
A pesar de que la mayoría de ediciones de Crímenes ejemplares
no indican desde el título la existencia en el libro de secciones
que incluyen piezas de diferente tipo, lo cierto es que en casi
todas las ediciones aparecen también “De gastronomía”, “De
Suicidios” y “Epitafios”. En este artículo nos centraremos sólo en
los textos gastronómicos aubianos.
Son seis las composiciones que forman esta sección, cuyo título
remite a unos gustos muy peculiares, puesto que se trata de
canibalismo puro y duro. No será esta la única ocasión en la que Max
Aub hace de la antropofagia un motivo literario. Realizó una nueva
versión personalizada y actualizada del clásico de J. Swift Una
modesta proposición para evitar que los hijos de los padres de
Irlanda sean una carga para sus padres o su país, y para hacerlos
útiles al público (1729) en su cuento “Sesión secreta”, incluido
en Historias de mala muerte (1965).
Estos ejemplos de “De gastronomía” se inscriben de lleno en la
parcela del humor negro, que también cultivaron en España los
escritores de la llamada “Otra generación del 27”, como Mihura y
Tono, herederos como Aub del humor tal y como lo entendía Ramón
Gómez de la Serna. Sin embargo, bastan unos pocos ejemplos para
demostrar que el humor negro de aquellos es muy diferente del de Max.
Así podemos citar el relato de Miguel Mihura titulado “La mujer
aragonesa”, que nos resume de esta forma E. González- Grano de Oro:
“empecinada en casarse con el forastero que la desdeña, y que, con
la colaboración de su padre, carnicero, se hace trocear y
transformar después en embutido, para viajar así dentro de la maleta
en la que, sin saberlo, la transporta su amor.”[1]
Por su parte, Tono en la revista Gutiérrez, núm.142
(22-2-1930, p.10) había escrito una página culinaria con singulares
recetas, como las dos siguientes: “Niño a la marinera. Se
coge un niño tierno, se corta en pedacitos de un tamaño así y se
guisa a la marinera. Puede adornarse con barquitos.
Niño frito.
El niño frito es un plato muy sencillo que se come mucho en las
casas pobres. Es de gran utilidad cuando se presenta un convidado y
hay que improvisar un plato. El procedimiento no puede ser más
sencillo, pues sólo consiste en freír un niño, teniendo buen cuidado
de echarle un ajito.”[2]
También se incluyen las recetas del niño en arroz, de las
natillas de niño, los niños en su jugo, los niños
revueltos con tomate y el niño con aceite y vinagre. Y
aquí acaba el autor porque avisa de que “hoy no canso más porque me
avisan que tengo el niño en la mesa y se me está enfriando.”[3]
¡Qué lejos se sitúan estos casos de humor negro “inocente” de los de
Max Aub!: “No hay nada como comer el ojo del enemigo. Revienta entre
las muelas como granote de uva, con gustito de mar.” “-Le comería
los hígados –dijo Vicente.
No pudo: amargaban.”[4]
Y estas diferencias entre Mihura, Tono y Aub derivan de sus
diferentes concepciones del humor. El humor de nuestro autor
hispanomexicano deriva de una de las corrientes del grotesco en el
siglo XX: la del grotesco modernista (representada por Alfred Jarry,
los superrealistas, los expresionistas, etc., influidos por el
grotesco romántico y el existencialismo), una visión que niega la
imagen ambivalente de muerte como final y renovación; la muerte es
sólo muerte, y la risa cómica, pero también siniestra, no amable.[5]
En el caso de los otros dos autores no pierde ese rostro amable
nunca. Por ejemplo, Mihura presenta a una familia que mata en su
casa un pavo, creyendo que era un señor de luto, que realidad
resultó ser “una señora gorda, muy blanca y muy frescachona, que
estaba desnuda, dentro de su disfraz de plumas.”[6]
A pesar de ello, toda la familia se la zampó: “Y la que se comía los
pedazos mayores era mi ama de cría, que se llamaba Alicia.”[7]
Dejando ya de lado la comparación entre estos escritores de “la otra
generación del 27” y Aub, para centrarnos únicamente en las seis
piezas conformadoras de “De gastronomía”. F. García Sánchez sitúa
los “epitafios”, “suicidios” y “gastronomía” dentro de la literatura
moral o sentenciosa y, por tanto, fuera de “la órbita de la ficción
a que quedaban adscritos los Crímenes”[8],
aunque reconoce que en algunos “suicidios” y “gastronomía” se
mezclan fragmentos del tipo “confesión”, como en los Crímenes,
y del tipo epigramático.[9]
Lo cierto es que el conjunto “de gastronomía” presenta gran
heterogeneidad, pero proponemos como criterio diferenciador las
piezas que presentan un hilo narrativo, aunque mínimo, de las que no
lo presentan. De esa manera son cuatro los textos narrativos de esta
sección, de los que uno se desmarca enseguida del resto por
constituir una revitalización del género fábula: “Esa hormiga
odiaba al león aquel. Tardó diez mil años pero se lo comió todo,
poco a poco, sin que él se diera cuenta.” Los otros tres de este
subconjunto podrían entrar en lo que F. García Sánchez llama tipo
“confesión”. Se diferencian, sin embargo, en que mientras que en los
Crímenes la narración suele presentarse en primera persona,
aquí se opta por la tercera: “Le gustaba tanto que no dejó nada. Le
chupó hasta los huesos. De verdad había sido bonita.” En una pieza
se presenta un fragmento de diálogo, como en los Crímenes:
“-Le comería los hígados –dijo Vicente.
No pudo: amargaban.”
La extrema brevedad de mayoría de piezas es contradicha por otra
composición relativamente mucho más larga: “Juan Fábregas Monleón,
fabricante de camisetas, odiaba ferozmente a Manuel Santacruz
Ridaura, fabricante de lo mismo. Fue al Congo, se trajo a dos
antropófagos a Barcelona. Así desapareció completamente Manuel
Santacruz Ridaura.
Juan Fábregas Monleón tuvo hasta el día de su muerte repentina, en
una esquina de su despacho, en una vitrina, colgado, completo, el
esqueleto de Manuel Santacruz Ridaura; le hacía verdadera compañía.”
Este microrrelato recoge también una de las características
canónicas del género: la dualidad u oposición de dos planos
contrapuestos. En este caso: Juan Fábregas Monleón vs. Manuel
Santacruz Ridaura, Congo vs. Barcelona, “desapareció” vs.
“compañía”, muerte planeada vs. muerte repentina.
En todas estas composiciones, como es habitual en la técnica
magistral de Aub para el microrrelato, la sorpresa (al ser
composiciones tan breves difícil poder hablar de “final”
sorprendente): la hormiga que devora pacientemente durante siglos al
león; la mujer que fue devorada por estar literalmente “buena”; el
que también de forma literal quiso ejecutar un dicho, pero no pudo
por el sabor amargo de su objetivo y el que manda engullir a su
enemigo y luego se hace acompañar de su esqueleto.
Los dos textos restantes son los que entran de lleno en el decir
sentencioso: “No hay nada como comer el ojo del enemigo. Revienta
entre las muelas como granote de uva, con gustito de mar.” “Las
nalgas son mejores al tacto que al gusto, más duras de mascar que de
tentarrujar.” Pero estas sentencias, como puede observarse
inmediatamente, parodian con su truculencia el carácter moralizador
y edificativo que suele tener ese tipo de literatura. Serían, nada
más y nada menos, que los adagios de un gourmet antropófago.
[1]
E. González-Grano de Oro: La Otra Generación del 27…,
p.226.
[4]
Seguimos la edición de F. García Sánchez de M. Aub, Obras
Completas.Relatos I. Fábulas de vanguardia y ciertos cuentos
mexicanos, p.397. Todas las citas de “de gastronomía”
remiten a esa página. (Vid. bibliografía).
[5]
Vid. Bajtin, M.: La cultura popular en la Edad
Media y en el Renacimiento, p.371.
[6]
M. Mihura, Mis memorias, p.41.
[8]
F. García Sánchez, Op. cit., p.30.
[9]
Ibid., p.30.
BIBLIOGRAFÍA
- Aub, M.: Obras Completas. Relatos I.
Fábulas de vanguardia y Ciertos Cuentos Mexicanos, Vol. IV-A,
edición crítica, estudio introductorio y notas de F.
García Sánchez, Valencia, Biblioteca Valenciana, Generalitat
Valenciana, 2006.
- Bajtin, M.: La cultura popular en la
Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de
François Rabelais, Madrid, Alianza Editorial, El Libro
Universitario, “Ensayo”, 1998.
- González- Grano de Oro, E.: La Otra
Generación del 27. El Humor Nuevo español y La Codorniz
primera, Madrid, Ediciones Polifemo, 2004.
- Mihura, M.: Mis memorias, Madrid,
Temas de Hoy, Colección “Clásicos del Humor”, 1998.