México, Distrito Federal I Enero- Febrero 2008 I Año 2 I Número 12 Publicación Bimestral I

 








 

Daniel C. Narváez Torregrosa es profesor de la Licenciatura en Comunicación Audiovisual en el Centro de Estudios de Ciudad de la Luz en Alicante (España). Es doctor en Historia del Arte por la Universidad de Murcia (España). Ha impartido en seminarios de Historia del Arte, Arquitectura y Cine en el Doctorado en Humanidades y Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre cine, arte contemporáneo y teoría de la arquitectura.

 

En contraposición al cine religioso tradicional, a saber: vida de patriarcas bíblicos, adaptaciones de la Pasión, reflexiones de dogmas doctrinales, etc. hay que señalar un tipo de cinematografía surgida en la reflexión del realizador acerca de Dios y sus manifestaciones. Esta reflexión trataría de liberar estas manifestaciones de la Divinidad de lo mitológico -lo no explicable racionalmente- para interpretarla de manera crítica y racional y ofrecer un significado a la presencia -o no- de Dios en la humanidad.

         Este terreno parece haber sido abonado concretamente para los cineastas nórdicos maestros por excelencia en la reflexión teológica, los cuales se muestran contagiados de unos predicados filosóficos -nacidos en su entorno cultural- que han cuestionado profundamente el papel de la religión, la moral y, en definitiva, de Dios mismo.

         Se ha repetido hasta la saciedad que el origen del agnosticismo de Bergman reside en una férrea educación basada en los rígidos principios luteranos de su padre, pastor de dicha iglesia[1] por lo que no vamos a incidir en este punto desde estas líneas. Tampoco nos detendremos de forma pormenorizada en su proceso de llegada a la dirección cinematográfica ni a su vinculación con el mundo teatral[2].

         Si bien al principio de su carrera como cineasta aún manifestaba un cierto interés por Dios[3], el peso de la experiencia religiosa vivida en su infancia y adolescencia -cargada de prejuicios y normativas de corte fundamentalista- le hace derivar a una desesperación existencial en la que la única visión que puede tener es la de un Dios distraído, termino que acuñara su mentor ideológico Strindberg.

         Con todo, la figura de Dios es la constante de sus profundos e intelectuales films, figura cuya presencia se manifiesta por medio de su ausencia, sus silencios, sus enigmas incomprensibles para el ser humano... Esta búsqueda de la Divinidad emprendida por Bergman - y en la que se recurre al teatro ideológico de Strinberg, a la filosofía de Kierkegaard, a ciertos aspectos del protestantismo más ortodoxo y a su opuesto encarnado en el existencialismo- obtendría una síntesis satisfactorias recurriendo a palabras de Sartre -otro paladín del existencialismo- a saber: ¡Que Dios está callado, eso no puedo negarlo. Que todo dentro de mi clama a Dios, eso no puedo olvidarlo!.

         El inicio de su carrera en el cine tiene lugar en el año 1944 cuando realiza el guión del film Hets (Tortura) de Alf Sjöberg. Al año siguiente deriva a la dirección con Kris (Crisis, 1945). Ya desde los comienzos de su creación fílmica las historias narradas por Bergman sorprenden por ahondar en temas y cuestiones metafísicas y teológicas cuyo centro de gravedad será la finalidad de la existencia del ser humano, así Fängelse (Prisión, 1948) es un film escatológico en su más puro significado: argumentación acerca de la existencia de Dios, búsqueda del sentido de la vida, el peso de la única certeza posible que es la muerte, liberación de la vida auténtica prisión. Ideas que se continúan en Sommarnattens leende (Sonrisas de una noche de verano, 1955) bajo la apariencia de la crisis de los valores morales tradicionales,la ausencia de Dios, el problema de lo finito de la existencia humana...

         Un hito dentro de su carrera es la película Det Sjunde Inseglet (El séptimo sello, 1956) basa en su propia pieza teatral Pintura sobre madera. El mismo Bergman argumentaba la intencionalidad del film con estas palabras:

"En mi film los protagonistas son unos cruzados que vuelven de la guerra a un mundo atacado por el terror, a la peste, a los bandidos, a la angustia permanente de la muerte, al miedo por sobrevivir. Hoy las gentes viven en el terror de la bomba atómica y también hay soldados que vuelven de distintas guerras, que se confunden en el anonimato de una inmensa masa humana, que se revuelve en una despiadada indiferencia. El séptimo sello quiere ser una alegoría a este tema, con pinceladas fuertes y simples del hombre, en su búsqueda eterna de Dios, con la muerte como única certidumbre"[4] 

         Desde la perspectiva de un auto sacramental enraizado en la tradición nórdica medieval, Bergman nos introduce en una dialéctica existencial de marcado pesimismo dentro de un ambiente marcado por la penumbra y cuyos protagonistas serán la Muerte y un caballero que regresa a su tierra después de participar en las Cruzadas, es decir: en una pretendida empresa de filiación religiosa.

         Bergman parte de la premisa del silencio de Dios. En consecuencia el hombre se encuentra solo frente a los problemas suscitados por las relaciones humanas y frente al -siempre presente- final de la vida. La gran pregunta del caballero Antonius Block es conocer que se le depara al ser humano tras la muerte. Si existiera Dios todas  sus dudas tendrían respuestas[5], pero éste permanece en silencio, la comunicación entre el individuo y Dios parece haberse quebrado, y la fe, que en definitiva es el único vínculo de unión entre el ser humano y la Divinidad, se torna para Block -alter ego de Bergman- como ¡un tormento... como tener a alguien ahí afuera en la oscuridad pero que nunca aparece, por mucho que se esfuerce uno en llamarle!

         Por medio de los personajes establece Bergman una lucha dualista entre conceptos contrarios  y complementarios:

amor

Muerte

esperanza

Desaliento

hombre

Dios

 

         El caballero y su escudero serían los personajes que se debaten dentro de la dualidad esperanza - desaliento; mientras que el cómico y su mujer representarían la lucha del amor con la muerte, siendo en definitiva la Muerte el leitmotiv del film puesto que extiende la certidumbre de su presencia a todos ellos. El encuentro de Dios es el único punto que queda sin respuesta.

         Aunque el caballero entable conversación con la Muerte, aunque entretenga la hora de su final -en el film representado por la partida de ajedrez- de lo único que existe la seguridad es del triunfo de la Muerte. Sin embargo para Bergman aún existe en este momento una remota posibilidad de encontrar la felicidad en un mundo sobrenatural tal y como sugiere la secuencia final en la que los que mueren lo hacen implorando un perdón de origen celestial.

         Este pequeño rayo de esperanza aun brilla tenuemente en Jungfraukällan (El manantial de la doncella, 1959) film en el cual su búsqueda de la Divinidad le hace plantearse la posibilidad del milagro como respuesta de Dios ante los eternos interrogantes del hombre, pero no obstante el precio previo a pagar es inevitablemente el de la muerte; con todo, la idea que transciende acerca de Dios es la de una especie de señor feudal -representado por el caballero protagonizado por Max von Sydow- en un territorio celeste que castiga el mal de una manera arbitraria: muerte del joven bandido.

         En sus films posteriores experimenta un giro hacia un denso sentimiento pesimista motivado por su exacerbado agnosticismo, pues si bien no declara abiertamente el concepto de “muerte de Dios” no abandona esa diatriba acerca de la existencia y naturaleza de la Divinidad. Fruto de ello es la trilogía formada por los siguientes títulos: Sosom i en spegel (Como en un espejo, 1961); Nattvardsgästerna (Los comulgantes, 1962) y Tystnaden (El silencio, 1963).

         La contestación propuesta por Bergman en la primera de las películas nos ofrece una imagen y carácter de Dios semejante a un insecto fagocitador tal y como describe Karin, la protagonista:

"La puerta se ha abierto, pero el Dios que ha salido era una araña; tenía seis patas y se desplazaba rápido por el suelo; luego vino hacia mí y he visto su rostro repugnante, lleno de maldad, y se subió sobre mí y trató de entrar en mí, pero yo me he defendido"        

         Escena, en definitiva, de una lucha entre la conciencia y la voluntad con el resultado del rechazo -previsible- de Dios como sentido o respuesta a la existencia.

         En Nattvardsgästerna (Los comulgantes) vuelve a incidir en este tipo de apariencia divina[6], dándose la paradoja de que quien alberga las dudas y se encuentra sin respuestas ante los dilemas cotidianos y Dios es el pastor de una pequeña comunidad religiosa y que -aún más- no  en vano se llama Tomas, como el discípulo de la duda. Su fe inicial se ha transformado en una serie de rituales carentes de significado, repetidos automáticamente una y otra vez lo que genera una total falta de fe e incapacidad para comprender el sufrimiento y el misterio de la vida. Todo ello le lleva a no saber dar respuesta al pescador Jonás -guiño bíblico por excelencia- quien vive atemorizado por la "amenaza china" y la falta de sensibilidad por los sentimientos que por él siente Marta, la maestra local.

         El tema que cierra la trilogía es el silencio. En Tystnaden (El silencio) la silenciosa manifestación de Dios se concreta en problemas tan humanos como son la falta de comunicación, del amor o la incomprensión[7]. No obstante en su raíz ya no puede distinguirse claramente si se trata de una ausencia de Dios o un alejamiento voluntario del hombre. Llegados a este punto de la relación hombre-Dios, la humanidad -bajo la escéptica mirada de Bergman- "está compuesta de seres que no se comprenden, no se aman, no se ven cara a cara, sino como en un espejo oscuro, al sesgo, furtiva y cobardemente"[8].

         En conjunto la filmografía de Bergman plantea un deambular que se inicia con la búsqueda de Dios, al que se intuye existe pero que no es fácil encontrar y del que sólo se sabe que las más de las veces se escabulle; el siguiente paso sería certificar la conclusión anterior: la ausencia de Dios se manifiesta por el silencio con el que responde al hombre ante sus dudas, miedos e incluso amenazas; la conclusión, desde el punto de vista de Bergman, es evidente: el hombre está sólo, desprovisto de cualquier estímulo sobrenatural y condenado a buscar eternamente un sentido a la vida; alcanzándose en última instancia un sentimiento de angustia -en el más puro estilo de Kierkegaard- donde la única certeza es la ambigüedad de la existencia humana y lo absurdo que parece el vivir.


 

    [1] En este sentido es de lectura obligada las memorias de Bergman: Linterna mágica. Tusquets Editores, Barcelona, 1988.

    [2] Existe para estos temas una buena bibliografía representada por títulos como COWIE, Peter: El cine sueco. Editorial Era, México, 1970; SICLIER, Jacques: Ingmar Bergman, Editorial Rialp, Madrid, 1962; WOOD, Robin: Ingmar Bergman, Editorial Fundamentos, Madrid, 1971; COMPANY, Juan Miguel: Ingmar Bergman, Cátedra, Madrid, 1990. También se pueden consultar los guiones de sus películas entre los que destacan: Cuatro Obras, Editorial Sur, Buenos Aires, 1965; El séptimo sello, Editorial Aymá, Barcelona, 1965; Como en un espejo, íd Barcelona, 1965; Fresas salvajes, íd, Barcelona, 1968; El silencio, Editorial Era, México, 1975; entre otros.

    [3] "Yo creo en Dios, pero no en la Iglesia protestante ni en ninguna otra; yo creo en una idea superior que se llama Dios; lo quiero y lo necesito; creo que es absolutamente necesario porque el materialismo integral podrá conducir a la sociedad y a la humanidad toda a un callejón sin salida de vida" (LAURENTI, Roberto: En torno a Ingmar Bergman. Ediciones Sedmay, Madrid,1976; pág 22-23).

    [4] Ibíd. pág 77

    [5] Al menos esto se deduce del diálogo entre Block y la Muerte en el confesionario de la iglesia:

Block: ¿Me oyes?

Muerte: Si, te oigo.

Block: Quiero saber, ni fe ni suposiciones, sino saber. Quiero que Dios me tienda la mano, que se revele y me hable.

Muerte: Pero el permanece callado.

Block: Clamo a El en la oscuridad pero no parece haber nadie.

Muerte: Quizás no hay nadie allí.

Block: Entonces la vida es un horror atroz. Nadie puede vivir abocado a la muerte sabiendo que todo es una nada.

    [6] El protagonista -Tomas- llega a decir: "cada vez que enfrento a Dios con la realidad que veía, El se convertía en algo horrible, en un dios-araña, en un monstruo. Fue esta la razón de que le escondiese, apartándole de la luz y la vida"

    [7] Resultan aclaratorias estas palabras de Gianni Rondalino [“La fortuna di Ingmar Bergman” en Storia del cinema, Marsilio Editori, Venezia, 1978; pág 102] en relación a la finalidad del cine de Bergamn "I temi della crisi dei sentimenti, con implicazioni spesso religiose, del dubbio esistenziale, della difficoltà della vita di relazione, della solitudine dell'uomo si mescolano in una rappresentazione che alterna il dramma alla commedia, la critica di costume all'indagine sociologica"

    [8] BERGMAN, Ingmar: El silencio. Ed. Era, México, 1975; pág 10.

 

 

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