México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2008 I Año 3 I Número 13 Publicación Bimestral I

 








 

 

Aida Toledo. Guatemala. Es profesora, crítica, poeta y narradora. Obtuvo una maestría y un doctorado en Literatura y Cultura Latinoamericanas en la Universidad de Pittsburgh en 1997 y 2001 respectivamente. Es profesora Asociada en la Universidad de Alabama.

 

Las escritoras guatemaltecas sobre las que se hablará en este trabajo, han publicado poco y de manera no sistemática por diversas razones;[1] Isabel de los Angeles Ruano ha publicado cuatro títulos a partir de 1966: Cariátides, Cantares, 1979, Torres y tatuajes, 1988 y Café Express, 2002; en tanto Carolina Pineda posee un solo título: EyaCulo mi propia seducción, libro publicado posterior al año 2000, dado que no tiene fecha consignada.

Este trabajo discute por primera vez en la obra de Ruano, las formas en que la voz lírica asume la sexualidad. La biografía de Isabel se hace de forma fragmentada, dado que con la poeta, que aún vive, pues nació en 1945, no es posible entablar una conversación para establecer cronologías, ni esclarecer datos que andan desperdigados por algunos libros, como el de su tercera publicación, Torres y tatuajes, donde la misma Isabel proporciona una narrativa de lo que ha sido su vida personal y literaria.

           Ruano vaga actualmente por la ciudad capital, preferentemente por el centro histórico, vendiendo baratijas y pequeños opúsculos con poemas, que ella misma teclea en alguna máquina vieja. Isabel es hoy día uno de los “raros”, personajes que pululan perdidos en la caótica ciudad de Guatemala. Una de las características que la colocan dentro de estos “raros” es su travestismo.ismo.ismo.[2] Ya que afectada hace años por una enfermedad mental, su identidad también sufrió un cambio, y se ve asímisma en la figura de un hombre, del cual se viste desde hace muchísimo tiempo, y al cual ella misma llamaba Pablo en los años ochenta. A partir del travestismo de Isabel, deseo acercarme  a sus textos, para señalar algunos rasgos, que puedan servir para ir perfilando un estilo, leído desde este trabajo con una lente genérico-sexual,[3] pero sin evitar relacionar su travestismo, dentro de una posición subversiva, desestabilizadora en el marco de lo latinoamericano, como ha sucedido en Chile con la figura de Pedro Lemebel.[4] En general sus textos se mueven formalmente dentro de espacios muy tradicionales[5], en donde usa metros y rimas, propios de una estética postmodernista[6]. Sin embargo en algunos poemas, a veces herméticos, Isabel suele crear la ambigüedad genérica, y en sus textos no se percibe el sexo de la persona amada, aunque suele indicar que es un sujeto “femenino” quien enuncia el poema: “Y deseo tu carne/con la flor de mi cuerpo/con la furia quemante de hojarasca y arena” (Torres y tatuajes, 212). La alusión a “la flor de mi cuerpo” le indica al lector que el sujeto amante es una mujer, cuyo sexo es apodado “flor”, y de allí la relación de este término con desfloración, como pérdida de la virginidad en los imaginarios femeninos. En las textualidades de Isabel, cuando se habla del sujeto/a amado/a, el texto tiende a convertirse más en un cuerpo erotizado tal y como lo sitúa Nelly Richard para el caso del texto narrativo;[7] en el poema de Isabel toma esta fisonomía: “Y tengo la sed de tu amor  una sed increíble/de abrazarme a tu cuerpo/de sentir tus caricias/y la gloria de mi risa en la tuya/mi carne en tu cuerpo/tu ternura danzando sobre la playa” (Torres y tatuajes, 270). A partir de que el sujeto que escribe se concibe asímismo como masculino, una interrogante que surge al estudiar los textos de Ruano en este trabajo, respecto al abordamiento de la sexualidad, es hasta dónde el texto está controlado por esa conciencia poética binaria. Ya Julia Kristeva señalaba que más allá de los condicionantes biológico-sexuales y psicosociales que definen el sujeto autor, la escritura pone en movimiento el cruce interdialéctico de varias fuezas de subjetivación, que co-actúan en cada proceso de subjetivación creativa,[8]con la cual se podría explicar perfectamente que Isabel aborde el hecho amoroso desde las dos perspectivas, o asumiendo en unos casos, más que en otros, una feminización de la escritura.[9] Dicha fenómeno estaría acorde con una poesía que  se practica –conciente o incosncientemente en el caso de esta escritora- como disidencia de identidad. En uno de los poemas de Isabel, donde el ritmo es mucho más coloquial, podemos apreciar que el sujeto lírico está conciente de esta disidencia identitaria cuando dice: “Preguntaron a mi madre por mis versos./Tuve que retirarme./¿Cómo decirles que nací con la palabra,/que no soy como todas?”(Para conjurar el sueño, 58) Texto que además le revela al lector una conciencia estética, asociada con la escritura, y donde Ruano alude también a que ser mujer no garantiza ser como todas, y permite así darle movilidad a los signos de lo femenino y lo masculino. Ya se ha discutido cómo el sujeto del incosciente sexual, no coincide consigo mismo, porque la diferencia entre lo femenino y lo masculino es atravesado internamente por una subjetividad en proceso y en movimiento.[10] Sin embargo suponemos que su travestismo de vida, es un elemento que podría haber incidido en la poesía escrita por ella durante al menos dos décadas.[11] En ese periodo encontramos poemas eróticos y sensuales, donde la urgencia del amor es inmediata y se resuelve en textos  que expresan un deseo que interiormente comandan la escritura. El uso de símbolos como el del mar y otros elementos asociados, para enunciar la sexualidad es persistente en esos textos:”Y que no estás hoy en mi playa, que no vienes/que no encuentro tu cuerpo entre mis brazos/que no te siento entre mi carne herida” (Torres y tatuajes, 273)

         En tanto en buena parte de sus poemas amatorios, Ruano concibe el cuerpo del sujeto amado como un territorio abarcable y donde él/ella tienen cabida y reciprocidad, en otros poemas se va a provocar un cambio que asociamos con la desterritorialización de ese cuerpo,[12] y donde el erotismo se vuelca hacia dentro, como en el poema siguiente: “Desteñido el ayer marcó su ruta/territorios sin brújula, perdidos/ansia por estrecharte sin barreras/comiendo del amor la dulce fruta/y llorando de amor en tus caderas” (Torres y tatuajes, 343). En su poesía última publicada en Café Express, no encontramos textos que estén ligados a los poemas del deseo y la furia, que contienen una buena parte de Torres y tatuajes, la voz lírica aparece apacible, a veces hasta tierna, con cierta dosis de ironía, como en el siguiente fragmento: “Ayer sonó el teléfono./Me asusté. Mi corazón/palpitó precipitadamente/¿Has vuelto?/-¡Qué bien!/¿Me traes un regalo?” (Café Express, 38)

         Carolina Pineda aparece en la escena literaria después de la firma de la paz, [13]cuando el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala, se convierte de nuevo en un espacio público, donde artistas, esscritores y otros, se dan cita para celebrar la nueva época. Como artista del performance (art performance) Pineda se distingue por trabajar la instalación asociada al texto literario de tipo híbrido. Ella realiza una serie de actividades performáticas de carácter bastante anónimo, como el de “la novia de la camioneta”, participando de las actividades que se organizan para celebrar el aniversario de la firma de la paz, o para participar independientemente en lecturas de poesía, donde su voz aparece extraña y marginal, al abordar temas considerados tabú, en una Guatemala, que recién sale de un estado de silencio, donde este tipo de actividades no tenían cabida, más que en los cenáculos literarios y las actividades de las embajadas extrajeras, que promovían lecturas de literatura y exposiciones de arte visual. Y aunque ya se ha hablado de Pineda respecto a su posicionamiento dentro de las búsquedas y abordamientos de temás como el sida, la homosexualidad y la práctica de una sexualidad libre y sin ataduras, deseamos comentar aquí algunos de los textos de esta escritora, que se encuentran reunidos en su única publicación, titulada como ya señalamos: EyaCulo mi propia seducción, sin fecha de publicación.(consideramos la fecha hacia 2003).

         Una mayoría de los textos contenidos en este único volumen, fueron inicialmente presentados dentro de las instalaciones que Pineda expuso en diferentes momentos, en las actividades del Centro Histórico. Más adelante ella asistió al taller de Enrique Noriega, y allí retrabajó sus textos y los reunió en esta publicación, que financiada por la Asociación Cultural Oasis, que se encargaba de apoyar a enfermos de sida, y cuyas actividades giraban alrededor de las actividades homosexuales y su expansión y defensa, fuera finalmente publicada en una edición, llamada en Guatemala, “calleja” o libro de bolsillo, Lo interesante de los textos de Carolina es que ella aborda abiertamente el tema de la homosexualidad, el lesbianismo y el sida. La primera vez que vimos poemas de esta autora, fue en un afiche que artesanalmente, los talleristas de Noriega, colocaron en un museo del Centro Histórico. Lo llamativo del afiche era que en el mejor estilo kitsch, los textos se asociaban a la ropa interior unisex, cargando de muchas más connotaciones los textos poéticos, he aquí algunos ejemplos: “vago/impreciso/sí/así es este sentimiento/que surge/cuando conversamos/fragmentos amables/y deseables/acercarme un poco más/a ti y a tus palabras/a mí/y a mis palabras/es un dilemma/que necesitamos resolver/en la cama/y que nuestros cuerpos decidan”.(EyaCulo, sin número de página)

         En general la escritura de Pineda aparece cuando la generación feminista guatemalteca, ya ha publicado algunos de sus mejores libros. [14]La importancia de esta escritora en el contexto literario, está más en relación con las formas que la literatura va asumiendo luego de la firma de la paz, donde proliferan los testimonios politicos, desde la voz de los sobrevivientes de las masacres de la guerra de contrainsurgencia. El registro desde donde viene la voz lírica de los textos de Pineda, está también dentro de las necesidades testimoniales de las minorías, en este caso los homosexuales y lesbianas.

El libro de Carolina Pineda discute de cierta manera sobre si ser gay o lesbiana pueden elevarse al nivel de identidades, como el ser guatemalteco, hondureño, o costarricense.[15] Las formas líricas de abordaje del tema asumen una economía de lenguaje, alejándose de esta forma, de los discursos nacionales sobre la identidad, y colocándose de manera periférica, dentro de identidades nómadas y desplazantes. Los textos van mezclándose oblicuamente con la discusión del ser homosexual, pero el abordamiento reside en la completa erotización del texto tal y como lo señala Foster dentro de una perspectiva de lo “queer”[16]: “los sueños húmedos se secan/el viento se lleva/los gemidos perturbadores/pero mi deseo por vos/ni en la cama termina”(EyaCulo, S/P). Indudablemente en esta poesía corta y concisa, entran a trabajar los componentes semiótico-pulsional de origen femenino, mezclados a la pulsión racionalizante-conceptualizante de origen masculino[17], ya explicados en los abordamientos críticos en los textos de Isabel de los Angeles Ruano. La voz lírica deviene ambigüa, no encontramos rasgos específicos que definan el género del sujeto lírico.

             Los textos de Carolina producen también un artificio carnavalizado, ya que las tonalidades provienen de “yoes” que pueden ser o no masculinos, femeninos, transexuales, o lésbicos, y que además son voces lumpen, porque quien las enuncia proviene de esos espacios nacionales, donde tal vocabulario es utilizado dentro de una norma ya establecida; leamos el siguiente texto que ejemplifica la procedencia de la voz lírica altamente descentrada: “homosexual/heterosexual/bisexual/más cama/más vino//más más mariguana/lenguas/brazos/penes/por aquí por allá/lesbiana/gay/transsexual/abajo/encima/de lado/por acá por allá/sangre/saliva/semen/conjugados/copulados/contagiados/y silvio/con sus lazos blancos/en la piel” (EyaCulo, SP) Observamos que aquí se produce el intercambio de papeles de los géneros sexuales con prácticas que relativizan el control sobre la escena sexual y que Foster considera de gran importancia, si consideramos los aportes desde el feminismo hasta el homoerotismo.[18]

Los poemas de Carolina Pineda también se cosntruyen mediante un manejo gramatical, basado en la desmembración o fragmentación del discurso. Son constantes las enumeraciones y acumulaciones de términos, que reunidos producen otros y/o nuevos mensajes en el abordamiento, de las identidades homosexuales. Ya Foster señalaba que hay diferencias entre estas identidades, y que no era lo mismo el gay masculino y lo lesbiano.[19] Pineda escribe textos como el anterior, donde esas identidades se amalgaman dentro de un mismo espacio erótico, pero en otros poemas, suele la voz enunciarse desde una sola identidad, como lo hace en el siguiente poema: “nos hurtamos la ropa/dentro de las chamarras/nuestros dedos/formaron/extraños falos/que jugueteaban/con tu clítoris y el mío” (EyaCulo, SP)

En otras partes de este primer libro de Pineda se encuentran textos que rechazan las relaciones heterosexuales, por falta de funcionamiento. En estos textos la voz lírica, que siempre deviene ambigüa, señala los vicios de esas relaciones, y los niveles de rechazo desde la perspectiva del sujeto lírico, que subvierte el orden patriarcal, rechazando abiertamente, una relación con desventajas eróticas, de la siguiente manera: “el hombre/más que un amigo/un perro/habita/en los escombros/de mi cuerpo/inhóspita habitación/de persistentes pasiones” (EyaCulo, SP) Leamos otro ejemplo, cuyo texto en la instalación fue escrito con letras adhesivas sobre la radiografía (real) de un amante: “Radiografía/sólo cerveza/sólo cigarro/sólo cama/sobre ti/política/sobre mi/arte /no karl max/no von mises/entre nosotros/el abismo/ de una relación” (Texto de la instalación: Radiografía)

 La voz que rechaza estas relaciones infructuosas de tipo heterosexual, proviene de otra construcción simbólica, si pensamos que aquí se plantea la imagen de una mujer fuerte que sería vista por el lesbianismo, bajo un punto de vista positivo, dado que rompe con el romanticismo y el sentimentalismo que caracterizan a la mujer dentro del esquema patriarcal,[20]fenómeno que en poesía tiene sus antecedentes en un poema de Luz Méndez que se titula: “Carta a Schopenhauer”, o en algunos de los poemas de Ana María Rodas de la Izquierda erótica. Sin embargo las feministas de los setentas no aludieron a los espacios privados y prohibidos del homosexualismo de la manera en que Pineda los aborda en el año 2000, en un contexto politico y social, totalmente diferente. La violencia acumulada en la voz descentrada del gay o de la lesbiana de los poemas de Pineda, impresionan al lector que absorto contempla en el horizonte literario, espacios desconocidos y prohibidos, para una población que recién sale del horror de la violencia política y la represión.

La búsqueda inicial de bibliografía crítica acerca de la homosexualidad en la cultura y literatura guatemaltecas, le demuestran a quien escribe este trabajo, que el tema sigue siendo tabú dentro de los estudios culturales y literarios.[21] Se han publicado y escrito algunos estudios críticos donde se tocan estos temas, a veces en forma oblicua, como los de Francisco Nájera y Gerald Martin, sobre Rafael Arévalo Martínez. Recientemente Arturo Arias ha escrito un artículo novedoso sobre la homosexualidad en algunas obras clave de Miguel Angel Asturias. Sin embargo hace falta indagar más y preparar un canon mínimo de libros poéticos, narrativos y de otros géneros, donde el tema esté trabajado de manera de ir ahondando y delineando la estética que comanda sus mundos literarios.

 

Bibliografía

Acevedo, Claudia. “Cómo ser lesbiana en Guatemala”. < www.mujerymujer.com/reportajes/claudia_acevedo.htm>

Amoros, Celia. “Elogio de la vindicación”. En Raquel Olea. Escrituras de la diferencia sexual. Chile: LOM Ediciones, 2000, 15-28.

Forcinito, Ana.“Los desastres íntimos del post-feminismo:género, erótica y performance en la era post-Beijing”. Letras Femeninas, volumen XXVIII, No.2 (diciembre, 2002), 115-136.

Foster, David William. Producción cultural e identidades homoeróticas: teoría y aplicaciones. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2000.

Garabano, Sandra. “Lemebel: políticas de consenso, masculinidad y travestismo”, Chasqui Revista de Literatura Latinoamericana, Vol. 32. No. 1. May 2003, 47-55.

Reiz, Sussana. “Quién habla en el poema…cuando escribe una mujer”.< <www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v01n02/Reisz.htm>

Richard, Nelly.“¿Tiene sexo la escritura? México. Debate feminista, 1994, 127-139.

Toledo, Aida y Anabella Acevedo. Para conjurar el sueño: poetas guatemaltecas del siglo xx. Guatemala: Abrapalabra 30, 1998.     


[1] En Guatemala no ha existido nunca una agenda editorial, de parte del Ministerio de Cultura o de las editoriales privadas, para publicar la obra de las escritoras, con el propósito de poner en la mesa de discusión sus escritos. No existe a la fecha ningún proyecto que promueva la escritura de las mujeres, con el propósito de llenar los epacios vacíos de historia literaria, provocados por la larga guerra de insurgencia y contrainsurgencia, y por las estructuras patriarcales de las organizaciones y gobierno, que no permiten a las mujeres publicar dentro de un marco de igualdad.

[2] Queda abierta la cuestión de si el travestismo, o como espectáculo formal o como práctica de vida, refuerza la obsesiva division entre los géneros sexuales o si constituye una revision eficaz del sistema homológico del patriarcado. David William Foster. Producción cultural e identidades homoeróticas: teoría y aplicaciones. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2000, 38.

[3]  Uso esta acepción  para indicar, como Susana Reiz que la aproximación teórica es de género. Susana Reiz en “Quién habla en el poema…cuando escribe una mujer”, <www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v01n02/Reisz.htm>

[4] La figura de Isabel de los Angeles Ruano dentro de un contexto guatemalteco, resulta desestabilizadora culturalmente hablando, dado, que pese a los esencialismos en los que se mueve la sociedad guatemalteca actual, su travestismo y locura devienen en un testimonio más de los excesos de la violencia privada y pública, y sus consecuencias en la vida de las mujeres. Y aunque Isabel no tiene concientemente el deseo de transgredir un orden religioso y patriarcal, al asumir una identidad “masculina”, se provoca un fenómeno paralelo, al de Pedro Lemebel en el Chile de hoy. Para ver los efectos del travestismo de Pedro Lemebel en Chile, ver Sandra Garabano, “Lemebel: políticas de consenso, masuclinidad y travestismo”, Chasqui Revista de Literatura Latinoamericana, Vol. 32. No. 1. May 2003, 47-55.

[5] Aida Toledo y Anabella Acevedo. Para conjurar el sueño: poetas guatemaltecas del siglo xx. Guatemala: Abrapalabra 30, 1998, 57-58.

[6] Aquí usamos el término “postmodernismo”, para identificar lo que la crítica literaria concebía como la tendencia que continuaba al modernismo hispanoamericano que se había iniciado en 1882 y concluído en 1916.

[7] Nelly Richard en “¿Tiene sexo la escritura? México. Debate feminista, 1994, 130.

[8] Julia Kristeva citada por Nelly Richard en “¿Tiene sexo la escritura?”, 132.

[9] Que en el caso de esta escritura tendría mucho más sentido, si la identidad de la autora oscila entre lo masculino y lo femenino, y su producción no depende de la identidad genérica, sino de una erótica del signo que rebalsa la contención de la significación masculino al entrar a funcionar las exigencias del cuerpo en relación con el deseo.

[10] Richard, 138.

[11] En este sentido seguimos la idea de Spinoza, citado por Celia Amoros, en cuanto a que la potencia sea la capacidad de incidir sobre algo en mayor medida en cuanto a que somos afectados directamente por ello. Celia Amoros, “Elogio de la vindicación”. En Raquel Olea. Escrituras de la diferencia sexual. Chile: LOM Ediciones, 2000, 16.

[12] Ana Forcinito discute en un trabajo sobre Peri Rosi, el hecho de que el rasgo del nomadismo de la escritura de esta autora, concierne a la irrumpción de lo erótico como principio desestabilizante y clandestino.En el caso de Ruano, mi discusión está en relación a que la pérdida de esa posibilidad del deseo erótico, provoca en el sujeto lírico de los textos de Isabel de los Angeles Ruano, un desplazamiento desde el cuerpo amado hacia afuera, como en un proceso obligatorio de desterritorialización. Para saber de la discusión sobre Peri Rosi, y entablar relación con los de Ruano, ver: Ana Forcinito, “Los desastres íntimos del post-feminismo:género, erótica y performance en la era post-Beijing”. Letras Femeninas, volumen XXVIII, No.2 (diciembre, 2002), 116.

[13] La paz se firma en Guatemala en 1996.

[14] En 1973, Ana María Rodas había ya publicado su controversial libro, Poemas de la izquierda erotica, donde abordaba una temática feminista, con una voz que según la crítica se apoderaba de cierta forma del discurso masculino. Para este tema ver el artículo de Francisco Nájera en Desde la zona abierta: artículos críticos sobre la obra de Ana María Rodas. Guatemala: Editorial Palo de Hormigo, 2005.

[15] David Foster, Producción cultural, 39.

[16] Foster señala que la libre construcción del cuerpo y, más aún, la libre reconstrucción del cuerpo en cualquier y todo aspecto que resulte pertinente a los intereses del sujeto, proviene de una visión a la que el llama “queer”. David Foster, 52.

[17] Richard, 132.

[18] Foster, 65.

[19] Foster, 56.

[20] Foster, 47.

[21] Claudia Acevedo en “Cómo ser lesbiana en Guatemala” explica con claridad  la problemática social de ser una “lesbiana pública” o de haber salido del closet. < www.mujerymujer.com/reportajes/claudia_acevedo.htm>

 

 

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