarcas bíblicos, adaptaciones de la Pasión, reflexiones de
dogmas doctrinales, etc. hay que señalar un tipo de cinematografía
surgida en la reflexión del realizador acerca de Dios y sus
manifestaciones. Esta reflexión trataría de liberar estas
manifestaciones de la Divinidad de lo mitológico -lo no explicable
racionalmente- para interpretarla de manera crítica y racional y
ofrecer un significado a la presencia -o no- de Dios en la humanidad.
Este terreno parece haber sido abonado concretamente para
los cineastas nórdicos maestros por excelencia en la reflexión
teológica, los cuales se muestran contagiados de unos predicados
filosóficos -nacidos en su entorno cultural- que han cuestionado
profundamente el papel de la religión, la moral y, en definitiva, de
Dios mismo.
Se ha repetido hasta la saciedad que el origen del
agnosticismo de Bergman reside en una férrea educación basada en los
rígidos principios luteranos de su padre, pastor de dicha iglesia
por lo que no vamos a incidir en este punto desde estas líneas.
Tampoco nos detendremos de forma pormenorizada en su proceso de
llegada a la dirección cinematográfica ni a su vinculación con el
mundo teatral.
Si bien al principio de su carrera como cineasta aún
manifestaba un cierto interés por Dios,
el peso de la experiencia religiosa vivida en su infancia y
adolescencia -cargada de prejuicios y normativas de corte
fundamentalista- le hace derivar a una desesperación existencial en
la que la única visión que puede tener es la de un Dios distraído,
termino que acuñara su mentor ideológico Strindberg.
Con todo, la figura de Dios es la constante de sus
profundos e intelectuales films, figura cuya presencia se manifiesta
por medio de su ausencia, sus silencios, sus enigmas incomprensibles
para el ser humano... Esta búsqueda de la Divinidad emprendida por
Bergman - y en la que se recurre al teatro ideológico de Strinberg,
a la filosofía de Kierkegaard, a ciertos aspectos del protestantismo
más ortodoxo y a su opuesto encarnado en el existencialismo-
obtendría una síntesis satisfactorias recurriendo a palabras de
Sartre -otro paladín del existencialismo- a saber: ¡Que Dios está
callado, eso no puedo negarlo. Que todo dentro de mi clama a Dios,
eso no puedo olvidarlo!.
El
inicio de su carrera en el cine tiene lugar en el año 1944 cuando
realiza el guión del film Hets (Tortura) de Alf Sjöberg. Al
año siguiente deriva a la dirección con Kris (Crisis, 1945).
Ya desde los comienzos de su creación fílmica las historias narradas
por Bergman sorprenden por ahondar en temas y cuestiones metafísicas
y teológicas cuyo centro de gravedad será la finalidad de la
existencia del ser humano, así Fängelse (Prisión, 1948) es un
film escatológico en su más puro significado: argumentación acerca
de la existencia de Dios, búsqueda del sentido de la vida, el peso
de la única certeza posible que es la muerte, liberación de la vida
auténtica prisión. Ideas que se continúan en Sommarnattens leende
(Sonrisas de una noche de verano, 1955) bajo la apariencia de la
crisis de los valores morales tradicionales,la ausencia de Dios, el
problema de lo finito de la existencia humana...
Un hito dentro de su carrera es la película Det Sjunde
Inseglet (El séptimo sello, 1956) basa en su propia pieza
teatral Pintura sobre madera. El mismo Bergman argumentaba la
intencionalidad del film con estas palabras:
"En mi film los protagonistas son unos cruzados que vuelven de la
guerra a un mundo atacado por el terror, a la peste, a los bandidos,
a la angustia permanente de la muerte, al miedo por sobrevivir. Hoy
las gentes viven en el terror de la bomba atómica y también hay
soldados que vuelven de distintas guerras, que se confunden en el
anonimato de una inmensa masa humana, que se revuelve en una
despiadada indiferencia. El séptimo sello quiere ser una alegoría a
este tema, con pinceladas fuertes y simples del hombre, en su
búsqueda eterna de Dios, con la muerte como única certidumbre"
Desde la perspectiva de un auto sacramental enraizado en la
tradición nórdica medieval, Bergman nos introduce en una dialéctica
existencial de marcado pesimismo dentro de un ambiente marcado por
la penumbra y cuyos protagonistas serán la Muerte y un caballero que
regresa a su tierra después de participar en las Cruzadas, es decir:
en una pretendida empresa de filiación religiosa.
Bergman parte de la premisa del silencio de Dios. En
consecuencia el hombre se encuentra solo frente a los problemas
suscitados por las relaciones humanas y frente al -siempre presente-
final de la vida. La gran pregunta del caballero Antonius Block es
conocer que se le depara al ser humano tras la muerte. Si existiera
Dios todas sus dudas tendrían respuestas,
pero éste permanece en silencio, la comunicación entre el individuo
y Dios parece haberse quebrado, y la fe, que en definitiva es el
único vínculo de unión entre el ser humano y la Divinidad, se torna
para Block -alter ego de Bergman- como ¡un tormento... como tener a
alguien ahí afuera en la oscuridad pero que nunca aparece, por mucho
que se esfuerce uno en llamarle!
Por medio de los personajes establece Bergman una lucha
dualista entre conceptos contrarios y complementarios:
|
amor |
Muerte |
|
esperanza |
Desaliento |
|
hombre |
Dios |
El caballero y su escudero serían los personajes que se
debaten dentro de la dualidad esperanza - desaliento; mientras que
el cómico y su mujer representarían la lucha del amor con la muerte,
siendo en definitiva la Muerte el leitmotiv del film puesto que
extiende la certidumbre de su presencia a todos ellos. El encuentro
de Dios es el único punto que queda sin respuesta.
Aunque el caballero entable conversación con la Muerte,
aunque entretenga la hora de su final -en el film representado por
la partida de ajedrez- de lo único que existe la seguridad es del
triunfo de la Muerte. Sin embargo para Bergman aún existe en este
momento una remota posibilidad de encontrar la felicidad en un mundo
sobrenatural tal y como sugiere la secuencia final en la que los que
mueren lo hacen implorando un perdón de origen celestial.
Este pequeño rayo de esperanza aun brilla tenuemente en
Jungfraukällan (El manantial de la doncella, 1959) film en el
cual su búsqueda de la Divinidad le hace plantearse la posibilidad
del milagro como respuesta de Dios ante los eternos interrogantes
del hombre, pero no obstante el precio previo a pagar es
inevitablemente el de la muerte; con todo, la idea que transciende
acerca de Dios es la de una especie de señor feudal -representado
por el caballero protagonizado por Max von Sydow- en un territorio
celeste que castiga el mal de una manera arbitraria: muerte del
joven bandido.
En sus films posteriores experimenta un giro hacia un denso
sentimiento pesimista motivado por su exacerbado agnosticismo, pues
si bien no declara abiertamente el concepto de “muerte de Dios” no
abandona esa diatriba acerca de la existencia y naturaleza de la
Divinidad. Fruto de ello es la trilogía formada por los siguientes
títulos: Sosom i en spegel (Como en un espejo, 1961);
Nattvardsgästerna (Los comulgantes, 1962) y Tystnaden (El
silencio, 1963).
La contestación propuesta por Bergman en la primera de las
películas nos ofrece una imagen y carácter de Dios semejante a un
insecto fagocitador tal y como describe Karin, la protagonista:
"La puerta se ha abierto, pero el Dios que ha salido era una araña;
tenía seis patas y se desplazaba rápido por el suelo; luego vino
hacia mí y he visto su rostro repugnante, lleno de maldad, y se
subió sobre mí y trató de entrar en mí, pero yo me he defendido"
Escena, en definitiva, de una lucha entre la conciencia y
la voluntad con el resultado del rechazo -previsible- de Dios como
sentido o respuesta a la existencia.
En Nattvardsgästerna (Los comulgantes) vuelve a
incidir en este tipo de apariencia divina,
dándose la paradoja de que quien alberga las dudas y se encuentra
sin respuestas ante los dilemas cotidianos y Dios es el pastor de
una pequeña comunidad religiosa y que -aún más- no en vano se llama
Tomas, como el discípulo de la duda. Su fe inicial se ha
transformado en una serie de rituales carentes de significado,
repetidos automáticamente una y otra vez lo que genera una total
falta de fe e incapacidad para comprender el sufrimiento y el
misterio de la vida. Todo ello le lleva a no saber dar respuesta al
pescador Jonás -guiño bíblico por excelencia- quien vive atemorizado
por la "amenaza china" y la falta de sensibilidad por los
sentimientos que por él siente Marta, la maestra local.
El
tema que cierra la trilogía es el silencio. En Tystnaden (El
silencio) la silenciosa manifestación de Dios se concreta en
problemas tan humanos como son la falta de comunicación, del amor o
la incomprensión.
No obstante en su raíz ya no puede distinguirse claramente si se
trata de una ausencia de Dios o un alejamiento voluntario del
hombre. Llegados a este punto de la relación hombre-Dios, la
humanidad -bajo la escéptica mirada de Bergman- "está compuesta de
seres que no se comprenden, no se aman, no se ven cara a cara, sino
como en un espejo oscuro, al sesgo, furtiva y cobardemente".
En conjunto la filmografía de Bergman plantea un deambular
que se inicia con la búsqueda de Dios, al que se intuye existe pero
que no es fácil encontrar y del que sólo se sabe que las más de las
veces se escabulle; el siguiente paso sería certificar la conclusión
anterior: la ausencia de Dios se manifiesta por el silencio con el
que responde al hombre ante sus dudas, miedos e incluso amenazas; la
conclusión, desde el punto de vista de Bergman, es evidente: el
hombre está sólo, desprovisto de cualquier estímulo sobrenatural y
condenado a buscar eternamente un sentido a la vida; alcanzándose en
última instancia un sentimiento de angustia -en el más puro estilo
de Kierkegaard- donde la única certeza es la ambigüedad de la
existencia humana y lo absurdo que parece el vivir.
En este sentido es de lectura obligada las memorias de
Bergman: Linterna mágica. Tusquets Editores, Barcelona,
1988.
Existe para estos temas una buena bibliografía representada
por títulos como COWIE, Peter: El cine sueco. Editorial Era,
México, 1970; SICLIER, Jacques: Ingmar Bergman, Editorial
Rialp, Madrid, 1962; WOOD, Robin: Ingmar Bergman, Editorial
Fundamentos, Madrid, 1971; COMPANY, Juan Miguel: Ingmar
Bergman, Cátedra, Madrid, 1990. También se pueden consultar
los guiones de sus películas entre los que destacan: Cuatro
Obras, Editorial Sur, Buenos Aires, 1965; El séptimo sello,
Editorial Aymá, Barcelona, 1965; Como en un espejo, íd
Barcelona, 1965; Fresas salvajes, íd, Barcelona, 1968; El
silencio, Editorial Era, México, 1975; entre otros.
"Yo creo en Dios, pero no en la Iglesia protestante ni en
ninguna otra; yo creo en una idea superior que se llama
Dios; lo quiero y lo necesito; creo que es absolutamente
necesario porque el materialismo integral podrá conducir a
la sociedad y a la humanidad toda a un callejón sin salida
de vida" (LAURENTI, Roberto: En torno a Ingmar Bergman.
Ediciones Sedmay, Madrid,1976; pág 22-23).
Al menos esto se deduce del diálogo entre Block y la Muerte
en el confesionario de la iglesia:
Block: ¿Me oyes?
Muerte: Si, te oigo.
Block: Quiero saber, ni fe ni suposiciones,
sino saber. Quiero que Dios me tienda la mano, que se revele
y me hable.
Muerte: Pero el permanece callado.
Block: Clamo a El en la oscuridad pero no
parece haber nadie.
Muerte: Quizás no hay nadie allí.
Block: Entonces la vida es un horror atroz.
Nadie puede vivir abocado a la muerte sabiendo que todo es
una nada.
El protagonista -Tomas- llega a decir: "cada vez que
enfrento a Dios con la realidad que veía, El se convertía en
algo horrible, en un dios-araña, en un monstruo. Fue esta la
razón de que le escondiese, apartándole de la luz y la vida"
Resultan aclaratorias estas palabras de Gianni Rondalino
[“La fortuna di Ingmar Bergman” en Storia del cinema,
Marsilio Editori, Venezia, 1978; pág 102] en relación a la
finalidad del cine de Bergamn "I temi della crisi dei
sentimenti, con implicazioni spesso religiose, del dubbio
esistenziale, della difficoltà della vita di relazione,
della solitudine dell'uomo si mescolano in una
rappresentazione che alterna il dramma alla commedia, la
critica di costume all'indagine sociologica"
BERGMAN, Ingmar: El silencio. Ed. Era, México, 1975; pág 10.
