México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2008 I Año 3 I Número 14 Publicación Bimestral I Reserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

José Arturo Salcedo Mena. es Licenciado en Relaciones Internacionales, es Maestro en Ingeniería en Imagen Pública y tiene el título de Consultor en Imagen Pública. Actualmente es profesor de las asignaturas de Política Mundial I, Política Mundial II y Seminario de Política Exterior para la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán – UNAM. Ha escrito y publicado ensayos en diferentes medios sobre Imagen Pública, Literatura, Psicología del Mexicano y Relaciones Internacionales. Asimismo, ha dado conferencias en instituciones de educación superior sobre la Imagen Pública. Asesora a instituciones y personajes públicos en cuestiones de imagen.

Líneas introductorias 

La seducción de las palabras, libro de Álex Grijelmo, es un estudio exquisito donde se demuestra la relación existente entre palabras y emociones: “La seducción (de las palabras) parte de un intelecto (…) pero no se dirige a la zona racional de quien recibe el enunciado, sino a sus emociones. Y sitúa en una posición de ventaja al emisor, porque éste conoce el valor completo de los términos que utiliza, sabe de su perfume y de su historia, y, sobre todo, guarda en su mente los vocablos equivalentes que ha rechazado para dejar paso a las palabras de la seducción.”[1] 

Álex Girjelmo, periodista y amante de la lengua español en alguna ocasión afirmó que le encantaban las peculiaridades mexicanas en el lenguaje, especialmente sus neologismos.[2] Las palabras del mexicano, dice el periodista, son tiernas, descriptivas y divertidas[3] Después de leer La seducción de las palabras esta aseveración llamó particularmente mi atención por ser una materia en la cual no había reflexionado con anterioridad. Es mi deseo en este trabajo cavilar en torno al léxico  del mexicano o su imagen verbal. 

  

Lacónico análisis psicolinguístico del mexicano 

El lenguaje es revelador de la historia y de la psicología de los pueblos. Hacer un análisis lingüístico de un pueblo descubre su inconciente histórico. El mexicano destaca por su ancestral forma de manifestarse por medio del lenguaje circunstancial. El mexicano se desapega fácilmente de los cánones lingüísticos fijados por la Real Academia de la Lengua Española, obedeciendo a su natural rebeldía por lo estricto, por lo metódico y por aquello que signifique sumisión a España.  

Y es que el mexicano se caracteriza por la insurrección que desde el nacimiento de la mexicanidad[4] ha enarbolado sobre todo en su conversación, con sagacidad,  picardía y doble sentido, pero también con disimulo y autodevaluación.  

En México las palabras tienen una fortísima carga evocativa (sobre todo aquellas palabras pertenecientes al caló y al lenguaje coloquial), donde detrás de cada  letra se esconden evocaciones, recuerdos, aromas, sabores y la historia de su pueblo.  

La palabra “grito” por ejemplo evoca de manera automática la celebración patriótica del 16 de septiembre para festejar la Independencia de 1810. La palabra “gringo” es un despectivo y xenófobo calificativo que tiene su origen durante la intervención norteamericana de 1847, cuando el pueblo al ver desfilar los pelotones uniformados de verde les gritaban en mal inglés green go.

  

Madre: la palabra favorita 

“Madre” (o “mamá”-con dos emes que arrullan y dos blancas as-) es la palabra favorita de los mexicanos (aunque muchos no lo reconozcan porque les resulte cursi y su virilidad y/o machismo se vean afectados) por todos los significados, evocaciones y emociones que conlleva; es una de esas palabras que son como cerezas anudadas siempre a otras de las cuales habla Alex Grijelmo[5]. Para el mexicano la madre es la figura fundamental en todos los aspectos. Incluso, durante la época prehispánica donde se adoraba a Tonantzin (la Madrecita de todos los Cielos que en la Colonia se convirtió en la Virgen de Guadalupe), morir al dar a luz era lo mejor que podía sucederle a una mujer. Decir “madre” en México equivale a atribuir aquellas características que describen en el contexto popular a la mujer perfecta: su mundo gira en torno a los hijos, abnegada, disimulada y fingida, sometida, religiosa, tradicionalista y víctima. Incluso se utiliza esta palabra para añadir valor al discurso, como “a toda madre” (que es hermoso), “¡en la madre!” (admirativo), “madral” (mucho) y “chingomadral” (abundancial).  Curiosamente la lingüística popular le ha dado significados diametralmente opuestos, comúnmente para desvalorizar; la explicación la encuentro en que al ser la madre lo más apreciado en la cultura mexicana, depreciar la madre del enemigo es el insulto más grande: “chinga tu madre” (joder, molestar o fregar a la madre), “desmadre” (vacilar, echar relajo),  “madriza” (golpiza), “pura madre” (que no acepta nada de nadie), “vale madre” (que no vale nada)

  

El diminutivo (con tres íes) en el léxico mexicano 

Como señala Grijelmo, la letra i se ha apropiado del mensaje de lo pequeño por su sonido[6]; al parecer esta letra es una de las favoritas del mexicano por ser los diminutivos parte esencial en su lenguaje. Los utiliza para hablar de manera cariñosa (no se vaya a ofender el receptor), como por ejemplo “mijito”, contracción en diminutivo de “mi hijo”; para encubrir  sentimientos como orgullo y presunción que requieren de la atenuación porque son condenados por la religión católica[7] –recordemos que la religiosidad en el pueblo mexicano está muy arraigada–, como “estoy ahorrando un dinerito”, “me compré un cochecito nuevo”; y de manera inconciente, devaluándose él mismo, a sus posesiones y a lo que le rodea, proyectando así su sentimiento de inferioridad[8]: “tengo un changarrito de refacciones” para referirse a la posesión de un negocio que no reúne las características de tienda de autoservicio consagrado al rubro de refacciones automotrices, “paso por ti en mi carcachita” para referirse a la acción de recoger a alguien en un vehículo viejo, o “voy a comprarme unos trapitos” para afirmar que se comprará ropa.  

 La “letra” ch 

Considero que la “letra” preferida del mexicano es la ch por ser una letra chingona (que se las sabe de todas todas; mexicana por antonomasia), chipocluda (inteligente, sagaz, relevante), pero también chacualera (vacilona) y chacotera (contraria a toda solemnidad) -a pesar de que la ch no es una letra, sino dos que representan un sonido de articulación predorsal, prepalatal, africado sonoro (la insurrección y la rebeldía plasmada en el discurso)-.  Así, se puede escuchar oraciones y conversaciones repletas de chés, como por ejemplo  “¡Chale!, aquella chamaca chancluda con chal anda con ese chamaco chamagoso que atiende el changarro de champurrados y con el chato chipotudo que es chafirete de la Central. ¡Charros, charros!, que ahí viene[9]; otro ejemplo que podría ilustrar este párrafo es la canción interpretada por el grupo Café Tacuba intitulada “Chilanga Banda”.  

 

Palabras disimuladas en la política mexicana

 

En México todo mundo disimula y nada es lo que parece. Rodolfo Usigli definía a la política mexicana como un conjunto de mentiras que pugnan por convertirse en verdades. El pueblo mexicano ha sido y es una masa manipulada por unos cuantos seducida históricamente por las palabras.  

Hoy, el discurso oficial es que el mexicano debe respetar las instituciones, porque para el mexicano respetar connota e implica “obedecer” y también “amar”. Las paradojas abundan no solamente en el discurso sino también en el nombre de las instituciones: la CNC (Confederación Nacional Campesina), por ejemplo,  no fue creada por campesinos ni por iniciativa de ellos, sino por el Presidente Lázaro Cárdenas; el Partido Revolucionario Institucional (PRI), pregonero de la “Revolución” es el partido más conservador y enemigo de los cambios sustanciales y sustanciosos; el Partido Acción Nacional (PAN) se ha caracterizado en el último sexenio presidencial por la inacción.  

Esta dramatización de la irrealidad[10] es una de las manifestaciones evidentes de la crisis de la posmodernidad; la realidad desaparece bajo construcciones ficcionales, convirtiéndose en una seña de identidad de la manipulación propia de la consabida era de la sospecha.  

 

A manera de conclusión

 

¿Qué es más eficiente en México para emitir mensajes, dirigirse al corazón o a su intelecto?  El mexicano, como todo ser humano, repele la lógica de argumentos dirigidos hacia la razón -no apela que un razonamiento se comprenda-, busca lo expresivo, palabras con aromas distinguibles, apelando a razonamientos que se sientan. La palabra, como se observó en este trabajo, tiene una lógica asociativa, toma elementos que simbolizan una realidad y dispara recuerdos.  

El axioma #4 de la Imagen Pública es “la mente decide mayoritariamente en sentimientos”.[11]  Para emitir mensajes exitosos en México, dirijámonos al corazón de su gente, utilicemos sus palabras –aquellas que le significan, le evocan y le conmueven, aquellas cerezas anudadas siempre a otras–. 

Otro axioma de este conocimiento es que “la construcción de una Imagen Pública siempre será relativa a tres factores indispensables: la esencia, el objetivo que se desea cumplir y las necesidades de la audiencia”. Conozcamos, pues, a nuestra audiencia y hablémosles en su mismo idioma, con las palabras que heredaron de sus antepasados y que conmueven y exaltan sus pensamientos, dramaticemos la realidad[12] siendo absolutamente fieles a la verdad y/o  a la esencia del emisor

 

 Fuentes consultadas:

 

Colodrón Denis, Victoriano, “Álex Grijelmo o el placer de las palabras (entrevista en exclusiva con el autor de Defensa apasionada del idioma español)”, en Cuaderno de la lengua: crónicas personales del idioma español, n.° 13, Madrid, 16 de diciembre de 2002; disponible en: http://cuadernodelalengua.com/cuaderno13.htm 

Díaz Guerrero, Rogelio, Psicología del mexicano. Descubrimiento de la etnopsicología, Editorial Trillas, México, 2002. 

Gómez de Silva, Guido,  Diccionario breve de mexicanismos, Academia Mexicana - Fondo de Cultura Económica, Mexico, 2001. 

Gordoa, Víctor, El poder de la Imagen Pública, Grijalbo-Random House Mondadori, México, 2006.  

Grijelmo, Álex, La seducción de las palabras, Santillana Ediciones Generales, España, 2000, p.40. 

Ramírez, Santiago, El mexicano. Psicología de sus motivaciones, Editorial Grijalbo, México, 1977.


[1] Grijelmo, Álex, La seducción de las palabras, Santillana Ediciones Generales, España, 2000, p.40.

[2] Recordemos que neologismo es una palabra, expresión o acepción de creación reciente, que aparece o se adopta en una lengua.

[3] Colodrón Denis, Victoriano, “Álex Grijelmo o el placer de las palabras (entrevista en exclusiva con el autor de Defensa apasionada del idioma español)”, en Cuaderno de la lengua: crónicas personales del idioma español, n.° 13, Madrid, 16 de diciembre de 2002; disponible en: http://cuadernodelalengua.com/cuaderno13.htm

[4] Se dice que la mexicanidad nació cuando la cultura azteca se funde con la cultura española para crear la cultura mexicana.

[5] Grijelmo, Op. Cit.,  p. 22

[6] Idem., p.52.

[7] Al deseo de sobresalir, de ser honorable y glorioso la iglesia católica lo llama avaricia (con v de vano, vil, virus y vulgar y con dos íes que reducen y condenan moralmente a la palabra).

[8] Recordemos que Santiago Ramírez, famoso psicoanalista, sostiene que la compleja realidad psicológica del mexicano tiene su origen en el trauma de la conquista. Al ser el pueblo mexicano un pueblo derrotado, el mestizaje se dio experimentando fuertes sentimientos de inferioridad con respecto a una supuesta raza superior. (Cfr. Ramírez, Santiago,

[9] Para conocer el significado de las palabras mentadas en el ejemplo, consúltese: Gómez de Silva, Guido,  Diccionario breve de mexicanismos, Academia Mexicana - Fondo de Cultura Económica, Mexico, 2001.

[10] Entiendo la dramatización de la irrealidad como mostrar acontecimientos falsos con las técnicas y mecanismos utilizados en Imagen Pública para dramatizar la realidad, dramatizar la irrealidad es representar una ficción.

[11] Cfr. Gordoa, Víctor, El poder de la Imagen Pública, Grijalbo-Random House Mondadori, México, 2006.

[12] En Imagen Pública dramatizar la realidad consiste en potenciar las cualidades o valores de algo o alguien y transmitirlos de manera breve y emotiva buscando una respuesta conductual positiva de las audiencias en torno a ese algo o a ese alguien.

 

 

 

 

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