México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2008 I Año 3 I Número 13 Publicación Bimestral I

 








 

Desde el canto de un río

 

Everardo Antonio Torres González- Nació en la Cd. De Durango, Dgo. México el 29 de septiembre de 1956.Cuenta con dos libros de poemas publicados en Pontevedra, España por la editorial “El Taller del Poeta”En 2007 su obra fue incluida en la Antología de la RED de Escritores de Durango  y en el colectivo El Color del Amor del Taller Literario Médicos Poetas. Sus escritos se difunden actualmente en la radiodifusora radio City FM de la Cd. de Corrientes, Argentina.Ha sido traducido a los idiomas inglés y portugués. 

 

I

Aquí muere la rosa

donde la pequeñez cierra los párpados
las caricias se abandonan a las manos
el éxodo relata la huella del insomnio
y el canto de los pájaros traspasa la saeta.

 

II
Aquí donde los peces estáticos y yertos
buscan la sombra bajo la mirada
para luego transformarse en piedra.


Aquí la cantera pare alas de gárgola
y desvanece el universo.

 

III
Aquí donde las sabandijas

horadan versos de cal y telaraña
el agua trasmina la desabrida piel.

 

 

IV
La suavidad de las heridas
penetra las arterias y el otoño.


La voz se apaga
en el agujero de la soledad
y el vuelo del ser
                        se trunca
                                   a medias alas.

 

V
Aquí donde se amuralla la espera
y una sombra de garza señala
el derrotero de todas las miradas…


Aquí la rosa palidece en la antevíspera
rojo que ya no es...
amarillo-sentencia
pétalos amortajados
                             cáliz de hiel
                                               sorbo-flagelo.
Aquí la rosa se calcina en la tierra.

 

 VI

Aquí se hunde la sangre en las arenas

en la siguiente madrugada

en el sollozo

en el temblor de los labios

en el halo de viento

en la mirada errante de las aves tristes

en los postes de acero que dividen los sueños.

  

VII

Y la tierra se anega

y el silencio se anega

y se anegan las manos

y las hojas

y el vértigo.

 

VIII

Las banderas ondeantes

los trémulos muertos

con su falta de oficio

con sus pocas palabras

con su espalda mojada

que se implanta en la tierra

en sus tiernas heridas

          en el llanto de invierno

                            junto a las caracolas.

  

IX

 

Todo vino de un sueño

desde un canto de río

silencio blanco en los ausentes ojos

en la sábana estéril

-que amortaja los muslos-

en los hilos de sangre que recorren los dedos

en el todo ha acabado

sin dolor

sin resaca

desde el canto de un río

y la risa de un pájaro

desde la cuna ausente.

 

X

 

Y se aleja la barca

con su cadáver triste

un disparo en su espejo

su moneda en la boca

los astillados huesos

en su cuerpo de lluvia

en su ropa de ortiga

en la rosa de viento.

  

XI

Máscaras blancas

en el fondo del río

cierran los ojos.

 

Y se beben la luna

derramada en la arena.

 

  

 

XII

Amor, no tengo quien me lleve
por el brazo
ni aparte el polvo gris
donde, supongo, debe dormir
la voz de mis temores,
aquél encuentro con tus senos
desvelados, aquellos trinos
de pájaros salobres,
los precipicios
escurriendo por los labios.

 

 XIII


Respiro gotas de negros aguaceros.
La muerte ha muerto,
y nada se asemeja a su mirada;
y extraño la tibieza de sus húmeros,
el lento desandar de su promesa,
la brisa de su boca descarnada,
los lánguidos encuentros taciturnos,
la copa de Passport que compartimos,
y la desolación en el bolsillo.

  

XIV

La muerte ha muerto,
como un copo de nieve en los zapatos,
en una media noche de alfileres,
en todos los relojes y el armario,
en la capa de niebla que nos ata
como clavos y lazos en el cuello,
como los colibríes de invierno y llanto.

 

XV
Amor de soledad, la muerte ha muerto
y no tengo quien me lleve por el brazo.

 

                                                                      

 

 

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