México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2008 I Año 3 I Número 14 Publicación Bimestral I Reserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

Eugenio Bautista De la cruz, Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica, egresado del Instituto Politécnico Nacional. Poeta y narrador, su obra permanece aún inédita, cuenta en su haber con los poemarios: Soledades, Otros ojos, otras hojas, Entreviaje, De tiempo en tiempo, Vuelo de hojas.

 

Ahora que duermes

me sobran los minutos para mirarte,

dejarte descansar de lado a mi costado

y cubrir esa desnudez de tu cuerpo

con mi mano.

Las distancias que nos pesan en las espaldas

se han cubierto con el pelo que caen en rizos

sobre tus hombros y en mi pecho,

distancias cubiertas con tus ojos y con tus labios

y toda tú estas aquí

perdida en el sueño del amor

después del amor.

Yo, enamorado de ti, de tu rostro,

tu rostro que parece que me mira

perdido en la distancia de tu embeleso,

cierto y distante y callado

a la par de la noche y de tu piel de niña.

 

Ahora se me escapan de las manos

las horas, la vida, tu figura descansando

y se me escapa este momento

en que estas tú, quieta y dormida,

la memoria traicionera enfáticamente

traicionera se levanta cada mañana

anunciando este nuevo día que comienza

y pasa… y pasa.

 

Amaneces pués entre suspiros

que brotan de este sol que penetra,

que invade, que ahuyenta las sombras

plácidas, compañeras insaciables del amor,

y yo te miro en el instante mismo

en que el tiempo deja de ser tiempo

cuando abre los ojos y nos mira así,

perdidos en el sueño bandido

de unas cuantas horas de amor.

 

 Abres los ojos de repente como espantada

topas con mi mirada,

y sonries y te ruborizas

y esta, tu mirada silenciosa

parece que me habla

y sostiene

este pequeño universo nocturno

que agoniza…

 

 

Háblame de ti, vida,

del instante en que detienes tu paso,

suspiro callado, sencillo,

enarbolando distancias entre los cuerpos

 que ligeros como palomas al vuelo

persiguen las huellas dejadas por alguien inadvertido.

Momento en que el tiempo pasa calle abajo,

mirándome de lado, sonriendo entre paso y paso

moviendo torpes los pies a uno

y otro lado del destino.

 

Háblame de estas cosas,

estas cosas que se suceden entre la lluvia y el viento

entre los árboles que siguen de pie

con el ánimo rígido,

instante amargo fecundando dolores entre los brazos.

Es mi piel que abraza los años

que me quedan  por nacer,

es la nieve acostumbrada al invierno,

al espanto en que se ven las sombras

alejadas entre la madrugada 

y las sábanas,

estrellas solitarias de unos ojos,

vigilantes nocturnos de letras, 

y de focos.

 

Yo no sé si la vida sea esto,

la magia de unos ojos femeninos,

embrujo de amor que siente,

 que navega entre ola y ola de este

 nuestro mar de pasión, de entrega, de sueño.

 

Y es este mismo sueño que nos inflige el sufrimiento

de distancias acaparadas en los párpados

y el sueño de una realidad palpable

entre nubes de ilusión y esperanza.

 

¿Qué hago después de todo esto,

de encontrarte en mi sueño desperfecto

en esta vida que me hace uno,

en mis ilusiones, en mi deseo?

¿Qué hago amor?,

si te has llevado todo lo que siento…

 

 

 

 

Hay un tiempo

para tenerte entre mis brazos

con estas ganas de tocar tu piel,

de poseer tu mirada entre la mía

y tus manos,

cual frágiles golondrinas

acariciando al viento desnudo que respiras.

 

Afuera,

entre la multitud que pasa,

que espera un milagro,

en la calle,

deseando la noche para los enamorados,

para los niños desvalidos,

mendigando hojas de tiempo hacía atrás

 y pan.

La noche,

para los besos furtivos de miradas lascivamente

inquisitivas,

lámparas que hieren a voluntad la piel de ésta oscuridad,

cómplice del amor,

y de la maldad de unos cuantos,

mudos testigos de un encuentro furtivo,

en las alas de un amor, ciego,

de unas horas,

de unos fluidos que se mezclan

creando vida.

 

¿Qué pasará mañana?,

Cuando no te tenga, cuando en la ventana

el tiempo me venga a tocar

pidiendo lo que le corresponde,

la vida.

Cuando  en la oscuridad de mis horas álgidas

te llame y sólo venga a mi un recuerdo,

del cuerpo que fuiste una sola vez,

de esa mirada retumbando en miles de ecos

en mi cerebro,

de tus manos de golondrina,

sobre mi voluntad de recordarte.

 

Y después de todo esto,

del deseo perdido,

de miradas que se encuentran a ambos lados del amor,

del recuerdo. 

Surge la pregunta inevitable:

¿Qué pasará mañana?, amor... 

 

 

 

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