
PARÉNTESIS SOCIO-HISTÓRICO
La
historia del petróleo en Venezuela ha transitado un camino paralelo
a la vida del colectivo nacional con ciertos puntos de cruce e
influencia entre sectores, afectando hábitos, costumbres y una serie
indefinida de espacios de la vida cotidiana del venezolano.
En
particular, las provincias en las cuales la explotación petrolera ha
concentrado su acción, trayendo consigo todo su aparataje industrial
y su recurso humano –representado en la numerosa delegación de
extranjeros que importaron al país sus más preciados tesoros,
modismos, entretenimientos- hicieron que lo más profundo de la
historia no escrita aquella que se cuece fuera de los fogones de la
oficialidad, tenga tantos matices como ciudades, poblaciones y
caseríos tiene Venezuela.
La
fundación y origen de muchas poblaciones venezolanas tiene su razón
de ser en la explotación petrolera. Luego de la incorporación del
petróleo al juego económico nacional, Venezuela se convierte en una
zona codiciada y visitada por toda clase de compañías que buscaban
sin duda incrementar sus riquezas a través del aprovechamiento del
más popular recurso nacional.
Paralelo
a este denominado “desarrollo”, la sociedad venezolana comienza a
atravesar un largo camino de adecuación a la nueva realidad. Nuevas
fuentes de empleo, y sobre todo el éxodo del núcleo familiar a
nuevas poblaciones junto a los cambios operados por la presencia de
la industria generan de forma subterránea cambios en la social que
son reflejados por la literatura.
La
concepción de progreso que trae consigo la cultura petrolera
instaura en el imaginario social venezolano una serie de conceptos
sobre el bienestar. Aunado a ello o bien de manera paralela lo
urbano y su tejido de valores comienza a constituirse para dar paso
a un nuevo orden social. La literatura es entonces uno de los
prismas que condensara las primeras digestiones de este proceso.
“La
novela es por su naturaleza elaborativa la escritura que más
fácilmente acoge la valoración y la expresa desde una
perspectiva explicacionista, la integra a un discurso donde la
sociedad aparece como una unidad a la que debe dársele sentido.
Subsidiaria de un juicio casi puramente económico, sus primeras
versiones de la novedad presentan un cuadro influenciado por una
retórica moral bastante cercana al cuadro de dolor del pueblo,
un esquematismo fácil se impone en estas recreaciones iniciales
y funda para los tiempos siguientes todo un estilo de
aproximación.. Se busca escribir para dar testimonio, para
mostrar las injusticias venidas con la explotación minera…”
(Campos:2005)
La
literatura situada en el escenario petrolero representa la gestación
del nuevo orden social promovido y paralelo a la explotación y
producción. Técnicamente la aparición del petróleo aunada a la
vigencia del régimen gomecista (reflejado en la primeras novelas que
se recrean en este contexto) en la campesina Venezuela significó
para las compañías extranjeras la posibilidad perfecta de hacerse
con un recurso que les ayudaría a mantener su control y economía.
En la
tesis de lo social venezolano surge de forma constante la sentencia
de que el recurso se encuentra en suelo equivocado, los venezolanos
no entendemos cuál es su verdadera utilidad, ni mucho menos cuál es
su rol en el juego de poderes. El extranjero es un depredador de
oficio, que explota y subyuga al campesino desprovisto de cualquier
herramienta cultural para contrarrestar la avanzada de la nueva
colonización, así lo expresan entre otros, Alberto Adriani (1962).
Al respecto Miguel Ángel Campos, nos explica como Adriani es el
pionero en la valoración de la era petrolero como un período
negativo para la nación:
“Es
así Adriani el iniciador de una valoración (más bien condena) ad
hoc para hacer del petróleo la explicación de todos los males,
engendrador de vicios y estragador de haberes y
tradiciones..”(Campos: 2005).
En la
novela que refleja este drama, la literalidad del discurso se matiza
ante la carga descriptiva y agresiva del terreno y la geografía que
se impone casi siempre al narrador. En cada obra surge una
consciencia (la voz del nativo) que promueve la disidencia al nuevo
orden petrolero, promulga la humanidad de la que carece el nuevo
colonizador, la insurgencia a la explotación voraz. A pesar de ello
nada logra, su condena es casi siempre predecible y su destino deja
en la orfandad cualquier intento de establecer un grado de
intelectualidad en el curso de las peticiones de obreros y
empleados, nueva estirpe de campesinos agrupados en sindicatos, cuya
secreta aspiración es continuar en el juego pero con mejores
condiciones. La fragilidad de una célula que no reivindica lo local
sino que aspira calladamente aquello que desprecia, marca el final
recurrente de una batalla perdida antes de comenzar.
Se
instala lo que hemos denominado la era de la mentalidad minera, la
que suplanta a la campesina y otorga una especial valoración al
hallazgo en todos los terrenos, desde lo laboral hasta lo humano y
es entonces cuando la sociedad venezolana trasciende la era
campesina, rendida a la modernidad y a la negociación. La
sustitución del logro que significaba metafóricamente la siembra,
por el deseo de encontrar el beneficio inmediato es una de las
lecturas de la complejidad que supone la era petrolera venezolana.
La instauración de un nuevo color a la opacidad local manifestada en
la descripciones físicas, la aparición de nuevas estructuras que
fortalecen y validan la tesis de que el hallazgo conlleva a la
obtención de logros más perecederos y no a las alegrías transitorias
de la era campesina signó la construcción de un modelo social
orientado hacia la idea de progreso. En este contexto la literatura
venezolana explicita y calladamente navega sobre lo que el escritor,
crítico y ensayista Luis Britto García a denominado “un mar de
hidrocarburos” (Britto:2002)
A este
respecto nos describe a grandes rasgos la suma de la narrativa
petrolera que valida la tesis de perversidad del recurso.
“Después de Mene. El
petróleo es fin de épocas, profecía de decadencia en Casandra
(1957) del mismo Díaz Sánchez. El oro negro es imán de los
primeros grandes núcleos de proletariado industrial, betún que
aglutina conglomerados de miseria citadina, combustible de
proyectos de cambio, lubricante de las maquinarias represivas en
Guachimanes (1956) de Gabriel Bracho Montiel. El bitumen es
estación de trasbordo de la Venezuela rural hacia la urbana,
choque de culturas en Oficina número 1 (1961) de Miguel Otero
Silva. El aceite mineral es botín de rebatiñas políticas e
inspiración de experimentalismos en Petróleo, mi general (1977)
de Arturo Croce” .(Britto:2002).
Ya años antes otras voces,
en este caso, una femenina, narraba cómo de manera tangencial, el
petróleo comenzaba a formar parte de nuestra vida cotidiana, y
especialmente cómo comenzaba a influir en la vida de las mujeres:
“Teresa
de La Parra menciona como de pasada en Ifigenia (1924) que el
buen partido de María Eugenia Alonso tiene negocios petroleros.
Enrique Bernardo Núñez describe en las últimas líneas de Cubagua
(1935) manchas irisadas sobre las olas que advierten que el
petróleo podría reabrir en Venezuela un ciclo de degradación
ecológica, económica y social como el que inauguró la
explotación de las perlas y de los buzos esclavos. Al final de
La Casa de los Ábila (1956), José Rafael Pocaterra hace que el
heredero de una familia arruinada descubra en su hacienda un
manadero de brea, oportunidad de superar la quiebra o de
reincidir en ella. El petróleo es matrimonio prostibulario,
repetición de la historia o incierta oportunidad” (Britto:2002)
Se hace
más palpable la presencia de esta nueva economía en la estructura de
relaciones que se desarrollan en la novela, como reflejo de una
realidad y que construyen un nuevo escenario que refleja al hombre
petrolero o que pertenece a la sociedad protagonista del nuevo orden
social. Pero, ¿cómo se inserta dentro de este mundo masculino, la
voz de la mujer venezolana? ¿Existen vestigios de este nuevo
paradigma social en la novela que no sitúa su argumento en lo
petrolero?
Creemos
que sí y es a través de la literatura escrita por mujeres que
descubriremos los resquicios que nos permiten reconstruir la
historia venezolana a partir de los escenarios no oficiales de la
historia y de la narrativa masculina. Tal y como hemos visto,
Teresa de la Parra, precursora de la literatura femenina con
profundo contenido social, estrena en Ifigenia la voz de la mujer
venezolana, su psiquis, sus compromisos y la posición histórica de
una generación y de una época, una suerte de novela del
descubrimiento que sitúa a una María Eugenia Alonso en la posición
progresista de decidir su futuro y en la retrógrada elección de un
marido por conveniencia, el tan apropiado César Leal, quien además
resulta ser un prominente hombre de negocios petroleros. A partir de
novelas más cercanas y de los procesos narrativos de las escritoras
más emblemáticas de la literatura venezolana dentro de las cuales se
encuentra Laura Antillano, podremos comprender como se conforma el
corpus de una narrativa femenina de vanguardia que se construye en
base a un discurso social que subyace, como es propio de la
literatura escrita por mujeres, a los dramas personales, las
inquietudes existenciales y los planteamientos más íntimos.
La
literatura femenina es tomada en cuenta no como una opción literaria
sino como una manifestación social importante para la comprensión
histórica del país. Abordaremos en el presente un aspecto relevante
de la novelística de Laura Antillano para explorar la construcción
de los personajes y cómo a través de ellos encontramos una nueva
visión del país, una nueva visión de lo histórico venezolano a
partir de una generación nacida bajo el auge petrolero.
Por
ellos nos centraremos en este primer acercamiento a la novela
Perfume de Gardenia (Seleven, 1982)
LA
NARRATIVA
FEMENINA EN EL NUEVO CONTEXTO SOCIAL-ECONÓMICO.
Luz
Marina Rivas en “La novela intrahistórica” (2004) hace referencia a
varios aspectos de la obra de Antillano. Su proceso de
desmantelamiento en pos de conseguir en el género epistolar y en el
diarismo, elementos que saquen a flote el discurso histórico
implícito en la novela, logran sin lugar a dudas exponer aspectos
sustanciales de la obra como la utilización del discurso
periodístico que expone sin ambages la realidad en la que están
inmersos los personajes junto a la utilización de las llamadas
contraliteraturas constituidas por una serie de elementos que
adicionales al relato lo completan y construyen la visión panorámica
de realidad en un discurso que podríamos denominar post moderno. Sin
embargo para nuestro análisis es preciso estudiar mucho más la
estructura de la obra y de los personajes, pues nuestro objetivo es
encontrar aquellos aspectos que materializan el nuevo orden social
de la mujer.
Adriana
y su madre son el eje temático de la obra. Ellas se definen a sí
mismas cada cual en sus escritos, y configuran cada una en su drama
personal, a la nueva mujer venezolana protagonista del siglo XX que
se dirime en seguir los pasos de sus antecesoras o continuar un
camino aún más independiente.
Nos
situaremos en el contexto de la obra de la escritora Laura Antillano
a fin de definir los siguientes aspectos que caracterizan la
construcción de los personajes femeninos:
1.
Situación de la mujer en el país y su participación ciudadana
2.
Relación de la mujer con su entorno familiar
3.
Espacio doméstico vs. Espacio público
LA MUJER Y EL CONTEXTO HISTÓRICO EN
PERFUME DE GARDENIA
En la
Novela Intrahistórica (2004), Luz Marina Rivas se refiere
específicamente a la problemática del género y a su particular
concepción desde la esfera de lo privado y de la afectividad. La
mujer narradora acude al género epistolar para desahogar su
intimidad. El exterior amenazante y reino de la incertidumbre se
opone al espacio doméstico, al hogar con toda su carga ancestral.
En
Perfume de Gardenia (1980), Laura Antillano, a través de Adriana
narra la historia en tres tiempos de una saga familiar. Entre el
matriarcado y sus normas, en sus códigos se entreteje un escenario
de cartas, recortes, canciones, poemas, fotos, etc. Allí se
fotografía la vida común de las mujeres de finales del siglo XIX y
siglo XX aproximadamente hasta 1970. En esta composición de
documentos, desde lo privado, comienza a hilvanarse la conciencia
social de un personaje que descubre, que cuestiona, que enfrenta el
reto de oponerse al canon.
Rivas
apunta:
“Si bien parece que la historia colectiva roza
apenas este texto, puede apreciarse que ya este texto de ficción
está historiando a la mujeres venezolanas del siglo XX,
situándose en los años difíciles de la transición, a mediados
del siglo, cuando el espacio doméstico y el espacio público
entran en conflicto, cuando la necesidad femenina de trascender
los límites es todavía amenazante”.(Rivas:2004)
El
referente histórico de la novela esta dado no sólo por la aparición
de tres generaciones caracterizadas en abuela, madre e hija sino por
los recursos empleados para contextualizarlas. El collage, los
documentos, publicidades, fotografías nos hablan del entorno y de la
introducción paulatina de nuevos elementos para la construcción de
ambiente que nos narra la vida de las mujeres venezolanas y la
incorporación paulatina de elementos a la vida cotidiana que
representan el determinante influjo de la nueva economía petrolera.
Al respecto sobre este aspecto en Perfume de Gardenía (1982) podemos
observar que:
“Estos
collages sitúan a los personajes en contexto, con el imaginario
cultural en que estaban inmersos, con elementos de la cultura de
masas fundamentalmente, aunque también con ciertos íconos de la
cultura letrada o de la historia política que fueron ídolos de
una generación o figuras rechazadas(…) En ellos se reúnen
testimonios de la intrahistoria y de la historia puntual, es
decir, de los productos que la gente usaba, de los artistas que
admiraba, de la ropa que se ponía y también, de las convulsiones
políticas, cambios de gobierno e ideologías
predominantes”.(Rivas)
Esta
novedosa configuración de la novela revela la intencionalidad de
reservar un tono privado a la narración, la construcción de
personajes verosímiles, más que ficcionales, situando al lector en
un espacio donde se comparte los más íntimos deseos. Es así como el
círculo privado de la mujer narradora a pesar de su condicionamiento
externo reserva un espacio de acción que le es propio y que mantiene
a los otros, es decir, a la familia en la más completa lateralidad.
Sólo la voz femenina alcanza un pleno desarrollo y conserva para el
discurso masculino, el cual representa la autoridad, un marco
estrictamente referencial.
La voz
del hombre aparece a través de la carta, es el referente que no
otorga ninguna posibilidad de acción inmediata pero que intenta
determinar conductas y dicta resoluciones. Como ejemplo podemos ver
la carta del bisabuelo a la abuela, las cartas del hermano etc., en
las que se hace alusión muy marcada al rol de la mujer en el hogar,
a la familia como legitimadora de acciones en pro de la permanencia
de un status quo, cuya heredad no debe ser contrariada sino asumida.
Como discurso par está el discurso social, el político, el
económico, que subyuga la mujer y que impone la normativa externa.
Sin embargo, en el seno del hogar, en la más estricta intimidad, el
discurso femenino impone el discurso rector que delimita el accionar
de su círculo y que se revela ante el establecimiento, actuando
contra la dinámica familiar, militando, opinando.
Para el
desarrollo de esa voz, las condiciones de sublevación hacia lo
externo están vedadas. Si bien es cierto que el devenir de la mujer
en la historia venezolana ha problematizado el significado de
ciertas obligaciones, lo masculino y todo aquello que le represente
a reservado a lo femenino el espacio de lo doméstico y su tejido de
múltiples relaciones.
En la
tipificación de mujer que registra el conglomerado de novelas
escrita por mujeres y protagonizadas por mujeres, Perfume de
Gardenia (1982) se destaca pues no presenta un perfil de mujer
enferma, agonizante, sumisa o maltratada. Nos refiere directamente a
la conformación de la vida de unas mujeres con oficios distintos al
doméstico, militantes, profesionales y en cuyas vidas la esfera de
lo privado sigue teniendo plena vigencia aún cuando hayan iniciado
un viaje de iniciación o de crecimiento o han hecho de alguna manera
suyo el modelo masculino de realización personal: estudio,
profesionalización, independencia económica, sexual, etc., dejando a
un lado o posponiendo los indicadores tradicionales de la condición
femenina: conformación de un hogar, atención al esposo y a los
hijos.
Zulema
Moret en su ensayo Los Perfumes de la Memoria: Perfume de Gardenia
de Laura Antillano (1982) nos dice:
“Desde la Venezuela agraria a la Venezuela petrolera,
estas tres mujeres muestran en planos de fondo de una narración
fragmentaria sus vidas hechas de pliegues, rupturas, saltos en el
tiempo y en las formas discursivas” (1995:165)
Voz de
mujer, voz que se erige dominante y que deconstruye el discurso
oficial, discurso de autoridad a través de la revelación de los
gustos propios, de las inquietudes de una saga familiar que sucumbe
a las demandas sociales pero que descubre un camino diferente a
través de la protagonista dispuesta a evaluar afectiva e
ideológicamente su contexto histórico. La crítica literaria ha
tratado de encasillar Perfume de Gardenia con diferentes formas:
Novela autobiográfica, cuento costumbrista, recuerdos de infancia,
crónicas e incluso confesión. Sin duda esta novela logra prefigurar
la problemática de lo que implica ser mujer, ser escritora y
latinoamericana. Para nosotros la novela refleja la marcada
transición histórica del país, la feminidad puesta a prueba en la
determinación de tres mujeres que son figuras referenciales de una
casta que nos modela a la mujer venezolana del siglo XIX y XX, en
varios estadios de su conducta social pero que perfila el germen de
la novela postmoderna cargada de referentes e instalada en un
discurso entre elementos que pretenden:
“intentar
recuperar una tradición o una historia, a partir de la mezcla,
repetición o incorporación al tejido novelesco de un conjunto de
manifestaciones artísticas y culturales” (Montero:2007).
Uno de
los principales rasgos es el principio de transgresión de la ley
familiar impuesto pro el personaje principal: Adriana, quien lucha
por establecer y demarcar su individualidad dentro de un contexto en
el que se conservan los estamentos sobre los cuales se rige el
sistema patriarcal a saber: el matrimonio, la fidelidad, la
crianza de los hijos y todo lo que respecta al quehacer doméstico.
“Esta reflexión permanente sobre el ser mujer se
desplaza al ámbito del devenir escritora, situación ya planteada en
el diario de adolescencia y que requiere de un viaje, de una salida
del hogar paterno para realizarse con deseo, entrega y no mera
vocación adolescente. Viaje que, al igual que los viajes iniciáticos
de los héroes de la novela de iniciación de tradición germana o
ingles, o los viajes de aventuras, es iniciación asimismo en el tema
amoroso. Doble iniciación para una joven que requiere de la
transgresión de la ley familiar, la salida para poder ser, poder
preguntarse quién se es” (Moret: 1995:169)
La
evolución en comportamiento de la mujer venezolana y su hidalguía
expuesta en el enfrentamiento al canon familiar es una de las
situaciones que pone de manifiesto Perfume de Gardenia (1982). La
cultura petrolera en combinación con la incorporación de nuevos
patrones de conducta, propician para la mujer un cambio radical en
la determinación de su vida. La verdadera transgresora de la novela
es la madre, ella muestra y oculta, vive la apariencia de un canon y
su muerte devela un entramado desconocido de relaciones, de
pensamientos. Adriana desde una zona más confortable, producto de un
verdadero cambio del paradigma emigra del hogar sin excusas, no hay
matrimonio. La madre continuamente sustituirá sus máscaras logrando
la evasión reposada. La era petrolera claramente evidenciada en la
novela, subyace a la dinámica de estas mujeres, propiciando desde su
discurso un destino distinto para la protagonista.
BIBLIOGRAFÍA
DESAGRAVIO DEL MAL. Miguel Ángel Campos. Fundación Bigott.2005
DIOSAS,
MUSAS Y MUJERES. Varios Autores. Monte Ávila Editores. 1993
ESCRITURA Y DESAFÍO. NARRADORAS VENEZOLANAS DEL SIGLO XX. Edith Dimo
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2004.
PAÍS
PETROLERO, LITERATURA SIN PETRÓLEO. Luis Britto García. Ultimas
Noticias. Domingo 21 de julio de 2002.
PERFUME
DE GARDENIA. Laura Antillano. Seleven.1982.