México, Distrito Federal I Mayo-Junio 2008 I Año 3 I Número 14 Publicación Bimestral I Reserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 Pedro Tejada Tello. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia (España) desde 1998. Compagina la docencia en un instituto de bachillerato de Castellón con la investigación. En el año 2004 obtuvo una beca de investigación de la Fundación Max Aub, que ha fructificado en el trabajo todavía inédito Crímenes ejemplares: Humor y ‘más aún’. Entre sus publicaciones destacan las centradas en la poesía española de posguerra, tanto individuales (La revista Cántico. “Hojas de poesía” -1995-, La escritura poética de Mario López (poeta de Cántico)-2003-) como en volúmenes colectivos. También ha hecho incursiones en la lingüística (Variedades del castellano en Castellón, 1992) y en las relaciones entre lenguas y nuevas tecnologías. Ponente en congresos mundiales de lengua y literatura, colabora igualmente en diversas revistas especializadas.

 

 

A pesar de que la mayoría de ediciones de Crímenes ejemplares no indican desde el título la existencia en el libro de secciones que incluyen piezas de diferente tipo, lo cierto es que en casi todas las ediciones aparecen también “De gastronomía”, “De Suicidios” y “Epitafios”. En este artículo nos centraremos sólo en los textos gastronómicos aubianos.

Son seis las composiciones que forman esta sección, cuyo título remite a unos gustos muy peculiares, puesto que se trata de canibalismo puro y duro. No será esta la única ocasión en la que Max Aub hace de la antropofagia un motivo literario. Realizó una nueva versión personalizada y actualizada del clásico de J. Swift Una modesta proposición para evitar que los hijos de los padres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país, y para hacerlos útiles al público (1729) en su cuento “Sesión secreta”, incluido en Historias de mala muerte (1965).

Estos ejemplos de “De gastronomía” se inscriben de lleno en la parcela del humor negro, que también cultivaron en España los escritores de la llamada “Otra generación del 27”, como Mihura y Tono, herederos como Aub del humor tal y como lo entendía Ramón Gómez de la Serna. Sin embargo, bastan unos pocos ejemplos para demostrar que el humor negro de aquellos es muy diferente del de Max. Así podemos citar el relato de Miguel Mihura titulado “La mujer aragonesa”, que nos resume de esta forma E. González- Grano de Oro: “empecinada en casarse con el forastero que la desdeña, y que, con la colaboración de su padre, carnicero, se hace trocear y transformar después en embutido, para viajar así dentro de la maleta en la que, sin saberlo, la transporta su amor.”[1] Por su parte, Tono en la revista Gutiérrez, núm.142 (22-2-1930, p.10) había escrito una página culinaria con singulares recetas, como las dos siguientes: “Niño a la marinera. Se coge un niño tierno, se corta en pedacitos de un tamaño así y se guisa a la marinera. Puede adornarse con barquitos.

Niño frito. El niño frito es un plato muy sencillo que se come mucho en las casas pobres. Es de gran utilidad cuando se presenta un convidado y hay que improvisar un plato. El procedimiento no puede ser más sencillo, pues sólo consiste en freír un niño, teniendo buen cuidado de echarle un ajito.”[2] También se incluyen las recetas del niño en arroz, de las natillas de niño, los niños en su jugo, los niños revueltos con tomate y el niño con aceite y vinagre. Y aquí acaba el autor porque avisa de que “hoy no canso más porque me avisan que tengo el niño en la mesa y se me está enfriando.”[3]

¡Qué lejos se sitúan estos casos de humor negro “inocente” de los de Max Aub!: “No hay nada como comer el ojo del enemigo. Revienta entre las muelas como granote de uva, con gustito de mar.” “-Le comería los hígados –dijo Vicente.

No pudo: amargaban.”[4] Y estas diferencias entre Mihura, Tono y Aub derivan de sus diferentes concepciones del humor. El humor de nuestro autor hispanomexicano deriva de una de las corrientes del grotesco en el siglo XX: la del grotesco modernista (representada por Alfred Jarry, los superrealistas, los expresionistas, etc., influidos por el grotesco romántico y el existencialismo), una visión que niega la imagen ambivalente de muerte como final y renovación; la muerte es sólo muerte, y la risa cómica, pero también siniestra, no amable.[5] En el caso de los otros dos autores no pierde ese rostro amable nunca. Por ejemplo, Mihura presenta a una familia que mata en su casa un pavo, creyendo que era un señor de luto, que realidad resultó ser “una señora gorda, muy blanca y muy frescachona, que estaba desnuda, dentro de su disfraz de plumas.”[6] A pesar de ello, toda la familia se la zampó: “Y la que se comía los pedazos mayores era mi ama de cría, que se llamaba Alicia.”[7]

Dejando ya de lado la comparación entre estos escritores de “la otra generación del 27” y Aub, para centrarnos únicamente en las seis piezas conformadoras de “De gastronomía”. F. García Sánchez sitúa los “epitafios”, “suicidios” y “gastronomía” dentro de la literatura moral o sentenciosa y, por tanto, fuera de “la órbita de la ficción a que quedaban adscritos los Crímenes[8], aunque reconoce que en algunos “suicidios” y “gastronomía” se mezclan fragmentos del tipo “confesión”, como en los Crímenes, y del tipo epigramático.[9] Lo cierto es que el conjunto “de gastronomía” presenta gran heterogeneidad, pero proponemos como criterio diferenciador las piezas que presentan un hilo narrativo, aunque mínimo, de las que no lo presentan. De esa manera son cuatro los textos narrativos de esta sección, de los que uno se desmarca enseguida del resto por constituir una revitalización del género fábula: “Esa hormiga odiaba al león aquel. Tardó diez mil años pero se lo comió todo, poco a poco, sin que él se diera cuenta.” Los otros tres de este subconjunto podrían entrar en lo que F. García Sánchez llama tipo “confesión”. Se diferencian, sin embargo, en que mientras que en los Crímenes la narración suele presentarse en primera persona, aquí se opta por la tercera: “Le gustaba tanto que no dejó nada. Le chupó hasta los huesos. De verdad había sido bonita.” En una pieza se presenta un fragmento de diálogo, como en los Crímenes: “-Le comería los hígados –dijo Vicente.

No pudo: amargaban.”

La extrema brevedad de mayoría de piezas es contradicha por otra composición relativamente mucho más larga: “Juan Fábregas Monleón, fabricante de camisetas, odiaba ferozmente a Manuel Santacruz Ridaura, fabricante de lo mismo. Fue al Congo, se trajo a dos antropófagos a Barcelona. Así desapareció completamente Manuel Santacruz Ridaura.

Juan Fábregas Monleón tuvo hasta el día de su muerte repentina, en una esquina de su despacho, en una vitrina, colgado, completo, el esqueleto de Manuel Santacruz Ridaura; le hacía verdadera compañía.” Este microrrelato recoge también una de las características canónicas del género: la dualidad u oposición de dos planos contrapuestos. En este caso: Juan Fábregas Monleón vs. Manuel Santacruz Ridaura, Congo vs. Barcelona, “desapareció” vs. “compañía”, muerte planeada vs. muerte repentina.

En todas estas composiciones, como es habitual en la técnica magistral de Aub para el microrrelato, la sorpresa (al ser composiciones tan breves difícil poder hablar de “final” sorprendente): la hormiga que devora pacientemente durante siglos al león; la mujer que fue devorada por estar literalmente “buena”; el que también de forma literal quiso ejecutar un dicho, pero no pudo por el sabor amargo de su objetivo y el que manda engullir a su enemigo y luego se hace acompañar de su esqueleto.

Los dos textos restantes son los que entran de lleno en el decir sentencioso: “No hay nada como comer el ojo del enemigo. Revienta entre las muelas como granote de uva, con gustito de mar.” “Las nalgas son mejores al tacto que al gusto, más duras de mascar que de tentarrujar.” Pero estas sentencias, como puede observarse inmediatamente, parodian con su truculencia el carácter moralizador y edificativo que suele tener ese tipo de literatura. Serían, nada más y nada menos, que los adagios de un gourmet antropófago.


[1] E. González-Grano de Oro: La Otra Generación del 27…, p.226.

[2] Ibid., p. 367.

[3] Ibid., p.368.

[4] Seguimos la edición de F. García Sánchez de M. Aub, Obras Completas.Relatos I. Fábulas de vanguardia y ciertos cuentos mexicanos, p.397. Todas las citas de “de gastronomía” remiten a esa página.  (Vid. bibliografía).

[5] Vid. Bajtin, M.: La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento, p.371.

[6] M. Mihura, Mis memorias, p.41.

[7] Ibid., p.42.

[8] F. García Sánchez, Op. cit., p.30.

[9] Ibid., p.30.

 

BIBLIOGRAFÍA 

- Aub, M.: Obras Completas. Relatos I. Fábulas de vanguardia y Ciertos Cuentos Mexicanos, Vol. IV-A, edición crítica, estudio introductorio y notas de F. García Sánchez, Valencia, Biblioteca Valenciana, Generalitat Valenciana, 2006.

- Bajtin, M.: La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, Madrid, Alianza Editorial, El Libro Universitario, “Ensayo”, 1998.

- González- Grano de Oro, E.: La Otra Generación del 27. El Humor Nuevo español y La Codorniz primera, Madrid, Ediciones Polifemo, 2004.

- Mihura, M.: Mis memorias, Madrid, Temas de Hoy, Colección “Clásicos del Humor”, 1998.

 

 

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