México, Distrito Federal I Enero- Febrero 2008 I Año 2 I Número 12 Publicación Bimestral I

 








 

Entrevista al escritor mexicano Elmer Mendoza

 

Entrevista y foto realizadas  por Gianmarco Farfán Cerdán

Ganador del XVII Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares 2002 con su novela El amante de Janis Joplin (2001), y finalista del premio Dashiell Hammet el 2005 en España con Efecto tequila (2004), también ha escrito más de una docena de libros de cuentos, crónica, teatro para niños y novela. Es profesor universitario en la Universidad Autónoma de Sinaloa, gran amigo del estupendo escritor español Arturo Pérez Reverte –quien lo ha calificado de maestro, por su literatura-, fue considerado en los noventas por el diario español El Mundo como uno de los nuevos valores relevantes de la literatura latinoamericana, y es formador de escritores jóvenes de toda América a través de su Escuela de Narradores. El escritor mexicano Elmer Mendoza (Culiacán, 1949) demuestra, con su ejemplo de vida, el poderoso efecto que puede tener la literatura en la vida de una persona. En su caso, cambiarle para siempre el destino.

¿Cómo alguien que estudió ingeniería en comunicaciones y electrónica como usted terminó siendo escritor?

Es un asunto de vocación. Creo que los escritores, y probablemente la gente que desarrolla actividades artísticas, tienen un gen. Entonces es muy difícil huir de él. Siempre es algo interno que te está induciendo a otros intereses que los que puedes estar desarrollando en un momento dado. Porque yo fui a una escuela de ingenieros y ejercí mi carrera, pero había eso que -no es que no me dejara dormir- me inducía. Entonces -yo soy hombre de decisiones definitivas- un día dije: voy a ser escritor. Y ya. Así fue el asunto. 

Aprendió a escribir recién a los diez años y hoy a sus cincuenta y ocho años es profesor universitario, escritor y promotor de lectura en instituciones. ¿Cómo fue esa evolución personal suya? ¿De dónde y cuándo le surgió ese espíritu de superación personal?

No sé. Porque me criaron mis abuelos en una zona donde no había escuelas y ahí la línea de vida es una que tiene que ver con la corrección religiosa: portarse bien, no robar, no matar, no hablar mal de los demás; es una educación básica muy fuerte, pero también era la lucha contra la naturaleza. Es decir, la tierra no produce sola, hay que trabajar, y trabajar fuerte. Y muchas veces no era convivir con la tierra sino domarla, hacerla a la forma que se requería para que produjera. Esa fue mi primera educación, y allí era inevitable que yo imaginara cosas. Creo que inició el descubrimiento de mi sensibilidad el imaginar cosas a partir de las sombras, a partir de las catástrofes, los días soleados, de preguntas tan sencillas para un chico urbano como “la luna ¿por qué tiene esas manchas?”. Había una serie de especulaciones muy bellas ahí que me gustaban mucho. Ese es el inicio. Después, ir a la escuela, descubrir las posibilidades de escribir, otro mundo. Descubrí la música también. Vivir en una línea donde ocurren eventos distintos enriquece a todo mundo, y en particular a mí, bastante. Después fue “hay que descubrirse”, para dónde vas, qué quieres ser, para mí fue bastante complicado. Por el tipo de ciudad donde vivía y la educación común entre los muchachos que salían de la preparatoria eran las carreras de ingeniería, leyes o contaduría. Y de esas me gustaba mucho la física, quería ser físico. La física cuántica y todo esto que tenía aplicación, lo que pasa ahora en todo lo que tiene que ver con Internet, las comunicaciones modernas. 

Haber sido criado en la casa de sus abuelos campesinos, donde había fantasmas, ¿ha desarrollado en usted alguna inclinación por el realismo mágico en el terreno literario?

No, yo le tengo terror a los fantasmas. Soy un hombre que no puede dormir a oscuras, salvo que esté acompañado. Soy muy sensible a la oscuridad, y eso me viene de las tradiciones de mi región donde era común asustar a los niños, ja ja… Así que no me interesa, ja. 

¿Por qué publicó su primer libro de cuentos Mucho que reconocer en 1978, con medios económicos propios?

Primero, una noche que salí de mi trabajo a las once de la noche, estaba solo en mi  casa… 

¿Cuál era su trabajo?

Era ingeniero en una planta de cinescopios de teve color. Eso, cuando apenas lo habían inventado. Entonces, llegué a mi casa, inquieto, y en vez de dormir me puse a escribir en un cuaderno de cien páginas, y para las seis de la mañana ya lo había llenado. Ahí fue cuando dije “voy a ser escritor”. Después lo revisé y había como trozos de historias, a partir de allí sentí la necesidad de contar historias completas, cuentos. Así fue como las escribí sin asistir a un taller, sin tener amigos escritores. Nada más con mis experiencias de lector de literatura y las ideas que tenía. Entonces dije “esto, lo voy a publicar”. Y pregunté, “¿cuando alguien ha escrito qué es lo que pasa?”, “Pues hay que presentarlo a una editorial”. Fui a la editorial que impulsaba a los escritores jóvenes, se llamaba Joaquín Ortiz -ya la absorbió el Grupo Planeta-. Fui con ellos y me atendió el editor general, don Joaquín Ortiz, y me dijo “yo no rechazo a nadie”, pero tenía como quinientos libros ahí, ja ja… ¡Pero de verdad así, dos altas! (hace con ambas manos la figura de dos rumas de libros, de más de un metro de altura cada una, desde el suelo). “Para que yo pueda leer tu libro y darte un dictamen, mira todo lo que tengo que pasar”. Y yo: “¿de qué tiempo estamos hablando?”, “de dos años”, “no, demasiado”, le dije. Y me dice: “dos años para aprobártelo, después para meterlo a un proceso de edición, fácil se lleva otros si lo aprobamos”.  

Wow.

Y le digo “no me conviene. ¿Qué otra solución hay?”. Y me dice: “bueno, que te pagues tu edición. Aquí está este editor, él trabaja así”. Me fui con el editor, y me dijo que sí, que era un editor con políticas de sobrevivencia. Le pagué como 1,500 dólares por mil ejemplares de mi primer libro de cuentos Mucho que reconocer. Me sirvió un poco para ubicarme en ese universo. Después de eso ¿qué necesita un escritor? Tiene que saber mucho de literatura. Para saber de literatura me inscribí en la facultad de letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y cursé la carrera de letras hispánicas. Renuncié a mi carrera de ingeniero de inmediato, y dije “voy a ser escritor, no voy a fijarme en esas”, je je… 

Usted ha dicho alguna vez que se considera un sobreviviente por haber pasado la violencia del 68 en la universidad, del ghetto, de la represión del gobierno, de las pandillas de su colonia, de los medios de comunicación. ¿Se siente aún así?

Sí. Ese es un sentimiento muy profundo. He desarrollado como un sexto sentido en relación a una situación inmediata difícil, y cuando la voy a afrontar soy muy cuidadoso, porque el sobreviviente desarrolla ese instinto. Como has sobrevivido y tenido experiencias fuertes como “¿qué tal si me quedo de campesino?”, “¿si nunca aprendo a leer?”. O después en la época de los setentas, las veces que fui detenido, te ponen una pistola a cada lado, te tienen encañonado y te están diciendo cosas. Eso te hace de un universo de autoconservación muy intenso que yo aplico. Por ejemplo, mi idea de acá era ir a Cusco, ver Machu Picchu, pero cuando llegué tuve la sensación de que no debía ir. Aún así compré mis boletos para ir, y seguía sintiendo lo mismo. Tuve que decidir no ir, confiar en ese instinto, que las pocas veces que lo he desobedecido… 

No le ha ido bien.

…no me ha ido nada bien. Entonces, aquí estoy. 

Un artículo de El Mundo de España, que se titulaba “Un nuevo Boom” de principios de los años noventa, lo considera entre los nuevos escritores emergentes de Latinoamérica: ¿cómo toma esto?

Vi ese artículo cuando salió, yo estaba en Madrid, y me dejó “frío”. Porque quizás al fin de cuentas, un escritor como yo, que escribe por decisión, después de haber pasado muchas cosas, lo que busca tiene que ver más consigo mismo que con el mundo de los lectores o la farándula. Tiene que ver conmigo mismo. Las decisiones que he tomado en mi vida por hacer lo que quiero, lo que me satisface, han sido bastante violentas. El ser escritor, también. Si ya tenía la vida resuelta, me tardé veinte años en volver a resolverla. Entonces, sentí en primera instancia emoción, pero después pensé “¿qué es esto?”, porque los escritores del Boom son nuestros maestros. Leí la nota, bastante ligera, pero me golpeó. Y aparte, a la par de eso estaba ocurriendo un fenómeno en México, de que nos estaban ubicando como un movimiento fuerte: “Los narradores del norte” (que escriben sobre temas como el narcotráfico), y a la vez fue el año que descubrimos que estábamos siendo objeto de estudios en universidades norteamericanas, en Europa, en Australia, cosas que me parecían muy extrañas. Después dije: “esto es un halago y es muy intenso”. Lo único que se me ocurre es que tengo que responder con la obra que lo justifique. 

Su primera novela del año 99, Un asesino solitario, trata sobre el homicidio a Luis Donaldo Colossio (candidato presidencial mexicano de entonces) ¿cree que esa novela explica mejor que el resto de su literatura la corrupción y el crimen organizado en México?

No. Creo que la corrupción en mi país es un tema de acompañamiento. En tres de mis libros, quizá no en Cóbraselo caro que es un homenaje a Juan Rulfo, pero en los demás sí, es parte de los temas paralelos que trato. En México la corrupción es parte de la vida: he visto que los padres enseñan a sus hijos a ser corruptos, o cuando menos a explotar esa debilidad de las autoridades. Esto es tan sencillo como que un chico de quince años que no tiene permiso para conducir un automóvil, lo hace, y cuando lo detienen y llaman al padre para decir “oiga, su hijo derribó una palmera”, y él tiene oportunidad de estar solo con el hijo le dice “oye, pero no seas tonto, les hubieras dado cien pesos. No tienes que andar llamándome”. Es una educación de la gente. Esto que te cuento lo he visto. A alguno me he atrevido a preguntarle “oye ¿por qué haces eso, te das cuenta de lo que estás haciendo?”. Es algo que duele mucho, que nos duele a algunos, y formo parte de un club que somos anticorrupción. Por ejemplo, mi licencia de conducir, el intercambio con el agente (de policía) es que si yo le puedo dar algo, y le digo “no, hagamos la boleta porque formo parte de un grupo que estamos en contra de esto, siempre tenemos que pagar por nuestros errores”. A veces se desconciertan y dicen “!ay, Dios, váyase!”, pero es bueno que ellos sepan también que aunque sea a esos niveles mínimos, la gente los está vigilando. Lo bueno sería meternos con los grandotes, los ministros, ja ja… 

El escritor mexicano Carlos Fuentes dijo hace poco en España que “el escritor posee el deseo de ser a la vez un estorbo para el mundo que es, y un creador del mundo que puede ser”. ¿Qué piensa usted?

No, yo no concibo ser un estorbo. Soy escritor más bien en relación conmigo mismo que con el mundo. La generación de Fuentes es de expertos -los que quedan vivos- capaces de dar cátedras de todo. He escuchado a Carlos Fuentes hablar de la economía del mundo y era como que estaba con el Director del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional. Es decir, son hombres muy preparados. Yo no soy un estorbo, pertenezco a un grupo que no cree ser un estorbo. Lo que quiero es contar mis historias, compartir historias humanas que, en primer lugar toquen el hecho maravilloso de estar vivos. Y si a partir de ahí -de una literatura que no quiera dogmatizar ni quiera mostrar caminos-, si a partir de la lectura de una de mis novelas alguien llega a la conclusión de que la sociedad está podrida y sería bueno cambiarla pues ese sería un efecto. Uno de los tantos que mis novelas pueden provocar. Incluso trabajo bastante el humor. No sé por qué ha dicho Carlos eso. Tiene que ver con él y no conmigo. 

El escritor, ensayista y sociólogo Juan Villoro, en una entrevista dijo que los capos de la droga utilizan la cárcel como sus oficinas, constituyendo un poder al margen del gobierno formal, el cual sólo puede ser enfrentado a través de un gobierno fuerte. En los cuentos y novelas de Elmer Mendoza, ¿es fuerte el gobierno mexicano ante este problema?

Lo de las cárceles es cierto. Pero no creo que no haya ningún grado de fortaleza que los pueda enfrentar, ningún gobierno. Allí tiene que haber una negociación, no pueden militarizar el hecho, no lo pueden acabar con violencia. Tienen que, en primer lugar, rediseñar el país desde la producción de bienes. Es decir, qué clase de economía somos: una economía donde todos tengan empleo, donde delinquir sea el último recurso, o sea una vocación ineludible. El problema que hay en nuestro país ahora es que muchas personas no tienen otra opción. Cada año tenemos miles de egresados que no encuentran puestos de trabajo. Y qué es lo que debe hacer esa gente ¿morirse de hambre? Claro que no. Entonces, terminan echando a un lado sus valores para conseguir financiamiento, poner un negocio, trabajar en una empresa que lava dinero, etc. Es decir, no quedan opciones. ¿Qué es lo que se necesita? Más que un gobierno muy fuerte desde el punto de vista militar, -“armemos el ejército y que se peleen y se maten”, que es lo que acaban de hacer. Y fracasaron-, el problema es más profundo. Incluso ya es un problema cultural porque una de las expectativas de los jóvenes es ser narcos. Y eso es un problema de educación. De las pocas formas que quedan para salir adelante, está hacerte delincuente. Claro, si eres hijo de papi, pues no hay problema, vas a entrar al relevo, pero ¿cuántos son hijos de papis? La situación es terrible. Tenemos alrededor de sesenta millones de pobres. Y de esos ¿cuántos tienen acceso a la universidad?, ¿cuántos egresan? Y de los que egresan ¿cuántos pueden encontrar un puesto? Es una situación muy aguda, y el narco está ahí, vibrando. 

Carlos Fuentes también dijo en España que los cuatro jinetes del Apocalipsis actual eran el terrorismo, la inseguridad, el crimen y la pobreza, y que solamente podían ser superados si elegimos un futuro que acepte la realidad. ¿Son esos lo únicos jinetes del Apocalipsis actualmente, o hay más?

Creo que cubren el esquema, es una visión global de lo que es nuestro país y probablemente América Latina. Eso lo engloba todo. Tiene razón Carlos Fuentes. 

Usted ha sido finalista el 2005 del Dashiell Hammet, el premio otorgado por la Asociación de Escritores Policíacos durante la Semana Negra de Gijón, en España, a los creadores de Novela Negra. ¿Fue importante este reconocimiento en su carrera literaria?

Sí. Todo reconocimiento es importante porque detectas lectores, personas que evalúan tu obra para proponerla para un premio, eso es grato. Aparte que fui invitado a la Semana Negra en Gijón y lo pasé súper. Las charlas fueron muy apasionadas. 

La novela negra es clasificada como subgénero por algunos, todavía. ¿Qué piensa de esta afirmación?

Probablemente es una actitud de académicos con cierta formación. Creo que hoy la novela negra es de los géneros más fuertes, de los más leídos en el mundo y también uno de los que tiene la oportunidad de retratar en todos sus aspectos el tejido social que vivimos. Cada sociedad engendra sus delincuentes, y ellos dan información del tipo de sociedad a la que pertenecen. En ese aspecto es muy valiosa la novela negra y cuando conocemos la de cualquier país, tenemos una idea de cómo opera ese país, cómo se maneja, y un poco aproxima a la verdad de cómo es el tejido social. 

En su novela Cóbraselo caro del año 2005, de Tusquets, aborda las inquietudes y los retos de identidad de los mexicanos que viven en los Estados Unidos. Usted dice que es una obra homenaje a la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo, ¿por qué?

Partí de ahí, tiene que ver con el título y reciclo Pedro Páramo como personaje y también porque siempre que hablamos de Rulfo y pensamos cómo es que ha concebido Comala, siempre aparece la emigración a Estados Unidos. Una noche que estábamos conversando con Arturo Pérez Reverte y otros amigos en mi casa, me preguntan qué voy a escribir enseguida, entonces dije: Cóbraselo caro. Al principio la concebí como novela fantástica, después resolví que si quería indicar el respeto que le tengo a Juan Rulfo, tendría que jugar un poco con sus códigos, entonces hay capítulos que intentan ser rulfianos, los otros son mendozianos completamente, ja ja… 

¿Qué es el habla culichi? Pérez Reverte le agradeció que se la enseñara.

Los de Culiacán somos culiacanenses pero la acepción indígena es culichi. El habla culichi se forma de indigenismos, anglicismos, y algunas expresiones que se transforman por el uso cotidiano, que son mezclas. A Pérez Reverte le enseñé varias y lo metí a grupos para que las escuchara. El lenguaje, sobre todo el popular, su fuerza también radica en los matices de tonalidades, en cómo se dice. 

Usted figura en La reina del sur, la catorceava novela de Pérez Reverte (publicada el 2002) como personaje. ¿Le gusta esta deferencia del español?

Sí, cómo no. Me encanta. Además es algo que estamos haciendo, mandarnos saludos un poco en nuestras novelas. No sé si todos lo hagan… 

¿Es su mejor amigo en la literatura?

Arturo, sí. Es un tipo increíble. Nosotros decimos allá que es “es muy raza”. Y muy raza quiere decir que es el que respalda en las buenas, las malas, las peores; que puedes contar con él para lo que sea. 

Usted fundó la editorial “Cuchillo de palo”. ¿Cómo fue esta faceta más empresarial que literaria y cómo se decidió a iniciarla?

Esa fue una experiencia de los años ochentas (del 84 al 86). Yo vivía en Ciudad de México, y cuando regresé a vivir a Culiacán llegué haciendo cosas, y una de las que hice fue esta editorial independiente, marginal. Hacíamos libros. Llegamos a hacer siete u ocho títulos, una revista. Era un proyecto para hacer amigos, hacer presencia en el medio.

 

Gianmarco Farfán Cerdán (Lima, 1978). Egresado de Comunicación Social de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). También tiene estudios de Psicología en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha transitado por diversos medios de comunicación: boletín semanal Católica Deportes de la PUCP, Radio Santa Rosa, Radio Cadena, diario El Comercio, semanario Milenios, revista Universidad y Business. Además ha sido editor de la revista Bar News durante los años 2005 y 2006, y realizó algunos trabajos como periodista freelance. El 2006 obtuvo una Mención Honrosa en el concurso de cuentos “Horas de Ágora” de la UNMSM. Ha publicado poemas y reseñas en las revistas virtuales Miríada, Remolinos y Bocanada (y han seleccionado uno de sus cuentos para publicarlo en la 5ta edición de su versión impresa), y tres poemas en la publicación impresa Punto Edu (ediciones 62 y 73) de la PUCP. También ha publicado entrevistas en la revista cultural virtual Destiempos (México) números 9, 10 y 11, un cuento en la revista virtual Letralia (Venezuela), y poemas en la revista virtual Voces (España). Igualmente, pertenece a la Red Mundial de Escritores en Español (REMES).

 

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