México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2008 I Año 3 I Número 13 Publicación Bimestral I

 

 








 

 

 

Los caballeros de la quema - Madres  (YouTube)

La historia como memoria personal y elaboración literaria

La escritura de Alicia Kozameh: Pasos bajo el agua (1987/2002)

Erna Pfeiffer.  Nacida en 1953 en Graz, Austria. Cursó sus estudios de Doctorado en Graz, Bogotá (Instituto Caro y Cuervo) y San Gall (Suiza). Desde 1996 es Profesora Titular de Literatura Hispánica en el Departamento de Filología Románica de la Universidad “Karl Franzens” de Graz, cuya dirección ocupó entre 2003 y 2005. Es además traductora literaria del español al alemán. Entre sus obras académicas más importantes se cuentan:Literarische Struktur und Realitätsbezug im kolumbianischen Violencia-Roman (Estructura literaria y referencia a la realidad en la novela de la Violencia colombiana), Francfort etc.: Peter Lang, 1984; EntreVistas: Diez escritoras mexicanas desde bastidores (Francfort: Editorial Klaus Dieter Vervuert, 1992, edición mexicana: SERSA, 1993);Exiliadas, emigrantes, viajeras. Encuentros con diez escritoras latinoamericanas (Francfort/Madrid: Vervuert/Iberoamericana, 1995); Territorium Frau: Körpererfahrung als Erkenntnisprozeß in Texten zeitgenössischer lateinamerikanischer Autorinnen (Territorio Mujer: la experiencia corporal como proceso de conocimiento en textos de autoras latinoamericanas contemporáneas. Francfort: Vervuert, 1998); Aves de paso. Autores latinoamericanos entre exilio y transculturación (1970-2002) (ed. con Birgit Mertz-Baumgartner). Francfort/ Madrid: Vervuert/Iberoamericana, 2005.

 

Alicia Kozameh, nacida en Rosario, Argentina, fue durante varios años (más exactamente: entre septiembre de 1975 y diciembre de 1978) presa política de la dictadura argentina, primero en la Jefatura de Policía de Rosario, más tarde en la cárcel de Villa Devoto en Buenos Aires; hoy vive en Los Ángeles, California. Como su traductora al alemán, quisiera analizar algunos aspectos de su primera novela Pasos bajo el agua, publicada por primera vez por la editorial Contrapunto de Buenos Aires en 1987 (una segunda edición ampliada salió en el año 2002 en Alción Editora de Córdoba, Argentina). Mi versión alemana se editó bajo el título de Schritte unter Wasser en 1999 en la casa editorial vienesa Milena Verlag, con epílogo de Saúl Sosnowski.

 

Pasos bajo el agua, un texto híbrido, polifacético y polifónico, que algunos han interpretado como novela, otros como colección de cuentos sueltos, interrelacionados por un principio de montaje y por personajes compartidos, tal vez se pueda clasificar como “novela testimonial”, ya que reúne elementos ficticios y procedimientos altamente literarizados con ingredientes testimoniales, reales, auténticos, que intentan dar una respuesta a los sucesos violentos vividos bajo la dictadura militar argentina por la autora misma y por sus compañeros/as de militancia y prisión.

Para ejemplificar el procedimiento de elaboración literaria de Kozameh, que distingue su escritura novedosa y exigente de otros testimonios “puros” como el de Rigoberta Menchú o Domitila Barrios de Chungara, pero también de la escritura solidaria de autores/as como Elena Poniatowska (por ejemplo en Hasta no verte, Jesús mío), quisiera echar una mirada al principio de la obra, donde nos encontramos con una metáfora del reino de los animales, una que tiene mucho que ver con lo femenino: un gato muerto, encarnación y síntesis de lo reprimido/oprimido en un sistema totalitario:

Los ojos saltados. Grande y amarillo. Lo vi y no lo aguanté. Sentí la náusea y me caí. Las viejas que me ayudaron deben haber pensado que desmayarse por ver un animal muerto es cosa de idiotas. Qué pueden saber dos viejas sobre qué se moviliza dentro de un cadáver de gato. Llegué a casa y tenía la garganta hinchada como si allí estuviera instalado el cuerpo muerto, gordo y amarillo. Entre la lengua y el esófago. Me metí en el baño, directo a vomitar. (Pasos bajo el agua, 2002: 16)

Los gatos, en este primer capítulo de la novela (que en su totalidad está constituida por fragmentos calidoscópicos), se convierten en símbolo tanto de la supervivencia, de la legendaria resistencia del animal que tiene siete vidas (“se salvan de casi todos los peligros”, p. 15), como en desplazamiento metonímico, en instrumento de insinuación para introducir el plano político del relato. Como con negligencia, como no queriendo, la narradora menciona la muerte de su tío, asesinado por motivos políticos:

Íbamos a Alberdi, a la casa de su hermano, que estaba muy vivo y no se imaginaba que iba a morir veinte años después en la calle, como muchos gatos, pero de balas paramilitares. (Pasos, p. 15)

En esta sección, que se llama “A modo de regreso”, la realidad de la opresión durante la dictadura se introduce casi en dosis homeopáticas, en una escena aparentemente doméstica, serena, pacífica, de una chica que vuelve a la casa de sus padres. Son pocas las palabras clave que indican que hay un doble fondo en todo eso:

Qué diferencia habrá entre lo que siente un milico al ver un gato y lo que yo siento ahora con sus maullidos. (Pasos, p. 16)

Solamente al final del capítulo se menciona la palabra “cárcel”:

La cárcel no deja tiempo para ocuparse de los gatos. (Pasos, p. 17)

Este método de insinuar, de hablar de lado, de practicar la “mirada bizca” (como este fenómeno es llamado por la investigadora feminista alemana Sigrid Weigel), lo emplea la autora consecuentemente a través del resto de su texto, un conglomerado de sugerencias indirectas de las cuales el lector/la lectora debe extraer sus propias conclusiones. En primer término, la misma estructura de la novela constituye un rompecabezas, un puzzle, que debemos ir reconstruyendo poco a poco. Nos vemos ante estructuras fragmentarias que subrayan esa noción de hallarse perdidas, sin orientación, en un mundo que obedece a leyes con las que la mujer no se ha podido identificar en ninguna época de la historia. Fragmentación ésta que con frecuencia halla repercusión en una imagen dispersa, disgregada, del propio cuerpo femenino que hace las veces de registro de sensaciones, sobre todo desagradables:

Siento la asfixia, todavía, los chorros que me brotaban de la espalda, siento la deshidratación como si ahora me estuvieran obligando a tragar una sandía entera. Con esa intensidad. Veo gris y veo verde, tengo pegados el verde y el gris. (Pasos, p. 102)

El trabajo del lector/de la lectora de intentar reconstruir la historia de una presa política relatada en Pasos bajo el agua corresponde al esfuerzo de la narradora misma por recordar cada detalle de su vivencia traumática. Son los detalles en los que se funda el trabajo mental para no olvidar nada, los detalles materiales y corporales que, en caso de ausencia, no permiten el recuerdo:

Estuve haciendo serios esfuerzos por recordar algunos episodios. No hubo caso. Es como si se me instalara una sábana entre los ojos y el cerebro. La razón de la desmemoria está ahí: en los colores, las formas, la mayor o menor nitidez, los ritmos. (Pasos, p. 102)

Los cuerpos mismos[1] son “Pedazos de carne dormida, vulnerables cabezas, brazos” (Pasos, p. 107, itálicas en el original), y solamente en el conjunto de las presas, en la vivencia de comunidad y solidaridad entre las mujeres que corren el mismo destino, asoma algo como una esperanza, una esperanza muy prosaica, la de la simple supervivencia física en un sistema inhumano. Contrariamente a tantas novelas históricas de autores varones, aquí no hay ni pizca de heroísmo. El heroísmo secreto consiste en seguir vivas, a pesar de todo, en los detalles cotidianos que tienen que ser superados: las requisas, las ratas, los problemas de salud, los calabozos de castigo, la conservación de la dignidad y de las memorias. Sintomáticamente, las prisioneras políticas emplean métodos “femeninos” para defender lo suyo: en una plancha –símbolo de las tareas domésticas adscritas a la mujer tradicional– esconden mensajes (Pasos, p. 35–36); Sara puede salvar sus poemas cosiéndoles un escondite en sus sandalias de verano (Pasos, p. 44). Hacen uso de su propio cuerpo como archivo de sus “efectos personales”, de lo que vale la pena preservar, de los símbolos de su cultura de sobrevivencia:

Y tanta necesidad de espacio las concentró, las ocupó en encontrar huecos en colchones, almohadas, en la ropa, en sus propios cuerpos, que preservaban los tesoros de que vivían: tanques de biromes, papeles delgados, libros livianos, algún reloj pulsera sin la malla. (Pasos, p. 41)

Casi desaparecen los personajes masculinos, como por ejemplo los policías que durante el capítulo dos no se mencionan por su nombre o títulos sino solamente en tercera persona, anónimos, o como “payasos rabiosos” (Pasos, p. 22) que cuentan los libros encontrados con Sara cuando su detención “Como si fueran billetes” (ibíd.).

En un discurso así no es necesario “denunciar” nada. Los hechos se revelan por sí mismos. Y los hechos no son los de la historia oficial sino los del “Sótano”, de lo reprimido, enterrado por los poderosos. Pasos bajo el agua es un intento de rescatar lo que los militares hicieron “desaparecer”. Un simple intento de supervivencia. Una sola vez se menciona la palabra “tortura”, como de paso, pero es suficiente. Al contrario de otras obras de autoría de mujeres, como No es tiempo para rosas rojas de la escritora venezolana Antonieta Madrid, que versa sobre experiencias de una mujer en la guerrilla de los sesenta en Venezuela, Kozameh ya no recurre al discurso de la novela rosa (aludida en el título de Madrid), a un código “femenino”, para contrastarlo con la crueldad del mundo utilitario, falogocéntrico. Su lenguaje es un lenguaje desnudo de todo sentimentalismo, sobrio, áspero, lacónico, discordante. No se acomoda a los esquemas convencionales, a las frases hechas. El desafío para el lector/la lectora consiste en saber descifrarlo, leer entre líneas, suplir lo no dicho con su propia imaginación.

Es un método que emplea Kozameh para cumplir con una tarea poco menos que imposible: contar la historia (en la que no está previsto un sujeto autónomo femenino) desde una perspectiva femenina, desde lo ausente, dejar dicho lo callado sin pronunciarlo expresamente, única manera de introducir la posición propia sin quedar absorbida por el discurso oficial o permanecer en una simple postura contestataria. 

Obras citadas:

1. Obras de Alicia Kozameh

Kozameh, Alicia (1987): Pasos bajo el agua. Buenos Aires: Contrapunto (= Colección Nueva Literatura Argentina; edición ampliada de 2002 en Córdoba [Arg.]: Alción Editora).

– –  –      (1994): „Bosquejo de alturas“, en: Hispamérica 23, 67, pp. 81–93.

– –  –      (1995): „Escribir es un drenaje doloroso“, en Pfeiffer, Erna: Exiliadas, emigrantes, viajeras. Encuentros con diez escritoras latinoamericanas. Frankfurt a.M./Madrid: Vervuert/Iberoamericana, pp. 89–108.

– –  –      (1996): Steps under Water (Translated by David Davis). Foreword by Saúl Sosnowski. Los Angeles/Berkeley: University of California Press.

– –  –      (1999): Schritte unter Wasser. Roman. Aus dem argentinischen Spanisch übersetzt von Erna Pfeiffer. Mit einem Nachwort von Saúl Sosnowski. Viena: Milena Verlag.

– –  –      (2001): 259 saltos, uno inmortal. Córdoba (Arg.): Narvaja.

– –  –      (2003): Patas de avestruz. Córdoba (Arg.): Alción Editora.

– –  –      (2004): Ofrenda de propia piel. Córdoba (Arg.): Alción Editora.

– –  –      (2007): Basse Danse. Córdoba (Arg.): Alción Editora.

Otras obras:

Acebey, David (1985): ¡Aquí también Domitila! México: Siglo XXI Editores.

Burgos, Elizabeth (ed., 19928): Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. México: Siglo XXI. (1ª edición: Barcelona: Argos Vergara, 1983)

Madrid, Antonieta (1975): No es tiempo para rosas rojas. Novela. 1ª ed., Caracas: Monte Ávila (= Colección Continentes). 2ª ed., 1983, 3ª ed., 1994.

Mertz–Baumgartner, Birgit / Pfeiffer, Erna (2005): Aves de paso. Autores latinoamericanos entre exilio y transculturación (1970 – 2002). Frankfurt a.M./ Madrid: Vervuert / Iberoamericana.

Pfeiffer, Erna (1999): “El desencantamiento de utopías patriarcales en la escritura histórica de autoras latinoamericanas”, en: Steckbauer, Sonja M. (ed.): La novela latinoamericana entre historia y utopía. Eichstätt: Zentralinstitut für LateinamerikaStudien, pp. 106121 (= mesa redonda, N.F. 13).

Poniatowska, Elena (1969): Hasta no verte, Jesús mío. México: Era.

Viezzer, Moema (ed., 1978): “Si me permiten hablar…”: testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia. México: Siglo XXI Editores.

Weigel, Sigrid: “La mirada bizca: sobre la historia de la escritura de las mujeres”, en Ecker, Gisela (ed.): Estética feminista alemana. Barcelona: Icaria, 1986, pp. 69–


 

[1]       En este caso, de los bebés de las presas

 

 

 

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