Leopoldo de Quevedo y Monroy.
Escritor colombiano. Abogado egresado de la
Universidad
Libre de Cali y Magíster en Docencia Universitaria por
la
Universidad del Valle.
Ha publicado Confesiones de un cura casado (Corredor,
1999), El anteproyecto y el proyecto de investigación,
los poemarios Versos sacros y profanos (Artes Gráficas
del Valle; Cali, 2005) y Cotidianidad en Re-verso (Artes
Gráficas del Valle; Cali, 2006) y diversos textos en los diarios
El Tiempo (Cali), El Liberal de Popayán, la Revista
Plenilunio y en las revistas virtuales Cronopios,
Letralia, Árbol Invertido, Redcamaleón, Inventiva Social, y
Redyacción. Invitado a “La Hora de la Poesía”, Feria del
Libro en Bogotá (2005), V Festival Internacional de Poesía en
Cali, XI Feria del Libro Pacífico, Museo de Artes Decorativas
de Ciego de Ávila, Cuba, 2005 y Primera Feria del Libro, Tinta y
Papel, de Palmira, Colombia. 2007.

Manuel Mejía Vallejo, doctor Honoris Causa de la Universidad
Nacional, Medellín, nacido en Jericó,1923, y fallecido en 1998 en
El Retiro, Antioquia, al lado de Tomás Carrasquilla representa con
sus obras en prosa, entre novelas -11-, cuentos -209- y coplas
-400-,
(1)
la idiosincrasia verbal del pueblo paisa. Mejía Vallejo, premiado 18
veces y el primer latinoamericano en recibir el Nadal -1963- no tuvo
tiempo para aspirar a más ni mejores premios, pues el oficio de la
literatura no se lo permitió. Ejerció el periodismo, fue catedrático
universitario y escribió libros varios libros de poemas.
Mejía Vallejo no se alinderó en movimiento o grupo alguno. Sin
embargo, Ayala lo ubica entre quienes hicieron época del “realismo
crítico”(2).
Sus novelas y cuentos se sitúan en el pueblo de Balandú, imaginario
y mágico, pero tan real como cualquiera de los remotos y
tradicionalistas villorrios antioqueños. Los hombres que caminan por
sus calles y conversan en las tiendas y cafés, al parecer, son mucho
menos abundantes que las mujeres que dan motivo a sus picantes
charlas. Parece que todos hubieran nacido adultos. La vida es dura y
atrevida como sus caminos de herradura.
La novela Aire de Tango,
(3)
premio Vivencias 1973 en Cali, fue precedida por La tierra
éramos nosotros, 1945, Al pie de la ciudad,
1958 y El día señalado, 1963. El lenguaje que aquí se
encuentra es el típico de habitantes pueblerinos que hablan de su
tierra, sus costumbres, el modo como tratan a sus mayores y a las
mujeres. En Aire de Tango Mejía Vallejo intenta reflejar la
raigambre del tango argentino entre el pueblo. Centra la historia en
Jairo, quien idolatra a Gardel y en el barrio Guayaquil en los
comienzos de los ochenta, -el más bohemio de Medellín-, ciudad en la
que murió el Zorzal. Se refiere a Balandú 37 veces, en donde pasó
Jairo su niñez, donde dejó a las Tías, de donde son sus amigos y de
donde guarda emociones de sus primeros años.
Si usted no conoce a Balandú, debería hacerlo. “Fue una ciudá de
puebleños, hijos de puebleños y pensando como ellos, los de las
montañas”.(4)
Sólo por oír hablar a su gente y escuchar su acento y su lenguaje
que, casi es un borbotón de dichos, gracejos y refranes, a renglón
seguido. Balandú es un lugar como un puerto de río o como una caseta
de esquina, en la que todos se reúnen a comentar el suceso diario
que no es otro que el chisme del muerto, de la venta del mejor
caballo o de la mujer que durmió con el viajante.
De Balandú vinieron a Guayaquil hombres curtidos, cargados de sus
historias y algunas mujeres que se aburrieron de la vida quieta y de
las lenguas maledicentes de sus querencias.
Balandú existe por obra de los hechos “macanudos” que aquí suceden.
No es una imaginación de alguno de los protagonistas ni un cuento
muy prolongado. Por lo visto, allí nacieron todos con cinta
grabadora de exageraciones y tangos de letra gruesa. Porque su
vocabulario parece sacado de un diccionario hecho con letras de
milonga, valses y tangos. Balandú es como un concentrado de dichos,
expresiones y asombros. Es el producto de décadas de gentes criadas
entre tiendas, hornos de leña, recuas de bestias y recodos
peligrosos, amasijos con harina, con vasijas y accesorios
abigarrados en las cocinas o el solar. El caballo, la mula, el
marrano, los patos y el gallinero son parte de su paisaje. Aún no
llegaban buses escaleras ni tren, ni conocieron las fuentes de soda.
En este ambiente el lenguaje es arisco, a veces alevoso, provocador.
Temas de los 56 refranes en Aire de Tango :
Mejía Vallejo tejió con maestría la picardía del lenguaje paisa a lo
largo de su prosa. Va salpicando cada párrafo con palabras
reencauchadas, reconstruyendo para la historia de la lengua, el mapa
del habla de la barriada de su tiempo. Y no sólo rescata del uso
palabras sino expresiones, giros y decires que son propias o
exclusivas de la gente venida de Balandú, ese pueblo insignia de
tradiciones, de casas de teja de barro y de adobe. De allí salieron
para la gran ciudad los muchachotes y mujeres alegronas que
manotean, ríen y beben en las páginas de su libro.
El escritor paisa, amante de su terruño, nos recoge sin rebozo, las
inquietudes, tristezas y alegrías que salen por las bocas de sus
personajes y fantasmas reflejadas en los refranes. Aquí los traigo
para usted, uno tras otro, por tema, con el dato del número de
página.
La muerte.
Este tópico es crucial en cualquier pueblo y cultura. Es imposible
obviarlo. Inquieta al villareño y al citadino. Por ello, lo guarda
en el inconsciente y al menor descuido aparece. En Aire de tango se
habla de la muerte con frecuencia por la rivalidad entre hombres por
la mujer, por el temor de ir a la cárcel y morir allí. Al fin y al
cabo la novela se ocupa de narrar la vida de gentes de bares,
esquinas y cuartos de mujerzuelas, que como sirenas atraen hasta
provocar la muerte. “Que me maten pero que no me linchen,
10
muere lo que se olvida,17
los dotores también se mueren22
hasta que la muerte nos tumbe la escalera y nos vacíe el tarro
encima,70
quien mucho vive mucho muere,148
si nos hemos de morir, vamos enfermando de una vez,150
al que por gusto muere hasta la muerte le sabe,205
morir a tiempo no es ganar,23
la muerte viene a ser lo mismo que la vida”…23
La mujer.
Hablar de la mujer entre los hombres, está dicho, es un lugar común.
Por ellas se vive, se pelea y se mata. Aunque se habla mal de ella
en su ausencia y se le hacen chistes, a veces, sórdidos y
denigrantes. Así lo registran los refranes que son verdades
populares encerradas en una frase. “Sólo hay una hora y una mujer,124
en lágrimas de mujer y en cojera de perro no hay que creer,171
tenía una hija tan fea, que cuando iba a orinar cogía el chimbo a
patadas,99
al que no tiene plata, lo cama lo mata y si tiene mujer se acaba de
joder,117
debió tener el clítoris como chimbo de costeño,154
mujer que se mete con cura, coge rastro de mula”.204
La suerte.
Los bajos fondos, la gente que vive en las barriadas de ciudad, está
cundida de agüeros, amuletos, supersticiones y creencias en la buena
o mala suerte. Cifran su destino o su estado con un contrapeso con
el que cargan. La suerte no depende de la propia voluntad sino del
día, del acaso, de la estrella en que se nació. “Cuando uno está
de malas hasta los perros lo mean,77
todo gavilán tiene su cirirí,111
el que madrugó un talego de oro encontró,117
una cosa es cacarear y otra poner el huevo,149
el desconfiado también lleva las de perder,123
caer pa levantarse no es caer,21
palo que tira es palo que pega”.85
La vida.
Estar vivo es un peso con el que se tiene que contar. Ni el trago,
ni las mujeres, ni el dinero pueden compensar ese lastre. Lo saben
los hombres que nacieron en Balandú y lo van comprobando día a día.
“La vida es corta aunque la juma sea larga,123
la vida empuja al que está pa caerse,202
Los vivos no perdonan, ¿cómo hablar de los muertos?”
233
Los animales.
Con animales domésticos el hombre del campo o de pueblo aprendió a
vivir. En su manera de “comportarse” se mira como en un espejo. Y
así va modelando su lenguaje. Entonces, los animales son los seres
de la creación que más se parecen al hombre o, al contrario. “Según
el marrano era la horqueta,45
el pior pinche se lleva la mejor guayaba,44
la flojera no es de gallos,47
aquí tuerce el rabo la marrana,78
como la mula, si no patea, recula,84
canta más un pollo al horno,109
como a los perros junto al dueño, algún hueso le tiran,110
las gallinas de arriba se cagan en las de abajo,128
acabó hasta con el nido de la perra,129
al perro más flaco se le pegan las pulgas,184
se cura con pelos de la misma perra,132
animal el hombre ¿quién más?”
242
Los recuerdos.
La melancolía es fiel compañera de días y noches del hombre en Aire
de tango. La vida transcurre lenta y sin esperar que un mañana
mejore la situación. La mirada es corta y no hay para qué cansar al
cuerpo. Más bien, el recuerdo hace retroceder la vida y la tira de
una cuerda larga. “El que va pa viejo va pa pendejo,100
las cosas no se van, el recuerdo se mea en uno,89
el recuerdo chuza como las inyecciones,190
¿lo bailao quién me lo quita?”
233
El dinero.
¿De qué se vivía en Balandú y de qué siguen viviendo los que
trasladaron a la ciudad? Del rebusque y de la suerte. El dinero se
lo encuentran en el juego de azar o de mano del amigo que estira
unos pesos regalados. El dinero se consigue a cuchillo, con lotería
o se lo encuentra en la caja del billar. No por madrugar le
ganará la carrera al sol para ver la luz. Pero eso, sí. Los negocios
se pagan ya. No hay lugar en este mundo para los que “pegan” el ojo
a las sábanas. Tendrá que morir como un pobre honrado. “No por
mucho madrugar amanece más temprano,116
más acabao que la honradez,34
plata en mano y culo en tierra,97
cada cual se afana por lo que le toca,103
ojo pelao, que el camino es culebrero.”119
Religión.
La resignación y la religión van juntas para quien viene de Balandú.
Si le va bien al hombre se lo debe a Dios. Si le va mal, ni el
diablo lo podrá arreglar. Dinero y religión van de la mano. Al que
reza le ayuda Dios, pero al que se queda callado, se lo lleva el
diablo. Es la lucha sempiterna: o Dios o el Diablo. Dios apreta
pero no ahorca,172
el que peca y reza, empata,179
al que habla solo sólo le contesta el diablo,85
esto ya no lo compone ni el diablo.”130
Elementos caseros.
La comida, la huerta, la cocina y el aguante son el diario de los
habitantes de pueblo. No hay carne, pero sí afrecho para la arepa,
mazamorra y mucho fríjol. Es el plato preferido del paisa de la
montaña. “Alabate, coles, que no hay frisoles,21
el capacho no hace la mazorca,22
palo porque boga, palo porque no boga,85
amor, tos y humo no quedan en secreto.85
no más martillo, que aquí se dobló el clavo”.79
Ingenuidad.
La viveza o avispamiento es cualidad del paisa raso. Nadie le gana
en ganar una apuesta o en un campeonato de exageraciones. Sin
embargo, en el fondo, se encuentra la necesaria ingenuidad para
hacer creer al amigo que cae o para volverlo a la realidad cuando el
chiste ya ha pasado. Una mitad de los paisas viven a costa de la
otra mitad. Y los chascarrillos se hacen tomando por comodín el
objeto más inocuo. “Si le tapan la boca, rebuzna con el culo,23
más tragao que media de montañero,171
aquí la gente se ríe con vergüenza, pidiendo perdón por el abuso,176
no creo en gallo blanco ni en peón barbao,187
mejor caer que quedar colgando”
191.
Palabras reencontradas
Mejía Vallejo pereciera no haber necesitado recorrer mucho el
territorio montañoso de Antioquia para darse cuenta de la riqueza y
la novedad de su lenguaje. Le bastó acercarse a los personajes
oriundos de Balandú, el pueblo de los embrujamientos.(5)
Allí charló y escuchó el acento erguido y alegre de Ernesto Arango,
Juana Perucha, la Mariello, las Barbaritas, que vivían en la
última calle del pueblo(6),
Eduvigis, la Cortucha, Chelito, la macha pa cantar y trovar
(7),
las Tías que le jalaban a la plancha de chimenea o a la máquina
Singer(8),
la Cachorra con un solo vestido, Eusebio Morales su enamorada Piedá
Rojas, Antonio y María Eugenia
(9),
Pascasio con su fatal y brioso Tirano, que son la fuente
principal de sus pesquisas.
Fuera de los mil y más refranes que saltan como liebres en el camino
de la conversación cotidiana del paisa y hacen vibrar a quien se
entromete, hay dos formas de exaltar la cantidad de una cualidad o
de unos hechos. La primera son palabras que terminan en “era” para
significar repetición siempre exagerada que genera sorna o hastío.
“Comencé a saboriar mi llovedera58,
esas versiaderas entre trago y trago185,
hasta que la jartera los echaba a buscar movimiento38,
se volvía triste la lloradera101,
las borracheras nos servían pa no pensar139,
paciencia y caminadera la de esos manes…121,
cantaba …sin la berriondera del viejo30,
y acaba la fregadera que le tenía44, la tiradera de cuchillos87,
la Tía era rezandera…143,
vieran la cara pispa y su calladerita126,
la gallada lista, la enfiestadera105,
la cárcel da pensadera139,
jálele a la andadera por los almacenes144,
cantaba…sin la berriondera del viejo30,
que flojera no es de gallos47
todo lo mea, dijo en charladera…174,
también le dio la calladera…174,
la engañera de Pascasio179,
cansona la preguntadera230,
tomaba a pecho la rezadera246,
la viejura y la borrachera78-
100,
¡Qué verraquera!,… hay un punto en que se las sabe todas”243.
La segunda manera de nombrar gran número de conductas o cosas, el
balandueño utiliza los sustantivos o adjetivos añadiendo la
terminación ío-ía. Entonces crean un conjunto de expresiones sonoras
y distintivas de su terruño.“Llegó a honrao de pura tramposería34,
allá caían los pueblitos, el maleterío…¡que tumben, carajo!67,
sembrando su materío en tiestos de barro83,
pa que jodan con la mariconería104,
cuál cacorrería?104,
los regalos que tiraba por el ueblerío121,
rodiao del genterío136,
entre el riserío de todo el mundo159,
el palabrerío de los pegajosos161,
que fue la machería en tiempos mejores173,
puñalerío en sus volteretas198,
perrería que uno hace hasta matarlo201,
y todo ese niñerío y viejerío enfermo bajo el aguacero”219.
Encontramos en Aire de tango un castellano diferente del que se usa
en el interior del país o en las costas atlántica o del Pacífico o
en los santanderes o el Tolima grande o en la región caucana y
nariñense. Es el del típico arriero o vendedor o campesino de
carriel y ruana que entra a un café o al billar a jugar un chico.
Las terminaciones de palabras en dad, pierden la d y las pronuncian
con naturalidad y acentuando sin timidez la vocal. Particularidá15,
soledá, maldá92, preciosidá111, humanidá135.
Hay expresiones que se pudieran catalogar como modismos y sólo se
encuentran hoy día en la región que antes se llamó el viejo Caldas y
algo en el Valle del Cauca. Pero Mejía Vallejo las tomó del ambiente
de Guayaquil y sus cafés y esquinas. Doy vueltas a mis
soledumbres140,
trae bravuras las vida45,
rumbaban las fiebres61,
después nos agarraba la risa83,
agarraba la neura
17,
la vida es un talegao de vainas98,
para guachaquiar, mujeriar y rocheliar92,
seguir picaíto y demás cosiámpiras de ellos34,
juntas hacen el disgusto, el reclamo y la separancia74,
ni que estuviéramos enyerbaos o embrujaos86,
él por su lao con sus muchachas81,
de piermas gorobetas108,
en sus momentos fregaos81,
hecho un puro bulto esgonzao77,
gritando con su menca sonrisa71,
muerganiábamos115
chichiguando en dao122
y si no hay vigilancia y comparancias74,
la jodencia91,
agachada con tristura46,
doy vueltas a mis soledumbres140,
la viejura es vivir manoseando recuerdos46,
el asunto es de lao y lao91,
llaman los tahúres a la runfla de daos…22.
Muerganiando
en serio, Mejía Vallejo nos echa el cuento de Jairo y sus cuchillos
guerrilleros, en la sucursal de Balandú en la vieja Medellín.
Estamos seguros de que sus personajes, sacados de su sangre errante
y bulliciosa, son hoy el trasunto de viejos y malevos compadres que
bajaron de la montaña para asentarse en la “bella Villa”.
Nota : Después de cada refrán y expresión aparece el número de
página en que se encuentra y con la ortografía del original.
Referencias bibliográficas:
(1) ESCOBAR MESA, Augusto. Estudio bio-bibliográfico
de Manuel Mejía Vallejo. Medellín: Biblioteca Pública Piloto, 1997
(2) AYALA POVEDA, Fernando. Manual de literatura
colombiana. Realismo crítico. Bogotá: Educar. 1984. Págs. 295, 206.
(3) MEJÍA VALLEJO, Manuel. Aire de tango, Premio
Vivencias 1973, Cali: Plaza y Janés. 2ªed.1979. 256 p.
(4)Ib. Pág.138
(5)Ib. Pág.162
(6)Ib. Pág.40
(7)Ib. Pág.100
(8)Ib. Pág.102
(9)Ib. Pág.136
