Everardo Antonio Torres González- Nació en la Cd. De
Durango, Dgo. México el 29 de septiembre de 1956.Cuenta con dos
libros de poemas publicados en Pontevedra, España por la
editorial “El Taller del Poeta”En 2007 su obra fue incluida en
la Antología de la RED de Escritores de Durango y
en el colectivo El Color del Amor del Taller Literario
Médicos Poetas. Sus escritos se difunden actualmente en la
radiodifusora radio City FM de la Cd. de Corrientes,
Argentina.Ha sido traducido a los idiomas inglés y portugués.

I
Aquí muere la rosa
donde la pequeñez cierra los párpados
las caricias se abandonan a las manos
el éxodo relata la huella del insomnio
y el canto de los pájaros traspasa la saeta.
II
Aquí donde los peces estáticos y yertos
buscan la sombra bajo la mirada
para luego transformarse en piedra.
Aquí la cantera pare alas de gárgola
y desvanece el universo.
III
Aquí donde las sabandijas
horadan versos de cal y telaraña
el agua trasmina la desabrida piel.
IV
La suavidad de las heridas
penetra las arterias y el otoño.
La voz se apaga
en el agujero de la soledad
y el vuelo del ser
se trunca
a medias alas.
V
Aquí donde se amuralla la espera
y una sombra de garza señala
el derrotero de todas las miradas…
Aquí la rosa palidece en la antevíspera
rojo que ya no es...
amarillo-sentencia
pétalos amortajados
cáliz de hiel
sorbo-flagelo.
Aquí la rosa se calcina en la tierra.
VI
Aquí se hunde la sangre en las arenas
en
la siguiente madrugada
en
el sollozo
en
el temblor de los labios
en
el halo de viento
en
la mirada errante de las aves tristes
en
los postes de acero que dividen los sueños.
VII
Y
la tierra se anega
y
el silencio se anega
y
se anegan las manos
y
las hojas
y
el vértigo.
VIII
Las
banderas ondeantes
los
trémulos muertos
con
su falta de oficio
con
sus pocas palabras
con
su espalda mojada
que
se implanta en la tierra
en
sus tiernas heridas
en el llanto de invierno
junto a las caracolas.
IX
Todo vino de un sueño
desde un canto de río
silencio blanco en los ausentes ojos
en
la sábana estéril
-que
amortaja los muslos-
en
los hilos de sangre que recorren los dedos
en
el todo ha acabado
sin
dolor
sin
resaca
desde el canto de un río
y
la risa de un pájaro
desde la cuna ausente.
X
Y
se aleja la barca
con
su cadáver triste
un
disparo en su espejo
su
moneda en la boca
los
astillados huesos
en
su cuerpo de lluvia
en
su ropa de ortiga
en
la rosa de viento.
XI
Máscaras blancas
en
el fondo del río
cierran los ojos.
Y
se beben la luna
derramada en la arena.
XII
Amor, no tengo quien me lleve
por el brazo
ni aparte el polvo gris
donde, supongo, debe dormir
la voz de mis temores,
aquél encuentro con tus senos
desvelados, aquellos trinos
de pájaros salobres,
los precipicios
escurriendo por los labios.
XIII
Respiro gotas de negros aguaceros.
La muerte ha muerto,
y nada se asemeja a su mirada;
y extraño la tibieza de sus húmeros,
el lento desandar de su promesa,
la brisa de su boca descarnada,
los lánguidos encuentros taciturnos,
la copa de Passport que compartimos,
y la desolación en el bolsillo.
XIV
La muerte ha muerto,
como un copo de nieve en los zapatos,
en una media noche de alfileres,
en todos los relojes y el armario,
en la capa de niebla que nos ata
como clavos y lazos en el cuello,
como los colibríes de invierno y llanto.
XV
Amor de soledad, la muerte ha muerto
y no tengo quien me lleve por el brazo.
