
Introducción
El estudio de las deidades femeninas ha sido, durante mucho tiempo,
un tema que ha atraído bastante interés de las académicas de
diferentes disciplinas humanísticas, la arqueología, la historia, la
etnohistoria, la sociología, la psicología, por nombrar unas
cuantas.
Desde la Sociología, Rita Kelkheim en su libro
Santuarios Marianos Mexicanos (México, Limusa, 2002), realizó
un análisis metódico de las diversas advocaciones de la virgen María
en nuestro país.
Desde la arqueología y examinando minuciosamente las
fuentes documentales y el análisis de las pictografías de diversos
códices, Miriam López Hernández (2005 “La condición de la
mujer mexica y maya vista a través de las diosas” tesis de
licenciatura en Arqueología presentada en la ENAH, febrero)
investigó las concepciones religiosas, en especial el papel que
desempeñaron las deidades femeninas en el imaginario colectivo en la
civilización maya y en la cultura mexica. Parte de la premisa de que
este tipo de estudio puede aportar pistas para comprender la
condición femenina en una sociedad concreta.
En un trabajo más reciente esta misma arqueóloga (Miriam
López Hernández, 2007 “Los teotipos en la construcción de la
feminidad mexica”, en María Rodríguez-Shadow, Las mujeres en
Mesoamérica prehispánica, Toluca, Universidad Autónoma del
Estado de México, pp. 243-274) realiza el estudio de las deidades
femeninas del panteón mexica enmarcando su análisis en esa
estructura social, económica y política, que le permitir ubicarse en
un tiempo y espacio determinado que la autoriza a proponer
planteamientos bien fundamentados a partir del empleo de la
categoría analítica de género.
Desde la Psicología Susana Cervantes Centurión (2002, “un
acercamiento al ser femenino en el estudio arquetipal de dos diosas
mesoamericanas”) hace un análisis de dos deidades: Ixchel y
Tlazoltéotl, para deducir el papel de las mujeres en la sociedad
maya y mexica, respectivamente
(http://www.fundacion-jung.com.ar/forum/Tesina2002.htm)
Luz María Alvarado Bárcenas (2005),
medica del Instituto Nacional de Medicina de Rehabilitación
quien ofreció una disertación sobre “Xochiquetzal y Tlazolteotl
arquetipo de la Sexualidad Femenina. Una propuesta de integralidad,
equidad y placer,” lleva a cabo un ejercicio similar. Desde el
examen de los códices Selden y Borgia, Cecilia Rosell y María de los
Angeles Ojeda realizaron un esfuerzo semejante en su obra Las
mujeres y sus diosas en los códices prehispánicos de Oaxaca
(2003, Ciesas, Miguel Angel Porrúa).
Las particularidades de las diosas
En efecto, es a través de las diosas y de los modelos de
comportamiento divino que se generan los ideales que una sociedad
determinada imagina para sus mujeres; de allí que en una sociedad,
jerarquizada y clasista como la mexica, donde las mujeres estaban
subordinadas, en el panteón, las deidades femeninas tubieran también
papeles secundarios, en mi opinión, no es que ni las primeras, ni
las segundas carecieran de importancia, sólo señalo que las imágenes
religiosas femeninas mexicas aparecen bajo la dominación simbólica
de Huitzilopochtli; del mismo modo que los atributos asignados a la
virgen María en el imaginario religioso de la tradición
judeocristiana son consideradas secundarias a las figuras
masculinas.
El volumen que reseño constituye un esfuerzo más por
presentar de manera coherente y ordenada las particularidades que
adoptaron las diversas advocaciones de la diosa madre en distintas
culturas y periodos históricos del mundo precolombino y colonial
temprano. Esta extraordinaria compilación recoge las contribuciones
de destacados especialistas en este fascinante tema, de modo que, a
partir de sus investigaciones particulares cada uno de los expertos
va presentando sus estudios de modo que se obtiene un panorama muy
completo. En los planteamientos de la obra se enuncian varias
hipótesis:
a) Que en las sociedades mesoamericanas del formativo se veneraba la
maternidad debido a que se valoraba en alto grado la reproducción
biológica que contribuía al crecimiento de la fuerza de trabajo
aplicada a la productividad agrícola.
b) Que durante el periodo clásico la veneración a la fertilidad
femenina se conservó en diferentes culturas con organizaciones
políticas y sociales más complejas adoptando la forma de culto a la
dualidad.
c) Que en el posclásico el desarrollo económico y tecnológico, así
como la dominación de unos grupos sobre otros, dio lugar a un
panteón muy complejo a partir del cual se generaron normas y leyes
muy estrictas con el fin de controlar la conducta de los sujetos
sociales.
d) Que en las sociedades militaristas del posclásico, las deidades
femeninas conservaron su asociación tradicional con los
mantenimientos (el agua, la vegetación, la fertilidad), pero
adquirieron un estatus secundario y sus santuarios perdieron
importancia (Barba, 2007:80).
e) Que las deidades femeninas prehispánicas fueron transformadas en
advocaciones de la virgen María y siguieron siendo ejes de
conformación de identidades étnicas.
Esta obra se divide en dos secciones; la primera está
dedicada a la homenajeada, la maestra Noemí Castillo, describiendo
su trayectoria docente y su labor en las exploraciones
arqueológicas; la segunda se enfoca en el tema propiamente dicho,
analizar los atributos de distintas deidades femeninas. De este
modo, trece académicas se enfocan en el análisis de diversas
divinidades que han recibido plegarias, han sido reverenciadas en
distintos periodos históricos y por diferentes grupos en nuestro
país; que les han erigido santuarios, se organizaban peregrinaciones
a los lugares de culto, y eran adoradas como númenes que prodigaban
los recursos que mantenían la vida humana.
Así Chalchitlicue, Xilonen, Tlazoltéotl, Xochiquetzal,
Citlalinicue, Mayahuel, la virgen de Ocotlan y otras deidades de la
tierra, del agua y del cielo son estudiadas usando diversas
perspectivas, distintas metodologías y enfoques teóricos.
El Dr. Jorge Angulo en su ensayo “De madres progenitoras a
Deidades de los mantenimientos” apunta, desde una perspectiva del
estructuralismo clásico, que los cultos a la fertilidad de la tierra
se produjeron desde las etapas más tempranas de la evolución humana
y que en Mesoamérica se concretaron en la adoración de figuras
femeninas que representaban a las fuerzas creadoras inicialmente y
las divinidades asociadas a la producción agrícola en las sociedades
sedentarias posteriores.
“Chalchitlicue, diosa del agua,” una de las deidades
femeninas más reverenciadas de Mesoamérica, y los númenes acuáticos
son analizados por la Dra. Beatriz Barba. En su ensayo, la autora
señala que existen muchos lugares que eran verdaderos centros de
culto a las deidades acuáticas, por ejemplo Tlapacoya y Teotihuacan.
Otros sitios que tenían altares dedicados a estos númenes del agua y
la fertilidad del campo son: Chichén Itzá, Tepepulco, Apazco,
Xochimilco, Cerro de Moctezuma, el cerro de la Malintzin, Santa Ana
Chiauhtempan, y la Laguna de la Luna en el Nevado de Toluca.
Ya durante el Posclásico, señala la especialista, la
adoración de las diosas del agua en distintas culturas
mesoamericanas se amalgamó con tintes militares y su culto incluyó
rituales de sacrificio humano. La autora se extiende en el análisis
de las ceremonias que se hacían, así como las características
iconográficas de mostraban estas deidades en diferentes códices,
mencionando que hacia el Posclásico las diosas adquirieron matices
bélicos y un estatus secundario debido al carácter militarista de
las sociedades. Se trata de un análisis diacrónico que se basa en el
estudio de materiales arqueológicos y Códices.
Desde la perspectiva del Materialismo Histórico, el
arqueólogo Eduardo Corona, aborda en “Xilonen, Tlazoltéotl y
Xochiquetzal. Iconografía de tres deidades de la formación social
teotihuacana,” el análisis comparativo de cuatro propuestas
formuladas por Caso, Armillas, Florescano y Tena. Dichos
planteamientos son presentados para estudiar la manera en la que
esos especialistas enfocan sus estudios de la religión
mesoamericana. El autor propone que las deidades, concretamente las
que cita en el título de su contribución, expresaron, además de un
continuismo artístico, un paralelismo en las formas de producción,
ya que estos númenes se relacionan con las formas básicas de la
economía: la agricultura y la conquista militar, además de que
enfatizan su carácter femenino al ser las reproductoras de otros
seres humanos, materia prima de la fuerza de trabajo.
Sonia Rivero, en su estudio “Atributos religiosos de una
figurilla femenina de Lagartero, Chiapas” analiza esta pieza que fue
localizada en un área habitacional que corresponde al Clásico
Tardío. Se trata de una figurilla que presenta en su indumentaria
diferentes glifos relacionados principalmente con las deidades del
agua, del maíz, y de las artesanas. La autora destaca la importancia
del hallazgo de esta figurilla femenina al señalar que en el resto
del área maya las figurillas encontradas generalmente representan
hombres en su papel de sacerdotes, guerreros, dioses, jugadores de
pelota y músicos. Por lo tanto este descubrimiento le permite
plantear que “en Lagartero…el sexo femenino fue tan importante como
el masculino…” (Rivero, 2007:103). Se trata de un análisis
sincrónico de una representación femenina en cerámica.
En “El motivo piel de serpiente y las diosas terrestres” de
la pluma de Adriana Mondragón, se comunica el significado simbólico
de este diseño ampliamente documentado en Mesoamérica plasmado en
vasijas cerámicas, escultura, arquitectura y documentos
pictográficos. Se trata de un diseño que presenta variantes que se
conocen ya desde el Clásico en Teotihuacan, aunque sus
representaciones más frecuentes se ubican en el periodo Posclásico.
Desde su perspectiva la representación de este motivo se relaciona
con el mito de la creación de la Tierra, aludiendo a la superficie
terrestre donde es posible la vida humana, entonces señala a
diversas deidades terrestres, Cipactli, entre ellas, monstruo
terrestre primigenio que debió ser sacrificado para formar el plano
en donde habitarían los humanos. En este estudio la autora emplea
una perspectiva diacrónica.
Partiendo del análisis minucioso de diversas fuertes
documentales y el estudio de sus representaciones en varios
documentos pictográficos, José de Jesús Alberto Cravioto examina en
“Citlallicue, la de la falda de estrellas” los atributos de esta
diosa. Al hacer referencia a su condición celeste y ponderar los
aspectos que la vinculan con la fecundidad dado su importante papel
en el surgimiento del Quinto Sol, el autor llega a la conclusión de
que se trata de una manifestación de Omecíhuatl, de la deidad de los
mantenimientos y de Ometéotl, el aspecto femenino del principio
generador universal. El autor se acerca a su objeto de estudio
examinando las fuentes documentales y las pictografías de diversos
códices que resultaron útiles a su propósito.
A partir de un examen detallado de las representaciones de
Chantico que proceden de distintas láminas de documentos
pictográficos fechados en diferentes épocas y diversas regiones
geográficas, así como de varias piedras labradas con su efigie, y el
análisis de diversos mitos, la investigadora Teresa Sepúlveda en su
contribución “Atributos de una diosa de Xochimilco”, deduce que esta
diosa del fuego mantuvo elementos iconográficos y simbólicos
constantes que permiten su identificación a través del tiempo. Esta
autora propone que el culto a Cántico-Cuaxólotl parece ser muy
antiguo, extendiéndose desde la Cuenca de México hasta más allá de
los pueblos del Valle de Tehuacan, quizá creada por grupos de habla
otomanque, probablemente otomí o popoloca.
Noemí Castillo escribe “Una escultura en barro en los
llamados Xantiles, de Tehuacan, Puebla.” En este artículo la
maestra revela el descubrimiento de una escultura que posee los
atributos que en el Códice Borgia, presuntamente mixteco, se asocian
a Xochiquetzal. Este hallazgo le permite replantear la hipótesis
propuesta originalmente por Seler de que el Códice citado es
popoloca y no mixteco como generalmente se ha supuesto. Ella señala,
para avalar el planteamiento de Seler, que la escultura proviene de
la exploración de un palacio en la cabecera del señorío popoloca de
Tehuacan. Explica que la palabra xantil (muro de adobe en náhuatl)
puede ser una degeneración de la palabra “xante,” que representa el
sonido de “xan”, san o santo y se usó a principios de la Colonia y
que, con la evangelización de los pueblos indígenas, se generalizó
para todas las figuras religiosas. De este modo, en el sur de Puebla
a todas las esculturas de barro que representan deidades del panteón
mesoamericano son denominadas xantiles.
Al analizar los diversos mitos descritos en las crónicas y
fuentes y las pictografías procedentes de diversos documentos
históricos, el arqueólogo Francisco Rivas, propone en “Atlacoaya,
Tezcacoac y Ayopechtli. Tres advocaciones de Mayahuel, diosa del
maguey y del pulque” que el culto a esta deidad ha sido muy antiguo,
plantea que este numen ha tenido advocaciones tanto femeninas como
masculinas y que esos símbolos religiosos ancestrales se continuaron
resignificando para incluirlos en el santoral novohispano. En su
artículo discute las distintas traducciones que se han propuesto de
su nombre, así como las asociaciones simbólicas que mantiene con
otras deidades.
Carlos Rincón en su contribución que tituló “Donde ataron a
nuestra madre: la diosa de la tierra y el Coatepec de la Mixteca,”
propone que los antiguos habitantes de la Cuenca de Coixtlahuaca,
llamados nguiwa, o chocho, conmemoraron la creación al establecerse
y fundar sus señoríos a finales del periodo Clásico y principios del
Posclásico. En la identificación del sitio y sus significados,
analiza las representaciones de una montaña amarrada por serpientes,
la compara con las de la diosa de la tierra y formula una
reinterpretación de la conocida escultura mexica de Coatlicue. Se
trata de un ejercicio muy sugerente por la cantidad de datos que
reúne en apoyo de su propuesta.
Basándose en el análisis iconográfico de un relieve de la
anunciación que se encuentra en la capilla del Pocito en la villa de
Guadalupe en la ciudad de México, Julia Santa Cruz Vargas y Enrique
Tovar, se proponen en “Una trampa al diablo que comenzó con su
engaño” exponer algunas transformaciones en los dogmas y el
pensamiento ideológico de la iglesia católica que produjeron nuevas
representaciones pictóricas a finales de la época colonial en
relación al evento conocido como la “anunciación.” En su examen,
revisan con meticulosidad diversas imágenes en libros, pinturas y
relieves de “anunciaciones,” la de Tecali, Puebla, una de
Valladolid, Yucatán, entre otras.
Enrique Tovar y Julia Santa Cruz Vargas en su colaboración
llamada “La virgen de la leche: ¿Herética por erótica?” presentan
una interesante reflexión en torno a las representaciones
escultóricas y pictóricas de la virgen María amamantando a su hijo.
En su planteamiento analizan las motivaciones que los jerarcas
eclesiásticos pudieron haber tenido para prohibir las
representaciones de la virgen en ese acto: una sería la
consideración de que era ofensiva a la tradición que, en el siglo
XVI, se estaba construyendo alrededor de María.
Los autores, en este artículo tan interesante, examinan
diversas representaciones de María alimentando a su niño, plasmadas
en pinturas y esculturas que proceden de varios países y épocas,
para mostrar cómo las actitudes culturales ante este acto, han
variado a lo largo del tiempo acorde al significado simbólico
asignado tanto a la leche, como a los senos de una figura femenina
considerada sagrada. Señalan cómo algunas pinturas han sido
retocadas con el fin de ocultar a la mirada de los devotos los
pechos que podrían despertar la lujuria de los observadores.
Aseveran que este tema iconográfico surgió desde el siglo II y se
hizo frecuente a finales del XIII y muy extendido hacia el XIV, del
que existen al menos tres variantes: una donde la madre acerca el
seno al infante; otra donde el niño aparece prendido del seno
materno y en otra donde la criatura parece rechazar el pecho de su
madre. Se trata de un ensayo bien estructurado y pleno de
reflexiones sobre la historia y el simbolismo de este tipo de
representaciones.
En “Historia y mitos de la virgen de Ocotlán: Valoración
antropológica” de María Rodríguez-Shadow, se analiza esta imagen
colocándola en el contexto del periodo colonial temprano en el que
las diversas órdenes religiosas, estimularon el culto mariano como
un apoyo a su labor evangelizadora, debido a que se cría que la
virgen tenía la capacidad de detener pestes y epidemias, alejar
plagas y sequías y devolver la salud a los enfermos. En ésta última
habilidad reside la importancia de la “aparición” legendaria de la
virgen de Ocotlán ya que en 1541 una peste azotaba el área de
Tlaxcala.
En este ensayo se propone a manera de hipótesis que la
leyenda de la aparición y la invención de que el agua de un
manantial sanaría a los enfermos de la localidad, respondía a la
necesidad de crear una imagen sagrada alrededor de la cual podría
construirse una identidad étnico comunitaria de un grupo que, desde
tiempos prehispánicos, se consideraba enemigo de los mexicas,
asimismo, en el mito de la aparición de esta virgen, los
tlaxcaltecas, aparecían como un pueblo elegido por la divinidad para
prodigar sus dones, y como una respuesta a la leyenda de la
aparición de la virgen de Guadalupe ante un indígena nahua en
territorio mexica.
La narración de la aparición parece fundarse en la apropiación
comunitaria de un símbolo sagrado de la religión católica impuesta a
los grupos indígenas. De este modo, un pueblo sometido a una
conversión religiosa obligatoria se vincula a un personaje
sobrenatural que los protege, en el imaginario colectivo, con sus
poderes milagrosos y les otorga dones que preservarán su salud y les
otorgará un sentido de orgullo étnico ante los mexicas, sus antiguos
adversarios.
Se trata de una colección de ensayos que tienen como eje
temático el estudio de las deidades femeninas, que en su elaboración
fueron consultadas diversos veneros: las crónicas indígenas, las
fuentes documentales legadas por los clérigos españoles, los
diversos códices elaborados por los tlacuilos, generalmente de
carácter religioso, los datos reunidos a partir de las exploraciones
arqueológicas, pinturas, efigies, tiestos y figurillas de cerámica,
estelas y esculturas. Esta extraordinaria compilación constituirá
una referencia obligada a los especialistas y estudiosos que deseen
tener un panorama de los estudios más recientes y mejor fundados
sobre las particularidades de los ritos y las características de las
deidades femeninas en tiempos prehispánicos y principios del periodo
colonial.
En el XVI Curso de Verano en El Colegio de
México, en un diplomado de Estudios de Género (2005), del
Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer http://piem.colmex.mx/Cver2005/xochiquetzal.pdf