México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2008 I Año 3 I Número 13 Publicación Bimestral I

 








 

 

Adam Gai. Nacido en Buenos Aires (1941). Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires y Doctor en Letras por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ha publicado artículos sobre obras de Bianco, Cortázar, Borges, Carpentier, Rulfo, Valle Inclán, Benedetti, Cervantes. Finalista en concursos de cuentos organizados por el fanzine Minatura, la revista Axolotl y Premio La Monstrua. Relatos publicados en las revistas virtuales El Coloquio de los Perros, Axxon, La zorra y el cuervo, blog de Esperando a Godot, en el Proyecto Scherezade y Ciberayllu. Vive en Israel desde 1972

 

 

Animal fabuloso y epiceno, ave de noche, caballo de día, oriundo de las playas de la Patagonia. Su paso trashumante y volador ha sido ya registrado en la antigüedad, en  apartadas regiones de África y el Asia Menor. Una expedición francesa del siglo XVIII encontró en una caverna de las montañas de Rif una pintura rupestre que ha permitido reconstruir su figura, pero no su color. En la Historia de Latinoamérica de Tulio Halperín Donghi, se recoge un confuso testimonio que aduce que algunos ejemplares fueron cazados, durante la década infame, en las inmediaciones de los pozos petrolíferos de Comodoro Rivadavia  y que su carne fue altamente apreciada por los carbones de Rio Turbio.

La información más extensa aparece en el tomo primero de La evolución de las ideas argentinas del doctor José Ingenieros, que transcribimos con fidelidad: "Se cuenta que enamorado de una espuma de mar, rozaba su ala derecha con el agua helada de la noche, cada vez que la luna ventilaba su cuarto creciente. Dicha operación provocaba su reproducción en número no deleznable, tanto que el Dios del Atlántico lo condenó a no acercarse a la costa por el período de siete siglos y un día. Durante su ostracismo, recorría sediento las duras estepas arrancando del suelo con sus patas ligeras unos ecos dolidos que representaban su interno pesar. Ya longevo, se edificó de amor un templo y se mandó cubrir de malezas y minerales para no ser perturbado por el mundo" (p. 346 y sig.).

 En la alta cordillera, y también en la pampa húmeda, individuos de dudosa catadura rinden culto a su memoria y, en los últimos tiempos, organizaciones de derechos humanos y sociedades protectoras del animal ambiguo, parecen estar interesadas en su reivindicación.

 

 

 

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