México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2008 I Año 3 I Número 13 Publicación Bimestral I

 








 

Jesús Ademir Morales Rojas. Nació en la Ciudad de México en 1973. Cursó estudios de Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México e Historia del Arte en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

 

Si Heidegger tenía razón cuando mencionaba que  la esencia de una obra de arte se relaciona con el “mundo” y la “tierra” que la componen; tal es decir, su contexto histórico-cultural y los materiales para su elaboración, cabe decir que “La Barca de Dante” es un claro manifiesto de cómo los medios pueden sublimarse, y superar al ideal que los impulsa: en esta obra es posible advertir el esfuerzo de su propia concepción, puesto que se forja a sí misma en una dialéctica épica, en donde “mundo” y “tierra”, se vencen y derrotan, uno a otra, alternativamente; puesto que el esfuerzo creativo del artista es reproducido por el contemplador, en la lectura de cada trazo, de cada segmento de la obra; tal y como el mensaje de independencia y autonomía buscado por Delacroix, bien podría manifestarse siempre actual, en cualquier momento histórico que se le presente a diálogo.

Admirablemente, en esta lucha estética tenaz, la barca marcha, indeclinable.

 ***

Obsérvese cómo, a diferencia de otras representaciones sobre el episodio, y tal vez con respecto hasta del mismo incidente, narrado en la propia Comedia; Dante, es quien comanda la marcha de la travesía con aventurada decisión. Aunque se sostiene en Virgilio, la razón, la herencia clásica, más bien pareciera que el florentino protege a su venerable y sabio acompañante. La historia entera de la civilización puede ser recomprendida, con esta variación practicada por Delacroix al tema: la mirada de este Dante, tan humano y sólo eso, apunta al horizonte siempre, sin titubeos.

***

 También cabe resaltar la postura de Caronte y de los condenados sumergidos en las infernales aguas: inspirado sin duda por Miguel Ángel y por Rubens, en cuanto al moldeo detallado y plástico de las musculaturas y siluetas de los personajes, Delacroix pareciera expresar en el movimiento concentrado del demonio conductor un cierto disimulo, un ocultamiento de cierta inquietud: ¿Acaso Caronte esta convencido de que el destino de  toda empresa humana, meramente humana, esta condenado a la incertidumbre más atroz? Sería entonces entendible la piadosa fiereza con la que los condenados tratan de impedir, desesperadamente, el avance del emblemático navío.

Nunca el derrotero de lo mortal ha estado determinado por tan incierta condición.

Aún

***

Es insoslayable percatarnos de que, mientras que Dante y Miguel Ángel siguieron rutas paralelas por el Infierno, para llegar al Cielo- plasticidad extrema transmutada en carne, lascerada y palpitante- Delacroix, los emula, pero más altivo, encarna su heroica epicidad, y mira con, por y desde ella,  hacia un horizonte enteramente terrenal y digno.

(¿Y justo?)

***

 ¿Y si el Dante de Delacroix no fuera sino la ilusión anhelante de Caronte, condenado a un ir y venir infinito, siempre indefinido, siempre límite? ¿Y si no fuese más que la concepción redentora de un alma enclaustrada en su propia esencia, ahogado de sentimiento?  Porqué si recordamos detenidamente, si bien en un principio el propio Caronte se opuso a llevar en su embarcación al viviente Dante, hacia regiones reservadas únicamente a los difuntos, a la postre Virgilio lo obliga a transportarlos diciéndole:
"Carón, no te irrites. Así se ha dispuesto allí donde se puede todo lo que se quiere; y no preguntes más."
¿Acaso Caronte recordó al ceder, a otro peregrino llamado Eneas, al que sólo permitió el paso, cuando éste le mostró la rama dorada de un árbol mágico, propiedad de Proserpina, consorte del gran Plutón, rey del mundo de los muertos?
Es posible que el tormento particular de Carón, fuese amar a una diosa nocturna, ajena e inalcanzable por completo, ni aún con todo el impulso de su barca ansiosa.
"Allí donde se puede todo lo que se quiere..." musita aciagamente el barquero infernal, cuando cruza el río llevando interminablemente a las almas transgresoras, pero no arrepentidas.
Y mientras que este resuelto Dante, prosigue hacia Beatriz luminosa, él demonio barquero enamorado se queda sólo ahí.

Y ahí permanece, ida y vuelta musitando...

 ***

(El firme trabajo del pincel practicado por Delacroix a sus espaldas, bajo cierta perspectiva, bien pareciera el recato de un sollozo perenne)

 

 

destiempos.com  I  Año 3 I  Número 13 I  2008 ©

volver al índice  

Copyright 2006-2008- destiempos.com - All Rights Reserved - publicación de 12e