México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2008 I Año 3 I Número 14 Publicación Bimestral I Reserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

Osvaldo Ahumada-Espinosa, es belga de origen chileno, autor de cuentos, poesías y algunos artículos, más de 25 publicaciones en revistas de literatura, universitarias y virtuales, antologías y periódicos. Miembro de la Sociedad de poetas de la Open University, Inglaterra, del Círculo de Escritores de la V Región Chile y de la Sociedad de Escritores Latinoaméricanos y Europeos, SELAE.
Primeros textos publicados :  Amores de tejado, Revista de Literatura Chilena en el exilio N°6, 1978, California.  La vida a través de una reja , misma revista N°10, 1979. Ultimo texto publicado :  Los tallarines estaban fríos , Antología Literaria. A 30 Años del golpe militar , 2005 Milán, Italia. Primer premio en cuento : Concurso Literario Internacional DE LA ong Reencuentro, 2005, Chile, con el relato La Golemah  

 

A Adán Segado le gusta todo lo que tiene olor a gótico. Usa ropajes negros, lee literatura fantástica o romántica, sale a la caída del sol, ingiere solamente alimentos opacos y bebe colas. Aprovecha su tiempo cada vez que puede visitando las iglesias góticas que se encuentran en su camino, principalmente aquella donde su camarada Ludo toca el órgano. Venera Drácula, pues el mito del vampiro es aquel del amor eterno.  Le fascina vivir entre penumbras, detesta la agresividad, las groserías y las banalidades. Aunque diga que actualmente se encuentra un poco alejado  del movimiento, se le ve a menudo paseando su barbita de punta por los cabarets a la moda gótica para encontrarse con los adeptos e intercambiar ideas y libros. Además recorre cotidianamente los cementerios, donde según su punto de vista, se encuentran los verdaderos góticos, es decir los góticos muertos, entre los cuales él asegura haber encontrado sus verdaderos amigos.

                                Su compromiso con el movimiento debuta con su  rebelión juvenil. Comienza por llevar ropa negra en el colegio. Pero hoy no esta muy de acuerdo con sus coetáneos. La obsesión de los góticos de preconizar una semejanza absoluta entre los sexos, para hacer desaparecer las diferencias y de esta manera interesarse a lo que la persona es realmente, le parece una teoría un poco confusa y andrógina. Entonces, sabiamente él a preferido la tranquilidad de las necrópolis y la compañía de los difuntos, pues ellos al menos no le impondrán reglas dogmáticas.

                               Sus paseos cotidianos por el cementerio de Ixelles, lo llenan de felicidad. Adora caminar con seguridad por sus callejuelas vacías y desiertas, entre  tumbas y lápidas. El confiesa a sí mismo, que al menos ahí, su prestancia no da miedo a nadie. A  Adán le encanta además la apariencia algo espectral que emana de ciertos monumentos funerarios medios escondidos por árboles centenarios que inclinados por el viento enrabiado exhalan gemidos lastimeros.

                               En este preciso instante se encuentra extasiado escuchando el ruido seco y metálico de la vieja pala del sepulturero apisonando la tierra, golpeando los pedruscos tantas veces  removidos, lo cual produce siempre un eco dentro de su tórax desguarnecido de afectividad,  que le corta el aliento por un pequeño instante. Sorpresivamente, el viento glacial del otoño lo atraviesa como si fuera una lámina de acero. El sol aprovecha esta circunstancia para desaparecer subrepticiamente, con toda su plenitud. A lo lejos, un piar siniestro anuncia la eminente llegada del invierno.

                               El jadeo del viejo obrero municipal lo trae bruscamente a su  melancólica realidad. Una espesa neblina reduce rápidamente las tristes avenidas,  pero a su vez embellece los apellidos de letras doradas o negras de los poseedores de los mausoleos. La noche comienza a caer suavemente. Adán lanza un suspiro de pena.

                               ¡Oh, es la hora de irse! - se dice - ¡Y cuando hay que irse hay que hacerlo!  Pero no sin antes mirar una última vez a mi amada.

                              Apenas fija su mirada en la mujer, una dulce embriaguez se apodera de él, pues adora su largo porte, esos cabellos cayendo sobre su espalda y que forman un contraste agradable con la frescura de su cuerpo, esa mirada que refleja la ingenuidad de su espíritu, su piel blanca y esos pechos pequeños que desafían el mundo de los vivos. El conjunto forma una espléndida y rutilante imagen de tristeza y muerte.

                               Retrocede despacio para decir -más cómodamente- adiós a la mujer de sus sueños, pues el apacible halo de misterio que envuelve a la encantadora Clio, se hace más evidente todavía entre la bruma negra  que la envuelve. Súbitamente  siente que dos manos colocadas sobre sus delgados omoplatos le impiden moverse. Se da vuelta de inmediato. Es otra magnífica joven mujer, toda vestida de negro.

                               -¿Y de dónde sale usted? - le pregunta, medio atontado por la impresión.

                               -¡Oh! La puerta estaba todavía abierta de par en par, entonces he entrado como lo hago cada Día de Difuntos - respondió ella con una sonrisa resplandeciente, mientras el viento jugaba con su cabellera negra y brillante.

                               -¿Qué me está tratando de decir? No le comprendo - pregunta Adán algo aturdido y mirándola de hito en hito.

                                -¡Ah, sí! - replica con prontitud la joven mujer, tomando un tono un poquitín irónico - ¡Pues bien! Creo que es necesario ser indulgente con el pobre señor. Puede que él no soporte que sus dominios sean invadidos.

                               - ¡Por favor señora...!

                               - ¡Señorita, por favor!- lo corta en seco ella.

                               - ¡Así sea! Señorita- retoma él un poco estupefacto - ¡Por favor! Desearía comprender qué está usted haciendo aquí y no todo ese trabalenguas que me cuenta.

                                - Por supuesto señor. De inmediato -  vuelve a comenzar ella, esta vez francamente divertida - He aquí los hechos señor: Mi madre murió en Sudamérica, entonces yo, cada año  vengo aquí el día de Todos los Santos para recordarla. Me paseo entre otros muertos y eso me da la impresión de estar más próxima de ella. Es algo simbólico. ¿Comprende ahora el caballero? ¡Bueno! Normalmente vengo más temprano, pero hoy día he debido venir antes del cierre pues he tenido muchas cosas que hacer esta mañana. Claro que yo ignoraba completamente que usted se había comprado el cementerio para usted sólito. ¡Perdóneme! El próximo año iré al de Auderghem. ¡Lo prometo!

                                 En el medio gótico, Adán se había habituado a toda clase  de encuentros imprevistos. Por lo que un suceso tan anodino como el hecho de bascular esta pobre mujercita - claro que bellísima - no podía llamar su atención de manera especial. Por lo tanto decide no respoderle, dándole así a la intrusa un motivo para que se dirija hacia la salida de una vez por todas.

                                ¡Hostias! La mujer se queda pegada a sus pretinas.

                                Ella lo sigue hacia la salida. La noche había llegado con toda esa belleza sombría que Adán adora tan intensamente. Si bien los comienzos fueron un poco enervantes, pareciera ser que la alquimia entre Adán y Lilih funciona de maravillas.

                               - ¡Está vestida de negro como una verdadera gótica! - observa admirado - ¡Incluso su lápiz labial es negro! ¿Será acaso una Goth? - piensa.

                                Ahora que la ironía pasó, ella se muestra seria, tal vez debido a una especie de timidez. Aunque poco experimentado, él ha logrado sin embargo,  jugando al  indiferente, a apaciguar la sílfide salvaje, pero que de pronto se convierte en amazona. Pasa delante de él y le lanza toda la artillería que ella denomina su “defensa y ataque”.      

                               - ¿Eres algo loco, verdad? Confiesa al menos que has hecho una entrada algo inhabitual en mi vida. El cementerio es un lugar donde se viene a dejar  la gente. ¡No se viene aquí para hacerse de amigos! – le sonríe ella con burla.

                               Todo lo que tiene que ver con lo funerario pertenece a mi mundo –dice él con aire de soñador - La muerte forma parte de las cosas que sobresalen de lo real. Las personas que estamos detrás del movimiento gótico somos apasionadas por lo mortuorio, pero somos muy abiertas. Acaso más abiertas que las personas tradicionales. Actualmente, dicho sea de paso, el grupo pasa por una crisis de hermafroditismo, y como me siento un hombre completo, prefiero por el momento pasearme entre mis amigos fallecidos. Espero que la crisis pase y que cada uno tome de nuevo el rol sexual que le corresponde, en conciliación con lo que la naturaleza le ha dado.

                                - ¿Y qué haces tú con las personas del mismo sexo pero que se aman?

                                - Esta claro que esos sentimientos forman parte de la gran experiencia humana. No me molestan en absoluto. Lo que me perturba es la idea de querer ser hombres y mujeres al mismo tiempo. Tomar los dos roles. No estoy de acuerdo. No me agrada la ambigüedad.

                               - ¿ Y ustedes se drogan? – pregunta la muchacha.

                               - Las personas confunden a menudo a los Goths con los drogadictos o los obsesionados - explica Adán -. Incluso nos han tratado de satánicos. La absoluta  verdad es que no veneramos  la vida burguesa con perros y gatos, pero somos cultos, nos gusta hablar y escribir bien y todo eso nos da una gran seguridad personal que da pánico a la gentuza.

                               Llegan a la gran puerta del cementerio, el viejo sepulturero los estaba esperando para cerrar. Salen. El obrero cierra las puertas dando vuelta su gran llave ofreciendo a los que salen unos chirridos tenebrosos que hacen sonreír de dicha a Adán, pero que dan escalofríos en la nuca de Lilih.

                                -¡Hasta mañana don Adán! Adiós señorita. Les deseos unas muy buenas noches-  les dice amablemente el hombre.

                                Súbitamente Lilih se da vuelta hacia Adán y le pide impulsivamente.

                                - Deja de jugar con tu barbita y responde. ¿Conoces el tango gótico? – pregunta ella con sus ojos abiertos de par en par  y aproximando su rostro al de él.

                                - ¿El tango gótico? – pregunta sombrado - ¿Qué es eso?

                                - El tango - se apresura a contarle  la mujer - es una danza gótica muy popular en Argentina. Su ritmo impetuoso y sensual hace que en sus inicios sea rechazado por la sociedad burguesa de la época. Luego se introdujo en Europa entre las dos Grandes Guerras. Hoy día está un poco en el olvido, pero renaciendo y convirtiéndose en un símbolo gótico mundial. ¡Ven! Yo te llevo al templo del tango, allá tú podrás conocerlo - terminó de decir alegremente la  hermosa muchacha.

                               Y fue así como Adán fue conducido casi por la fuerza hacia el coche de Lilih y luego puesto en ruta hacia senderos góticos desconocidos.

                               El palacio bruselense de la música latina está situado en  un espléndido local en el centro de la ciudad. Su puerta de cristal es hermosa, el corredor de la entrada está cubierto con un tapiz rojo. El parquet encerado inunda la pista, los muros están adornados con molduras y grandes espejos, las lámparas art nouveau proyectan  una luz clara y suave. El bar excelentemente bien aprovisionado es capaz de contentar a los verdaderos y falsos latinos. El ambiente es cálido, amistoso y sensual. Es el lugar multicultural a la moda de la ciudad. Este día estaba consagrado al tango. Hay cursos para los debutantes y para los iniciados. Más tarde, a medianoche, ellos harán un baile donde los mejores bailarines demostrarán su arte a los novicios.

                                Delante de la entrada Adán se siente perdido. Lilih lo toma con su mano cálida y lo conduce hacia el interior. Se instalan cerca de la pista. Al chasquido de los dedos de la mujer aparece un mozo que trae dos cocktails medios rojizos. Los góticos latinos presentes en la sala son casi todos vestidos de negro, si bien ellos son un poco diferentes de los especímenes que él acostumbra a cruzar. Las mujeres poseen  vestidos negros pegados a la piel, si bien no todas se encuentran vestidas de negro - se dice Adán - pues hay incluso   algunos hermosos vestidos rojos cubriendo hermosas muchachas morenas, calzadas con altos tacones y portando largas cabelleras que les cubren los desnudos hombros. Nadie puede poner en duda que ellas son verdaderas mujeres y los bigotudos son sin ninguna duda, vestidos ya sea de negro, azul o blanco, hombres.

                                ¡Y la danza! Adán está estupefacto. Nunca había visto algo semejante. Es toda la magia de un sentimiento convertido en danza, se siente algo en el aire como un chispa mágica pues las personas no se contentan con moverse sino que también se ven como inspiradas. Las reglas son claras, evidentes incluso, saltan a los ojos. Es un juego de seducción, es en los ojos que todo comienza. Todo está en la mirada.

                                Observan durante unos momentos los bailarines que flotan en la pista.

                               -¡Ahora nos toca a nosotros! – dice ella y antes de que Adán pueda balbucear una respuesta, se encuentra en medio de la pista con Lilih danzando el tango “Cristal” que suena por los parlantes con furor pero también con todo su romanticismo.

                                Los dos cuerpos se funden en uno solo cuando apenas comienza la danza. Todo pasa entre los brazos de uno y de otro. La respiración se escucha. Hay una cierta pasión, una vibración interior que se resiente fuertemente. Ella le huele el cuerpo, él aspira el perfume que emana de los cabellos de la mujer y siente la dulce presión de su mano que toca la parte baja de su nuca. Adán exhala un suspiro casi de placer.

                                Los acordes no tienen nada que ver con el ruido metálico y seco de la palita del sepulturero ni con la música barroca del órgano de Ludo. Adán se da cuenta que la resonancia del bandoneón latino le invade el cuerpo entero, lo ahoga con sus vibraciones profundas y le estremecen el cuerpo.

                               - ¿Acaso esto es el amor?

                               Pero es demasiado. Adán tartamudea algunas palabras de excusa y se dirige  con rapidez al lavabo. Pero lo que realmente hace es escaparse hacia la calle. Corre hasta su último suspiro. Luego pasa el resto de la noche deambulando de un lado a otro, con el cerebro hecho pedazos. Sabe que Clio lo espera en el cementerio para calmarlo.

                                Muy de mañana llega a la puerta de la ciudad de los muertos y espera la llegada de Castor, el sepulturero.

                                -¡Vaya! ¿Ya por aquí, tan temprano don Adán? ¿Tal vez no durmió muy bien?- ríe burlonamente el viejo apenas lo ve, agarrado a la puerta metálica con las dos manos.

                                Adán no pronuncia ni siquiera una sola sílaba. Una vez las puertas abiertas, corre hacia el prado N° 3. Allá está ella. Lo está esperando impasible como si lo esperara desde siempre. El osa subirse sobre la tumba. Por primera vez se aproxima de la hermosa mujer y la abraza fuertemente contra él. Tan fuerte que los senos le hieren su pecho. El se queda así un buen rato.                

                                 -¡No es lo mismo! - se dice, escuchando el tango que todavía suena en el interior de su cabeza. No hay calor, ni respiración. No hay nada. Nada más que la piedra fría y sucia.

                                Desciende de la tumba con brusquedad. Saca del bolsillo interior de su chaqueta su espléndida Licorne negra, con pluma de plata. La lapicera de los góticos. Saca su hermosa libreta en cuero negro vírgenes hojas. Escribe con su mano izquierda y temblorosa en la primera página: ¿Se pueden amar dos mujeres al mismo tiempo? Esta noche nuestras miradas se cruzaron. Nuestros cuerpos se encontraron. Debemos amarnos para siempre.

                                Se aproxima de la estatua, le acaricia las mejillas con la punta de sus dedos. No pasa nada. El comprende al fin. Clio es nada más que la estatua de una muerta.

                                Deja caer sobre la tumba su lapicera y su libreta.  La mira fijamente a los ojos, implorando.

                                - ¿Y ahora cómo la encuentro? No conozco ni su nombre ni su dirección? ¿Cuándo volveré a verla? ¿Tal vez el año próximo para Todos los Santos? ¿Pero dónde?

                                - ¿Aquí o en Auderghem? - le  pregunta angustiado a la hermosa Clío.

                               Más la bella mujer de piedra se queda muda.

 

 

 

 

 

 

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