La caída del “ser ahí” en el uno y el “mundo” de que
se cura la llamamos una “fuga” del “ser ahí” ante sí mismo. Pero no
todo “retroceder ante”, no todo “desvío de” es necesariamente una
fuga. El retroceder ante lo que abre el temor, ante lo amenazador,
retroceder fundado en el temor, es lo que tiene el carácter de fuga.
Existen “coincidencias” que se asemejan, en
una oblicua relación analógica, a las revistas de Kalimán.
Establezco esta aproximación, porque este texto quiere inscribirse
dentro de esa tendencia que críticos como Patricia Waugh han
estudiado bajo el rótulo de escritura autoconsciente.
Hay
encuentros con personas que, en ese instante, parecen
intrascendentes, pero el tiempo les revelará otra condición;
personas que, al igual que la mencionada revista, siempre te dejan
con la maravillosa incertidumbre de un nuevo encuentro. Resumen:
“Kalimán” se ve acosado por el hambre, tiene plata pero ésta es para
unas fotocopias que va a sacar del libro La ciencia, su método y
su filosofía de Mario Bunge. Después de pensarlo, decide entrar
a un restaurante, toma una bandeja, se sirve arroz, ensalada, etc.
De repente entra una mujer; “Kalimán” se enreda en la capa y se cae.
¿Qué pasará con “Kalimán”? ¿Quién era esa mujer que lo aturdió?
Continuará... ¡Qué difícil se me hace escribir!; primero, porque soy
perezoso; segundo, porque no tengo mucho que decir. A veces, lo
intento tan pronto me levanto; por ejemplo, hoy, logré el siguiente
conato de cuento:
Ambos equipos practicaban con lanzamientos al arco. El escaso
público que asiste a estos eventos ahora era mínimo gracias a la
lluvia. Unos cuantos familiares, compañeros de trabajo, uno que otro
curioso. Las últimas recomendaciones, un pequeño repaso a la
estrategia técnica y las voces de ánimo de los allegados a cada
escuadra. No quería estar allí, pero tampoco deseaba irme. El pitazo
inicial me sacó de mis cavilaciones. No se ataca mucho, presión en
los costados, y en la tribuna un silencio de calma. Todos
comprendemos que no es la Copa Mundial de Clubes la que se está
disputando, sino un simple partido de micro entre Estudiantes de la
Plata, representando al
Taller de
Soldadura Eléctrica y Autógena San Vicente, y el Deportivo Fénix,
por parte de la Rectificadora de Cigüeñales La 24. La primera
anotación fue para Estudiantes de La Plata. Algunos de nosotros
aplaudimos, mientras el arquero del Deportivo Fénix increpaba a sus
compañeros. Los gritos de los jugadores rompieron el mutismo de la
tarde. Pensé en ella. La inexistente.
Salir de la iglesia de Las Nieves en compañía
de Nony. Otra vez el miedo por un posible embarazo. En la misa
estuve volando.
Las
calles que bordean mi infancia aún siguen y seguirán habitadas por
personajes como Fernando Macetas, legendario aventurero por las
carreteras astrales, quien se conoció con mi papá una noche en que
fue a golpear hasta la casa para que le parara una hemorragia, tras
una herida producida por un ladrillo sobre su quijada. Mi papá lo
atendió durante casi un mes, después de lo cual el Macetas se
convirtió en un aliado de la familia.
En
la mañana vino Henry, disertó sobre Luccete Finas. Luego se fue.
Resumen: la mamá de “Kalimán” manda a su hijo a la tienda para que
le diga a la vecina que por Dios le fíe una libra de papas.
“Kalimán” llega a la tienda y después de vencer a su fiel enemiga,
la timidez, logra decir el recado de su progenitora, a lo cual la
señora, de muy mala gana, accede. Ya de regreso, observa que por su
mismo andén viene esa mujer que un día miró en un restaurante.
“Kalimán” no sabe qué hacer, quiere dar la vuelta pero ya es
demasiado tarde porque ella lo ha visto; él se turba y echa a correr,
pero de pronto abren la puerta de un carro que golpea las piernas
del Hombre Increíble, éste cae y las papas se riegan. ¿Será capaz
“Kalimán” de recogerlas? ¿Qué destino le espera a “Kalimán” después
de que se levante? Continuará...
Llamó
Henry, y sin mayores preámbulos comenzó una travesía desconstructiva
por un texto de Bruno Mazzoldi. Luego colgó. Resumen: “Kalimán” está
en la casa de un amigo. Pero, después de una amena charla sobre los
posibles reenvíos entre las teorizaciones de Judith Kalman (sobre el
papel del contexto en el proceso de aprendizaje), y las estéticas de
la fragmentación (en Las lágrimas de Petra von Kant, las
atajadas de Oliver Kahn, las ensoñaciones de Tori Amos en
Y Kant Tori Read,
el
movimiento de faldas en el baile del can-can, las líricas del grupo
Can, el imperativo categórico en Kant, las poéticas de
John Fogerty en Vanz
Kant Danz,
la
polirritmia en Descartes a Kant, las estrategias guerreras de
Gengis Kan y los meneos de Las chicas del Can), siente que, a
pesar del despliegue transdisciplinar de su erudito amigo, es hora
de irse porque tiene ganas de orinar y a él le da vergüenza pedir el
baño. Sale de la casa de su amigo y camina algunas cuadras, pero ya
no puede más, entonces se arrima a un poste, y, ¡sorpresa!: de la
casa de enfrente lo está mirando ella. ¿Será éste el fin inexorable
del Hombre Increíble? Continuará...
En
la madrugada releí un texto que escribí hace algunos meses. Intenté
arreglarlo sin mayor fortuna (¡pero es que, en realidad, es malo!):
Había acabado de leer un pequeño libro de
autosuperación, el cual le había robustecido su fe. Esta vez estaba
decidido a todo, no dejaría pasar un día más.
La
vida (se decía) es tan corta que uno puede y debe vivirla
como un condenado a muerte que sonríe ante el futuro. Hoy era el
día, esta fecha indicaba su reivindicación con la existencia, y el
acto que daría testimonio de su nueva actitud ante el mundo sería el
de invitarla a tomar algo en una cafetería. En estas situaciones la
mejor carta de presentación es el arreglo personal, la pulcritud en
el vestido y la elegancia en el mismo. Se bañó. Brilló sus zapatos.
Todo estaba listo, un poco de loción y al ataque: el éxito me
está esperando (se dijo). Para no llegar agitado ni con los
zapatos sucios, tomó un taxi. Al llegar, entró con una decisión tal
que él mismo se asustó. Observó detenidamente, y en el instante
mismo en que iba a decirle la razón por la cual estaba allí, su voz
tembló, su voluntad se vino abajo y lo único que alcanzó a pensar
fue: Virgilio perdió el cielo por no tener fe.
Resumen:
“Kalimán” invita al Macetas a un concierto en la Sala de Música de
la Biblioteca Luis Ángel Arango. Se ubican en la segunda fila. Por
fin sale Pablo Andrés Rojas de los Ríos y abre con
Opus
Clavicembalisticum
de
Kaikhosru Shapurji Sorabji.
“Kalimán” siente que lo miran y ¡sorpresa!: allí está ella. Pero de
pronto el Macetas comienza a gritar: ¡no jodás, tocate una
conocida! El maestro Rojas retira las partituras y se marcha;
mientras “Kalimán” y su acompañante son abucheados hasta por la
mismísima alma de don Lucho. ¿Podrá “Kalimán” superar este nuevo
trauma emocional? Continuará...
Henry ha venido en la noche, esta vez para criticar un texto de
Andrés Tupac Cruz:
Meditación de la
diferancia.
Después de una hora de monolingüismo, se fue.
En la
madrugada, revisando cuadernos viejos, encontré un texto; como no me
pareció del todo ridículo, aquí lo incluyo:
El
televisor en el closet
el viento se desvanece en un disco
sólo desde el bosque puedo devorar la
dispersión
la puerta remueve el tiempo
sobre la mesa de noche un libro de Kalman J.
Cohen
dibujo en un libro de insomnios
camino entre humo mientras veo la música.
Resumen: “Kalimán” es invocado por un don
nadie que intenta escribir un cuento metaficcional cuya circularidad
se asemeje a Continuidad de los parques. “Kalimán” sabe que
es un caso delicado, por lo que decide atravesarse por el extremo
sur de la Estación del Ferrocarril de la Sabana... pero, de
improviso, le salen unas “gonorreas” de atracadores. “Kalimán” echa
a correr como quien se va para la plaza de Bolívar, mientras pide
¡auxilio!; de una casa sale una mujer que le dice: ¡entre!
“Kalimán” entra y ¡sorpresa!: allí está ella en topples,
invitándolo a seguir a la cocina para que se tome un café ¿con
azúcar? “Kalimán” prefiere un vaso de chuchuguaza; mientras, al
otro lado de la hoja, el don nadie corea en compañía de la voz de
Miguel Bosè: ... y muévete bien que nadie como tú me sabe hacer
café... ¿Qué pasará con “Kalimán”, ahora que está en la cocina
de ella y con ella? Continuará...
destiempos.com
I
Año 3 I Número
13
I
2008 ©
volver al índice

Copyright 2006-2008-
destiempos.com - All Rights Reserved
- publicación de
12e