México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2008 I Año 3 I Número 14 Publicación Bimestral I Reserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

Leopoldo de Quevedo y Monroy. Escritor colombiano. Abogado egresado de la Universidad Libre  de Cali y Magíster en Docencia Universitaria por la Universidad del Valle. Ha publicado Confesiones de un cura casado (Corredor, 1999), El anteproyecto y el proyecto de investigación, los poemarios Versos sacros y profanos (Artes Gráficas del Valle; Cali, 2005) y Cotidianidad en Re-verso (Artes Gráficas del Valle; Cali, 2006) y diversos textos en los diarios El Tiempo (Cali), El Liberal de Popayán, la Revista Plenilunio y en las revistas virtuales Cronopios, Letralia, Árbol Invertido, Redcamaleón, Inventiva Social, y Redyacción. Invitado a “La Hora de la Poesía”, Feria del Libro en Bogotá (2005), V Festival Internacional de Poesía en Cali, XI Feria del Libro Pacífico,  Museo de Artes Decorativas de Ciego de Ávila, Cuba, 2005 y Primera Feria del Libro, Tinta y Papel, de Palmira, Colombia. 2007.

 

La vi anoche más coqueta que nunca. Y el embrujo duró toda la noche. Estaba ya en ropa de cama sentada como una diva. Sus piernas una sobre la otra con medias hasta la ingle. Una nube sobre su torso y sus brazos tersos tendidos al cielo. Su cara de mármol suave lucía cual Juno o Hera posando para Praxíteles en el pórtico de las vestales. El firmamento mudo la arropaba con smog de lino tras la gran alcoba de vidrio. Los arreboles del sol aún se alejaban y detenían su paso mirándola de reojo.  

Desde esta tierra lejana, ella, como novia blanca en  noche de bodas, caminaba lenta con su rebozo de agua y su mirada de diosa. Era consciente que los hombres elevaban sus quijadas para no perder el espectáculo de su vuelo hacia el aposento de rojo. Su cara estaba más redonda y las líneas de sus pómulos lucían finas y pálidas como princesa y geranio de sala. Sus ojos entornados, apenas abiertos, brillaban como el lucero que a su lado le perseguía. Sus labios entrecerrados, una sonrisa robaban a la Gioconda de Leonardo. Su cuerpo, sombra de nieve, apenas si se movía por entre estrellas, osas, manchas lácteas y constelaciones con penachos. Nadie logró ver sus tobillos ni caderas ni espalda, ni mucho menos su pecho. Los expectantes voyeristas quedaron burlados porque, como dama en celo, sólo nos dejó ver su cara. 

Pasada la media noche, Luna corrió la negra cortina y se escondió a las miradas. Cambió de ropas su cuerpo y tiñó de rojo el ambiente. Maquilló la palidez de su rostro por el carmesí de la rosa y sobre sus hombros colgó una  abermellada saya. El cielo se puso rojo y el aire voló hasta la tierra con saltos de agua encendida. La Luna cambió su blanco a rojo y dio la vuelta en redondo sobre el cenit de su gloria porque estaba de Plenilunio. Nadie le había visto tan sexi porque no la habían visto en conquista. Era joven y era núbil, era virgen y era ángel, era fetiche y placer. Jamás mujer alguna había demorado tanto para maquillar su figura.  Desde oriente hasta occidente y en todos los puntos del Orbe los hombres pudieron ver por horas a esta mujer en toda su sangre real, reina de todas las noches que se acuesta al clarear.   

Paparazzis, poetas, telescopios, novios y novias, viejos y niños salieron a ver la novia que bailaba el vals del cisne en el palacio de hadas. Por toda una noche asistieron a un concierto en sala sin sillas. Nadie sintió la pesadez del cansancio ni se perdió un segundo la sinfonía de la Ninfa que encantó y fue la estrella mayor en el firmamento de Universo. 

¿Cuándo la volverán a ver estos ojos de iris y de lentes que todo lo quieren probar? Por qué será que la Luna sólo viene por la noche cuando el afán se aquieta, el espíritu está sereno y los sentidos se alertan para percibir las delicias del amor? Ella es una dama lejana, sentada sobre sí misma, en la punta del Universo. Allí nos sigue mirando con la misteriosa sonrisa que un día puso en sus labios, el pincel de un atrevido. ¿Y nosotros en la cama tenemos una Luna cercana? ¿Sin maquillaje nos mira y nos deja que le pintemos el cuerpo, le cantemos y la arrullemos hasta que sea la madrugada?

 

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