Rosa Ramos Frigola
Articulista española (Figueres, 1970). Colaboradora desde 1998
en el semanario Veu de Sóller, de Mallorca (Islas
Baleares). Y en el semanario Empordà, de Figueres
(Cataluña) desde 2006. Ha publicado también artículos de opinión
e informativos en los magazines El Bolígrafo y
Letralia.
Atreviéndose también con la narrativa corta, la poesía y los
cuentos infantiles, todo ello
en la red.

José Vidal Valicourt (Palma de Mallorca,1969) es poeta y escritor.
Un español residente en las Islas Baleares que arrastra una calmosa
herencia francesa, aunque la ciudad que lo absorbe es Lisboa.
Es autor de los poemarios: “Encuentros y fugas” (Ed. Opera Prima,
Madrid,1999) “Ruido de fondo” (Ed. Calima, Palma de Mallorca, 2000)
“La fiebre de los taciturnos” (Premio Fundación Maria del Villar
Berruezo, Tafalla, Navarra) “La playa de las gaviotas cojas” (Ed.
Opera Prima, Madrid, 2003) Y
los que nos ocupan:“La
Casa de Mallarmé” (XXIII Premio Leonor, 2004 Ed. EXCMA DIPUTACIÓN
PROVINCIAL DE SORIA) “Zona de Nadie” (X
Premio JOSÉ DE ESPRONCEDA Almendralejo, 2005 Ed. Del Oeste
Ediciones)
Se describe a sí mismo como el hombre de los mutismos salvajes,
momentos en los que ni siquiera responde al teléfono. Cultiva además
la destreza de la ausencia presencial.
Se alimenta de los paisajes de la Sierra de Tramontana en Mallorca
aunque no duda en afirmar que cualquier lugar es adecuado para la
escritura.
Su temática principal es la mujer de superficie y de fondo, pero no
cualquier mujer, solo aquella que no acepta certezas sino
improvisaciones del alma.
Vidal-Valicourt improvisaba, sin duda, al escribir sus primeros
poemarios con más vehemencia que en los dos últimos. Aquella poesía
primeriza, era arrancada de sus entrañas o como se ha oído de su
boca: “Escrita con las tripas”, puede que tuviera algo de
adolescente desbocado que se emociona soñando con los senos de las
mujeres.
Estamos ahora frente a un poeta adentrándose en años, acumulando
juventud y experiencia. En su escritura la mujer sigue siendo
protagonista, no podría ser de otro modo; aunque el hilo conductor
se decanta hacía materias más abstractas, si eso es posible, como el
silencio, los espacios vacíos que toman cada vez más amplitud y se
hacen sonoros. Poco a poco se asoma el hombre que corta el cordón
umbilical, deja de ser niño y de amamantarse. Muestra una visión
nueva de la mujer, desde esa óptica, ella es compañera y cómplice en
la distancia, ausente, lo justo como para aportar sin invadir.
Después de una parsimoniosa lectura, sorprendemos en el texto
subterfugios que rezuman a la superficie, que iremos destacando.
“La Casa de Mallarmé”
podría dividirse- tal y como de hecho se hizo- en tres fracciones
interrelacionadas por oquedades. Las páginas que pretendían estar
silenciosamente en blanco, se rebelan contra el autor
transformándose en subdiscipulas de Mallarmé, Pessoa y Vidal-Valicourt
respectivamente. Modestamente, Vidal-Valicourt se coloca como
colofón de su propia obra. En el poemario posterior “Zona de
nadie” percibimos ese don de la ubicuidad que le permite ser él
mismo y a la vez distintos personajes. Así suplanta a Mallarmé,
cuando en su tristeza de verano, busca “esa nada desconocida, tuya”.
O a Pessoa, de quién tal vez asimilara el talento de la
multiplicación. Como el pintor timador que simula dar burdos
brochazos con pinceles que no son de su propiedad al lienzo en
blanco, la nada y la multiplicación, consigue sin embargo un fino
trazo hasta alcanzar “el triunfo discreto del silencio” con “la
palabra que pide ser nombrada” o su propia identidad, aquella que no
se atreve a pronunciar en voz alta.
En la primera lectura distinguimos claramente los silencios brutales
que pueden ser incluso violentos, solo después entendemos que
significan. Al releer versos como “el mutismo no es silencio. Solo
interrupción del habla” o “Escribo el silencio de tus pies…escribo
para empujar estos límites, para hacerlos irrisorios” incluso “La
respiración humilde de tu sueño. Tumulto del silencio”
Esos huecos no son ausencia de comunicación, son conversaciones
encubiertas, disfrazadas de poemas, así dice: “Aquel poema fue
escrito bajo códigos destrozados”. Dice, sin decir, dice lo
indecible cuando se siguen las normativas del saber vivir.
El poema central “El Estanco de Pessoa” merece atención particular;
es un relato poético que refleja la lucha interna de un hombre
contra su mundo, a la vez que nos hace de guía turística de Lisboa.
Vemos un sutil marketing en el verso: “Mi monólogo exterior, en mi
ruido de fondo, en mis encuentros y fugas, en esa extraña fiebre que
ataca a los taciturnos” Enumeración de tres de sus primeros
poemarios.
En la tercera parte, “El clamor se articula dentro de los silencios
reunidos” nos parece como un llamamiento a que le prestemos
atención. Cuesta entender a que son clama; pues nuestros ojos están
ya puestos en él.
En “Zona de Nadie” su último trabajo poético publicado
asegura que está en ese lugar impreciso “alejado de los puntos de
partida y de los destinos”, que su verbo preferido es declinar y “la
palabra que se le hiela en los labios: Fuga”.
Los poemas parecen perlas de vida o fotografías descritas de
momentos preciosos para el autor. Un ejemplo claro es “La Visita”
dónde visualizamos al abuelo, excéntrico escritor que parece ser la
vergüenza de la familia, y el auténtico guardián del silencio. Con
toda probabilidad y fuera de todo pronóstico, sin ser mujer, el
abuelo es su musa perfecta.
