México, Distrito Federal I Enero- Febrero 2008 I Año 2 I Número 12 Publicación Bimestral I

 








 

 

Fernando Vargas Valencia Poeta nacido en Bogotá, en 1984. Abogado de la Universidad Externado de Colombia. Auxiliar de investigación en sociología jurídica en el Instituto de Estudios Interdisciplinarios de dicha universidad. Estudios en Literatura y Sociología. Tutor en programas de formación docente en el área de Cultura de la palabra y creación literaria. Ganador de varios concursos. Director de la revista poética Fata Morgana. Incluido en varias antologías de nueva poesía hispanoamericana en Perú, España y Cuba. Invitado a varios encuentros nacionales e internacionales de poesía en Colombia, Brasil y México. Coordinador del Primer Festival Internacional y Popular del Libro de Bogotá. Ha publicado: El Espolio (2000), Cuentas del Alma (2001), Cantos Ígneos (2004) y Silencio Transversal (2007).

ESTOCADA INFINITA

 

 

La música se desploma:

Resumen de cuerpos en guerra

que se anticipan al mismo grito.

Ciudades derrotadas por la ira.

Instantes en los que la memoria

se anticipa a la historia

y sabe del holocausto.

Las mujeres grávidas amamantan

el hambre

y sus hijos se detienen

a contemplar las luces del horizonte,

esos destellos que vienen del Norte

a matarlos, a hacerles claudicar,

a exterminar todo cuanto son

en el tiempo y en el espacio.

El tirano padece de otra hambre…

sus convicciones se disipan

porque la historia no podrá perdonarlo.

La rebeldía es absuelta,

es convocada

y no da espera:

Por tales mujeres que se quedan dormidas

en la lactancia y se sobresaltan

con el palpitar de sus entrañas sedientas,

por la poesía de sus cuerpos abatidos

por el invasor y la sordera,

por aquel niño que no llora ante las balas

porque fue parido en la valentía y la resistencia,

por aquel soldado que desertó de sus filas

y ahora enseña las notas de su guitarra

a los ejércitos clandestinos,

es que hay voces en el tiempo

que exigen la errabunda sinfonía

de la estocada infinita.

 

POR-VENIR

 

 

América toda

se estremece

en los ritmos previos,

en el lenguaje tartamudo

de las absolutas liberaciones,

en los dioses

que hicieron del cuerpo

una metamorfosis circular,

un misticismo gárrulo.

América desea profanar la muerte,

volver la mirada

a lo anterior:

Al tiempo propicio

de los hombres

capaces de descifrar los signos

de su voluntad.

 

MAYÉUTICA SOLAR

 

¿Quién se atreverá a romper el sarcófago vertical,

las ventanas cuarteadas por la sangre,

los huesos adheridos a las calles,

el sutil vituperio del grito?

¿A quién convocan estas voces

en los callejones macabros,

las corrientes de humo

que salen de las bocas,

los toreros acariciando la cabeza de fauno,

los ascensores invadidos por las hienas matutinas,

los deberes cotidianos?

¿Quién se atreverá a oficiar de amante

en estos callejones donde los jardines no son ya el león sediento,

donde la nada se va entregando a los asuntos más infames?

Esta prisión se ufana de sus fronteras,

de sus delgados límites amaestrados,

¿Seré yo quien la idolatre

con su caída victoriosa?

¿Seré yo el adyacente vencido,

el recordado,

el hijo del diálogo entre el lápiz y las rejas,

entre la ciudad y sus espectros?

 

 

 

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