México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2008 I Año 3 I Número 13 Publicación Bimestral I

 








 

 

La política, Dios, la magia y el amor entre Elena Garro y Rosario Castellanos

Rosario Olivia Izaguirre Fierro. Profesora investigadora de la Universidad  Autónoma de Sinaloa. Grado: Doctor en educación. Artículos: La lectura  fílmica una intencionalidad de presencia educativa, Revista Razón y Palabras 58, en línea: razonypalabra.org.m. El cine mexicano en los noventa y la propuesta narrativa de la representación de la mujer”, en prensa, revista”. Revista  Ciencia y Tecnología  14,  Universidad autónoma de Sinaloa; La mujer y  la confrontación con los  códigos  de aventurera, insumisa y libertaria en el trayecto del texto fílmico”,  revista IIES, UAS; “Un libro para leer despacio”, Revista Acción educativa 8, UACE, Universidad Autónoma de Sinaloa, 2008. 

Para el mentiroso de mentiras 

“Déjame hablar, mordaza, una palabra

Para decir adiós a lo que amo.”

Rosario Castellanos 

“El amor es para este mundo y para el otro”

Elena Garro

Reunir la política, Dios, la magia y el amor entre dos mujeres con un vivir pleno de disparidades,  equivale a sitiar  los espacios narrativos que proyectan una propuesta del mundo transitado desde la mirada de mujer y, la puesta en escena de lo femenino. Elena Garro respira los colores  que dibujan la piel tornasol del mundo. Envuelta esta narrativa en el pleno de la protesta y la batalla, como el himno del ser  que emprende el tallar con sus manos el amanecer tallando las huellas de la sombra adormecer la noche. De Rosario  Castellanos el sabor agridulce del sueño y su despertar de los perfumes, que resplandecen al dar las formas de lo femenino. Lleva en su plenitud, la nostalgia del amor implorado en la lentitud de la piedad, en el grito que desgarra la agonía de ser mujer. De ellas es posible trazar una ruta: la mujer, lo femenino y el discurso masculino como eslabón donde es posible visualizar la política, el misticismo de Dios, la magia y el amor. 

En estas disparidades de vida se encuentra un segundo de convivencia, que se traduce en el tiempo y, el interminable momento de ser y saberse presente en el mundo. En esta manifestación, se conjuga  la estampa de un almanaque, que gira las hojas como tendones  que atrae  a la batalla  las voces femeninas colocándolas en el cuerpo estético  de ese tiempo. Ante la idea de todo es política, en cualquier lugar se encuentra Dios y el amor hace hablar el mundo, estas dos voces  escuchan  el latido de los pasos de las mujeres y lo vierten en la magia de los versos e historias, que trenzan pequeños guijarros confabulados de colores y perfumes: el dolor de la ausencia, la metáfora de oponerse a un sino del destino,  las miradas que cuentan historias desde la ternura de la infancia, la pasión vehemente de la juventud plagada de sueños  y los hilos que cuentan el exilio, la soledad, las flores y los duendes, el dolor ,la nostalgia, el arrebato, la pobreza desamparada de la opulencia,  el desamor  no convidado y la incomprensión en el mundo de la política, escenario que se nutre sin telar femenino. Todo esto, como estela de cometa en el firmamento hace llegar  hasta el infinito de la esencia humana, una propuesta  de verse mujer ante  la tierra que se pisa,  las voces que se escuchan y el silencio que las aquieta en el miedo. 

La ternura de Elena Garro se mide en la caricia de  sus palabras que hacen explosión en el silencio. El deseo de creer en otro mundo,  se convierte en un ejercicio paralelo del tiempo y el orden conjuntado al silencio con el sonido de la ternura. Dibujo del cuento “El Duende” marcando esa línea: “A las tres de la tarde el sol se detenía en la mitad del cielo. El silencio podía estallar en cualquier instante y el jardín podía caer roto en mil pedazos”. Ese trajinar del silencio le otorga el poder de acallar el mundo, de hacer que la vida se fragmente y ruede  en mil pedazos. Ese silencio, que no deja pasar la vida lo conduce a explicar el paso al otro mundo. Y llegar a éste es un transitar  “una caída  sin fin  del pozo negro que era la muerte”.  La muerte como vigilante del jardín en espera de ese silencio, el lugar de encuentro sería distinto para cada quién, nunca el mismo, “nunca se encontrarían, porque todos caerían  en diferentes horas”. Un tiempo distinto para cada quién y, en ese tiempo no hay encuentros, no hay tiempo para volver acercarse quienes estuvieron unidos por la vida. El ardid que confunde a la ingenuidad lo lleva  la estrategia de la fantasía: se va al otro mundo  sin cuerpo, sin nada de recuerdos del mundo presente. Esto es pretexto para dar cabida al juego fantástico donde la realidad tiene vida dando  forma a la imaginación de la existencia  de Dios, ¿Has visto a nuestro Señor? Es un juego que brota desde el personaje que crea la mentira y la hace creíble, es ella la que dibuja al duende, le da presencia para salvarla de una y mil mentiras. Sin embargo, el duende tiene vida en la suerte de las alturas del tejado, donde brilla con la verdad ante su única amiga:

-Tú sabes que no fui yo. ¿Verdad?

-¡Claro que lo sé! 

Sí Dante enjuicia la traición, Garro la mentira y protesta ante la verdad que se esconde y es vencida. Se acerca a Dios en lo poético del tiempo y el lugar. A  Dios lo coloca en las alturas y un paso abajo al hombre, cada uno con su poder, así en “Andamos huyendo lola” lo detalla: 

“Hablaré de ustedes con mi hermano Chuky. ¡Él tiene poder! Mucho poder, allá arriba. No quiero decir en el último piso, allí sólo vive Dios” 

En ese plano del mundo dividido vierte lo injusto de la vida, ese poder que no se mitiga ni en el abrigo de los diez mandamientos, así en el cuento, “El niño perdido”, deja ver ese desamparo “La vida es injusta hasta en los diez mandamientos”. Sin embargo, es el llamado a moverse a oscilar el caminar para hacer la vida. Esa protesta hace a los personajes encontrarse en una nueva ruta de la ciudad. Eso sí, la ciudad en Garro es un laberinto de encuentros con el conflicto político, plagada de un tiempo imposible de esconder, los revolucionarios, el clandestinaje, las pintas, la revolución, los parásitos burgueses y un personaje  enjuiciada como enemiga del gobierno en plena huida acompañada de su hija y el gato Serafín. 

El Entender la política en Garro, es entender el  vivir en plena libertad de decir y hacer el mundo. Es la provocación que construye el paisaje que deja ver intencionalidades que muestran el gesto de la faz social. Reconoce en ella cada respiración y su estancia que se aposenta hasta en las historias de amor. Es ella la que otorga una decisión y, en ella  se puede medir la presión social, tal como lo hace el mercurio en un termómetro. Ese líquido que transita hasta marcar un momento que se detiene y describe  una lectura social, esto es lo que marca en el cuento “Era Mercurio”. Relatar los preparativos de una boda  y el momento de la designación de candidatos del PRI y la figura de  Carlos Madrazo, desde los intervalos de los encuentros de la gran familia de la política y, la posibilidad de la renuncia como candidato presidencial: 

-      ¡Habrá que felicitar discretamente a Pancho…-dijo uno de ellos haciendo  con los dedos la señal de pesos

-      - su campaña fue magnifica , no entiendo cómo ahora se le cuelan encabezados como éste-dijo uno de ellos señalando las enormes letras: “QUE NO SE ACEPTE SU RENUNCIA” 

Los dos eventos en el verbo de renuncia son marcados por el mercurio. Qué tanto significa  renunciar, la respuesta es dada en la presencia  de dos mundos construidos en la política y el amor. La presión social que se manifiesta en intereses de grupos políticos llevan en sus brazos el devenir de las decisiones de los candidatos de acuerdo al oscilar del mercurio, de la misma manera el matrimonio tiene oscilaciones marcadas en el amor. Describe desde este rasgo un momento de la vida política del México de mediados del siglo veinte. En el relato retoma la mirada masculina en el personaje y, su preludio de un día antes del matrimonio, en su devenir de pintar su mundo interno y el caminar del mundo externo. Esa protesta que aflora cuando se admira a quien decide renunciar a todo a cambio de la libertad:

-¡Madrazo es un tipo extraordinario!

-¿Extraordinario?-preguntó don Ignacio con sorna.

- Nadie se atreve a renunciar a nada… 

Qué decir de la política y Elena Garro, sí aquella es su piel encadenada a la lucha del pueblo. No importa retar al poderoso para llevar en las manos la justicia de una revolución  que dejaba pendiente  sus estandartes de reparto agrario y de mejor vida para el campesino. El color tornasol es de ella, de éste hace su trinchera coloca cada espacio en un sitio para definir la política, “La política es el resultado del pensamiento. Sucede en el nivel de la acción y cuando el pensamiento va a la zaga de la acción, el pensamiento se convierte en la justificación del hecho consumado, y la política se torna confusa y perniciosa”, así el decidir es la acción que lleva al personaje admitir ¿Por qué no dije en ese momento que admiraba al político que había cometido un acto que yo era incapaz de realizar? 

Sí el tornasol es el color de la política en la obra de Garro, en la razón que en  éste reclama la acción política que lleve al individuo a su interior y se reconozca en ella, el amor lo dibuja con el color de la espera, de la hora interminable del encuentro eterno. Así política y amor se teje en lo íntimo del ser como el himno que pregona lo humano. En esto se encuentra la magia, saberse amado en la espera, saberse olvidado en la misma espera y saberse abandonado al recuerdo de la espera. Lo marca en el sueño mágico  de saber que la eternidad es solamente, la espera. Tanta sencillez de un título para hablar del amor, lo despoja y descarna  al preguntar ¿Qué hora es…? La espera de la vida y la seguridad de la protagonista  “el amor  es para este mundo y para el otro”, sentencia marcada en la hora  las nueve cuarenta y siete, ese es el único instante que tiene validez. Cuanta dulzura en la muerte de Lucía Mitre, “cubierta con su chalina de gasa color durazno. Cuánta precisión, muere a la misma hora de la espera, las nueve cuarenta y siete, momento de la llegada y encuentro con aquel hombre tan esperado, que acude a ella sin dilación a la hora convenida. 

Esto es lo mágico de Elena Garro, lo incansable de su pensamiento en una cruenta batalla donde sus armas  las construye con las voces que forman eco en las entrañas del mundo humano. Lleva en sus manos el rostro de quienes proclaman existencia los hace imágenes y en ellas se funde. Es posible pensar en ella como activista social en el marasmo del 68 y su exilio, en aquella lucha emprendida por demás incomprendida y reclamante de ser puesta en el escenario  político cultural … 

¿Por qué Rosario Castellanos? Por ser la otra trinchera donde  el cuerpo de mujer y la pregunta ¿Quién soy yo? atraviesan el cuerpo de la historia. En esa respuesta define una batalla al interior de esa pregunta. En esta constante establece en buena lid su canto en protesta ante el silencio, ante la fuerza que opaca la sombra, ante la mordaza que no deja escuchar las voces  que estruja en su celda. El amor se hace  palabras con sed de ser escuchadas, protestando  un lugar, advirtiendo  su frenesí, no sin la galantería  de saberse dama, no implora, le hace saber su presencia: “Déjame hablar mordaza , una palabra para decir  adiós  a lo que amo.” 

Caminar con Rosario Castellanos  es una travesía al cuerpo  que sostiene el alma de lo femenino. Es ir dispuesto a conocer y reconocer  cada sonido que emita  ese astro en el universo  del vivir cotidiano, clama la identidad de la mujer, “Soy hija de mí misma. De mi sueño nací. Mi sueño me sostiene”. Escucharla es ver cada pliegue que el aire emite en sus perfumes, no queda en vano a cada momento la pregunta ¿Quién soy? La vuelve a lanzar a esos aires perfumados del carmín que emite murmullos de unos labios sedientos de ser escuchados. 

Subraya esa necesidad de  dar sonido a la cítara silenciosa desde los hilos que marcan los compás del vivir,  exigiendo soltar las amarras a esa barca a la soledad y el miedo. Es ella  la que llama a estar en cuerpo presente con la furia del vendaval que hace sonar el sigilo de los pasos. Este es el arcano donde da la batalla y convoca a tener voz, a no temer a ser y estar en el mundo, proclama que emite  el himno “Yo no voy a morir de enfermedad ni de vejez, de angustia o cansancio. Voy a morir de amor.” Esto la hace no tener tregua, estar alerta en los sabores de la soledad, tristeza y abandono para emerger desde el abismo profundo, con la flecha cristalina alumbrando un espacio oscuro, donde nace el ser  en el abrazo, donde ya no sea vergüenza  la soledad. 

El almud que  tiene para luchar, no es el de Ana la de Tolstoi, ni Madame Bovary, ni Magdalena, asume en su pensar poético, tiene que existir “Otro modo de ser humano y libre”. Así, que  retoma la diversidad del vivir de la mujer, lo celebra conocedora que cada imagen existe en el firmamento: la casada y su rutina, la soltera y su libertad, la divorciada, “tan mula como todos”, el amor lésbico y la señorita. Por qué no ver en sus poemas esa política educativa que excluye a la mujer y la incluye en los proyectos de dominio, de sujeción, abandono y soledad. Por qué no ver en sus novelas, la enseñanza  del oficio otorgado como equivalencia, al feminismo desde un discurso que atiborra en la actualidad  las regiones culturales del México del siglo XXI.  

Sí en la poesía se pregunta ¿Quién soy yo? En la novela afirma, “Soy yo. ¿Pero quién soy yo? Tu esposa, claro.” En “Álbum de familia” deja la fotografía  en movimiento de las mujeres que habitan lugares en la semioscuridad, les da voz, las hace hablar unas a hurtadillas, otras encaradas por la desolación, pero hablan. Dónde se encuentra lo mágico de esas mujeres  limitadas en el decálogo del deber femenino. Esos destellos que emiten en sus quejas prisioneras de sus pasos  que se tejen con obligaciones, hijos, comida, deberes conyugales, rencores y deseos, envueltas en un lugar amurallado, eso hace mágico el lugar. Dentro de esas murallas son culpadas de falta de imaginación, pero en ellas se construye la monotonía, la fugacidad de la vida, los suspiros inquietos por saberse importante para otras vidas que dependen de ellas. 

El meridiano justo que hace Castellanos de lo femenino en “Álbum de familia”, se puede traducir en una preposición en los límites históricos que trazan una contradicción: la mujer ante su derecho de ciudadana y el voto; la mujer ante su estereotipo  de madre-esposa; la mujer ante la negación social de construir su ser; la mujer ante la imposición del carácter femenino. Hilvana en su pregonar  en sus  historias  lo faltante de la libertad: coloca el supuesto avance de la legitimidad ciudadana para la mujer, en la incredulidad, “¿Qué importancia tiene el voto en México? Hasta un recién nacido sabe cómo funciona la maquinaria electoral”; no es condescendiente en su crítica, “No, contra lo que usted cree las generaciones actuales no han llegado a ser libres sino únicamente cínicas y conformes”. Desde esto reta  a esas nuevas generaciones que al decir de su lucha  y su ansiedad de colocar a la mujer en cualquier sitio con un método “ser discreta y no hacer ningún alarde ni adoptar ninguna actitud desafiante”, la hace detonar su planteamiento ¡Pero ese método  es el de nuestra abuelas! El disimulo, el fingimiento. ¡Qué originalidad! Argumentar la identidad de mujer en el pleno de estar y ser parte de la vida social, ya no callar, ni mentir y dejar ese papel humillante  que en el escenario de la vida lleva  a la oscuridad y solamente brillar cuando se está de acuerdo y es aprobada por el discurso masculino. 

¡Claro, Dios se encuentra presenten esta obra! Y de que manera, envuelve  en su eterno feminismo, una nueva historia del nacimiento del hombre y la mujer desde las líneas bíblicas. No es el llanto de Eva, si no esa historia que inicia al ser expulsados del paraíso, es dios que permite a la nueva mujer proseguir en la vida. No es la queja, si no la mujer capaz de desobedecer para alumbrar su entender, la mujer que intenta crear sin temor, es aquella que la humanidad deberá agradecer ante el empeño de tal ser. Se empeña en  mostrar  el afán del desobedecer como primer talento para conocer el mundo, para emprender la marcha que hace a la humanidad. 

Sí de Garro son los colores  que imprimen las huellas de su paso, como sufragante ser que habla empuñando la razón de estar en el compromiso social, de su mirada penetrante en el mundo, en su valentía para ser consecuente y en su ternura  que habla de una piel  y una voz sin tregua, en Castellanos fragua impregnar su batalla  en la espiral del dibujo femenino que se ondula ante  el devenir de cada espacio, donde la sombra de la mujer marca su voz invocando su identidad ante el hombre.

Bibliografía 

Garro, Elena (2006), La semana de colores, Porrúa, México,  

Castellanos, Rosario (2003), Álbum de familia, Joaquín Mortiz, México. 

Castellanos, Rosario (1984), Bella dama  sin piedad y otros poemas, SEP, México. 

Rosas Lopátegui, Patricia (2005), El asesinato de Elena Garro, Porrúa, Universidad Autónoma de  Morelos, México. 

Garro, Elena (2006), Cuentos. Obras escogidas I, Fondo de Cultura de Económica, México.

 

 

 

 

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