Rosario Olivia
Izaguirre Fierro.
Profesora
investigadora de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Grado:
Doctor en educación. Artículos:
La
lectura fílmica una intencionalidad de presencia educativa,
Revista Razón y Palabras 58, en línea: razonypalabra.org.m.
El cine mexicano en los noventa y la propuesta narrativa de la
representación de la mujer”, en prensa, revista”. Revista
Ciencia y Tecnología 14, Universidad autónoma de Sinaloa;
La
mujer y la confrontación con los códigos de aventurera,
insumisa y libertaria en el trayecto del texto fílmico”,
revista IIES, UAS; “Un libro para leer despacio”, Revista
Acción educativa 8, UACE, Universidad Autónoma de Sinaloa,
2008.

Para el mentiroso de mentiras
“Déjame hablar, mordaza, una palabra
Para decir adiós a lo que amo.”
Rosario Castellanos
“El amor es para este mundo y para el otro”
Elena Garro
Reunir la política, Dios, la magia y el amor entre dos mujeres con
un vivir pleno de disparidades, equivale a sitiar los espacios
narrativos que proyectan una propuesta del mundo transitado desde la
mirada de mujer y, la puesta en escena de lo femenino. Elena Garro
respira los colores que dibujan la piel tornasol del mundo.
Envuelta esta narrativa en el pleno de la protesta y la batalla,
como el himno del ser que emprende el tallar con sus manos el
amanecer tallando las huellas de la sombra adormecer la noche. De
Rosario Castellanos el sabor agridulce del sueño y su despertar de
los perfumes, que resplandecen al dar las formas de lo femenino.
Lleva en su plenitud, la nostalgia del amor implorado en la lentitud
de la piedad, en el grito que desgarra la agonía de ser mujer. De
ellas es posible trazar una ruta: la mujer, lo femenino y el
discurso masculino como eslabón donde es posible visualizar la
política, el misticismo de Dios, la magia y el amor.
En estas disparidades de vida se encuentra un segundo de convivencia,
que se traduce en el tiempo y, el interminable momento de ser y
saberse presente en el mundo. En esta manifestación, se conjuga la
estampa de un almanaque, que gira las hojas como tendones que atrae
a la batalla las voces femeninas colocándolas en el cuerpo estético
de ese tiempo. Ante la idea de todo es política, en cualquier lugar
se encuentra Dios y el amor hace hablar el mundo, estas dos voces
escuchan el latido de los pasos de las mujeres y lo vierten en la
magia de los versos e historias, que trenzan pequeños guijarros
confabulados de colores y perfumes: el dolor de la ausencia, la
metáfora de oponerse a un sino del destino, las miradas que cuentan
historias desde la ternura de la infancia, la pasión vehemente de la
juventud plagada de sueños y los hilos que cuentan el exilio, la
soledad, las flores y los duendes, el dolor ,la nostalgia, el
arrebato, la pobreza desamparada de la opulencia, el desamor no
convidado y la incomprensión en el mundo de la política, escenario
que se nutre sin telar femenino. Todo esto, como estela de cometa en
el firmamento hace llegar hasta el infinito de la esencia humana,
una propuesta de verse mujer ante la tierra que se pisa, las
voces que se escuchan y el silencio que las aquieta en el miedo.
La ternura de Elena Garro se mide en la caricia de sus palabras que
hacen explosión en el silencio. El deseo de creer en otro mundo, se
convierte en un ejercicio paralelo del tiempo y el orden conjuntado
al silencio con el sonido de la ternura. Dibujo del cuento “El
Duende” marcando esa línea: “A las tres de la tarde el sol se
detenía en la mitad del cielo. El silencio podía estallar en
cualquier instante y el jardín podía caer roto en mil pedazos”. Ese
trajinar del silencio le otorga el poder de acallar el mundo, de
hacer que la vida se fragmente y ruede en mil pedazos. Ese silencio,
que no deja pasar la vida lo conduce a explicar el paso al otro
mundo. Y llegar a éste es un transitar “una caída sin fin del
pozo negro que era la muerte”. La muerte como vigilante del jardín
en espera de ese silencio, el lugar de encuentro sería distinto para
cada quién, nunca el mismo, “nunca se encontrarían, porque todos
caerían en diferentes horas”. Un tiempo distinto para cada quién y,
en ese tiempo no hay encuentros, no hay tiempo para volver acercarse
quienes estuvieron unidos por la vida. El ardid que confunde a la
ingenuidad lo lleva la estrategia de la fantasía: se va al otro
mundo sin cuerpo, sin nada de recuerdos del mundo presente. Esto es
pretexto para dar cabida al juego fantástico donde la realidad tiene
vida dando forma a la imaginación de la existencia de Dios, ¿Has
visto a nuestro Señor? Es un juego que brota desde el personaje que
crea la mentira y la hace creíble, es ella la que dibuja al duende,
le da presencia para salvarla de una y mil mentiras. Sin embargo, el
duende tiene vida en la suerte de las alturas del tejado, donde
brilla con la verdad ante su única amiga:
-Tú sabes que no fui yo. ¿Verdad?
-¡Claro que lo sé!
Sí Dante enjuicia la traición, Garro la mentira y protesta ante la
verdad que se esconde y es vencida. Se acerca a Dios en lo poético
del tiempo y el lugar. A Dios lo coloca en las alturas y un paso
abajo al hombre, cada uno con su poder, así en “Andamos huyendo lola”
lo detalla:
“Hablaré de ustedes con mi hermano Chuky. ¡Él tiene poder! Mucho
poder, allá arriba. No quiero decir en el último piso, allí sólo
vive Dios”
En ese plano del mundo dividido vierte lo injusto de la vida, ese
poder que no se mitiga ni en el abrigo de los diez mandamientos, así
en el cuento, “El niño perdido”, deja ver ese desamparo “La vida es
injusta hasta en los diez mandamientos”. Sin embargo, es el llamado
a moverse a oscilar el caminar para hacer la vida. Esa protesta hace
a los personajes encontrarse en una nueva ruta de la ciudad. Eso sí,
la ciudad en Garro es un laberinto de encuentros con el conflicto
político, plagada de un tiempo imposible de esconder, los
revolucionarios, el clandestinaje, las pintas, la revolución, los
parásitos burgueses y un personaje enjuiciada como enemiga del
gobierno en plena huida acompañada de su hija y el gato Serafín.
El Entender la política en Garro, es entender el vivir en plena
libertad de decir y hacer el mundo. Es la provocación que construye
el paisaje que deja ver intencionalidades que muestran el gesto de
la faz social. Reconoce en ella cada respiración y su estancia que
se aposenta hasta en las historias de amor. Es ella la que otorga
una decisión y, en ella se puede medir la presión social, tal como
lo hace el mercurio en un termómetro. Ese líquido que transita hasta
marcar un momento que se detiene y describe una lectura social,
esto es lo que marca en el cuento “Era Mercurio”. Relatar los
preparativos de una boda y el momento de la designación de
candidatos del PRI y la figura de Carlos Madrazo, desde los
intervalos de los encuentros de la gran familia de la política y, la
posibilidad de la renuncia como candidato presidencial:
-
¡Habrá que felicitar discretamente a Pancho…-dijo uno de
ellos haciendo con los dedos la señal de pesos
-
- su campaña fue magnifica , no entiendo cómo ahora se le
cuelan encabezados como éste-dijo uno de ellos señalando las enormes
letras: “QUE NO SE ACEPTE SU RENUNCIA”
Los dos eventos en el verbo de renuncia son marcados por el mercurio.
Qué tanto significa renunciar, la respuesta es dada en la presencia
de dos mundos construidos en la política y el amor. La presión
social que se manifiesta en intereses de grupos políticos llevan en
sus brazos el devenir de las decisiones de los candidatos de acuerdo
al oscilar del mercurio, de la misma manera el matrimonio tiene
oscilaciones marcadas en el amor. Describe desde este rasgo un
momento de la vida política del México de mediados del siglo veinte.
En el relato retoma la mirada masculina en el personaje y, su
preludio de un día antes del matrimonio, en su devenir de pintar su
mundo interno y el caminar del mundo externo. Esa protesta que
aflora cuando se admira a quien decide renunciar a todo a cambio de
la libertad:
-¡Madrazo es un tipo extraordinario!
-¿Extraordinario?-preguntó don Ignacio con sorna.
- Nadie se atreve a renunciar a nada…
Qué decir de la política y Elena Garro, sí aquella es su piel
encadenada a la lucha del pueblo. No importa retar al poderoso para
llevar en las manos la justicia de una revolución que dejaba
pendiente sus estandartes de reparto agrario y de mejor vida para
el campesino. El color tornasol es de ella, de éste hace su
trinchera coloca cada espacio en un sitio para definir la política,
“La política es el resultado del pensamiento. Sucede en el nivel de
la acción y cuando el pensamiento va a la zaga de la acción, el
pensamiento se convierte en la justificación del hecho consumado, y
la política se torna confusa y perniciosa”, así el decidir es la
acción que lleva al personaje admitir ¿Por qué no dije en ese
momento que admiraba al político que había cometido un acto que yo
era incapaz de realizar?
Sí el tornasol es el color de la política en la obra de Garro, en la
razón que en éste reclama la acción política que lleve al individuo
a su interior y se reconozca en ella, el amor lo dibuja con el color
de la espera, de la hora interminable del encuentro eterno. Así
política y amor se teje en lo íntimo del ser como el himno que
pregona lo humano. En esto se encuentra la magia, saberse amado en
la espera, saberse olvidado en la misma espera y saberse abandonado
al recuerdo de la espera. Lo marca en el sueño mágico de saber que
la eternidad es solamente, la espera. Tanta sencillez de un título
para hablar del amor, lo despoja y descarna al preguntar ¿Qué hora
es…? La espera de la vida y la seguridad de la protagonista “el
amor es para este mundo y para el otro”, sentencia marcada en la
hora las nueve cuarenta y siete, ese es el único instante que tiene
validez. Cuanta dulzura en la muerte de Lucía Mitre, “cubierta con
su chalina de gasa color durazno. Cuánta precisión, muere a la misma
hora de la espera, las nueve cuarenta y siete, momento de la llegada
y encuentro con aquel hombre tan esperado, que acude a ella sin
dilación a la hora convenida.
Esto es lo mágico de Elena Garro, lo incansable de su pensamiento en
una cruenta batalla donde sus armas las construye con las voces que
forman eco en las entrañas del mundo humano. Lleva en sus manos el
rostro de quienes proclaman existencia los hace imágenes y en ellas
se funde. Es posible pensar en ella como activista social en el
marasmo del 68 y su exilio, en aquella lucha emprendida por demás
incomprendida y reclamante de ser puesta en el escenario político
cultural …
¿Por qué Rosario Castellanos? Por ser la otra trinchera donde el
cuerpo de mujer y la pregunta ¿Quién soy yo? atraviesan el cuerpo de
la historia. En esa respuesta define una batalla al interior de esa
pregunta. En esta constante establece en buena lid su canto en
protesta ante el silencio, ante la fuerza que opaca la sombra, ante
la mordaza que no deja escuchar las voces que estruja en su celda.
El amor se hace palabras con sed de ser escuchadas, protestando un
lugar, advirtiendo su frenesí, no sin la galantería de saberse
dama, no implora, le hace saber su presencia: “Déjame hablar mordaza
, una palabra para decir adiós a lo que amo.”
Caminar con Rosario Castellanos es una travesía al cuerpo que
sostiene el alma de lo femenino. Es ir dispuesto a conocer y
reconocer cada sonido que emita ese astro en el universo del
vivir cotidiano, clama la identidad de la mujer, “Soy hija de mí
misma. De mi sueño nací. Mi sueño me sostiene”. Escucharla es ver
cada pliegue que el aire emite en sus perfumes, no queda en vano a
cada momento la pregunta ¿Quién soy? La vuelve a lanzar a esos aires
perfumados del carmín que emite murmullos de unos labios sedientos
de ser escuchados.
Subraya esa necesidad de dar sonido a la cítara silenciosa desde
los hilos que marcan los compás del vivir, exigiendo soltar las
amarras a esa barca a la soledad y el miedo. Es ella la que llama a
estar en cuerpo presente con la furia del vendaval que hace sonar el
sigilo de los pasos. Este es el arcano donde da la batalla y convoca
a tener voz, a no temer a ser y estar en el mundo, proclama que
emite el himno “Yo no voy a morir de enfermedad ni de vejez, de
angustia o cansancio. Voy a morir de amor.” Esto la hace no tener
tregua, estar alerta en los sabores de la soledad, tristeza y
abandono para emerger desde el abismo profundo, con la flecha
cristalina alumbrando un espacio oscuro, donde nace el ser en el
abrazo, donde ya no sea vergüenza la soledad.
El almud que tiene para luchar, no es el de Ana la de Tolstoi, ni
Madame Bovary, ni Magdalena, asume en su pensar poético, tiene que
existir “Otro modo de ser humano y libre”. Así, que retoma la
diversidad del vivir de la mujer, lo celebra conocedora que cada
imagen existe en el firmamento: la casada y su rutina, la soltera y
su libertad, la divorciada, “tan mula como todos”, el amor lésbico y
la señorita. Por qué no ver en sus poemas esa política educativa que
excluye a la mujer y la incluye en los proyectos de dominio, de
sujeción, abandono y soledad. Por qué no ver en sus novelas, la
enseñanza del oficio otorgado como equivalencia, al feminismo desde
un discurso que atiborra en la actualidad las regiones culturales
del México del siglo XXI.
Sí en la poesía se pregunta ¿Quién soy yo? En la novela afirma, “Soy
yo. ¿Pero quién soy yo? Tu esposa, claro.” En “Álbum de familia”
deja la fotografía en movimiento de las mujeres que habitan lugares
en la semioscuridad, les da voz, las hace hablar unas a hurtadillas,
otras encaradas por la desolación, pero hablan. Dónde se encuentra
lo mágico de esas mujeres limitadas en el decálogo del deber
femenino. Esos destellos que emiten en sus quejas prisioneras de sus
pasos que se tejen con obligaciones, hijos, comida, deberes
conyugales, rencores y deseos, envueltas en un lugar amurallado, eso
hace mágico el lugar. Dentro de esas murallas son culpadas de falta
de imaginación, pero en ellas se construye la monotonía, la
fugacidad de la vida, los suspiros inquietos por saberse importante
para otras vidas que dependen de ellas.
El meridiano justo que hace Castellanos de lo femenino en “Álbum de
familia”, se puede traducir en una preposición en los límites
históricos que trazan una contradicción: la mujer ante su derecho de
ciudadana y el voto; la mujer ante su estereotipo de madre-esposa;
la mujer ante la negación social de construir su ser; la mujer ante
la imposición del carácter femenino. Hilvana en su pregonar en sus
historias lo faltante de la libertad: coloca el supuesto avance de
la legitimidad ciudadana para la mujer, en la incredulidad, “¿Qué
importancia tiene el voto en México? Hasta un recién nacido sabe
cómo funciona la maquinaria electoral”; no es condescendiente en su
crítica, “No, contra lo que usted cree las generaciones actuales no
han llegado a ser libres sino únicamente cínicas y conformes”. Desde
esto reta a esas nuevas generaciones que al decir de su lucha y su
ansiedad de colocar a la mujer en cualquier sitio con un método “ser
discreta y no hacer ningún alarde ni adoptar ninguna actitud
desafiante”, la hace detonar su planteamiento ¡Pero ese método es
el de nuestra abuelas! El disimulo, el fingimiento. ¡Qué
originalidad! Argumentar la identidad de mujer en el pleno de estar
y ser parte de la vida social, ya no callar, ni mentir y dejar ese
papel humillante que en el escenario de la vida lleva a la
oscuridad y solamente brillar cuando se está de acuerdo y es
aprobada por el discurso masculino.
¡Claro, Dios se encuentra presenten esta obra! Y de que manera,
envuelve en su eterno feminismo, una nueva historia del nacimiento
del hombre y la mujer desde las líneas bíblicas. No es el llanto de
Eva, si no esa historia que inicia al ser expulsados del paraíso, es
dios que permite a la nueva mujer proseguir en la vida. No es la
queja, si no la mujer capaz de desobedecer para alumbrar su entender,
la mujer que intenta crear sin temor, es aquella que la humanidad
deberá agradecer ante el empeño de tal ser. Se empeña en mostrar
el afán del desobedecer como primer talento para conocer el mundo,
para emprender la marcha que hace a la humanidad.
Sí de Garro son los colores que imprimen las huellas de su paso,
como sufragante ser que habla empuñando la razón de estar en el
compromiso social, de su mirada penetrante en el mundo, en su
valentía para ser consecuente y en su ternura que habla de una piel
y una voz sin tregua, en Castellanos fragua impregnar su batalla en
la espiral del dibujo femenino que se ondula ante el devenir de
cada espacio, donde la sombra de la mujer marca su voz invocando su
identidad ante el hombre.
Bibliografía
Garro, Elena (2006), La semana de colores,
Porrúa, México,
Castellanos, Rosario (2003), Álbum de familia,
Joaquín Mortiz, México.
Castellanos, Rosario (1984), Bella dama sin
piedad y otros poemas, SEP, México.
Rosas Lopátegui, Patricia (2005), El asesinato de
Elena Garro, Porrúa, Universidad Autónoma de Morelos, México.
Garro, Elena (2006), Cuentos. Obras escogidas I,
Fondo de Cultura de Económica, México.
