Caminante son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.”
Antonio Machado.
El sevillano Antonio Machado (1855 -1939) se
inicia en la poesía, propiamente en 1903, con la
publicación de Soledades, galerías y otros
poemas, pero no es hasta Campos de
Castilla (1912) que el poeta afianza la idea
de liberar su poesía de elementos ocasionales y
perecederos.
Machado proporciona, como menciona Cerezo Galán,
un carácter simbólico y sugestivo a la palabra,
un estado musical al alma -a través de un
sentimiento de raíces subconscientes-, como
también, una intuición y textura abierta del
sentido (18) Es por ello, que así se inaugura
una nueva voz que canta sobre la vida interior,
que reclama por una juventud no experimentada o
dejada atrás; a la vez que se instaura una nueva
voz que resuena incesante sobre la idea de la
patria, la muerte, el sueño y el misterio como
discurso. Es así que, la noción de la
temporalidad y la intuición de la realidad
próxima como también la lejanía de una
ensoñación, descansan en un presente que
encierra en sí mismo continuidad, dejando que
“Castilla miserable, ayer dominadora”, en un
plano de la conciencia de la voz poética, sueñe,
espere o duerma.
Es posible encontrar en la poética de Machado y,
en particular caso, en Proverbios y cantares
(1909) como en Poema de un día (1913)
un rasgo de decisiva espiritualidad. La idea de
la conciencia y la temporalidad, en la voz
poética que hoy nos concierne, no se transforma
en un elemento infinito e infinitamente creador,
sino en una energía finita, condicionada y
limitada por situaciones, circunstancias y
obstáculos, que pueden incluso solidificarla,
degradarla, bloquearla o dispersarla. En la obra
de Machado se inscribe la presencia de la
existencia del cuerpo y el universo material
para entender la temporalidad de la conciencia.
Se inscribe, una noción que reinstala la
conciencia a su existencia concreta, que es
condicionada y problemática.
En su estudio sobre el pensamiento de Henri
Bergson, Michael Barlow, destaca la importancia
de la “duración real” como el dato de la
conciencia despojado de toda supra-estructura
intelectual o simbólica en su simplicidad
originaria (96). Es claro que la voz poética en
Machado se presenta como existencia espiritual y
camino incesante, como una corriente continua e
ininterrumpida que varía sin tregua, no
sustituyendo cada estado de conciencia por otro,
sino disolviendo los estados mismos en una
continuidad fluida. La conciencia de la huella
permutada que retorna con el simple hecho de
volver la mirada hacia atrás, se instala en el
sujeto poético de Proverbios y cantares;
dicha conciencia es la voz que, como eco,
resuena en el revés de un corazón sonoro, tal
cual una moneda que cae en la alcancía vacía de
la memoria y el tiempo como se muestra en estos
versos:
Morir… ¿Caer como gota
de mar en el mar inmenso?
¿O ser lo que nunca he sido:
uno, sin sombra y sin sueño,
un solitario que avanza
sin camino y sin espejo? (580).
No está ante nosotros, como es evidente, un
sustrato inmóvil del “yo” sobre el cual se
proyecte la sucesión de los estados conscientes.
Aunque la duración como progreso está presente
en la poesía de Machado, esa duración que
carcome el futuro y se acrecienta avanzando,
revela en la voz poética que su pasado no puede
reflejarse ya de manera objetiva y tiene que
acudir a la memoria no como una facultad
especial, sino como un mismo devenir espiritual
que espontáneamente puede conservarlo todo en sí
mismo.
En su Ensayo sobre los datos inmediatos de la
conciencia, Henri Bergson argumenta sobre la
preservación de la memoria que, ésta puede ser
vista como una creación totalizadora, ya que en
ella cada momento, aún siendo el resultado de
todos los momentos precedentes, es absolutamente
nuevo respecto a ellos (65). La voz poética de
Poema de un día no se aleja de esta
tradición filosófica y augura “gota a gota” un
devenir como una corriente de agua clara que
encierra en sí misma la posibilidad de
trasformase o corromperse como un fenómeno
necesario para el florecimiento y resultado que
anuncia cambio y transfiguración:
Oh, tú que vas gota a gota,
fuente a fuente y río a río,
como este tiempo de hastío
corriendo a la mar remota,
con cuanto quiere nacer,
cuanto espera florecer (554).
Entonces, existencia y temporalidad, en la voz
poética de Machado, significan madurar:
evolución que se muestra como una creación y
re-creación indefinida. Es así que la conciencia
de la voz poética no se reduce a la duración de
sí misma como parte de un tiempo homogéneo, sino
que todos los estados mentales se unifican en la
fluida corriente de la conciencia, como en un
río en el que no pueden distinguirse dichos
estadíos si no es por un acto de abstracción. El
tiempo, en la poética de Machado, es la
corriente del cambio que no puede darse sin una
labor abstractiva del entendimiento y el uso del
lenguaje que va unido a él.
Menciona Cerezo Galán que la lucha contra el
tiempo, en Machado, se “encanta”
en la palabra como una
exploración de las galerías del alma en la
eterna búsqueda por un tiempo perdido que
retorna en la luz de los sueños al “conjuro de
la palabra poética” (169). Es así que el
“Tic-tic, tic-tic” de la voz poética reconoce
libremente la nulidad de la eternidad y la
perduración del mal o ¿del bien? Esta libertad
se encuentra, en el sujeto poético, postrada
ante la intuición de un albedrío que,
imprevisible, no postula como causa el “yo”, ya
que eso implicaría definición y, en Machado, la
definición queda fuera del contexto poético. Por
ello, el expresar, como fórmula lingüística,
queda fuera del tiempo del que la voz poética se
percata y es consciente; dicho tiempo se revela
como “duración”. Duración que lleva al sujeto
poético a la meditación y, al retorno consciente
de la inteligencia, al instinto.
El tiempo heterogéneo, ese que la psique de la
voz poética no niega, ese que responde al
estremecimiento del alma del sujeto poético no
está separado del instinto que despierta en él
la noción de la meditación rural. La intuición
en Manchado, es un impulso que se ha vuelto
desinteresado, consciente de sí, capaz de
tornarse sobre su objeto y de extenderlo
indefinidamente. La intuición estética en esta
particular voz poética nos hace percibir la
individualidad de las cosas poetizadas,
individualidad que escapa a la percepción común.
La voz del poeta lejos de retener las
impresiones útiles de la realidad rural o de la
noción de las horas y el minutero, nos muestra
las exigencias de la acción, desveladas,
desnudas; así éste logra comunicación inmediata
con las cosas, una comunicación que sólo se
logra sin la lectura de las etiquetas que los
sujetos imponen ante la realidad. La voz del
poeta se niega a la definición, busca en la
imaginería del tiempo el vacío y la salvedad;
busca en el “otro” esa respuesta sin tregua, ese
“otro” que puede ser Unamuno, Bergson, Dios o,
incluso, sus mismos demonios que no le dejan
descansar. Tiempo como “soledad de soledades”,
tiempo de acción ilimitada e indefinida, tiempo
que en la dirección de los sentidos humanos
despierta del sueño eterno en que ha estado
guardado, callado.
El tiempo toma voz, se apropia de manera
analítica e intelectual del lenguaje y lo vuelve
suyo; tal vez, simpatía por la cual esa voz -la
del poeta- penetra en el interior de la vida
rural para coincidir con ella en lo que tiene de
única y por tanto, de inefable. La voz poética
descubre la posibilidad que el tiempo le provee
para que en una “estancia iluminada” de la
intuición se dé cuenta de su propio latir y
resonar como parte de un sujeto finito,
mesurable y, lo más importante, vivo:
En estos pueblos, ¿se escucha
el latir del tiempo? No.
En estos pueblos se lucha
sin tregua con el reló,
con esa monotonía,
que mide un tiempo vacío.
Pero ¿tu hora es la mía?
¿Tu tiempo, reloj, el mío?
(Poema de un
día, 553).
No se niega, pues, como parte de un análisis
intelectual que el sujeto poético acciona a
partir de la necesidad de símbolos en la
temporalidad de Machado, el poeta; pero esa
aproximación, es materia para otro estudio. Aquí
lo trascendente es ese proceso por el cual la
voz poética encuentra su órgano, casi
metafísico, en la intuición y es a partir de
ésta que la voz encuentra su característica
espiritual que le revela que “ni en el alma ni
en el viento” existe un cimiento-objeto, más
aún, revela que la poesía no construye la
conciencia sino únicamente expone las
estructuras de ésta. Por lo tanto, una
metafísica del cimiento poético, en la voz
poética que hoy nos atañe, queda negada. Se
trata, entonces, de las estructuras que revelan
la duración “consciente” que se postra en contra
de la “espacialización”.
Es por ello, que la intuición le permite a la
voz poética alcanzar, por medio de la conciencia
de temporalidad, un impulso vital, que es su
fuerza creadora.
Las horas se transforman en minutos cuando el
poeta espera saber algo, pero la voz del poeta
se agita al ver en el tiempo la posibilidad de
lo que puede ser aprendido o ¿aprehendido?,
incluso, de lo que ha dejado de aprender, de lo
que deja o ha dejado escapar. Es así que la
pregunta retórica es expulsada al viento sin
nadie que responda, tal vez, sin nadie que
habite en el mundo ya. Todo ha pasado y la voz
del poeta resuena sin cansancio en esta premisa:
Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender […]
En preguntar lo que sabes
el tiempo no has de perder…
Y a preguntas sin respuesta
¿quién te podrá responder?
(Proverbios y
cantares, 569-570).
En la realidad de la voz poética queda claro que el
único objeto de la intuición es la conciencia.
Pareciera que existe, en Machado, de forma implícita
una visión directa de la conciencia por parte
de la conciencia. Entonces, podríamos
preguntarnos de manera transliteral si en la voz
poética de Proverbios y cantares, ¿hay dos
modos de conciencia?
La intuición en la voz poética que nos concierne
puede tener significados diversos y no se define
unívocamente. Con todo, su distinción esencial es
que la voz poética en Machado piensa en términos de
duración, de conciencia pura; es por ello que
tenemos la sensación de estar ante dos conciencias,
pero no es así, ya que todo se remite a la acción
intuitiva de aprehender o arrojar objetos
poetizados. La voz poética en machado pareciera
comprender que los objetos de intuición tienen vida
propia por lo que tiene que atraparlos con el ardid
de la sutileza reflexiva, colocarlos, a la manera de
Cerezo Galán, en el “encantamiento” del verso y
escucharlos rugir en paz y, si no los hace suyos al
final, dejarlos ir a otros versos, a otros poemas:
Hay dos modos de conciencia:
Una es luz, y otra paciencia […]
Dime tú: ¿Cuál es mejor?
¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos,
fugitivos,
que no se pueden pescar
(Proverbios
y cantares, 577).
Aquí, la “pesca” de dichos objetos sólo se podrá
realizar si la intuición, como menciona Bergson,
posee un hilo conductor. La intuición deberá ver
si este hilo sube hasta el cielo o si se detiene
a cierta distancia de la tierra (72). En el
primer caso, la voz poética en Machado estaría
experimentando un proceso místico, y queda claro
que no sucede así. Pero es el segundo caso el
que nos ha interesado, porque es evidente que la
voz poética logra pescar uno o más de esos
objetos que, volátiles, recorren su conciencia
en la temporalidad y duración real de su
aprehensión. Por lo tanto, es aquí, en este
punto mismo de la anécdota del poeta, cuando
estamos postrados ante una voz que ha aislado
las experiencias metafísicas, sin oponer las
unas a las otras. En todo caso, la poética de
Machado se revela, de manera paradójica, muy por
encima de la condición humana.
Entonces, ¿será posible que nos encontremos
frente a una conciencia nihilista, empirista,
ascética? o ¿será posible, pues, que nos
encontremos ante una conciencia de mítico
anacoreta y visionario? La respuesta reside en
el viaje del mundo que la intuición, en Machado,
dibuja y, en la conciencia de saber si vamos en
busca de lo que alguna vez la voz poética,
presente en Machado, estuviese contemplando, ya
fuese en Soria, Baeza o, simplemente, a orillas
del Duero.
Bibliografía
BARLOW, Michael. El pensamiento de Bergson.
México: FCE, 1990.
BERGSON, Henri. Ensayo sobre los datos
inmediatos de la conciencia. Ed. Juan Miguel
Palacios. Salamanca (España): Ediciones Sígueme,
1999.
CEREZO GALÁN, P. Palabra en el tiempo: poesía
y filosofía en Antonio Machado. Madrid:
Gredos, 1975.
MACHADO, Antonio. Poesías completas. Ed.
Orestre Macrí, (3 vols.). Salamanca:
Universitaria, 1989.
MENÉNDEZ PELÁEZ, Jesús (et al). Historia de
la literatura española (3 vols.). León
,España : Everest, 2005.
Término que H. Bergson utiliza en El
pensamiento y lo moviente,
mencionado en la obra citada de Michael
Barlow. Dicho término hace referencia al
antagonismo que surge entre la
“temporalización” y la “espacialización”
de la conciencia, mismas actividades que
se encuentran coordinadas por la
inteligencia humana pero que se
diferencian entre ellas a partir del
acto libertad del cual la intuición hace
“consciente” al hombre. La
“espacialización” denota un proceso de
necesidad interesada (107).