México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2008 I Año 3 I Número 14 Publicación Bimestral I Reserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

David Morán. Psicólogo graduado de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ha trabajado como consultor independiente en el área de recursos humanos, además de participar como asistente en oficinas particulares. Actualmente reside en su ciudad natal de Tegucigalpa. Paralelamente a su tarea profesional, desarrolla una apasionada actividad literaria, escribiendo poesía y pequeñas narraciones. Ha participado activamente en la revista virtual El verso que viene: Siglo XXI y colaborado en diferentes revistas de similar naturaleza. Apoyándose en internet para difundir su trabajo de escritor crea dos web-blogs:Neurocosmo, donde destila parte de su trabajo poético y narrativo, y El Catracho, ésteúltimo dedicado a la opinión del acontecer de su país, Honduras.

 

 

El lector es un observador pasivo que conmuta las palabras, muchas veces al entendimiento de su propia mente, en otras, a la conveniencia de una inclinación lógica ya generalizada. Así también, el individuo común, quien aparenta no estar compungido en su ambiente cotidiano, conmuta la percepción de la realidad con el fin de ir superando el hastío, la frustración y el ritmo incesante de la rutina que lo acongoja. Cae entonces en un sueño negligente y aparentemente ventajoso que lo “libera” de la obviedad perturbadora, pero, al fin de cuentas, tendrá que encarar el inútil esfuerzo, a veces inconsciente, de su proceder. Tarde o temprano se percatará de las falsas proyecciones y caerán los escenarios prefabricados ante sus pies, porque la vida no es tan simple de olvidar mientras se vive. Es necesario pues, despertar del sopor antes de que caiga el último grano en el reloj de arena.  

Luis Amézaga en A pesar de Todo recicla los detalles desechados por la memoria de corto alcance, los hace pasar por un crisol susceptible a las dimensiones de la arquitectura conductual humana, procesando su esencia a través de un análisis perspicaz y agudo. Sin embargo, el mérito no recae precisamente en este intrincado proceso, sino en la forma de replantearnos la cotidianidad. Hablo pues, del producto literario derivado de esos segundos olvidados, de esos instantes a los cuales se les niega una breve pero certera reflexión, de esos espacios que merecen ser vistos bajo otras perspectivas, pues ellos hablan mejor sobre nuestra existencia que cualquier otra cosa que hayamos ideado.  

Amézaga pone al desnudo las inquietudes humanas, allanando la intimidad individual y el devenir colectivo a lo largo de esta obra, con una forma muy particular de escribir, casi inconfundible. Su escritura es a veces descarnada e incisiva, otras; irónica y jocosa. 

 

 

 

  

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