México, Distrito Federal I Enero- Febrero 2008 I Año 2 I Número 12 Publicación Bimestral I

 








 

Graciela Cándano Fierro. Doctora en Letras Españolas por la UNAM y con estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid, España. Investigadora Titular del Instituto de Investigaciones Filológicas (UNAM) en el área de literatura ejemplar de los siglos XII al XV. Profesora de asignatura en el Curso de Literatura Española Medieval, desde 1975. Autora de los libros:La espina y la rosa. La ambivalencia en torno al `dogma´y al `instinto´ en torno al Libro de Buen Amor. Estructura, desarrollo y función en las colecciones de exempla del siglo XIII.Una faceta de la mujer en la literatura ejemplar, La seriedad y la risa, La comicidad en la literatura ejemplar de la Baja Edad Media ,La harpía y el cornudo. La mujer en la literatura ejemplar de la Baja Edad Media española, Sendebar para estudiantes, Un modelo de las colecciones de exempla del siglo XIII. Autora de diversos artículos sobre literatura y sociedad medieval española. Ponente en diversos foros nacionales e internacionales. Entre sus áreas de investigación e interés se encuentra la defensa de los Derechos Humanos.

A Fabio Morábito, poeta y maestro

“El hoy es siempre ayer

y el ayer es eterno”

Luis Ríus, Canciones de ausencia.

 

Cuando en el pasado se ha hecho un homenaje a algún maestro ejemplar, uno de los propósitos principales, si no es que el fundamental, ha consistido en que el recuerdo del homenajeado permanezca en la memoria y que trascienda de manera tangible en nuestras vivencias. Es la única manera de poder transmitir a los que han de venir,  aquello que él ha dejado en nosotros. En ese momento nos convertimos en demonios, en intermediarios.

 Lo importante es que, ya ajeno al marco del homenaje, lejos del evento mismo, ese personaje continúe en muestra memoria. Es esa la razón por la que en estas páginas intento traer a la memoria lo que ya es historia. 

Una manera de volver eternas las vivencias sería actualizarlas constantemente, impedir su olvido y esto podría lograrse haciendo una cadena, es decir, aproximarlas al presente de otros (no sólo de uno mismo), para que esos otros las actualicen en un futuro ante quienes se constituyan en su presente, y así sucesivamente... Se trata de que el recuerdo se convierta en memoria; que se haga una tradición de los memorables, de aquellos cuyas enseñanzas siguen vigentes por su modernidad, por su “justicia”.[1] 

Ahora bien, dejando la corteza y entrando al meollo he de decir que Luis Ríus entendía la lectura –a la manera de Hugo de San Víctor- como “camino hacia la sabiduría”, pues afirmaba que la sabiduría que sólo se puede llevar a la práctica en el presente deviene de la acumulación de conocimientos, que es el necesario estadio teórico que conduce a la “meditación” que, a su vez, es la que permite la incorporación de la memoria. En otras palabras, la lectura mantiene la memoria en actividad.

Cuando Ríus leía –en voz alta- poesía, ponía en actividad el significado de la palabra latina LEGERE, que connota –como dice Illich- escoger, reunir, cosechar, recoger.[2] En efecto, escuchar las lecturas que hacía Ríus era un verdadero conjuro mágico.

A propósito, recuerdo que nos alertaba y aconsejaba que nunca leyéramos completo en clase –en voz alta- el conjuro a Plutón que pronuncia Celestina en la obra de Rojas. ¿Tal es el poder evocador de la palabra?[3]

La memoria sirve para recobrar, restaurar y hacer justicia, pero también para eliminar cosas que no hay que recordar o, dicho de otro modo,  la memoria sirve para estructurar, ordenar y también renovar los recuerdos.

La memoria también es curativa, decía Ríus cuando leía en clase a sus poetas entrañables: Berceo, por ejemplo, de quien decía: “¿Cómo es posible que a este clérigo, desconocido por los escritores hasta fines del siglo XVIII, no lo estimase la crítica de aquellos años y la del siglo XIX como un gran poeta? [...] Afortunado Gonzalo de Berceo: la eternidad de sus versos la han descubierto lo poetas, no los eruditos. Ese ha sido su mejor premio a su dulce humildad”.[4] 

O bien Jorge Manrique, quien le hacía evocar lo siguiente: “El poeta, merced a un extraño rapto de su sensibilidad, vivió, o mejor dicho, sintió vivir dentro de sí, como en un río que le corriese por dentro, esas realidades (el efímero tránsito de la vida, las mudanzas de la fortuna, el dolor de la ausencia definitiva, el consuelo del recuerdo bueno), armonizadas a un mismo son: el del fluir del agua de ese río [...]. Y arrastrado por su corriente turbulenta, el poeta distingue el cuerpo del maestre don Rodrigo, su padre  [...].  Palabra y tiempo han entrado en conjunción perfecta en unidad indivisible”.[5]

A fuerza de rememorar y pronunciar los hechos, éstos logran perdurar y, de alguna manera, detener el olvido, hacer presente el pasado:[6] como las vivencias en el aula con Luis Ríus, que al volverse actuales permanecen en la memoria y la historia se transforma en tradición.

Y tampoco faltaba en sus cátedras la mención de San Juan de la Cruz, Quevedo, García Lorca, Machado, Daniel Sueiro, Ángel González, León Felipe... Con talento de poeta ejercía la docencia; de éste último escribió en Canciones de amor y sombra:

El león viejo, siempre

caminando sin tregua, solo, acecha

en torno a sí, de día;

de noche, cara al cielo.

Errante majestad, centro moviente,

Inestable, de un mundo

Cambiante como él, sin equilibrio...

                                               (p.55) 

Pero de pronto recordaba a Kafka, y con un rictus en el rostro, imprecaba: “Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro”. Para Luis Ríus, como para Hugo de San Victor, lo más importante “eran las virtudes que se necesitaban para la `lectura´ y que se desarrollaban por ella”.[7]

Y sin dejar de darle el lugar que correspondía a lo intelectual y a lo espiritual, con voz cálida pronunciaba: “Yo no soy mal lector de poesía. Y lo único que me tiene contento en esta vida es precisamente eso..., que entiendo de poesía.  Creo que leer bien poesía es entender de poesía. Si no vuelvan a oír a Neruda”.[8]

Como digo en otro lugar, el tiempo y la memoria de Ríus no ha caducado, por eso podemos seguir siendo sus aprendices; todo aquel que quiera puede serlo gracias a las voces que él dejó para que su herencia poética y magisterial continuara.

Ivan Illich afirma que quizá toda la historia rectifique `tendenciosamente´ el pasado. Y la memoria hecha de testimonios directos también. Así que esa precisión que hace Freud sobre que el recuerdo no consciente puede ser tan importante o más que el consciente, nos sirve por ahora.

En uno de sus poemas apunta Ríus:

...y nunca olvida nada el inconsciente

dicen que dijo Freud, digo que dicen.

                   (Canciones de amor y sombra )[9]

O en Cuestión de amor nos deja lo siguiente:

Yo fui, no soy, y mi verdad es ésta,

Mi presencia conmigo, la más mía:

Ser tan sólo memoria y lejanía,

Jugador ya sin carta y sin apuesta.

 

Si ahora digo que fui, que tuve puesta

La vida en ejercicio, que vivía,

Muy bien me sé que igual melancolía

Me daba entonces similar respuesta.

 

Entonces ya también había vivido

Sin vivir ni esperar un venidero

Instante, un presente no cumplido.

 

Siempre he sido pasado. Así me muero:

No recordando ser, sino haber sido,

Sin tampoco haber sido antes primero.

                                               (p. 68) 

En la poesía y en la docencia de Ríus siempre han estado el pasado, el presente y el futuro. Pues, como dice Silvana Rabinovich, “la memoria circula, se transmite más allá de nuestra intención de hacerlo”.[10]

Recuerdo unos versos del poeta en Canciones de amor y sombra:

Siempre olvido olvidar, recuerdo siempre

por esta horrible falta de memoria.[11]

 

En otro tenor, Arcelia Lara nos ilumina al comentar las etapas de la poesía de Ríus, definidas por temas y preferencias de versificación:

“La primera podría identificarse por el aliento de cierta dulce melancolía [pasado]; por la segunda asoma un existencialismo incipiente [¿presente?] y en la última se identifica una creciente angustia existencial [¿futuro?].[12]

Y es que a Luis Ríus siempre lo acompañó la memoria del exilio,[13] pero también –en sus entrañables recuerdos- los versos medievales y áureos, a los que siempre actualizaba, “porque nunca olvida nada el inconsciente”.

Siempre será la primera

la más hermosa ilusión:

aquella que no llegaba

y que, sin llegar, pasó.

         (Canciones de vela, p. 53)[14]

¿Podemos interpretar en estos versos que el presente no fijó nada en la memoria; que no existió vivencia posible de ser actualizada?

...mas hoy ya no hay lágrimas

que alivien la pena,

ni vagos recuerdos

que nos adormezcan.

                   (Canciones de vela, p.69)

Tal parece que lo único presente es la compañía de la “triste amiga vieja”, que es la soledad (el pasado no alivia, el futuro no promete).

Sin embargo, para Ríus la memoria es circular, implica los tres tiempos:

...la noche quedará esperando,

eternamente viva para poder recordarnos.

                            (Canciones de ausencia, p.40)

Me pregunto si el presente es siempre eterno, pues en otro poema escribe:

Sueño de ayer, sueño errante

de mañana, siempre sueño,

mi corazón es camino

sin final y sin conmigo.

                   (Canciones de ausencia, p.4) 

Luis Ríus, “como juglar ... de tiempos olvidados” nos trae a la memoria al poeta del Mio Cid, dejando huella, recurriendo a la esperanza, al recuerdo y a la tradición: “en un estilo breve, conciso, diáfano..., escribiendo lenta, prudente, esforzadamente..., capturando lo huidizo”.[15]

En otro lugar dice el maestro-poeta:

Como el juglar galante de tiempos olvidados

-el laúd a la espalda, en la mano un adiós-

al tiempo que de flores se cubran estos prados

partiré por la senda que nos unió a los dos.

                            (Canciones de vela, p.33)

Y viene a mi memoria el verso sublime del juglar del Cantar de Mio Cid:

“¡Qué ventura sería si assomase essora Mio Cid, el Campeador”.

Que a su vez trae a la memoria versos anteriores del Cantar, cuando el Cid se despide de su familia en Cardeña y profiere:

“A Dios vos acomiendo, fijas e a la mugier e al padre espiritual;

  agora nos partimos, Dios sabe el ayuntar.

  Llorando de los ojos, que non viestes atal,

  Asís´ parten unos d´otros como la uña de la carne”

(vv. 372-375).[16]

Sí, el exhilio a Ríus, como al Cid, “ le cala hasta lo más profundo de las entretelas del alma”:[17] esa herida tan honda/ sin sangre y sin lágrimas (Canciones de vela, p.67-68).

El maestro, el amigo, ¡el cómplice! traía a la memoria a sus allegados, aquellos autores que admiraba: Juan Ruiz, Santillana, Pérez de Guzmán; y los regalaba “de cuerpo presente”,  como el poeta del Mio Cid: se asomaba entre las cuerdas de las respectivas obras para explicar el estilo, el contenido, la maestría de aquellos versos que nos ayudan a explicar nuestro presente.

El magisterio ejemplar de Ríus legó a nuestra memoria la presencia eterna del poeta épico,  juglar que se erige como testigo de lo que cuenta; pero también cuya prudencia y mesura se postulan como cualidades del propio protagonista.. Y gracias a su violenta contención –decía el maestro Ríus-, el poeta intercalaba “...exclamaciones, imprecaciones, gritos belicosos para incitar al combate, llamadas de atención del Cid a los suyos, y también, a la par que las del Cid, llamadas de atención del poeta a sus oyentes”.[18]

El don de palabra de Ríus dejó en nuestras mentes la reminscencia de la función didáctica de un juglar a lo divino: clérigo que se presenta como testigo de sus escritos –aunque se trate de leyendas anteriores en el tiempo-. Paradójicamente, la poesía de Berceo “...el más viejo de nuestros poetas ...[fructificó]... siete siglos después de haber sido creada. Esto, lejos de disminuir el valor de la obra tal vez la ha liberado para siempre del polvo con que la erudición suele, en algunas ocasiones y como por obra de magia, transformar las obras de arte en piezas arqueológicas”.[19]

Su profundo, a la vez que paladino conocimiento, inmortalizó en nuestros corazones la impudicia autoral de un clérigo juguetón:

Lo primero que llama la atención al abrir el Libro de Buen Amor  “es precisamente la súbita presencia del autor mismo en los versos que escribe; su deseo, hasta violento de entrársenos en el cuerpo y alma por los ojos desde la primera línea [...]. Nunca hasta ahora habíamos encontrado en nuestra literatura un libro tan personal que nos ofreciera al desnudo, sin recato, sensaciones, afectos, episodios vividos por el poeta”.[20]

 Curiosamente estos tres autores se asoman en sus obras como protagonistas, como testigos de lo que cuentan o narran. Se trata de textos donde el presente del autor se “asoma” en el pasado de la narración, y también al futuro de una colectividad oyente o lectora.

Y Ríus dejó también su poesía, donde él se “asoma” de cuerpo presente, legando como tradición que el poeta es también maestro y que, como pico de hielo, rompe nuestros mares congelados

Él, como el Arcipreste, se mete en su obra con todo impudor, quizá para desasirse de aquella prisión –el exilio-. Porque “volver a vivir lo vivido, transformándolo en poesía –decía Ríus del de Hita- era salvar para siempre su existencia y burlar la soledad de la prisión”.[21]

Y no por ello deja de hacer énfasis en la “meditación”. En efecto, dice el intermediario Luis Ríus: “Citas, sentencias de sabios no le faltan, es cierto, al Arcipreste.  Pero es que las tiene en la memoria [...], las transcribe para apuntalar de ese modo su propia reflexión, con el nombre intocable de alguna autoridad de la talla de Salomón o Aristóteles”.[22] 

Termino con unos versos de Luis Ríus. En este momento  se trata de dar carta de presencia a ese poeta cercano (en el tiempo), pero a la vez maestro lejano (en la memoria):

Llegó aquí. Y ha muerto

un día cualquiera,

en cualquier momento,

antes o después,

pero no a su tiempo.

                   (Cuestión de amor y otros poemas, p. 60)

 

¿Cuál es el tiempo adecuado para la muerte? Para algunos debió ser antes, para otros debía haber sido después.  Creo que la muerte logra prolongar el presente porque tiene, ella sí, visos de eternidad.[23]

Yo te plantaría, muerte,

Por ver si verdeabas.

 

Árbol serías tú, muerte,

con hojas en las ramas

 

y darías fresca sombra

en las altas montañas

 

y mejor aire

tus bellas flores blancas.

 

Muerte, ¡te plantaría

Por ver si verdeabas!

                   (Canciones a Pilar Rioja, p. 32)

 

Luis Ríus logra unir el ayer y el hoy en el constante recuerdo..., y en la memoria permanece ese futuro que “sin llegar pasó”.

 

BIBLIOGRAFÍA 

Obras: 

 

RÍUS, Luis, Canciones a Pilar Rioja, México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1992 (Letras Mexicanas, 66).

 

-----------------, Canciones de amor y sombra, México: Era, 1965. (Col. Alacena).

 

----------------, Canciones de ausencia, viñetas de Vlady, México: Universidad de Guanajuato, 1954.

 

--------------, Canciones de Vela, dibujos de Arturo Souto y epílogo de Julio Torri, México: Segrel, 1951. 

 

---------------------, Cuestión de amor y otros poemas, pról. de Ángel González, estudio de José Paulino, Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 1998 (Colección Humanidades, 24).

 

---------------------, Los grandes textos de la literatura española hasta 1700, México: Editorial Promaca, 1966.

 

Bibliografía indirecta:

 

CÁNDANO, Graciela, “Luis Ríus, maestro ejemplar”, en La Experiencia Literaria, México: UNAM/IFFL, junio de 2005, pp. 185-190.

 

------------------------,“Últimas conversaciones con Luis Ríus”, en Utopías, núm.6 México UNAM/IFFL, marzo- abril de 1990, pp. 79-81

 

 

DÍAZ G. VIANA, LUIS, “Los caminos de la memoria: oralidad y textualidad en la construcción social del tiempo”, en Acta poetica 26,1-2, México: UNAM/IIFl, 2006, pp.181-217.

 

ILLICH, IVAN, En el viñedo del texto (Etología de la lectura: un comentario al “Didascalicon” de Hugo de San Víctor), trad. Martha I. González García, México: FCE, 2004.

 

KAFKA, Franz, “Lenguaje y silencio” en George Steiner, Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, Barcelona: Gedisa, 2000.

 

LARA COVARRUBIAS, Arcelia, “El arte del verso en la evolución poética de Luis Ríus”,  en La Experiencia Literaria, México: UNAM/IFFL, junio de 2005, pp. 129-139.

 

LÓPEZ SUÁREZ, Horacio, “Poeta del exilio, del amor  y de la soledad”, en La Experiencia Literaria, México: UNAM/IFFL, junio de 2005, pp. 141-148.

 

MANRIQUE, Jorge, Obra Completa, estudio crítico de Manuel de Santiago, Barcelona: Ediciones 29, 1978 (Libros Río Nuevo/ Serie Ucieza).

 

Poema del Mio Cid, ed. de Eukene Lacarra Lanz, Barcelona: DEBOLS!LLO, 2002 (Colección “Clásicos comentados”, 1).

 

REVUELTAS, Eugenia, “Entre la desesperanza y el deseo: Arte de extranjería”, en La Experiencia Literaria, México: UNAM/IFFL, junio de 2005 pp. 153-161.

 

RUBIAL, Antonio, El caballero de los milagros, México: Plaza Janés, 2006

 

SOUTO ALBARCE, Arturo, “Vida y poesía de Luis Ríus”, en La Experiencia Literaria, núm. 12-13, México: UNAM/IFFL, junio de 2005, pp. 117-128.

 

STEINER, George, Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, Barcelona: Gedisa, 2000.

 


[1] Cf. Díaz G. de Viana, Luis,  “Los caminos de la memoria…”,  p. 208

[2] Ver Illich,  Ivan,  En el viñedo del texto,  p. 79,  donde también recurre al término en inglés y en alemán.

[3] Qué hacer cuando la memoria, en lugar de “ayudar” colabora a la destrucción de lo que se teme: el Otro. Porque se teme lo que no se puede entender y ese temor es lo que lleva al intento de destruir.

[4] Ríus, Luis, Los grandes textos..., pp. 18-19.

[5] Ibid,  pp. 54 –65.

[6] “Quiero creer que la memoria, a fuerza de repetir una y otra vez los hechos,  logre darles cierta perdurabilidad dentro de la absoluta movilidad del tiempo” (Rubial, Antonio, El caballero de los milagros,  p. 109

[7] Illich, Ivan,  En el viñedo del texto, p. 25.  [El Didascalicon, su obra magna, es una guía de estudios]. “...explica el origen de las artes y a qué capacidad del espíritu responden. Las clasifica según las funciones que tienen en la vida humana...[se incluyen artes prácticas y mecánicas]...La importancia pedagógica del Didascalicon reside en su capacidad de conceder un lugar a todas las partes del saber sin dejar de relacionarlas con la vida intelectual y espiritual. La obra, cálida y humana, ha sido utilizada por mucho tiempo” Jacques Paul,  Historia intelectual del occidente medieval,  pp. 249-259.

[8] Cándano, Graciela, “Últimas conversaciones con Luis Ríus”,   p. 79.

[9] Recopilado en Cuestión de amor y otros poemas,  p. 64.

[10] “Narrar la memoria: algunos ejercicios de ficción veraz”,  artículo inédito,  p. 1

[11] Recopilado en Cuestión de amor y otros poemas,  p. 63.

[12] “El arte del verso en la evolución poética de Luis Ríus”,  p. 131. Ver las diferentes etapas que establece esta autora.

[13] Véase el poema XXV de Canciones de vela , p.73: “En el destierro,  España,...”

[14] Creo que cuando se anhela algo en el presente es porque tiene que ver con una posible felicidad futura; pero también porque tiene sus raíces en la memoria (un pasado, ya ajeno, ya propio).

[15] Souto Arturo, “ Vida y poesía de Luis Ríus” ,  pp. 124-125.

[16] O también los versos posteriores a la afrenta, que el poeta profiere cuando Félez Muñoz halló a sus primas, doña Elvira y doña Sol, agonizantes: “Partiéronsele las tellas de dentro de los coraçones” (v. 2785).

[17] López Suárez, Horacio,  “Poeta del exilio, del amor y de la soledad”,  p. 145.

[18] “...momentos altamente afectivos de lenguaje entremezclados con otros momentos de gran obtetividad descriptiva; de todo lo cual nace ante nosotros una vigorosa realidad poética donde pasado y presente reunidos, descubran su hálito vital salvado por la palabra y dotado ya por ella de una definitiva permanencia” (Ríus,  Luis, Los grandes texto...s,  p. 8).

[19] Ríus, Luis,  Los grandes textos...,  p. 19.

[20] Ríus,  Luis,  Los grandes textos...,  p. 20).

[21] Ibid,  p. 27.

[22] Ibid,  p. .23.

[23] Recordemos aquí los versos de Jorge Manrique: “que aunque la vida perdió/ dexónos harto consuelo/  su memoria”, Obra completa,  p.209.

 

 

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