México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2008 I Año 3 I Número 14 Publicación Bimestral I Reserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 Graciela Cándano Fierro. Doctora en Letras Españolas por la UNAM y con estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid, España. Investigadora Titular del Instituto de Investigaciones Filológicas (UNAM) en el área de literatura ejemplar de los siglos XII al XV. Profesora de asignatura en el Curso de Literatura Española Medieval, desde 1975. Autora de los libros:La espina y la rosa. La ambivalencia en torno al `dogma´y al `instinto´ en torno al Libro de Buen Amor. Estructura, desarrollo y función en las colecciones de exempla del siglo XIII.Una faceta de la mujer en la literatura ejemplar, La seriedad y la risa, La comicidad en la literatura ejemplar de la Baja Edad Media ,La harpía y el cornudo. La mujer en la literatura ejemplar de la Baja Edad Media española, Sendebar para estudiantes, Un modelo de las colecciones de exempla del siglo XIII. Autora de diversos artículos sobre literatura y sociedad medieval española. Ponente en diversos foros nacionales e internacionales. Entre sus áreas de investigación e interés se encuentra la defensa de los Derechos Humanos.

 

Carlos Mapes, Sombra del Rock, México, Juan Malasuerte Editores, 2006.

 

Sombra del Rock consta de quince breves relatos o ¿retratos? bajo títulos tan heterogéneos que tal parece que no existiera un hilo conductor, sin embargo estamos ante vasos comunicantes que conducen del grito al dolor, del horizonte abierto al lóbrego cuarto, a través de notas, sones y ritmos que forman parte de una época inolvidable: los inicios del Rock and Roll.

Carlos Mapes nos muestra detalles desconocidos de los intérpretes musicales así como influencias que se ignoran en cuanto a las composiciones o estilos de aquellos genios del rock que acompañaron a una generación que todavía no los olvida.

No podemos situar la obra de Mapes dentro de un género específico. Nos encontramos ante ¿prosa poética? ¿testimonio? ¿crónica? ¿autobiografía cinematográfica? El caso es que en virtud de las gratas y personalísimas reminiscencias del autor nos enfrentamos a un rock redivivo y a un libro que no sólo no desmerece por su brevedad, sino precisamente gracias a ella se engrandece en su valor poético y mérito narrativo.

En el primer texto, Otro mar,  se puede apreciar la esencia del rock: presencia y ausencia que al mismo tiempo se hace presente. La emoción penetra en los oídos y de pronto no existen las distancias, no importan los huecos o las omisiones, porque surge una vivencia única e irrepetible que permanece en la memoria: los mares se juntan, el de California con el de Acapulco. La música erige un puente, así como en este relato se funda la permanencia, que se ejerce en virtud del mando de la palabra. Entonces podemos sumergirnos en los símiles y vibrar con el personaje desconocido que exhibe el autor: “Recorrías las playas y los cuerpos de las chicas con las canciones de los Beach Boys”. En este texto la música se convierte en agua y podemos “nadar” a través de los recuerdos del autor.

Si bien aquellos ritmos reviven una experiencia, no sucede así en el relato Roy, perdóname, porque aquí de lo que se trata es de callarla, de enmudecer el susurro que pretende convertirse en fantasma letal.

Y es que el rock nos lleva a enfrentarnos a nosotros mismos, a desparramarnos en recuerdos que nos hacen ser y nos deshacen en sonoros y febriles sueños. Y ello gracias a los tañidos articulados por el instrumento de Mapes: la palabra.

El rock es un puente “para arribar a esa otra orilla que es la compañía de un amigo”, se dice en Celebración de la soledad. Y en otro momento, refiriéndose a la canción “The sounds of silence” (Simon & Garfunkel) declara la voz desgarradora del autor: “Cuando escuché esta canción llegaron a mi vida las preguntas; me aparté de los demás y creció la soledad”.

En Punto de ebullición las grietas que causan los sonidos rockeros o la soledad son reproducidos por Mapes en el sopor de un cuarto donde el protagonista se sumerge en los acordes de “Cristal blue persuasion” y arrastra al lector a escuchar otra vez a Tommy James and The Shondells en espera de posibles cambios que alejen el compás de la desolación.

La fuerza de la marejada, que “arrastra lodo, piedra y arena” es reavivada por la memoria en River of soul, donde el autor rescata la voz aguardentosa de Alex Chilton a las orillas del río Tennessee.

Gracias al rock recuperamos la vida: el pasado, el presente y el futuro. Resucitamos cuando la pulcra pluma de Carlos Mapes trae a la memoria los ondulosos ritmos de los Beach Boys, los lamentos cadenciosos de Roy Orbison, los aterrizajes imprescindibles de los Dave Clark Five, la límpida ligereza de Sandie Shaw, el vasto espíritu de Marianne Faithfull, la sensual corporeidad de Dusty Sringfield, los nuevos caminos inolvidables del Bob Dylan, la virtuosa guitarra de Jimi Hendrix, “tu voz femenina” de Joan Baez, el vuelo melódico de los Birds, la personalidad inefable de We Five, la armonía integral de Simon & Garfunkel, la “voz que reverbera en la noche del tiempo” de Van Morrison, los “latidos seductores” de los Troggs, hasta llegar a los inmortales Beatles, amen de otros talentos fugaces. Así, de manera azarosa me volvía a encontrar en mi época áurea.

Me permito transcribir uno de los textos para que sirva de muestra al lector, se trata de Susurros que palpitan en el aire:

         “Sólo los complejos arreglos vocales y las poderosas armonías de los integrantes de The Association podían llegar hasta las alturas en las que se encontraba frecuentemente Windy, volátil y efímera, atrapando instantes de plena felicidad –tan difíciles de alcanzar como las nubes. Por su autenticidad, esta muchacha intrépida y entrañable representa el espíritu del grupo y de la época. Los susurros de The Association eran el ruido suave de la brisa de la estaba hecha “Windy”, palabras escritas por un joven fan del grupo.

Entre este repertorio repleto de pequeñas joyas y cristales –baladas románticas- encontramos, en el engarce de los estribillos de “Never my love”, el contorno frágil de una mujer traslúcida, llena de timidez e incertidumbre; “Cherish”, en cambio, nos muestra a los amantes separándose a partir de razonamientos desprendidos de la repetición de una palabra que, al acabar de pronunciarla, permite al amor desvanecerse en medio del aire.” 

Sombra del rock es un libro que se lee de principio a fin sin poder detenerse, y que deja una sensación de añoranza, pues el lector quiere volver otra página más y se topa con la contraportada, en un fiel paralelismo con el fanático del rock que se dispone a escuchar sus discos favoritos... y cuando más inmerso está en el arrobo rítmico, no queda ni un solo ejemplar en  el estante.

Sólo permanece la sombra del rock.

 

 

 

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