Erna Pfeiffer. Nacida en 1953 en Graz,
Austria. Cursó sus estudios de Doctorado en Graz, Bogotá
(Instituto Caro y Cuervo) y San Gall (Suiza). Desde 1996 es
Profesora Titular de Literatura Hispánica en el Departamento de
Filología Románica de la Universidad “Karl Franzens” de Graz,
cuya dirección ocupó entre 2003 y 2005. Es además traductora
literaria del español al alemán. Entre sus obras académicas
más importantes se cuentan:Literarische
Struktur und Realitätsbezug im kolumbianischen Violencia-Roman
(Estructura literaria y referencia a la realidad
en la novela de la Violencia colombiana), Francfort etc.: Peter
Lang, 1984;
EntreVistas: Diez escritoras mexicanas desde bastidores
(Francfort: Editorial Klaus Dieter Vervuert, 1992, edición
mexicana: SERSA, 1993);Exiliadas,
emigrantes, viajeras. Encuentros con diez escritoras
latinoamericanas
(Francfort/Madrid: Vervuert/Iberoamericana, 1995);
Territorium Frau: Körpererfahrung
als Erkenntnisprozeß in Texten zeitgenössischer
lateinamerikanischer Autorinnen (Territorio Mujer: la
experiencia corporal como proceso de conocimiento en textos de
autoras latinoamericanas contemporáneas. Francfort: Vervuert,
1998);
Aves
de paso. Autores latinoamericanos entre exilio y
transculturación (1970-2002)
(ed. con Birgit Mertz-Baumgartner). Francfort/ Madrid: Vervuert/Iberoamericana,
2005.

Alicia
Kozameh, nacida en Rosario, Argentina, fue durante varios años (más
exactamente: entre septiembre de 1975 y diciembre de 1978) presa
política de la dictadura argentina, primero en la Jefatura de
Policía de Rosario, más tarde en la cárcel de Villa Devoto en Buenos
Aires; hoy vive en Los Ángeles, California. Como su traductora al
alemán, quisiera analizar algunos aspectos de su primera novela
Pasos bajo el agua, publicada por
primera vez por la editorial Contrapunto de Buenos Aires en 1987 (una
segunda edición ampliada salió en el año 2002 en Alción Editora de
Córdoba, Argentina). Mi versión alemana se editó bajo el título de
Schritte unter Wasser en 1999 en la casa editorial vienesa
Milena Verlag, con epílogo de Saúl Sosnowski.
Pasos bajo el
agua, un texto híbrido, polifacético
y polifónico, que algunos han interpretado como novela, otros como
colección de cuentos sueltos, interrelacionados por un principio de
montaje y por personajes compartidos, tal vez se pueda clasificar
como “novela testimonial”, ya que reúne elementos ficticios y
procedimientos altamente literarizados con ingredientes
testimoniales, reales, auténticos, que intentan dar una respuesta a
los sucesos violentos vividos bajo la dictadura militar argentina
por la autora misma y por sus compañeros/as de militancia y prisión.
Para ejemplificar
el procedimiento de elaboración literaria de Kozameh, que distingue
su escritura novedosa y exigente de otros testimonios “puros” como
el de Rigoberta Menchú o Domitila Barrios de Chungara, pero también
de la escritura solidaria de autores/as como Elena Poniatowska (por
ejemplo en Hasta no verte, Jesús mío), quisiera echar una
mirada al principio de la obra, donde nos encontramos con una
metáfora del reino de los animales, una que tiene mucho que ver con
lo femenino: un gato muerto, encarnación y síntesis de lo reprimido/oprimido
en un sistema totalitario:
Los ojos
saltados. Grande y amarillo. Lo vi y no lo aguanté. Sentí la náusea
y me caí. Las viejas que me ayudaron deben haber pensado que
desmayarse por ver un animal muerto es cosa de idiotas. Qué pueden
saber dos viejas sobre qué se moviliza dentro de un cadáver de gato.
Llegué a casa y tenía la garganta hinchada como si allí estuviera
instalado el cuerpo muerto, gordo y amarillo. Entre la lengua y el
esófago. Me metí en el baño, directo a vomitar. (Pasos bajo el
agua, 2002: 16)
Los gatos, en
este primer capítulo de la novela (que en su totalidad está
constituida por fragmentos calidoscópicos), se convierten en símbolo
tanto de la supervivencia, de la legendaria resistencia del animal
que tiene siete vidas (“se salvan de casi todos los peligros”, p.
15), como en desplazamiento metonímico, en instrumento de
insinuación para introducir el plano político del relato. Como con
negligencia, como no queriendo, la narradora menciona la muerte de
su tío, asesinado por motivos políticos:
Íbamos a
Alberdi, a la casa de su hermano, que estaba muy vivo y no se
imaginaba que iba a morir veinte años después en la calle, como
muchos gatos, pero de balas paramilitares. (Pasos, p. 15)
En esta sección,
que se llama “A modo de regreso”, la realidad de la opresión durante
la dictadura se introduce casi en dosis homeopáticas, en una escena
aparentemente doméstica, serena, pacífica, de una chica que vuelve a
la casa de sus padres. Son pocas las palabras clave que indican que
hay un doble fondo en todo eso:
Qué
diferencia habrá entre lo que siente un milico al ver un gato y lo
que yo siento ahora con sus maullidos. (Pasos, p. 16)
Solamente al
final del capítulo se menciona la palabra “cárcel”:
La
cárcel no deja tiempo para ocuparse de los gatos. (Pasos,
p.
17)
Este método de
insinuar, de hablar de lado, de practicar la “mirada bizca” (como
este fenómeno es llamado por la investigadora feminista alemana
Sigrid Weigel), lo emplea la autora consecuentemente a través del
resto de su texto, un conglomerado de sugerencias indirectas de las
cuales el lector/la lectora debe extraer sus propias conclusiones.
En primer término, la misma estructura de la novela constituye un
rompecabezas, un puzzle, que debemos ir reconstruyendo poco a
poco. Nos vemos ante estructuras fragmentarias que subrayan esa
noción de hallarse perdidas, sin orientación, en un mundo que
obedece a leyes con las que la mujer no se ha podido identificar en
ninguna época de la historia. Fragmentación ésta que con frecuencia
halla repercusión en una imagen dispersa, disgregada, del propio
cuerpo femenino que hace las veces de registro de sensaciones, sobre
todo desagradables:
Siento la asfixia, todavía, los chorros que me brotaban de la
espalda, siento la deshidratación como si ahora me estuvieran
obligando a tragar una sandía entera. Con esa intensidad. Veo gris y
veo verde, tengo pegados el verde y el gris. (Pasos,
p.
102)
El trabajo del
lector/de la lectora de intentar reconstruir la historia de una
presa política relatada en Pasos bajo el agua corresponde al
esfuerzo de la narradora misma por recordar cada detalle de su
vivencia traumática. Son los detalles en los que se funda el trabajo
mental para no olvidar nada, los detalles materiales y corporales
que, en caso de ausencia, no permiten el recuerdo:
Estuve haciendo serios esfuerzos por recordar algunos episodios. No
hubo caso. Es como si se me instalara una sábana entre los ojos y el
cerebro. La razón de la desmemoria está ahí: en los colores, las
formas, la mayor o menor nitidez, los ritmos. (Pasos,
p.
102)
Los cuerpos
mismos
son “Pedazos de carne dormida, vulnerables cabezas, brazos” (Pasos,
p. 107, itálicas en el original), y
solamente en el conjunto de las presas, en la vivencia de comunidad
y solidaridad entre las mujeres que corren el mismo destino, asoma
algo como una esperanza, una esperanza muy prosaica, la de la simple
supervivencia física en un sistema inhumano. Contrariamente a tantas
novelas históricas de autores varones, aquí no hay ni pizca de
heroísmo. El heroísmo secreto consiste en seguir vivas, a pesar de
todo, en los detalles cotidianos que tienen que ser superados: las
requisas, las ratas, los problemas de salud, los calabozos de
castigo, la conservación de la dignidad y de las memorias.
Sintomáticamente, las prisioneras políticas emplean métodos
“femeninos” para defender lo suyo: en una plancha –símbolo de las
tareas domésticas adscritas a la mujer tradicional– esconden
mensajes (Pasos, p. 35–36); Sara puede salvar sus poemas
cosiéndoles un escondite en sus sandalias de verano (Pasos,
p. 44). Hacen uso
de su propio cuerpo como archivo de sus “efectos personales”, de lo
que vale la pena preservar, de los símbolos de su cultura de
sobrevivencia:
Y tanta
necesidad de espacio las concentró, las ocupó en encontrar huecos en
colchones, almohadas, en la ropa, en sus propios cuerpos, que
preservaban los tesoros de que vivían: tanques de biromes, papeles
delgados, libros livianos, algún reloj pulsera sin la malla. (Pasos,
p. 41)
Casi desaparecen
los personajes masculinos, como por ejemplo los policías que durante
el capítulo dos no se mencionan por su nombre o títulos sino
solamente en tercera persona, anónimos, o como “payasos rabiosos” (Pasos,
p. 22) que cuentan los libros
encontrados con Sara cuando su detención “Como si fueran billetes” (ibíd.).
En un discurso
así no es necesario “denunciar” nada. Los hechos se revelan por sí
mismos. Y los hechos no son los de la historia oficial sino los del
“Sótano”, de lo reprimido, enterrado por los poderosos. Pasos
bajo el agua es un intento de rescatar lo que los militares
hicieron “desaparecer”. Un simple intento de supervivencia. Una sola
vez se menciona la palabra “tortura”, como de paso, pero es
suficiente. Al contrario de otras obras de autoría de mujeres, como
No es tiempo para rosas rojas de la escritora venezolana
Antonieta Madrid, que versa sobre experiencias de una mujer en la
guerrilla de los sesenta en Venezuela, Kozameh ya no recurre
al discurso de la novela rosa (aludida en el título de Madrid), a un
código “femenino”, para contrastarlo con la crueldad del mundo
utilitario, falogocéntrico. Su lenguaje es un lenguaje desnudo de
todo sentimentalismo, sobrio, áspero, lacónico, discordante. No se
acomoda a los esquemas convencionales, a las frases hechas. El
desafío para el lector/la lectora consiste en saber descifrarlo,
leer entre líneas, suplir lo no dicho con su propia imaginación.
Es un método que
emplea Kozameh para cumplir con una tarea poco menos que imposible:
contar la historia (en la que no está previsto un sujeto autónomo
femenino) desde una perspectiva femenina, desde lo ausente, dejar
dicho lo callado sin pronunciarlo expresamente, única manera de
introducir la posición propia sin quedar absorbida por el discurso
oficial o permanecer en una simple postura contestataria.
Obras citadas:
1. Obras de
Alicia Kozameh
Kozameh,
Alicia (1987): Pasos bajo el agua. Buenos Aires: Contrapunto
(= Colección Nueva Literatura Argentina;
edición ampliada de 2002 en Córdoba [Arg.]: Alción Editora).
– – –
(1994): „Bosquejo de alturas“, en: Hispamérica
23, 67, pp. 81–93.
– – –
(1995): „Escribir es un drenaje doloroso“, en
Pfeiffer, Erna: Exiliadas, emigrantes, viajeras.
Encuentros con diez escritoras latinoamericanas. Frankfurt
a.M./Madrid: Vervuert/Iberoamericana, pp. 89–108.
– – –
(1996): Steps under Water (Translated by
David Davis). Foreword by Saúl Sosnowski. Los Angeles/Berkeley:
University of California Press.
– – –
(1999): Schritte unter Wasser. Roman. Aus dem
argentinischen Spanisch übersetzt von Erna Pfeiffer. Mit einem
Nachwort von Saúl Sosnowski. Viena: Milena Verlag.
– – –
(2001): 259 saltos, uno inmortal. Córdoba (Arg.):
Narvaja.
– – –
(2003): Patas de avestruz. Córdoba (Arg.):
Alción Editora.
– – –
(2004): Ofrenda de propia piel. Córdoba (Arg.):
Alción Editora.
– – –
(2007): Basse Danse. Córdoba (Arg.): Alción
Editora.
Otras obras:
Acebey,
David (1985):
¡Aquí también Domitila!
México: Siglo XXI Editores.
Burgos,
Elizabeth (ed., 19928):
Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. México:
Siglo XXI. (1ª edición:
Barcelona: Argos Vergara, 1983)
Madrid,
Antonieta (1975): No es tiempo para rosas rojas. Novela.
1ª ed., Caracas: Monte Ávila (= Colección Continentes). 2ª ed.,
1983, 3ª ed., 1994.
Mertz–Baumgartner,
Birgit
/
Pfeiffer, Erna (2005):
Aves de paso. Autores latinoamericanos entre exilio y
transculturación (1970 – 2002). Frankfurt a.M./ Madrid:
Vervuert / Iberoamericana.
Pfeiffer,
Erna (1999): “El desencantamiento de utopías patriarcales en la
escritura histórica de autoras latinoamericanas”, en:
Steckbauer, Sonja M. (ed.): La novela latinoamericana
entre historia y utopía. Eichstätt:
Zentralinstitut für Lateinamerika–Studien,
pp. 106–121 (=
mesa redonda, N.F. 13).
Poniatowska,
Elena (1969): Hasta no verte, Jesús mío. México: Era.
Viezzer,
Moema (ed., 1978): “Si me permiten hablar…”:
testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia.
México: Siglo XXI Editores.
Weigel,
Sigrid: “La mirada bizca: sobre la historia de la escritura de las
mujeres”, en Ecker,
Gisela (ed.): Estética feminista alemana. Barcelona: Icaria,
1986, pp. 69–