México, Distrito Federal I Enero- Febrero 2008 I Año 2 I Número 12 Publicación Bimestral I

 








 

Caída libre

Patricio Alejandro Moraga Vallejos nació el 12 de julio de 1970, en la ciudad de Talca, Chile. Tras cursar enseñanza básica y media en su ciudad natal, estudió periodismo en la capital del país, Santiago. Ha trabajado en distintos medios de comunicación de su ciudad de origen, desempeñándose actualmente como jefe de comunicaciones de una empresa privada. Desde muy joven ha manifestado su interés por la actividad literaria, iniciando eso sí tan sólo en los últimos años una intensa producción narrativa, la que hasta el momento se mantiene más bien en el anonimato. Sin embargo, ha publicado algunos textos en sitios de Internet, preparando lo que será próximamente su irrupción en el mundo de las letras impresas.

Si me miras a los ojos verás los de un animal abandonado, maltratado y desesperanzado, los de un perro apaleado y hambriento y que por ello, al mismo tiempo puede tornarse violento, peligrosamente violento.

Sin embargo, no busco pelea, venganza ni compasión. Tampoco busco razón donde no la hay.

Preso de mis recuerdos y frustraciones caigo en un estado de angustia interior, donde nada parece importar más que levantarse por las mañanas y no dejar de respirar.

Ni siquiera tu cuerpo, ni las fantasías de saborearlo una y otra vez, por la noche, de madrugada, a cualquier hora y lugar, logran reanimar a este difunto.

Ni siquiera el olor de tu piel consigue entusiasmarme para que bese tu cuello y deje avanzar mis manos sobre tus pechos.

Encerrado en mi habitación pierdo la noción del tiempo. Ignoro que día es y no deseo saberlo. Temo que el conocimiento del paso de las horas y los números en el calendario me señalen con certeza la cuenta regresiva. Prefiero hacerme el distraído y tratar de engañar a mi propia conciencia.

Espero tener más suerte en esta misión que la última vez que jugué a los dados con Dios, ocasión en la que perdí rotundamente. Luego, supe que para desafiar a Dios hay que hacerlo con dados cargados.  Y es que sin ventaja no se puede intentar ganar.

Y si la locura me parece una condición fascinante, ello no es un desquicio en si mismo, pues se me presenta como un escenario favorable en medio de la miseria y tristeza más aguda de la condición humana.

La locura no sabe a derrota ni traición. La locura abraza con fuerza como una madre que ama profundamente a su hijo. La locura te toma de la mano y te conduce por insospechados caminos en los que da lo mismo ir con los ojos abiertos o cerrados. La realidad tangible se vuelve imperceptible y no sabes si es mejor reir o colocarse a llorar. Es simplemente una caída libre y donde el límite es el mismo suelo, contra el que temprano o tarde tendrás que estrellarte sin volver a reincorporarte nunca más.

Si estas palabras te molestan y te saben a lejanía, mejor sigue de largo y no las repases. Mejor ocupa tu tiempo en comprar y murmurar.

 

     

 

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