México, Distrito Federal I Marzo-Abril 2008 I Año 3 I Número 13 Publicación Bimestral I

 

 








 

 

 

A las Madres de Plaza de Mayo - Ismael Serrano (Youtube)

Una palabra más a la intemperie (que no a la intemperancia)

Silvana Rabinovich. Dra. en filosofía por la UNAM, Investigadora de tiempo completo en el Seminario de Poética, Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, en el área de “Ética y literatura” (coordinadora del proyecto “Heteronomías” y del taller de lectura y escritura en voz alta de dicho proyecto). Autora de La trace dans le palimpseste. Lectures de Levinas, L’Harmattan, Paris, 2003 (próxima  publicación en México por la UCM). Autora de varios artículos en revistas y capítulos de libros publicados en México, Francia, Brasil, España y Argentina. Traductora de H. Cixous, E. Traverso, I. Wohlfarth, E, Levinas.  

Aproximadamente a fines de 2004 en Argentina -y luego de haber permanecido guardadas durante décadas- empezaron a salir a la intemperie[1] muchas palabras y reflexiones (sinceras, sin duda) referentes a la responsabilidad y al imperativo “no matarás” (también al “vivirás”[2]), que pusieron de inmediato en el ruedo lecturas del filósofo Emmanuel Levinas.

No es mi lugar agregar una respuesta, ni una carta, ni mucho menos alguna confesión al debate (hace años que no vivo en Argentina y durante aquellos tiempos aciagos iba a la escuela); sin embargo, se trata para mí de un tema doloroso que atañe a mi responsabilidad. No quiero aludir a Levinas, porque lo han hecho otros y no se trata de discutir las lecturas que hicieron del filósofo (con las que tengo muchas y variadas diferencias). Sin embargo, traduciendo un libro del filósofo y educador Martin Buber (con el que Levinas tenía profundas divergencias políticas) encontré unas viejas y lejanas palabras que quizás (¿qui sapit?), como a Perseo, puedan servirnos de desempolvado espejo para acercarnos a la Gorgona (sin que nos petrifique ni se complazca ante la escena de un diálogo enredado en una peligrosa esgrima). Alguien se lamentó de que hayan tenido que pasar tres (o cuatro) décadas para que por fin ese debate iniciara, y tiene razón; por mi parte, me asombra descubrir que  la voz de Buber –sin saberlo y desde tan lejos- resonaba con tres decenios de anticipación[3].

El 26 de julio de 1946 (cuatro días después del famoso -por lamentable- atentado a las oficinas centrales del Mandato Británico en el Hotel King David de Jerusalén en manos de la guerrilla judía de derecha conocida como Eztel o Irgún) el diario Haaretz publicó un artículo del filósofo Martin Buber que más abajo se transcribe. Antes vale aclarar[4] que desde 1945 se unieron varios grupos guerrilleros en resistencia contra el Mandato británico y sus restricciones a la inmigración judía a Palestina: éstos eran la Haganah (bajo la tutela de la Agencia Judía), el Etzel y el Leji. En el atentado murieron unas ochenta personas, entre ellos judíos y árabes. La Agencia Judía y la Haganah se deslindaron inmediatamente de la acción del Etzel, y el movimiento de resistencia contra los británicos quedó desmantelado. La Agencia judía (cuyo brazo armado era la Haganáh) hizo un llamado a los judíos de Palestina para “rebelarse contra estos ultrajes abominables”. Buber se refirió  indirectamente a la explosión del hotel King David y a la condena expresada por la Agencia judía en el artículo que sigue. El filósofo sostenía que la conducción del Yshuv [la población judía en Palestina] tendía su mano a la violencia, y sin dar explicaciones, se refería al movimiento de resistencia y a la legitimación que éste había dado a las acciones del Etzel. De esta manera, la conducción del Yishuv se volvió cómplice del acto asesino perpetrado por esa organización.

Levinas solía decir que además de hablar del hombre como animal racional o político, deberíamos pensarlo en tanto “animal profético” (no en el sentido de adivinar el futuro sino de prestar la boca y los oídos para transmitir la palabra del otro). Traduzco entonces este hallazgo y lo hago oír con esperanza en aquello que pueda advenir. No es un llamado a asimilar una situación a la otra ni mucho menos se trata de dar lecciones; sino una invitación a traducir, esto es, a escuchar con imaginación política entrañables palabras[5] en las que trasparecen promesas. Hay –al menos- el doble de oídos que de bocas atentos a palabras capaces de lograr que de la dolorosa memoria brote algo de esperanza. Vaya entonces una palabra más –añeja- a la intemperie a fin de refrescar, de otro modo, la memoria. 

No basta

(por Martin Buber)

No, no basta.

No basta con expresar nuestro aborrecimiento. Debemos decir, que tenemos parte de esta culpa que despierta nuestra repugnancia.

Todos nosotros, cada uno de los que participa en alguna medida, al servicio o influyendo, en la conducción y dirección de este miserable Yishuv, todos participamos de este crimen. No fuimos suficientemente sabios como para fundar nuestro Yishuv sobre la idea de que el Tikun[6] de Sión sólo puede lograrse bajo el gobierno de una ley sagrada. Esta ley, cuyo principio es el respeto por la vida, el patrimonio y la dignidad del prójimo, fue sostenida por el pueblo a lo largo de todos sus exilios. Aquí, en esta tierra, que era su objetivo en los exilios, el pueblo desechó esta ley sagrada y hemos contribuido a que así sea porque no la erigimos en tanto reglas absolutas e inquebrantables directrices de nuestras vidas.

No enseñamos a las generaciones que aquí crecen a distinguir entre una lección verdadera de la historia y una moraleja vacía que se vale injustamente de la historia. Es una teoría vana pensar que un pueblo puede resurgir por la vía de actos violentos. Por este camino no habrá ni mejora ni cura, sino una nueva degeneración y sólo una nueva esclavización. No inculcamos este principio central en nuestras escuelas.

Por eso pasó lo que pasó. Delincuentes exiliados en Australia se transformaron en hombres con sentido de responsabilidad social; mientras las personas que vinieron a Sión bajo una bandera sagrada se volvieron criminales. Y nosotros tendimos la mano a su crimen.

Hoy alzan la voz para que el Yishuv condene el crimen. ¡Es tarde! Ayer era el momento preciso para ese llamado y no se hizo, ayer y también anteayer, y cada día hasta hoy.

No tenemos derecho a decir: “nuestras manos no derramaron esta sangre y nuestros ojos no vieron”. Nuestros ojos vieron lo que vieron y nuestra boca no dijo lo que había que decir: “¡por qué nos lavamos nuestra mano sobre la novilla decapitada en el arroyo!”[7]

Lo ocurrido va a tener sus secuelas, sea lo que sea, tenemos el deber del arrepentimiento y de cambiar nuestro camino, antes de que nos caiga encima una catástrofe mayor. Es nuestra obligación elevar una ley [de la vida] sagrada e inquebrantable, que el pueblo en tanto pueblo la proteja de los estafadores. Es tarde para palabras vacías, para los hechos no es tan tarde.


[1] Me refiero “también” a la revista cordobesa que publicó primero el testimonio de un ex integrante del Ejército Guerrillero del Pueblo, Héctor Jouvé, seguido de notas, cartas y artículos de prestigiados intelectuales argentinos (una carta de Oscar del Barco que despertó numerosas y muy diversas reacciones, entre otros, de Héctor Schmucler, León Rozitchner, Juan Ritvo, Eduardo Grüner, Tomás Abraham). Como era previsible, el debate excedió los límites de esa publicación y se expandió mucho.

[2] Este imperativo fue (contra)propuesto por León Rozitchner en su artículo “Primero hay que saber vivir. Del Vivirás materno al No matarás patriarcal”, publicado en la revista El ojo mocho nº 20, 2006.

[3] Tal vez no sea casual que estas notas salgan en la revista Destiempos.

[4] Los datos han sido tomados del prefacio del editor Paul Mendes-Flohr al mismo artículo. El libro de Buber Una tierra para dos pueblos, editado por Mendes-Flohr, saldrá este año traducido al español (por mí) en la editorial Sígueme de Salamanca (edición conjunta con la UNAM). Lo que aquí se presenta es un avance de esa inminente publicación.

[5] Ojalá que no se apresuren a “dar carpetazo” a esta lectura bajo el pretexto del lenguaje “religioso”, porque la religiosidad sui generis de Buber –muerto en 1965- que remite a una concepción de la política (heredada de Gustav Landauer) como “el arte de lo imposible”, retiembla en las consignas del mayo francés. La Biblia no pertenece únicamente a quienes pretenden administrarla, y su lectura no cesa de acontecer.

[6] N. de la T. Literalmente este sustantivo se traduce como “reparación”. En la Cábala luriánica (que en la Creación alude a la ruptura) tiene el sentido de Redención (esto es, restauración del estado ideal de la Creación).

[7] Buber se refiere a Deuteronomio 21:1-9: “Cuando fuere hallado muerto, echado en el campo, en la tierra que el Señor, tu Dios, te da a poseerla, y no se supiere quién le haya muerto (…) y será que la ciudad más cercana al muerto, es decir, los ancianos de aquella ciudad, tomarán una novilla, con la cual no se ha trabajado, y que no haya llevado yugo, y los ancianos de aquella ciudad llevarán la novilla a un valle escabroso, que no se cultiva y que no se siembra, y quebrarán la cerviz a la novilla allí en el valle. (…) y todos los ancianos de aquella ciudad se lavarán las manos sobre la novilla que fue descervigada en el valle; y responderán, diciendo: ‘nuestras manos no derramaron esta sangre, y nuestros ojos no lo vieron. ¡Perdona, oh Señor, a tu pueblo Israel, que redimiste, y no pongas la sangre inocente a cargo de Tu pueblo Israel! Y así le será perdonada aquella sangre, y así extirparás la (iniquidad derramada) sangre inocente de en medio de ti, cuando hicieres lo que es recto a los ojos del Señor”.

 

 

 

 

 

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