El hombre-percusión me recibe en su hermosa y amplia casa de
Chorrillos, con la mejor disposición para la entrevista.
Manongo Mujica, uno de los nombres históricos del mejor
grupo peruano de jazz fusión Perujazz, es un hombre
espiritual -algo que se percibe en sus gestos, así como en
su voz seria y serena-, con gran
interés por el desarrollo
interior de las personas. Cuando interpreta su jazzístico
arte, Manongo “viaja” gracias a sus prodigiosas manos, sea
tocando batería, djembé, vibráfono, udu o cualquier otro
instrumento de percusión. Lleva un frenético ritmo de
tambores en la sangre, como inevitable destino de artista.
Además, el intenso feeling musical que transmite a quien lo
escucha y ve, corresponde únicamente al que un músico fuera
de serie puede generar. Junto a Perujazz, una poderosa suma
de talentos (basta ver los videos de las canciones Tren,
Santero o Toro Mata en YouTube para comprobarlo),
ha sacado al mercado musical los álbumes Perujazz (1984),
Perujazz en vivo (2001) y Mundo Nuevo (2007).
PeruJazz -integrado por Jean Pierre Magnet, David Pinto,
Luis Solar y Manongo-, a lo largo de su trayectoria de más
de veinte fructíferos años, ha recibido críticas elogiosas
del diario El País de España y La Nación de
Argentina, ha tocado después de Sting en un festival
italiano, ha mostrado su enorme arte musical en la UNESCO
(París), triunfó en el festival internacional de jazz de
Montreal, grabó un especial de una hora para la televisión
española, entre otros logros. De manera individual, Manongo
ha publicado los álbumes Nocturnos (1982),
Paisajes Sonoros (1983), Mundo (1984), Tribal
(1997) y El sonido de los dioses (2004). También ha
tocado con el cantante Bobby McFerrin , ha hecho muchos
recitales con Susana Baca. Manongo está componiendo hoy un
tema que van interpretar a dúo en agosto del 2008 en el
Festival de cine de Lima), ha dictado talleres de ritmo en
la Universidad de Princeton (Estados Unidos), tomó clases
con el maestro Klaus Stein de la Orquesta Sinfónica de
Viena, fue integrante de Molesto –un grupo de rock
promovido por los Rolling Stones-, y ha conocido
personalmente a Pablo Picasso. Para cuando hay que tomarle
las fotos, Manongo dice para ir a su estudio de ensayo y
grabación y hacerlas allí. En aquel ambiente de mística
propia, está rodeado por más de cuarenta instrumentos de
percusión. Cuenta que cada uno de ellos, debido a su propio
sonido, le transporta a un lugar distinto. Muchos lo llevan
al agua, su elemento preferido. Manongo: un hombre que es
también, gracias a sus manos-tambores incomparables, un
vital sonido del mundo.
Elaborar Mundo Nuevo, último disco de Perujazz, les
demandó dos años de trabajo ¿en qué momento sienten que ya
habían completado el concepto de lo que querían expresar
para esta última producción musical?
Es un proceso de muchas horas de ensayo, análisis,
reflexión, sobre el sentido de la música, lo que queríamos
transmitir y lo que estábamos buscando, que era justamente
un mundo nuevo. Entonces, hablar de cuando estaba listo…
Quizá nunca esté listo (sonríe). Es un proceso sin
fin la búsqueda musical, y quizá seguimos trabajando
Mundo Nuevo, a pesar que el disco está. La música
todavía tiene mucho para crecer.
Para idear Mundo Nuevo se fueron a Chosica, una
provincia de Lima, pasando un retiro espiritual musical.
¿Siempre se alejan de la urbe para dejar nacer cada uno de
sus discos?
Sí. Esta es una constante que en lo personal he hecho
siempre, porque la conexión con la naturaleza -en mi visión
de la música- es esencial. Tanto en el disco Tribal
como en El sonido de los dioses me aislé por mucho
tiempo para recuperar esta pregunta de ¿qué es el sonido?,
¿a qué sirve, de dónde viene? Escuchar la naturaleza es una
clase magistral. Si realmente uno escucha el sonido de los
animales en la selva o del silencio en el desierto, uno
entiende de dónde viene. Volviendo a tu pregunta, para
Perujazz, como estábamos reencontrándonos y estábamos con
Lucho Solar -que es un nuevo percusionista para nosotros-,
teníamos que integrarnos e integrarlo a él al trabajo
nuestro. Un retiro era básico para que este proceso
realmente fuera profundo. Duró una semana, siete días. Todo
el mundo dejó sus celulares en la ciudad. Solamente era
hacer música de ocho de la mañana a las diez de la noche,
sin hablarnos, grabando toda la música y sacando material
nuestro. En las noches escuchábamos lo que habíamos tocado
en el día, y ahí empezaba el proceso de análisis: “ok, acá
hay una introducción posible”, “acá una parte de
desarrollo”, “acá una línea melódica”, “juntemos esta parte,
quitemos esta otra”, entonces ibas armando la música.
¿Cómo se animaron a hacer en Mundo Nuevo una versión
propia y jazzeada de El Plebeyo (compuesta por Felipe
Pinglo), una de las canciones emblema de la música criolla
peruana?
Fue a pedido. “Chocolate” (Algendones, antiguo percusionista
del grupo) antes de fallecer me llamó y dijo que uno de sus
sueños había sido rescatar el lado profundo de Pinglo -para
“Chocolate” era un compositor que la gente todavía no había
comprendido en su totalidad-. Él sentía que Pinglo era un
gran innovador, que el tema El Plebeyo era sobre la
fragmentación de este país. Entonces me dijo: “por qué no
hacen ustedes una versión en donde el lado del blues, del
drama, aflore”. David Pinto (bajista) trabajó el arreglo, yo
contribuí también, y todos contribuimos a no solamente
cambiar el ritmo de vals, sino llevarlo al panalivio (uno de
los ritmos negros del Perú), porque sentíamos que ese ritmo
tiene un carácter procesional, que es lo que “Chocolate”
quería: hacer un tema muy lento, con mucha fuerza, mucho
sentimiento. Estamos muy contentos con esa versión. Creo que
“Choco” también está contento.
¿Cuál cree que ha sido o es la principal contribución de
Perujazz a la música peruana?
Perujazz aporta un revalorar la identidad, hacerle sentir a
los peruanos que el swing está en el festejo, el landó, la
marinera, el huayno, el panalivio. Y que este swing de la
raíz folclórica del Perú, trabajado con otras ideas de
música contemporánea, es lo que no se había hecho. Nosotros
apostamos por eso y creamos una estética nueva, porque
prescindimos del teclado y le dimos al ritmo y a la melodía
su lugar.
Definir a Perujazz como el grupo pionero de la fusión del
jazz con la música negra y andina del Perú ¿es preciso,
correcto, o una definición incompleta?
Es bastante preciso. Fuimos los primeros grupalmente en
incorporar estos elementos a conciencia, desarrollar un
trabajo de investigación, síntesis, proyectar el sonido del
Perú al exterior e interior nuestro, confiar en la
generosidad espiritual de la cultura afroperuana, andina y
selvática. De maravillarnos por la herencia de nuestros
antepasados, el paisaje peruano, y fue como decir “qué
suerte tenemos de vivir en el Perú, que tiene un paisaje tan
extraordinario y nos puede inspirar para hacer música que
tenga vitalidad, intensidad, compromiso con esta fuerza
magnética o telúrica” -que yo solamente he sentido aquí-.
Quizá es una herencia del pasado, no lo sé, ¿es una
pregunta, no?, pero Perujazz ha aportado eso: una nueva
visión al sonido del Perú.
Es espectacular Canto de Tambores (una de las
canciones de Mundo Nuevo), para verlo está buenísimo
(disfruté la interpretación en un concierto de Perujazz en
la Biblioteca Nacional del Perú).
Eso también heredamos de “Chocolate”: tocar la percusión
como un ritual, despertar a la fuerza misteriosa de escuchar
el sonido de los tambores. Es muy fuerte cuando lo haces con
esa intención, porque eres vehículo de un lenguaje
ancestral.
Claro, aparte, ustedes “se van” del escenario. Porque hay
otros (músicos) que están pensando en lo que tocan y en el
público, pero ustedes “se van” y todos “nos vamos” con
ustedes.
Qué bien que sientas eso porque nosotros siempre hemos
experimentado la música como un viaje. Viajamos tocando, y
si eso es transmitido, esa es la mayor felicidad: que nos
acompañen en el viaje interior que realizamos mientras
tocamos.
¿De qué concierto o presentación tiene mejores recuerdos
Perujazz?
Uff, muchísimos… En Chile, fuimos por una semana y nos
quedamos como un mes. Y realmente hubo euforia de toda la
gente universitaria; en universidades, mucha gente joven
todavía nos recuerda. Jean Pierre que ha estado en Chile
ahora -terminando un disco de él- me llamó ayer y me dijo
“tenemos que ir a Chile porque hay muchísima gente que
todavía se acuerda de lo que hicimos ahí”. Igual en
Argentina, Europa. Recuerdo uno de los conciertos en Italia
por ejemplo, en el instituto ítalo-latinoamericano -donde
grabamos un disco-: ese fue un concierto extraordinario.
Otro en Francia, que lo presentó Julio Ramón Ribeyro
(embajador peruano ante la UNESCO entre 1986 y 1990. También
fue un escritor consagrado a nivel latinoamericano) en la
UNESCO; y el de la Maison de l’Amerique Latine en París fue
un concierto de una intensidad y magia fuertes. También un
concierto que cerramos para Sting en el festival de Umbria
en Italia, que fue todo un reto…
¿Tocaron después o antes de Sting?
Después de Sting. Lo programaron. Y fue el mayor reto
profesional que hemos tenido. Nos calentó bien el auditorio,
ja ja ja ja…
¿Por
cuántos países del mundo han llevado su propuesta musical?
En América Latina hemos estado en Brasil, Argentina, Chile,
Ecuador. En Estados Unidos, en Nueva York, Miami. En Europa
hemos estado en España, Italia, Francia, Alemania y Londres
(Inglaterra).
¿Y la experiencia de que Mario Breuer -ingeniero de sonido
que ha mezclado discos a Fito Páez, Los Fabulosos Cadillacs,
Andrés Calamaro- les mezcle Mundo Nuevo en los
estudios El Pie de Alejandro Lerner, en Buenos Aires?
Fue una experiencia extraordinaria, muy intensa. Fuimos con
Jean Pierre a vivir en el estudio: porque empezábamos las
sesiones a las nueve de la mañana y terminábamos a veces a
las dos de la mañana, durante diez días interminables. Es un
hombre de un nivel de profesionalismo… Y muchísima
experiencia. Justamente el nivel de exigencia nos hacía ver
que cada vez el tema podía sonar mejor. Con Mario hubo
siempre mucha química. Una vez le pregunté: “¿qué es una
mezcla para ti?”, y me dijo: “sonido hiperrealista”. Ahí
comprendí que la mezcla era el proceso final de toda una
secuencia que culmina con la masterización, pero que también
depende de cómo el disco ha sido grabado. Y el disco fue muy
bien grabado aquí en mi casa por el ingeniero peruano Frank
Cebreros, de mucho talento. Mario me felicitó por la
grabación y dijo: “cuando una grabación está bien hecha, la
mezcla puede ser maravillosa”. Hemos hecho una versión en
5.1 también, en surround, para eventualmente hacer un DVD.
¿En qué año dieron -lo comentó, pero si pudiera especificar
un poco más- un concierto en el local de la UNESCO y cómo
fue esa experiencia?
Estábamos en una gira europea -que duró más o menos cuatro
meses-, por terminar la gira en Barcelona -supuestamente
nuestra última actuación-, agotados. Porque es un trabajo
-como tú has visto- en el que realmente dejas, entregas tu
alma. Estábamos caminando por la calle y en eso dijimos:
“metámonos a un cine”. Compramos un periódico, El País, y
abrimos la página cultural: había un especial sobre Perujazz
de página entera, en donde decían que éramos la revelación
jazzística de España. Fue una alegría, porque no teníamos
idea de esto. Entonces Jean Pierre -que siempre tiene un
lado muy positivo y de mucha fuerza- dijo: “sugiero terminar
la gira en París”. Entonces, él hizo contacto ahí con el
embajador, y éste a su vez se comunicó con Julio Ramón (Ribeyro)
-que en esa época era de la UNESCO- y dijo: “sí, encantado”.
Julio Ramón presentó a Perujazz en el teatro de la UNESCO y
tuvo palabras muy cariñosas y generosas hacia lo que
nosotros hacemos. Ese es uno de los conciertos inolvidables
para nosotros. Esto fue en el 86, más o menos.
¿Y
cómo llegaron a grabar un especial para la televisión
española?
Acabamos de hacer uno nuevo que va a salir en enero. Han
pasado veinte años… Como estuvimos tanto tiempo en España,
estuvimos en el Club Clamores por una temporada de quince
días y un día apareció en el club el director del programa
de televisión española “Jazz entre amigos”. Quedó muy
impresionado con el sonido del grupo y dijo: “quiero
ofrecerles un especial de una hora con transmisión por toda
España. Podemos grabar cuatro o cinco temas”. Él escogió el
material que quería y un amigo me ha mandado este material
hace poco y realmente me he quedado sorprendido. Era con la
formación original de PeruJazz, cuando estaba Enrique Luna
en el bajo, Julio Algendones “Chocolate” en la percusión,
Jean Pierre y yo. Ahora, veinte años después, a través de
una conexión de Susana Baca, me llama ella y dice: “mira, la
televisión española está haciendo un programa de América
Latina y del Perú han escogido mi trabajo, el de Perujazz,
Octavio Santa Cruz y Chevo Ballumbrosio. Y han escogido el
tema Chincha Saudita, del primer disco de ustedes:
quieren una versión de cinco minutos”. ¡Y el tema dura
quince! (ríe). Entonces trabajamos para reducir el tema y
llegamos a una versión de siete. Cuando vinieron acá y
estábamos por grabar nos dijeron: “no, tienen que ser cinco
minutos”. Trabajamos más y logramos la versión de cinco
minutos. Hace poco he estado en contacto con ellos, dicen
que lo están mezclando en 5.1, lo cual es una maravilla,
porque es el sonido más sofisticado que se trabaja
actualmente, que es surround. Lo van a sacar para enero, con
transmisión por toda Europa. Estamos a la espera de ese
especial sobre el Perú donde está Perujazz.
¿Con qué artistas internacionales ha podido compartir
escenario PeruJazz?
Con Sting en Umbria, con Artie Shaw (ganador de un Grammy el
2004) en un festival en Messina. En otro festival que estuve
en Berlin toqué con Bobby Mc Ferrin -un cantante fuera de
serie-, después con Alain Brunet, un trompetista francés
maravilloso –especie de Miles Davis parisino-, con quien
supuestamente vamos a hacer una gira el próximo año en
Francia. En el disco (Mundo Nuevo) también
participa Alain Brunet.
Perujazz ¿qué reconocimientos ha obtenido a lo largo de su
trayectoria?
Ha habido varios premios nacionales y de reconocimiento
también. Por ejemplo, en el festival internacional de jazz
de Montreal, en Canadá -al cual fuimos invitados dos veces
consecutivas-, se consideró que Perujazz, conjuntamente con
Oscar Peterson (fantástico pianista) y Pat Metheny (gran
guitarrista, ganador de catorce Grammy) habían sido los
músicos que tenían la proyección -de propuesta conceptual
jazzista- más innovadora del festival. Esto fue en el año
88.
Como solista: ¿se siente más cerca de la música que hace
Paquito de Rivera o la que realiza Pat Metheny?
Pat Metheny. Me parece más interesante. Reconozco que hay
factores que quizá en lo aparente podrían vincularme más con
Paquito, pero él me parece un virtuoso al que le falta mirar
más hacia adentro. Su sonido está demasiado volcado hacia
afuera. Tendría que dejar un poco su virtuosismo y apostar
por una mirada más tranquila, serena.
¿Cómo fue su relación musical con los Rolling Stones?
Esa es una parte de mi adolescencia musical… Fue una época
muy turbulenta en Londres en los años sesenta. Un
guitarrista amigo de los Stones, que sabía que yo trabajaba
en una obra de teatro en Madrid, vino a buscarme: los Stones
estaban buscando un equivalente a Santana para el Reino
Unido y querían formar un grupo de músicos latinoamericanos.
Entonces fui a Londres, empezamos a trabajar, el grupo se
llamó Molesto y, desgraciadamente, por peleas internas del
grupo, el trabajo no pudo continuar pero nos presentamos en
tres lugares muy importantes de Londres -uno fue un festival
en Westminster-, abriendo de teloneros a grupos muy grandes
de allá. Estábamos en el proceso de salir a la palestra como
una opción de la fusión del rock con la música latina. Yo
tocaba batería ahí.
¿Qué opina de músicos latinos talentosos como Gato Barbieri,
Pedro Aznar, Néstor Torres, Alex Acuña o Chucho Valdés?
Cada uno de los músicos que mencionas tiene algo muy
especial. Me interesa ahí Pedro Aznar, Chucho Valdés, y Alex
(magnífico baterista y percusionista peruano. Ha tocado con
Elvis Presley, Paul McCartney, Joni Mitchell, Ella
Fitzgerald, Chick Corea, U2, entre otros). Por ejemplo,
Pedro Aznar tiene algo muy lírico, de mucha calidad poética;
además de de ser un extraordinario bajista con
reminiscencias del gran (Jaco) Pastorius. Y Alex llegó a su
cúspide –para mí- tocando con Weather Report, sobre todo el
disco Heavy Weather (1977), creo que es una obra maestra ese
disco. Mencionas a Chucho: es una especie de pulpo del
teclado. Un músico genial. El equivalente a Keith Jarrett en
lo que sería el piano barroco. Chucho tiene no solamente un
concepto rítmico y melódico que solamente se da en Cuba,
además tiene pasión, es un volcán. Ese es el factor más
extraordinario del músico: cuando sientes que erupciona.
¿Cuántos instrumentos de percusión puede tocar Manongo
Mujica? En Mundo Nuevo toca el djembé, el vibráfono y
el udu, aparte de la batería.
En realidad es un solo instrumento: uno mismo. Los
instrumentos de afuera lo que hacen es reflejar tus voces, y
tenemos varias. Cada instrumento te permite descubrir una
voz íntima tuya. Quizá la música es un lenguaje para
descubrir quien eres.
Picasso, el ícono
¿Y cómo fue la experiencia donde conoció al pintor español
Pablo Picasso?
Es uno de los puntos más altos de mi existencia (ocurrió
cuando Manongo tenía quince años de edad, en 1966, en Cannes
-Francia-, en una reunión donde también estaban Rafael
Alberti, Antonio Gades y Luis Miguel Dominguín). Fue gracias
a mi padre que era un amante de Picasso. Él me llevó a
conocerlo y me marcó la vida, porque era un hombre de una
vitalidad, simpleza y directez tan grande que parecía uno
estar frente a un dios de tierra, no frente a un
intelectual. Era un hombre muy directo, casi como un
campesino. Magnético, con una mirada que atravesaba, como
que estaba en una pregunta existencial permanente (además
Picasso le obsequió aquel día un dibujo suyo que Manongo
vendió luego. Gracias al dinero conseguido por aquella obra
de arte pudo solventar su estadía en Londres durante tres
años).
Perujazz (Youtube)