Aida Toledo. Guatemala. Es profesora, crítica,
poeta y narradora. Obtuvo una maestría y un doctorado en
Literatura y Cultura Latinoamericanas en la Universidad de
Pittsburgh en 1997 y 2001 respectivamente. Es
profesora Asociada en la Universidad de Alabama.

Las
escritoras guatemaltecas sobre las que se hablará en este trabajo,
han publicado poco y de manera no sistemática por diversas razones;
Isabel de los Angeles Ruano ha publicado cuatro títulos a partir de
1966: Cariátides, Cantares, 1979, Torres y tatuajes,
1988 y Café Express, 2002; en tanto Carolina Pineda posee un
solo título: EyaCulo mi propia seducción, libro publicado
posterior al año 2000, dado que no tiene fecha consignada.
Este trabajo discute por primera vez en la obra de Ruano, las formas
en que la voz lírica asume la sexualidad. La biografía de Isabel se
hace de forma fragmentada, dado que con la poeta, que aún vive, pues
nació en 1945, no es posible entablar una conversación para
establecer cronologías, ni esclarecer datos que andan desperdigados
por algunos libros, como el de su tercera publicación, Torres y
tatuajes, donde la misma Isabel proporciona una narrativa de lo
que ha sido su vida personal y literaria.
Ruano vaga actualmente por la ciudad capital,
preferentemente por el centro histórico, vendiendo baratijas y
pequeños opúsculos con poemas, que ella misma teclea en alguna
máquina vieja. Isabel es hoy día uno de los “raros”, personajes que
pululan perdidos en la caótica ciudad de Guatemala. Una de las
características que la colocan dentro de estos “raros” es su
travestismo.ismo.ismo.
Ya que afectada hace años por una enfermedad mental, su identidad
también sufrió un cambio, y se ve asímisma en la figura de un
hombre, del cual se viste desde hace muchísimo tiempo, y al cual
ella misma llamaba Pablo en los años ochenta. A partir del
travestismo de Isabel, deseo acercarme a sus textos, para señalar
algunos rasgos, que puedan servir para ir perfilando un estilo,
leído desde este trabajo con una lente genérico-sexual,
pero sin evitar relacionar su travestismo, dentro de una posición
subversiva, desestabilizadora en el marco de lo latinoamericano,
como ha sucedido en Chile con la figura de Pedro Lemebel.
En general sus textos se mueven formalmente dentro de espacios muy
tradicionales,
en donde usa metros y rimas, propios de una estética postmodernista.
Sin embargo en algunos poemas, a veces herméticos, Isabel suele
crear la ambigüedad genérica, y en sus textos no se percibe el sexo
de la persona amada, aunque suele indicar que es un sujeto
“femenino” quien enuncia el poema: “Y deseo tu carne/con la flor de
mi cuerpo/con la furia quemante de hojarasca y arena” (Torres y
tatuajes, 212). La alusión a “la flor de mi cuerpo” le indica al
lector que el sujeto amante es una mujer, cuyo sexo es apodado “flor”,
y de allí la relación de este término con desfloración, como pérdida
de la virginidad en los imaginarios femeninos. En las textualidades
de Isabel, cuando se habla del sujeto/a amado/a, el texto tiende a
convertirse más en un cuerpo erotizado tal y como lo sitúa Nelly
Richard para el caso del texto narrativo;
en el poema de Isabel toma esta fisonomía: “Y tengo la sed de tu
amor una sed increíble/de abrazarme a tu cuerpo/de sentir tus
caricias/y la gloria de mi risa en la tuya/mi carne en tu cuerpo/tu
ternura danzando sobre la playa” (Torres y tatuajes, 270). A
partir de que el sujeto que escribe se concibe asímismo como
masculino, una interrogante que surge al estudiar los textos de
Ruano en este trabajo, respecto al abordamiento de la sexualidad, es
hasta dónde el texto está controlado por esa conciencia poética
binaria. Ya Julia Kristeva señalaba que más allá de los
condicionantes biológico-sexuales y psicosociales que definen el
sujeto autor, la escritura pone en movimiento el cruce
interdialéctico de varias fuezas de subjetivación, que co-actúan en
cada proceso de subjetivación creativa,con
la cual se podría explicar perfectamente que Isabel aborde el hecho
amoroso desde las dos perspectivas, o asumiendo en unos casos, más
que en otros, una feminización de la escritura.
Dicha fenómeno estaría acorde con una poesía que se practica –conciente
o incosncientemente en el caso de esta escritora- como disidencia de
identidad. En uno de los poemas de Isabel, donde el ritmo es mucho
más coloquial, podemos apreciar que el sujeto lírico está conciente
de esta disidencia identitaria cuando dice: “Preguntaron a mi madre
por mis versos./Tuve que retirarme./¿Cómo decirles que nací con la
palabra,/que no soy como todas?”(Para conjurar el sueño, 58)
Texto que además le revela al lector una conciencia estética,
asociada con la escritura, y donde Ruano alude también a que ser
mujer no garantiza ser como todas, y permite así darle movilidad a
los signos de lo femenino y lo masculino. Ya se ha discutido cómo el
sujeto del incosciente sexual, no coincide consigo mismo, porque la
diferencia entre lo femenino y lo masculino es atravesado
internamente por una subjetividad en proceso y en movimiento.
Sin embargo suponemos que su travestismo de vida, es un elemento que
podría haber incidido en la poesía escrita por ella durante al menos
dos décadas.
En ese periodo encontramos poemas eróticos y sensuales, donde la
urgencia del amor es inmediata y se resuelve en textos que expresan
un deseo que interiormente comandan la escritura. El uso de símbolos
como el del mar y otros elementos asociados, para enunciar la
sexualidad es persistente en esos textos:”Y que no estás hoy en mi
playa, que no vienes/que no encuentro tu cuerpo entre mis brazos/que
no te siento entre mi carne herida” (Torres y tatuajes, 273)
