
Aquí andarás, por los extrañamientos.
Sobre estos laberintos octavianos
de tantas soledades compartidas.
Tras la tierra quemada
que un instante de lava deja al paso
completando este fuego
de la hoguera de sol inextinguible,
sobre esta sinrazón sin privilegios
del espacio que late…
(Lo que atesoré siempre fue el deseo)
Aquí andarás por túneles sin tiempo
tras el resbaladizo liquen del olvido,
en la profundidad de los silencios
que elegí acaso por perpetuarte.
Déjame así quemarme limpiamente
en esta pertenencia sin destino,
por esta amanecida de versos camuflados
que con o sin palabras
usurparán la audacia de la aurora.
Al fin y al cabo nada es duradero
ni tan siquiera aquello que es eterno…
Solo es verdad la limpia complicidad del aire
soliviantando el eco de las encrucijadas.
¿Cómo será esta
imagen?
¿Cómo será esta imagen
cuando no la contemples?
Sujeta a tu mirada
esa nube de piedra sostenida
por la quietud del tiempo
que cercena
el perfil de espadaña
de esta torre
mucho menos efímera
que un rostro…
Laberinto de cal,
muro sin norte,
certeza de vivir
para la muerte,
¿O morir lento acaso,
por la vida…?