Si me miras a los
ojos verás los de un animal abandonado, maltratado y
desesperanzado, los de un perro apaleado y hambriento y que por
ello, al mismo tiempo puede tornarse violento, peligrosamente
violento.
Sin embargo, no
busco pelea, venganza ni compasión. Tampoco busco razón donde no
la hay.
Preso de mis
recuerdos y frustraciones caigo en un estado de angustia
interior, donde nada parece importar más que levantarse por las
mañanas y no dejar de respirar.
Ni siquiera tu
cuerpo, ni las fantasías de saborearlo una y otra vez, por la
noche, de madrugada, a cualquier hora y lugar, logran reanimar a
este difunto.
Ni siquiera el
olor de tu piel consigue entusiasmarme para que bese tu cuello y
deje avanzar mis manos sobre tus pechos.
Encerrado en mi
habitación pierdo la noción del tiempo. Ignoro que día es y no
deseo saberlo. Temo que el conocimiento del paso de las horas y
los números en el calendario me señalen con certeza la cuenta
regresiva. Prefiero hacerme el distraído y tratar de engañar a
mi propia conciencia.
Espero tener más
suerte en esta misión que la última vez que jugué a los dados
con Dios, ocasión en la que perdí rotundamente. Luego, supe que
para desafiar a Dios hay que hacerlo con dados cargados. Y es
que sin ventaja no se puede intentar ganar.
Y si la locura me
parece una condición fascinante, ello no es un desquicio en si
mismo, pues se me presenta como un escenario favorable en medio
de la miseria y tristeza más aguda de la condición humana.
La locura no sabe
a derrota ni traición. La locura abraza con fuerza como una
madre que ama profundamente a su hijo. La locura te toma de la
mano y te conduce por insospechados caminos en los que da lo
mismo ir con los ojos abiertos o cerrados. La realidad tangible
se vuelve imperceptible y no sabes si es mejor reir o colocarse
a llorar. Es simplemente una caída libre y donde el límite es el
mismo suelo, contra el que temprano o tarde tendrás que
estrellarte sin volver a reincorporarte nunca más.
Si estas palabras
te molestan y te saben a lejanía, mejor sigue de largo y no las
repases. Mejor ocupa tu tiempo en comprar y murmurar.