México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2008 I Año 3 I Número 14 Publicación Bimestral I Reserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

Iconografía Mexicana VII. Atributos de las deidades femeninas. Homenaje a la maestra Noemí Castillo, Beatriz Barba y Alicia Blanco (coords.), México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2007.

 

María J. Rodríguez-Shadow, es licenciada en arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, Maestra en Estudios sobre Estados Unidos por la Universidad de las Américas-Puebla, doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Nacional Autónoma de México; es investigadora en la Dirección de Etnología y Antropología Social del Instituto Nacional de Antropología e Historia y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ha escrito capítulos de libros, artículos en revistas, reseñas y los libros: La mujer azteca, Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México, El pueblo del Señor: Fiestas y Peregrinaciones del Santuario de Chalma, El estado azteca y Las mujeres en Mesoamérica Prehispánica.

 

Introducción

El estudio de las deidades femeninas ha sido, durante mucho tiempo, un tema que ha atraído bastante interés de las académicas de diferentes disciplinas humanísticas, la arqueología, la historia, la etnohistoria, la sociología, la psicología, por nombrar unas cuantas.

         Desde la Sociología, Rita Kelkheim en su libro Santuarios Marianos Mexicanos  (México, Limusa, 2002), realizó un análisis metódico de las diversas advocaciones de la virgen María en nuestro país.

         Desde la arqueología y examinando minuciosamente las fuentes documentales y el análisis de las pictografías de diversos códices, Miriam López Hernández (2005 “La condición de la mujer mexica y maya vista a través de las diosas” tesis de licenciatura en Arqueología presentada en la ENAH, febrero) investigó las concepciones religiosas, en especial el papel que desempeñaron las deidades femeninas en el imaginario colectivo en la civilización maya y en la cultura mexica. Parte de la premisa de que este tipo de estudio puede aportar pistas para comprender la condición femenina en una sociedad concreta.

         En un trabajo más reciente esta misma arqueóloga (Miriam López Hernández, 2007 “Los teotipos en la construcción de la feminidad mexica”, en María Rodríguez-Shadow, Las mujeres en Mesoamérica prehispánica, Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, pp. 243-274) realiza el estudio de las deidades femeninas del panteón mexica enmarcando su análisis en esa estructura social, económica y política, que le permitir ubicarse en un tiempo y espacio determinado que la autoriza a proponer planteamientos bien fundamentados a partir del empleo de la categoría analítica de género.  

         Desde la Psicología Susana Cervantes Centurión (2002, “un acercamiento al ser femenino en el estudio arquetipal de dos diosas mesoamericanas”) hace un análisis de dos deidades: Ixchel y Tlazoltéotl, para deducir el papel de las mujeres en la sociedad maya y mexica, respectivamente  

(http://www.fundacion-jung.com.ar/forum/Tesina2002.htm)

         Luz María Alvarado Bárcenas (2005),[1] medica del Instituto Nacional de Medicina de Rehabilitación quien ofreció una disertación sobre “Xochiquetzal y Tlazolteotl arquetipo de la Sexualidad Femenina. Una propuesta de integralidad, equidad y placer,” lleva a cabo un ejercicio similar. Desde el examen de los códices Selden y Borgia, Cecilia Rosell y María de los Angeles Ojeda realizaron un esfuerzo semejante en su obra Las mujeres y sus diosas en los códices prehispánicos de Oaxaca (2003, Ciesas, Miguel Angel Porrúa).  

Las particularidades de las diosas

En efecto, es a través de las diosas y de los modelos de comportamiento divino que se generan los ideales que una sociedad determinada imagina para sus mujeres; de allí que en una sociedad, jerarquizada y clasista como la mexica, donde las mujeres estaban subordinadas, en el panteón, las deidades femeninas tubieran también papeles secundarios, en mi opinión, no es que ni las primeras, ni las segundas carecieran de importancia, sólo señalo que las imágenes religiosas femeninas mexicas aparecen bajo la dominación simbólica de Huitzilopochtli; del mismo modo que los atributos asignados a la virgen María en el imaginario religioso de la tradición judeocristiana son consideradas secundarias a las figuras masculinas.          

         El volumen que reseño constituye un esfuerzo más por presentar de manera coherente y ordenada las particularidades que adoptaron las diversas advocaciones de la diosa madre en distintas culturas y periodos históricos del mundo precolombino y colonial temprano. Esta extraordinaria compilación recoge las contribuciones de destacados especialistas en este fascinante tema, de modo que, a partir de sus investigaciones particulares cada uno de los expertos va presentando sus estudios de modo que se obtiene un panorama muy completo. En los planteamientos de la obra se enuncian varias hipótesis:

a) Que en las sociedades mesoamericanas del formativo se veneraba la maternidad debido a que se valoraba en alto grado la reproducción biológica que contribuía al crecimiento de la fuerza de trabajo aplicada a la productividad agrícola.    

b) Que durante el periodo clásico la veneración a la fertilidad femenina se conservó en diferentes culturas con organizaciones políticas y sociales más complejas adoptando la forma de culto a la dualidad.

c) Que en el posclásico el desarrollo económico y tecnológico, así como la dominación de unos grupos sobre otros, dio lugar a un panteón muy complejo a partir del cual se generaron normas y leyes muy estrictas con el fin de controlar la conducta de los sujetos sociales.

d) Que en las sociedades militaristas del posclásico, las deidades femeninas conservaron su asociación tradicional con los mantenimientos (el agua, la vegetación, la fertilidad), pero adquirieron un estatus secundario y sus santuarios perdieron importancia (Barba, 2007:80).  

e) Que las deidades femeninas prehispánicas fueron transformadas en advocaciones de la virgen María y siguieron siendo ejes de conformación de identidades étnicas.

         Esta obra se divide en dos secciones; la primera está dedicada a la homenajeada, la maestra Noemí Castillo, describiendo su trayectoria docente y su labor en las exploraciones arqueológicas; la segunda se enfoca en el tema propiamente dicho, analizar los atributos de distintas deidades femeninas. De este modo, trece académicas se enfocan en el análisis de diversas divinidades que han recibido plegarias, han sido reverenciadas en distintos periodos históricos y por diferentes grupos en nuestro país; que les han erigido santuarios, se organizaban peregrinaciones a los lugares de culto, y eran adoradas como númenes que prodigaban los recursos que mantenían la vida humana.

         Así Chalchitlicue, Xilonen, Tlazoltéotl, Xochiquetzal, Citlalinicue, Mayahuel, la virgen de Ocotlan y otras deidades de la tierra, del agua y del cielo son estudiadas usando diversas perspectivas, distintas metodologías y enfoques teóricos.

         El Dr. Jorge Angulo en su ensayo “De madres progenitoras a Deidades de los mantenimientos” apunta, desde una perspectiva del estructuralismo clásico, que los cultos a la fertilidad de la tierra se produjeron desde las etapas más tempranas de la evolución humana y que en Mesoamérica se concretaron en la adoración de figuras femeninas que representaban a las fuerzas creadoras inicialmente y las divinidades asociadas a la producción agrícola en las sociedades sedentarias posteriores.

         “Chalchitlicue, diosa del agua,” una de las deidades femeninas más reverenciadas de Mesoamérica, y los númenes acuáticos son analizados por la Dra. Beatriz Barba. En su ensayo, la autora señala que existen muchos lugares que eran verdaderos centros de culto a las deidades acuáticas, por ejemplo Tlapacoya y Teotihuacan. Otros sitios que tenían altares dedicados a estos númenes del agua y la fertilidad del campo son: Chichén Itzá, Tepepulco, Apazco, Xochimilco, Cerro de Moctezuma, el cerro de la Malintzin, Santa Ana Chiauhtempan, y la Laguna de la Luna en el Nevado de Toluca.

         Ya durante el Posclásico, señala la especialista, la adoración de las diosas del agua en distintas culturas mesoamericanas se amalgamó con tintes militares y su culto incluyó rituales de sacrificio humano. La autora se extiende en el análisis de las ceremonias que se hacían, así como las características iconográficas de mostraban estas deidades en diferentes códices, mencionando que hacia el Posclásico las diosas adquirieron matices bélicos y un estatus secundario debido al carácter militarista de las sociedades. Se trata de un análisis diacrónico que se basa en el estudio de materiales arqueológicos y Códices.  

         Desde la perspectiva del Materialismo Histórico, el arqueólogo Eduardo Corona, aborda en “Xilonen, Tlazoltéotl y Xochiquetzal. Iconografía de tres deidades de la formación social teotihuacana,” el análisis comparativo de cuatro propuestas formuladas por Caso, Armillas, Florescano y Tena. Dichos planteamientos son presentados para estudiar la manera en la que esos especialistas enfocan sus estudios de la religión mesoamericana. El autor propone que las deidades, concretamente las que cita en el título de su contribución, expresaron, además de un continuismo artístico, un paralelismo en las formas de producción, ya que estos númenes se relacionan con las formas básicas de la economía: la agricultura y la conquista militar, además de que enfatizan su carácter femenino al ser las reproductoras de otros seres humanos, materia prima de la fuerza de trabajo.

         Sonia Rivero, en su estudio “Atributos religiosos de una figurilla femenina de Lagartero, Chiapas” analiza esta pieza que fue localizada en un área habitacional que corresponde al Clásico Tardío. Se trata de una figurilla que presenta en su indumentaria diferentes glifos relacionados principalmente con las deidades del agua, del maíz, y de las artesanas. La autora destaca la importancia del hallazgo de esta figurilla femenina al señalar que en el resto del área maya las figurillas encontradas generalmente representan hombres en su papel de sacerdotes, guerreros, dioses, jugadores de pelota y músicos. Por lo tanto este descubrimiento le permite plantear que “en Lagartero…el sexo femenino fue tan importante como el masculino…” (Rivero, 2007:103). Se trata de un análisis sincrónico de una representación femenina en cerámica.

         En “El motivo piel de serpiente y las diosas terrestres” de la pluma de Adriana Mondragón, se comunica el significado simbólico de este diseño ampliamente documentado en Mesoamérica plasmado en vasijas cerámicas, escultura, arquitectura y documentos pictográficos. Se trata de un diseño que presenta variantes que se conocen ya desde el Clásico en Teotihuacan, aunque sus representaciones más frecuentes se ubican en el periodo Posclásico. Desde su perspectiva la representación de este motivo se relaciona con el mito de la creación de la Tierra, aludiendo a la superficie terrestre donde es posible la vida humana, entonces señala a diversas deidades terrestres, Cipactli, entre ellas, monstruo terrestre primigenio que debió ser sacrificado para formar el plano en donde habitarían los humanos. En este estudio la autora emplea una perspectiva diacrónica.

         Partiendo del análisis minucioso de diversas fuertes documentales y el estudio de sus representaciones en varios documentos pictográficos, José de Jesús Alberto Cravioto examina en “Citlallicue, la de la falda de estrellas” los atributos de esta diosa. Al hacer referencia a su condición celeste y ponderar los aspectos que la vinculan con la fecundidad dado su importante papel en el surgimiento del Quinto Sol, el autor llega a la conclusión de que se trata de una manifestación de Omecíhuatl, de la deidad de los mantenimientos y de Ometéotl, el aspecto femenino del principio generador universal. El autor se acerca a su objeto de estudio examinando las fuentes documentales y las pictografías de diversos códices que resultaron útiles a su propósito.

         A partir de un examen detallado de las representaciones de Chantico que proceden de distintas láminas de documentos pictográficos fechados en diferentes épocas y diversas regiones geográficas, así como de varias piedras labradas con su efigie, y el análisis de diversos mitos, la investigadora Teresa Sepúlveda en su contribución “Atributos de una diosa de Xochimilco”, deduce que esta diosa del fuego mantuvo elementos iconográficos y simbólicos constantes que permiten su identificación a través del tiempo. Esta autora propone que el culto a Cántico-Cuaxólotl parece ser muy antiguo, extendiéndose desde la Cuenca de México hasta más allá de los pueblos del Valle de Tehuacan, quizá creada por grupos de habla otomanque, probablemente otomí o popoloca.

         Noemí Castillo escribe “Una escultura en barro en los llamados Xantiles, de Tehuacan, Puebla.”  En este artículo la maestra revela el descubrimiento de una escultura que posee los atributos que en el Códice Borgia, presuntamente mixteco, se asocian a Xochiquetzal. Este hallazgo le permite replantear la hipótesis propuesta originalmente por Seler de que el Códice citado es popoloca y no mixteco como generalmente se ha supuesto. Ella señala, para avalar el planteamiento de Seler, que la escultura proviene de la exploración de un palacio en la cabecera del señorío popoloca de Tehuacan. Explica que la palabra xantil (muro de adobe en náhuatl) puede ser una degeneración de la palabra “xante,” que representa el sonido de “xan”, san o santo y se usó a principios de la Colonia y que, con la evangelización de los pueblos indígenas, se generalizó para todas las figuras religiosas. De este modo, en el sur de Puebla a todas las esculturas de barro que representan deidades del panteón mesoamericano son denominadas xantiles.

         Al analizar los diversos mitos descritos en las crónicas y fuentes y las pictografías procedentes de diversos documentos históricos, el arqueólogo Francisco Rivas, propone en “Atlacoaya, Tezcacoac y Ayopechtli. Tres advocaciones de Mayahuel, diosa del maguey y del pulque” que el culto a esta deidad ha sido muy antiguo, plantea que este numen ha tenido advocaciones tanto femeninas como masculinas y que esos símbolos religiosos ancestrales se continuaron resignificando para incluirlos en el santoral novohispano. En su artículo discute las distintas traducciones que se han propuesto de su nombre, así como las asociaciones simbólicas que mantiene con otras deidades.

         Carlos Rincón en su contribución que tituló “Donde ataron a nuestra madre: la diosa de la tierra y el Coatepec de la Mixteca,” propone que los antiguos habitantes de la Cuenca de Coixtlahuaca, llamados nguiwa, o chocho, conmemoraron la creación al establecerse y fundar sus señoríos a finales del periodo Clásico y principios del Posclásico. En la identificación del sitio y sus significados, analiza las representaciones de una montaña amarrada por serpientes, la compara con las de la diosa de la tierra y formula una reinterpretación de la conocida escultura mexica de Coatlicue. Se trata de un ejercicio muy sugerente por la cantidad de datos que reúne en apoyo de su propuesta.

         Basándose en el análisis iconográfico de un relieve de la anunciación que se encuentra en la capilla del Pocito en la villa de Guadalupe en la ciudad de México, Julia Santa Cruz Vargas y Enrique Tovar, se proponen en “Una trampa al diablo que comenzó con su engaño” exponer algunas transformaciones en los dogmas y el pensamiento ideológico de la iglesia católica que produjeron nuevas representaciones pictóricas a finales de la época colonial en relación al evento conocido como la “anunciación.” En su examen, revisan con meticulosidad diversas imágenes en libros, pinturas y relieves de “anunciaciones,” la de Tecali, Puebla, una de Valladolid, Yucatán, entre otras.

         Enrique Tovar y Julia Santa Cruz Vargas en su colaboración llamada “La virgen de la leche: ¿Herética por erótica?” presentan una interesante reflexión en torno a las representaciones escultóricas y pictóricas de la virgen María amamantando a su hijo. En su planteamiento analizan las motivaciones que los jerarcas eclesiásticos pudieron haber tenido para prohibir las representaciones de la virgen en ese acto: una sería la consideración de que era ofensiva a la tradición que, en el siglo XVI, se estaba construyendo alrededor de María.

         Los autores, en este artículo tan interesante, examinan diversas representaciones de María alimentando a su niño, plasmadas en pinturas y esculturas que proceden de varios países y épocas, para mostrar cómo las actitudes culturales ante este acto, han variado a lo largo del tiempo acorde al significado simbólico asignado tanto a la leche, como a los senos de una figura femenina considerada sagrada. Señalan cómo algunas pinturas han sido retocadas con el fin de ocultar a la mirada de los devotos los pechos que podrían despertar la lujuria de los observadores. Aseveran que este tema iconográfico surgió desde el siglo II y se hizo frecuente a finales del XIII y muy extendido hacia el XIV, del que existen al menos tres variantes: una donde la madre acerca el seno al infante; otra donde el niño aparece prendido del seno materno y en otra donde la criatura parece rechazar el pecho de su madre. Se trata de un ensayo bien estructurado y pleno de reflexiones sobre la historia y el simbolismo de este tipo de representaciones.

         En “Historia y mitos de la virgen de Ocotlán: Valoración antropológica” de María Rodríguez-Shadow, se analiza esta imagen colocándola en el contexto del periodo colonial temprano en el que las diversas órdenes religiosas, estimularon el culto mariano como un apoyo a su labor evangelizadora, debido a que se cría que la virgen tenía la capacidad de detener pestes y epidemias, alejar plagas y sequías y devolver la salud a los enfermos. En ésta última habilidad reside la importancia de la “aparición” legendaria de la virgen de Ocotlán ya que en 1541 una peste azotaba el área de Tlaxcala.

         En este ensayo se propone a manera de hipótesis que la leyenda de la aparición y la invención de que el agua de un manantial sanaría a los enfermos de la localidad, respondía a la necesidad de crear una imagen sagrada alrededor de la cual podría construirse una identidad étnico comunitaria de un grupo que, desde tiempos prehispánicos, se consideraba enemigo de los mexicas, asimismo, en el mito de la aparición de esta virgen, los tlaxcaltecas, aparecían como un pueblo elegido por la divinidad para prodigar sus dones, y como una respuesta a la leyenda de la aparición de la virgen de Guadalupe ante un indígena nahua en territorio mexica.

         La narración de la aparición parece fundarse en la apropiación comunitaria de un símbolo sagrado de la religión católica impuesta a los grupos indígenas. De este modo, un pueblo sometido a una conversión religiosa obligatoria se vincula a un personaje sobrenatural que los protege, en el imaginario colectivo, con sus poderes milagrosos y les otorga dones que preservarán su salud y les otorgará un sentido de orgullo étnico ante los mexicas, sus antiguos adversarios.  

         Se trata de una colección de ensayos que tienen como eje temático el estudio de las deidades femeninas, que en su elaboración fueron consultadas diversos veneros: las crónicas indígenas, las fuentes documentales legadas por los clérigos españoles, los diversos códices elaborados por los tlacuilos, generalmente de carácter religioso, los datos reunidos a partir de las exploraciones arqueológicas, pinturas, efigies, tiestos y figurillas de cerámica, estelas y esculturas. Esta extraordinaria compilación constituirá una referencia obligada a los especialistas y estudiosos que deseen tener un panorama de los estudios más recientes y mejor fundados sobre las particularidades de los ritos y las características de las deidades femeninas en tiempos prehispánicos y principios del periodo colonial.


 

[1] En el XVI Curso de Verano en El Colegio de México, en un diplomado de Estudios de Género (2005), del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer http://piem.colmex.mx/Cver2005/xochiquetzal.pdf

 

 

 

 

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