México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2008 I Año 3 I Número 13 Publicación Bimestral I

 








 

LA METACOGNICIÓN DE LA KOINÉ EN EL TERRITORIO HIEROFÁNICO PANSEXUALISTA DE LA COCINA O LA ARCHIHUELLA DE LA CHUCHUGUAZA EN EL DASEIN   

 

Andrés Torres Guerrero, Licenciado en lingüística y literatura (Universidad Distrital Francisco José de Caldas). Magíster en literatura (Pontificia Universidad Javeriana). Autor del libro Una larga cita Sin remedio con la noche bogotana (beca de investigación en literatura, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 2003). Algunos de sus cuentos y ensayos han sido publicados en revistas como: H enciclopedia del Uruguay (www.henciclopedia.org.uy), Espéculo (Universidad Complutense de Madrid), El Despertador (www.eldespertador.info), Allanahuanga (www.xexus.com.co/). Hace parte de la Antología de poetas y narradores nariñenses (Pasto, xexus edita, 2004). Se ha desempeñado como docente de las universidades: Jorge Tadeo Lozano, Distrital, Javeriana, entre otras. 


 

 

La caída del “ser ahí” en el uno y el “mundo” de que se cura la llamamos una “fuga” del “ser ahí” ante sí mismo. Pero no todo “retroceder ante”, no todo “desvío de” es necesariamente una fuga. El retroceder ante lo que abre el temor, ante lo amenazador, retroceder fundado en el temor, es lo que tiene el carácter de fuga[1].

 

 

Existen “coincidencias” que se asemejan, en una oblicua relación analógica, a las revistas de Kalimán. Establezco esta aproximación, porque este texto quiere inscribirse dentro de esa tendencia que críticos como Patricia Waugh han estudiado bajo el rótulo de escritura autoconsciente.  

Hay encuentros con personas que, en ese instante, parecen intrascendentes, pero el tiempo les revelará otra condición; personas que, al igual que la mencionada revista, siempre te dejan con la maravillosa incertidumbre de un nuevo encuentro. Resumen: “Kalimán” se ve acosado por el hambre, tiene plata pero ésta es para unas fotocopias que va a sacar del libro La ciencia, su método y su filosofía de Mario Bunge. Después de pensarlo, decide entrar a un restaurante, toma una bandeja, se sirve arroz, ensalada, etc. De repente entra una mujer; “Kalimán” se enreda en la capa y se cae. ¿Qué pasará con “Kalimán”? ¿Quién era esa mujer que lo aturdió? Continuará... ¡Qué difícil se me hace escribir!; primero, porque soy perezoso; segundo, porque no tengo mucho que decir. A veces, lo intento tan pronto me levanto; por ejemplo, hoy, logré el siguiente conato de cuento:   

Ambos equipos practicaban con lanzamientos al arco. El escaso público que asiste a estos eventos ahora era mínimo gracias a la lluvia. Unos cuantos familiares, compañeros de trabajo, uno que otro curioso. Las últimas recomendaciones, un pequeño repaso a la estrategia técnica y las voces de ánimo de los allegados a cada escuadra. No quería estar allí, pero tampoco deseaba irme. El pitazo inicial me sacó de mis cavilaciones. No se ataca mucho, presión en los costados, y en la tribuna un silencio de calma. Todos comprendemos que no es la Copa Mundial de Clubes la que se está disputando, sino un simple partido de micro entre Estudiantes de la Plata, representando al Taller de Soldadura Eléctrica y Autógena San Vicente, y el Deportivo Fénix, por parte de la Rectificadora de Cigüeñales La 24. La primera anotación fue para Estudiantes de La Plata. Algunos de nosotros aplaudimos, mientras el arquero del Deportivo Fénix increpaba a sus compañeros. Los gritos de los jugadores rompieron el mutismo de la tarde. Pensé en ella. La inexistente. 

Salir de la iglesia de Las Nieves en compañía de Nony. Otra vez el miedo por un posible embarazo. En la misa estuve volando.  

Las calles que bordean mi infancia aún siguen y seguirán habitadas por personajes como Fernando Macetas, legendario aventurero por las carreteras astrales, quien se conoció con mi papá una noche en que fue a golpear hasta la casa para que le parara una hemorragia, tras una herida producida por un ladrillo sobre su quijada. Mi papá lo atendió durante casi un mes, después de lo cual el Macetas se convirtió en un aliado de la familia. 

En la mañana vino Henry, disertó sobre Luccete Finas. Luego se fue. Resumen: la mamá de “Kalimán” manda a su hijo a la tienda para que le diga a la vecina que por Dios le fíe una libra de papas. “Kalimán” llega a la tienda y después de vencer a su fiel enemiga, la timidez, logra decir el recado de su progenitora, a lo cual la señora, de muy mala gana, accede. Ya de regreso, observa que por su mismo andén viene esa mujer que un día miró en un restaurante. “Kalimán” no sabe qué hacer, quiere dar la vuelta pero ya es demasiado tarde porque ella lo ha visto; él se turba y echa a correr, pero de pronto abren la puerta de un carro que golpea las piernas del Hombre Increíble, éste cae y las papas se riegan. ¿Será capaz “Kalimán” de recogerlas? ¿Qué destino le espera a “Kalimán” después de que se levante? Continuará...

 Llamó Henry, y sin mayores preámbulos comenzó una travesía desconstructiva por un texto de Bruno Mazzoldi. Luego colgó. Resumen: “Kalimán” está en la casa de un amigo. Pero, después de una amena charla sobre los posibles reenvíos entre las teorizaciones de Judith Kalman (sobre el papel del contexto en el proceso de aprendizaje), y las estéticas de la fragmentación (en Las lágrimas de Petra von Kant, las atajadas de Oliver Kahn, las ensoñaciones de Tori Amos en Y Kant Tori Read, el movimiento de faldas en el baile del can-can, las líricas del grupo Can, el imperativo categórico en Kant, las poéticas de John Fogerty en Vanz Kant Danz, la polirritmia en Descartes a Kant, las estrategias guerreras de Gengis Kan y los meneos de Las chicas del Can), siente que, a pesar del despliegue transdisciplinar de su erudito amigo, es hora de irse porque tiene ganas de orinar y a él le da vergüenza pedir el baño. Sale de la casa de su amigo y camina algunas cuadras, pero ya no puede más, entonces se arrima a un poste, y, ¡sorpresa!: de la casa de enfrente lo está mirando ella. ¿Será éste el fin inexorable del Hombre Increíble? Continuará... 

 En la madrugada releí un texto que escribí hace algunos meses. Intenté arreglarlo sin mayor fortuna (¡pero es que, en realidad, es malo!):

Había acabado de leer un pequeño libro de autosuperación, el cual le había robustecido su fe. Esta vez estaba decidido a todo, no dejaría pasar un día más. La vida (se decía) es tan corta que uno puede y debe vivirla como un condenado a muerte que sonríe ante el futuro. Hoy era el día, esta fecha indicaba su reivindicación con la existencia, y el acto que daría testimonio de su nueva actitud ante el mundo sería el de invitarla a tomar algo en una cafetería. En estas situaciones la mejor carta de presentación es el arreglo personal, la pulcritud en el vestido y la elegancia en el mismo. Se bañó. Brilló sus zapatos. Todo estaba listo, un poco de loción y al ataque: el éxito me está esperando (se dijo). Para no llegar agitado ni con los zapatos sucios, tomó un taxi. Al llegar, entró con una decisión tal que él mismo se asustó. Observó detenidamente, y en el instante mismo en que iba a decirle la razón por la cual estaba allí, su voz tembló, su voluntad se vino abajo y lo único que alcanzó a pensar fue: Virgilio perdió el cielo por no tener fe.

 Resumen: “Kalimán” invita al Macetas a un concierto en la Sala de Música de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Se ubican en la segunda fila. Por fin sale Pablo Andrés Rojas de los Ríos y abre con Opus Clavicembalisticum de Kaikhosru Shapurji Sorabji. “Kalimán” siente que lo miran y ¡sorpresa!: allí está ella. Pero de pronto el Macetas comienza a gritar: ¡no jodás, tocate una conocida! El maestro Rojas retira las partituras y se marcha; mientras “Kalimán” y su acompañante son abucheados hasta por la mismísima alma de don Lucho. ¿Podrá “Kalimán” superar este nuevo trauma emocional? Continuará...  

 Henry ha venido en la noche, esta vez para criticar un texto de Andrés Tupac Cruz: Meditación de la diferancia. Después de una hora de monolingüismo, se fue. En la madrugada, revisando cuadernos viejos, encontré un texto; como no me pareció del todo ridículo, aquí lo incluyo:

 El televisor en el closet

el viento se desvanece en un disco

sólo desde el bosque puedo devorar la dispersión

la puerta remueve el tiempo

sobre la mesa de noche un libro de Kalman J. Cohen

dibujo en un libro de insomnios

camino entre humo mientras veo la música. 

Resumen: “Kalimán” es invocado por un don nadie que intenta escribir un cuento metaficcional cuya circularidad se asemeje a Continuidad de los parques. “Kalimán” sabe que es un caso delicado, por lo que decide atravesarse por el extremo sur de la Estación del Ferrocarril de la Sabana... pero, de improviso, le salen unas “gonorreas” de atracadores. “Kalimán” echa a correr como quien se va para la plaza de Bolívar, mientras pide ¡auxilio!; de una casa sale una mujer que le dice: ¡entre! “Kalimán” entra y ¡sorpresa!: allí está ella en topples, invitándolo a seguir a la cocina para que se tome un café ¿con azúcar? “Kalimán” prefiere un vaso de chuchuguaza; mientras, al otro lado de la hoja, el don nadie corea en compañía de la voz de Miguel Bosè: ... y muévete bien que nadie como tú me sabe hacer café... ¿Qué pasará con “Kalimán”, ahora que está en la cocina de ella y con ella? Continuará...    


 

[1] HEIDEGGER, Martin. La cura, ser del “ser ahí”. En: El ser y el tiempo. Traducción de José Gaos. México, Fondo de Cultura Económica, 1995. p. 205.

 

 

 

 

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