México, Distrito Federal I Julio - Agosto  2008 I Año 3 I Número 15 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

Entrevista al escritor puertorriqueño  José E. Santos

 

   Entrevista realizada por Andrea Gallo

José E. Santos (San Juan, 1963) es un escritor de Puerto Rico y pertenece a la Generación del 80. Estudió en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico y en la Brown University (Providence, Rhode Island). Ha trabajado como profesor en Rhodes College en los EE. UU. y en la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce. En la actualidad enseña Literatura Española en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez.

Además de crítico literario (su ámbito de estudio es prevalentemente la literatura española de los siglos XVIII al XX), es un original autor de poesía y prosa y su escritura es representativa de la trayectoria cultural-literaria de su isla. Debutó con el poemario Pequeño cuaderno gris, que salió en 1987, al que siguieron Crónica de la degustación (2005), Después de la espera (2006) y Libro de Venecia (2007); poemas suyos han sido incluidos en la Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI (1997) de Julio Ortega. La obra narrativa cuenta con las colecciones de cuentos Archivo de oscuridades (2003), Deleites y miserias (2006), Los Viajes de Blanco White (2007), Los comentarios (2008) y Trinitarias y otros relatos (2008).

 

A.G.: Cuando se hace referencia a la literatura contemporánea de Puerto Rico se suelen inscribir sus autores bajo la etiqueta de “Generación”. La Generación del 50 se caracterizó por una escritura de alto nivel artístico y por comprometerse social y políticamente, inspirándose en temas como el desplazamiento de la clase proletaria, la industrialización, la emigración, la asimilación cultural a EE.UU. La siguiente Genereación del 70 enfatizó la ruptura formal y se distinguió por una notable presencia femenina/feminista, pero siguió con las temáticas tratadas a la del 50. La del 80, de la que se te considera un representante junto con Zoé Jiménez Corretjer, Rafael Acevedo, Alberto Martínez Márquez, Israel Ruiz Cumba, José Liboy, Mario Cancel, Mayra Santos Febres (entre otros), se define como un grupo más heterogéneo por los temas, habitualmente menos comprometidos con lo político, y por un gusto más bien lírico que tiende hacia lo surrealista. ¿Te parece apropiada esta clasificacion por generaciones? ¿Sientes pertenecer a una generación literaria o te percibes más bien como un escritor aislado? ¿Qué es lo que te une y/o separa de tu generación literaria y qué distingue sustancialmente este grupo del 80 de los demás, anteriores y posteriores?

 

J.E.S.: Deseo comenzar dándote las gracias por tu interés en mi obra y, sobre todo, por la de mi país.  En torno a lo de las generaciones pues, es curioso, como mencionas, nuestra vocación generacional por llamarla de alguna manera.  Parecería haber cierta urgencia gregaria entre los escritores, o entre los que desean clasificarlos. Si fuera a definir la Generación del 80 como tal diría que es un conjunto heterogéneo de escritores que, en vez de establecer algún tipo de ruptura estética con el momento anterior, lo asimila y lo hace dialogar con otras tradiciones y con el momento presente.  Esto podría decirse de todo movimiento literario si se quiere, por lo que el mote de “generación” muchas veces es un intento de aglutinar cronológicamente a tales o cuales escritores y ubicarlos frente al momento histórico que viven.  A mí se me hace difícil, por ejemplo, ver a la Generación del 70 como un todo orgánico o estructurado. Tan particular es la obra de Rosario Ferré como la de Edgardo Rodríguez Juliá para verlos dentro de un mismo marco narrativo, o la poesía de corte feminista de Etnairis Rivera, Ivonne Ochart y otras frente a la oferta proteica, irónica y reflexiva de Jan Martínez, por ejemplo.  Los escritores del 80 se han deleitado en poner a jugar entre sí las distintas tradiciones que los han formado con una intensa exploración del repertorio de posibilidades lingüísticas.  Para ser un tanto específico, la poesía “ochentista” relee y reformula las vanguardias a la luz de una perspectiva histórica que se ancla en la percepción de un estancamiento político que contrasta con el fluir cultural y mediático de finales del siglo XX y los inicios del XXI. Hay algo de esto en su prosa aunque es mucho más diversa, y es donde más se nota el diálogo con las preferencias o la formación de cada autor.  Muchos son los escritores valiosos de este momento. Considero fundamental la poesía de Rafael Acevedo y la de Zoé Jiménez Corretjer por razones distintas e igualmente sustantivas. De igual manera, las ofertas narrativas de Mario Cancel, José Liboy y Mayra Santos muestran muy bien esa interacción con los modelos precedentes que da una voz particular a cada uno de los narradores ochentistas. Al ver las cosas de este modo no puedo considerarme “aislado” propiamente, pues en cierto modo todos lo somos. Creo que todos nosotros aceptamos esto y lo hemos visto dentro del marco de haber coincidido, colaborado o compartido en la universidad y en otros ámbitos desde aquella década hasta el presente.

 

A.G.: Tu país vive una condición política algo anómala y ambigua y presenta una situación culturalmente peculiar. En uno de tus cuentos (“Diálogo”, Deleites y miserias) el protagonista, al enterarse de que hay extranjeros que conocen a “Puerto Rico, la isla” habla a modo de broma cultural y se sorprende de esta forma: “[Ella] Sabía de la existencia de nuestro punto desconocido, tan arcano para la mayoría, a menos de que se pensara que era un distrito de la ciudad de Nueva York”. En Puerto Rico ¿qué relación existe entre literatura e identidad? ¿Cuál te parece que es y que debería ser el papel del escritor y del intelectual en Puerto Rico?

 

J.E.S.: Bueno, son preguntas perennes en nuestra historia intelectual estas dos que mencionas. Hay toda una corriente de pensamiento que viene desde principios del siglo XX y se fundamenta en esta discusión precisamente, en cómo definir al puertorriqueño frente al estadounidense dada la “condición anómala y ambigua” que mencionas.  Yo no veo que esta condición sea tan ambigua. Nuestro país es una colonia de los EE. UU., y en este sentido me parece muy preciso el tipo de debate que se ha dado. Hasta los silencios, las omisiones y los aparentes desvíos de esta discusión sobre la identidad son propios del laboratorio cultural colonial.  Pienso en los discursos radicales y su enfrentamiento a otras visiones recientes que intentan insertar a Puerto Rico dentro de una óptica más “globalizada” si se quiere, o acaso más a la luz de los procesos sociales propios de los EE. UU., y todo encaja con el polimorfismo colonial.  Es como cuando analizamos a figuras del pasado colonial hispanoamericano como Sigüenza y Góngora o como Pablo de Olavide, que vemos la diferenciación con y el acercamiento a los discursos de la metrópoli. Puerto Rico vive un ciclo de repeticiones dentro de esta discusión.  La metáfora de la condición histórica de Puerto Rico ha quedado plasmada en la novela La charca de Manuel Zeno Gandía (siglo XIX) y un tanto se repite dentro de otros registros recientemente en La guaracha del Macho Camacho de Luis Rafael Sánchez.  En mi caso, reconozco la labor y el valor de aquellos que han deseado trascender esta visión, aunque confieso que cada día me siento más convencido de la importancia del debate sobre lo nacional y sobre la evolución del panorama político en mi país. No puedo hablar por los demás, es decir, no propongo que el escritor deba tener un papel específico en la sociedad, ni que se sienta comprometido con una cosa o con otra.  Eso es asunto de cada cual. Creo que como literatura colonial la literatura puertorriqueña siempre muestra elementos de este debate por más que se desee evitar, pero es mi perspectiva solamente y tal vez me equivoque por completo, como habrá quien diga.

 

A.G.: Hoy en día la poesía casi no tiene público; en cambio la narrativa, sobre todo la novela, está condicionada por las exigencias del mercado, de manera que el escritor se convierte más bien en una marca en donde el nombre resulta ser más importante que el contenido. ¿Cuál es tu opinión con respecto a la literatura hoy en día y al papel/función del escritor? ¿Cuál es la visión estética que anima tu poesía y la motivación para escribirla?

 

J.E.S.: ¿Será acaso ya un hecho la agonía de la literatura?  Bueno, es que lo que mencionas siempre me hace pensar en que tal vez la lectura como tal ha tenido un retroceso ante las exigencias del mercado de entretenimiento. Al menos veo eso en Puerto Rico, por lo que no me extraña que un joven, o un adulto se sienta estimulado por sentarse frente al televisor o al ordenador a jugar algún juego virtual y reconstruirse dentro de esa ficción particular. Veo todo como un retroceso puesto que la literatura crea tantas realidades alternas como sean posibles a cada lectura mientras que los programas virtuales ya dirigen la trayectoria un tanto. Y es una pena que el sistema de educación en mi país se haya alejado un tanto de la importancia de las humanidades. Podríamos bromear un tanto con el título del ensayo de Ortega y Gasset y hablar de “la deshumanización de la educación”. Suena un tanto terrible, y lo es. De la narrativa se puede decir que sí ha caído tal vez dentro del cerco del mercadeo. No puedo decir que todo lo que se escribe sigue unas pautas exigidas por las casas editoriales.  Me gustaría pensar que la mayoría de lo que se publica es fiel al interés del escritor como artista y no del escritor como mercader. Es un poco mi fe, y estoy seguro que siempre se abre paso la conciencia estética por sobre las modas de turno. Ahora bien, en torno a lo que preguntas sobre mi poesía, pues, diría que funciona en mí más bien como un álbum, es decir, como retrato de un momento en que sentía o pensaba en tales o cuales cosas.  Es por eso que no escribo ya poesía de manera continua.  De joven era lo único que escribía y fue lo que me formó como ejecutor.  La veía como el taller obligatorio para entender, deleitar y aprender los diferentes niveles de significación que ofrece el lenguaje. Ya últimamente la poesía me seduce solamente en los momentos en que me consume la reflexión personal, sea íntima, filosófica o social.

 

A.G.: Tú poesía, aunque privilegie el verso libre, y metáforas atrevidas, es de gusto muy lírico y adopta algunos recursos retóricos tradicionales. En cambio tu prosa cuentística suena bastante escueta, coloquial, anti-literaria y hasta agresiva por su lenguaje violento y sus imágenes repugnantes (como por ejemplo en Deleites y miserias). ¿Dónde está el punto de conexión y síntesis entre estas dos inspiraciones y visiones estético-poéticas aparentemente contrastantes?

 

J.E.S.: Es interesante que comentes esto. Nunca lo había pensado de esta forma, pero sí veo por donde viene tu planteamiento. Puede que sea tradicional mi aproximación a la poesía. Debo esto tal vez a mi formación y mis preferencias. La narrativa fue algo que llegó a mí mucho más tarde. Se ve influida por el cine, por los medios de comunicación y por la sordidez de la realidad, de la experiencia de la vida. Un colega y escritor, Mario Cancel, me ha comentado que ve un nexo entre mi poesía y mi cuentística en la naturaleza experimental de algunos de mis procesos narrativos que ve como una extensión de esa misma inquietud en mi poesía. Me llama la atención que uses “anti-literario” como calificativo.  Parto de la visión de que nada es anti-literario, de que todo es válido si entra dentro de un esquema estético y estructural reconocible en cada texto y para cada texto. Me atrevería a decir que el nexo más reconocible presente en mi prosa y en mi poesía ha de ser la intensidad. Esa agresividad de que hablas la puedo rastrear en casi toda mi obra. Ahora bien, Deleites y miserias es una colección un tanto dirigida, pensada como un todo cerrado aunque polivalente en el que la violencia era uno de los andamios principales. Hay cuentos en Los comentarios y en Trinitarias y otros relatos que participan acaso de algún lirismo más afín con mi producción poética.

 

A.G.: Muchas veces grandes escritores ignoran el mecanismo del proceso creativo, pero logran un equilibrio y perfección no planeado a la hora de ponerse a escribir. ¿El hecho de estudiar, enseñar y producir crítica literaria y por lo tanto, desmontar el texto como un engranaje, analizarlo, investigar sus aspectos formales y de contenido, su técnica de construcción, ha influido y condicionado tu forma de escribir?

J.E.S.: Diría que hay algo de eso en mi narrativa, aunque no es que planifique siempre. Algunos cuentos responden a ese deseo de construir una micro-estructura, pero usualmente es algo que viene luego de comenzado, al darme cuenta de qué posibilidades de desarrollo tiene el cuento. Muchos de mis cuentos, sin embargo, simplemente se construyen según redacto, sin plan específico alguno. Deleites y miserias es la única colección, como te dije, pensada como un todo en sí mismo y en que tuve en cuenta el diálogo entre varios procedimientos y niveles de significación. Deseaba un texto dividido en pequeños textos conectados por elementos semánticos y por la posición que ocupan en la secuencia del libro. La violencia, la sexualidad, y la autorreferencialidad serían entonces los hilos que se entretejen en el mismo. Tal vez Los Viajes de Blanco White es otro texto que apunta también un poco a esa idea de un plan por el hilo argumental que subyace al texto, aunque de manera mucho más laxa.  Mi poesía, por su parte, ha vivido bastante independientemente de mi vida de crítico y profesor y responde más bien a lograr reencontrar esa voz poética intensa que va y viene.

 

A.G.: ¿Cuáles son los autores que mayoritariamente inspiran tu creación artística? ¿Sufres alguna influencia de la narrativa (y poesía) española contemporánea? ¿Tu escritura tiene alguna peculiaridad que la distinga de otros?

 

J.E.S.: A ver. Empecé como poeta y mis preferidos en aquel momento eran Miguel Hernández, Pablo Neruda, Antonio Machado, y poco más tarde, ya universitario yo, Blas de Otero. Tres españoles y un hispanoamericano. No tenía un poeta puertorriqueño favorito en aquellos años, si bien leía mucho a Juan Antonio Corretjer. Los puertorriqueños que más leía eran José Luis González y Luis Rafael Sánchez, pero eran narradores. Para ese entonces leer cuentos o novelas era algo casi sagrado, en el sentido de que no pasaba jamás por mi mente pensar que pudiera redactar narrativa alguna vez. Mis dioses, por así llamarlos, eran Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Horacio Quiroga y García Márquez.  Los leía y releía. Fue años más tarde que cobré algo de confianza con la narrativa y lo debo casi enteramente a mi lectura de Borges. Como su discurso juega con la mezcla de los paradigmas de la filosofía, de la crítica y de la narración propiamente, me sentí más cómodo a la hora de sentarme y ejercitarme en alguno de esos discursos con miras a escribir un cuento debido a que ya escribía crítica. De mi escritura como tal no sé qué sería lo particular.  Mencionas lo de la agresividad, y hay algo también de tratar de dejar al lector con algún elemento de sorpresa que aderece cualquier posible conclusión sobre lo que se expresa.  Eso es muy quiroguiano en mí. Si fuera a aventurar alguna constante en mi narrativa sería una cierta autoconciencia colonial que evita transferir a mis personajes, especialmente en textos referentes a Puerto Rico, la proyección de alguna emancipación ontológica frente a su contexto social.

 

A.G.: Para terminar no puedo evitar hacerte una pregunta algo personal: ¿por qué un poemario dedicado a mi ciudad, a Venecia?

J.E.S: Pues bien, te he de decir que ya hace algunos años tuve una crisis personal múltiple, es decir, muchas cosas intensas, algunas negativas, pasaron en mi vida y mi hermana deseaba que viajara con ella a alguna parte para distraerme y ver si salía yo de ese estado de cosas.  Yo acepté su oferta, pero le dije que fuera un viaje a Venecia, entre otras razones por la celebración de la belleza que constituye el Carnaval. Viene a ser algo así como la ornamentación onírica total.  La ciudad se vuelve una pintura, una película intensa y hermosa. El viaje fue todo lo que deseaba que fuera y mucho más. Por primera vez en mucho tiempo pude desentenderme de todo, entregarme a la exploración vital absoluta, respirar tranquilo, incluso dormir sin ansiedad y en total abandono. Fui feliz, y recuperé mucho de lo que soy y de lo que me define tras ese viaje. Ya a los pocos días de regresar comencé a sentir deseos de plasmar lo sentido, capturarlo para no perderlo. No sabía si escribir un cuento pues en esos días había comenzado la redacción de lo que sería Trinitarias y otros relatos. Pensaba, sin embargo, que debía expresarme en una colección de poemas por el nivel de la intensidad y la combinación de celebración y reflexión que sentía. El Libro de Venecia se ha vuelto algo así como un instante de fascinación conservado en unas cuantas páginas. Vuelvo a leerlo siempre que deseo revivir esa memoria y reavivar mi momento presente, volverlo intenso, volverlo bello y sonreír.

 

A.G.: ¿Cuáles son tus futuros proyectos artísticos?

 

J.E.S: Bueno, por el momento estoy casi en un receso. Me asaltan ideas y tomo notas con miras a desarrollarlas. No hay un plan concreto. Soy sincero. Pero eso es hoy.  No sé de la semana entrante, o del mes que viene. Siempre escribo notas cortas de posibles alternativas. Ya he de ver.

 

A.G.: Me queda sólo despedirme. Gracias José por tu tiempo y gentileza.

 

J.E.S.: Gracias a ti Andrea.

 

 

Andrea Gallo, Mirano-Venezia (Italia), 02/01/1974. Licenciaturas en Lingue e Letterature Moderne Euroamericane (2004) y Lingue e Letterature Straniere (1999) en la Università Ca’ Foscari di Venezia. Alumno de doctorado en “Studi Iberici” Università Ca’ Foscari” di Venezia y de doctorado “Tradición e innovación en la literatura española del siglo XX” Universidad de Valladolid. Publicación de reseñas, artículos, ensayos sobre literaturas hispánicas e italiana en: Rassegna Iberistica, Cuaderno Internacional de Estudios Humanísticos y Literatura, Humanities, Tonos Digital, Revista Filipina, Critica letteraria, Otto/Novecento, Archivi del Nuovo, Forum Italicum, Studi Medievali e Moderni, Igitur, Padova e il suo territorio, Notiziario Bibliografico, Il Gazzettino, La Repubblica Letteraria Italiana, www.escritorasypensadoras.es.

 

 

 

 

 

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