México, Distrito Federal I Julio - Agosto  2008 I Año 3 I Número 15 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

Ana María Veas González nace en Viña del  Mar en 1947. Estudia siete años de Filosofía en la Universidad de Chile. Es expulsada de la Universidad por el Gobierno Militar aunque no militaba en la Unidad Popular, porque tuvo una posición  troskista, lo que significa que acompañó el proceso de liberación obrera con una posición crítica y más realista. Desde el día del Golpe se convierte al cristianismo el que no deja nunca pero su criticismo le ha hecho ser disidente de las iglesias muchas veces. Primer Premio Poesía Concurso “Luis Hurtado” Valparaíso, 1971 convocado por la Asociación de Escritores. Primer Premio Poesía Concurso Convocado por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.1972. Primer Premio Mención Lírica y Mención Cuento en el Concurso Convocado por el Departamento de Ciencias del Lenguaje de la Universidad de Playa Ancha. 1992.

 

No hay peor puerta que la que tiene el aire, cerrada, pero cuando se abre

allí se escuchan los himnos.¿Nunca los has sentido que son las bocanadas de ingrávidas brisas

y, mientras rodamos acá abajo, siempre en la boca de los túneles,

esas celosías abiertas, nos consuelan, nos reencantan? Yo, que arrastro la pierna como el último mamut acribillado

de olvido, lo sé muy bien, que siempre he mirado hacia arriba

esperando que se muevan las trenzas de astros. Y he esperado el roce de una mano como beso de hierba .Fue alguna vez la completura del alma, lo fue, como la risa en la plaza y las palomas mendigas bailando con sus tres pasitos. Hubo mañanas con mi sonrisa en su mejilla de sol y ciudad. Pero el resto es lobreguez y oración como sucede en el camposanto.

Nada más he cosechado.

Y al pie de esa puerta me la paso como el paralítico de Betesda.

Y me esfuerzo por levantar y relevantar el lar volatizado. Pido a las alas de los pájaros

su ritmo y su alegría. Demando a las flores su vuelo colorido. Los cerrados párpados de las montañas me regalan sus azules, sus lilas, y yo construyo. Entonces mi oído oye los himnos.

Y un aliento trasestelar me anima. Y yo prosigo.

Como el que va a medio camino. Húmedas las pupilas. El alma en la piel.

Con cierta indefinible esperanza. Escuchando el santo susurro  que le dice

donde poner el pie. Y así vive.

 

 

 

 

 

 

 

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