México, Distrito Federal I Julio - Agosto  2008 I Año 3 I Número 15 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

Antonio Cajero es doctor en Literatura Hispánica por El Colegio de México. Publica en diversas revistas nacionales e internacionales. Entre otros temas, se dedica al estudio de la literatura latinoamericana, en general, y a la mexicana, en particular. Ha participado en congresos en diversos ámbitos, así como en un intercambio académico con la Universidad de Harvard, donde fungió como profesor asistente de Lengua y Literatura hispánicas.

 

En el archivo de Pedro Lastra, albergado en la Special Collections Department, University of Iowa Libraries, Iowa City, Iowa, se conservan cuatro cartas de Gabriel García Márquez, todas de 1967 (3 de marzo, 14 de marzo, 30 de mayo y 26 de diciembre). Resultan, en conjunto, valiosos documentos por su variedad temática; no obstante pueden agruparse en dos campos: el de las obras publicadas y los proyectos a mediano y largo plazos, por un lado; por otro, el del seguimiento de la impresión y difusión de Cien años de soledad.

En el primer caso, García Márquez cede a Lastra el derecho de reproducir “Isabel viendo llover en Macondo” (el “Monólogo de Isabel”, “un capítulo que se le cayó a La Hojarasca”) en una antología que el chileno prepara, además de que le gestiona los derechos de “La siesta del martes”, cedidos por esas fechas a Sudamericana, su “editor continental”. De alguna manera, también hace referencia a los cuentos que más tarde incluiría en Ojos de perro azul (1974), por la alusión a “Alguien desordena estas rosas”, al tiempo que busca crearse una imagen futura:

Ese cuento, como otros diez o doce, de muchos de los cuales no recuerdo ni el título ni la fecha de publicación, es de los primeros que escribí. Mi contrato con Sudamericana incluye la publicación de un tomo de esos cuentos primeros, y hace seis meses ando pidiendo datos a amigos colombianos, para que me ayuden a recopilarlos. Este tomo no saldrá antes de dos años. Creo que son cuentos muy defectuosos, simples tentativas, búsquedas de caminos futuros, y no quiero que me juzguen por ellos. He aceptado que los publiquen con un largo prólogo mío, lleno de excusas y explicaciones, por una razón que sin duda es presuntuosa: para que quienes se interesen en mis libros actuales, conozcan sus antecedentes en esos cuentos.

Aparte de los compromisos en diversas ciudades (Bogotá, Lima, Buenos Aires, Caracas y Barcelona), condenado a la errancia de los escritores latinoamericanos, describe un proyecto inmediato que se asoma en dos de las cuatro cartas:

El próximo paso es El Otoño del Patriarca. Un libro arriesgado: será el largo monólogo de un dictador tropical de 123 años, sordo y medio gagá, tratando de justificarse ante el tribunal revolucionario que lo ha de fusilar al amanecer, después de 80 años en el poder. Lo arriesgado es que trataré de exprimir toda la cantidad de poesía que, a mi modo de ver, hay en este fabuloso [ejemplar] de la mitología latinoamericana, en su crueldad legendaria, en su infinita soledad. Confío en poder estructurar el carácter con elementos puramente líricos, y que al final quede dado el personaje y su medio, en toda su abominable realidad.

Antes, sin embargo, García Márquez emprende la escritura de “un cuento que puede ser muy largo y muy divertido, y que llevará el pretensioso título de ‘La increíble y triste historia de la cándida Eréndira, y de su abuela desalmada’. Es, más que nada, un recurso para calentar motores antes de zambullirme, quien sabe durante cuánto tiempo, en El Otoño del Patriarca. Después no sé qué haré”. Entre tanto furor, también funge como gestor y compilador de la crítica sobre su obra: pide y ofrece estudios, cuentos olvidados, referencias, es decir se preocupa abiertamente por completar la media fama a que se hallaba condenado.

Sobre el segundo punto, relacionado con su opera magnum, puede verse que desde la carta del 14 de marzo de 1967 García Márquez aprovecha la comunicación con Lastra para anunciarle la aparición inminente de Cien años de soledad, “en mayo”. Así, el hoy premio Nobel le espeta un anzuelo del que no lo soltará en las misivas siguientes: “Cien Años de Soledad constituye mi gran esperanza para salir del anonimato en que he estado escribiendo durante 20 años. Es un monstruo de 500 páginas, en las cuales, según mis pretensiones, ocurre todo. Tan pronto como salga, Sudamericana te enviará un ejemplar caliente. Estabas en mi lista antes de que me escribieras”. La explicación final, si hubiera sido cierta, saldría sobrando.

Ahora bien, como mayo llegó y se fue, García Márquez ofrece una nueva fecha para el lanzamiento de Cien años de soledad: “sale a la calle el 6 de junio” (en la edición especial 21 de Proceso, Raúl Vargas sostiene que fue “el 5 de junio”, “La recepción”, p. 26). La carta no es gratuita en modo alguno: García Márquez solicita a Lastra “un favor así de grande y así de urgente: mándale a Paco [Porrúa] de la Editorial Sudamericana, una lista muy precisa de los críticos y gacetilleros que deben recibir ejemplares anticipados para asegurar un buen lanzamiento de la novela en Chile. En la lista, por supuesto, te pones tú a la cabeza”; mientras, en una especie de correspondencia de favores, le recuerda: “el otro día te mandé la autorización de Sudamericana para publicar el cuento en tu antología” (por cierto, ya se lo había dicho en la carta del 3 de mayo: “Te autorizan a reproducir LA SIESTA DEL MARTES, o cualquier otro de LOS FUNERALES”).

Finalmente, en diciembre y después de unos meses de que el “monstruo de 500 páginas” salió de la imprenta, García Márquez parece más tranquilo y sin más perforaciones de úlcera: “Cien Años de Soledad ha sido la salvación: gracias a sus ventas espectaculares, tengo por delante unos años de paz doméstica que pienso dedicar minuto tras minuto a escribir”.

Como diría Jorge Enrique Adoum, la correspondencia de un autor también forma parte de la historia de la literatura y, a mi juicio, en ocasiones son la literatura misma: muchos proyectos, variantes y textos completos sólo fueron rescatados en una carta y no hay testimonio impreso. En este caso, puede seguirse el afán de García Márquez por organizar una campaña de ventas en el Continente, la trama de una novela en ciernes, la construcción de un libro de cuentos que no se haría realidad sino siete años después, la visión crítica y autocrítica de un autor, en fin, diversos hilos mediante los cuales se teje la trama de la literatura.

(Respeto la manera en que García Márquez alude a sus obras o a otras: sin subrayado y con altas. Además, ajusto algunos acentos a la norma académica.)

 

                              Marzo 14                                     

[Señor]

Pedro Lastra S

Santiago de Chile 

Mi querido Pedro Lastra: 

                                 tu carta me llegó en el mal momento en que estaba metido en la revisión de galeras de mi última novela, Cien Años de Soledad, que publica en mayo Sudamericana, y apenas ahora salgo de esa tormenta para contestarte.

                                Me duele decirte que no hay posibilidades de reimpresión de mis libros. Después de muchos años esperando editor continental, acabo de hacer con Sudamericana un buen arreglo para “toda la obra pasada y futura”, lo cual es para mí como la realización de un viejo sueño: me angustiaba ver mis libros en ediciones locales, y dispersos en diferentes editoriales. Esto pone término, espero, a un problema que tú señalas casi dramáticamente en tu carta: el de que mis amigos, conocidos y desconocidos, tengan que andar consiguiendo los libros milagrosamente, a través de la caridad de otros amigos.

                               Por mi parte no hay ningún inconveniente para que incluyas los dos cuentos que me dices en la Antología del Cuento Hispanoamericano. El Monólogo de Isabel, que en realidad es un capítulo que se le cayó a La Hojarasca  y que quedó circulando como cuento gracias a la acuciosidad de Ricardo Lacham, no tiene compromisos previos. La siesta del martes, que es mi hijo predilecto, hace parte del volumen de Los Funerales, que reimprime Sudamericana en julio, pero ya me he apresurado a decirles que lo publicas con autorización mía, para que no vayan a poner preso a nadie.

                               El cuento que te mandó Garcés Larrea –Alguien desordena estas rosas– salió publicado varias veces en distintas revistas colombianas, a principios de los años cincuenta, y no sé de cuál de ellas sacó el recorte. Lo curioso es que tengo que pedirte un favor: saca una copia y mándamela. Ese cuento, como otros diez o doce, de muchos de los cuales no recuerdo ni el título ni la fecha de publicación, es de los primeros que escribí. Mi contrato con Sudamericana incluye la publicación de un tomo de esos cuentos primeros, y hace seis meses ando pidiendo datos a amigos colombianos, para que me ayuden a recopilarlos. Este tomo no saldrá antes de dos años. Creo que son cuentos muy defectuosos, simples tentativas, búsquedas de caminos futuros, y no quiero que me juzguen por ellos. He aceptado que los publiquen con un largo prólogo mío, lleno de excusas y explicaciones, por una razón que sin duda es presuntuosa: para que quienes se interesen en mis libros actuales, conozcan sus antecedentes en esos cuentos.

                               Estaré en México hasta julio. En ese mes iré a Buenos Aires, venciendo mi terror al avión, como jurado del concurso de novela Primera Plana-Sudamericana. De allí me iré a Barcelona por un año, a escribir dos libros atrasados. Te mantendré al corriente de mis direcciones. Soy muy mal corresponsal, pero la idea de que mis amigos no sepan por dónde ando me produce una rara sensación de desamparo. El año pasado perseguí a Vargas Llosa durante seis meses por todo el mundo, y al fin lo capturé en Londres. A qué diablos se debe esta condición errante de los novelistas latinoamericanos.

                              Cien Años de Soledad constituye mi gran esperanza para salir del anonimato en que he estado escribiendo durante 20 años. Es un monstruo de 500 páginas, en las cuales, según mis pretensiones, ocurre todo. Tan pronto como salga, Sudamericana te enviará un ejemplar caliente. Estabas en mi lista antes de que me escribieras. Creo que quien me dio tu dirección fue José Miguel Oviedo. O fue Angel Rama?

                               El próximo paso es El Otoño del Patriarca. Un libro arriesgado: será el largo monólogo de un dictador tropical de 123 años, sordo y medio gagá, tratando de justificarse ante el tribunal revolucionario que lo ha de fusilar al amanecer, después de 80 años en el poder. Lo arriesgado es que trataré de exprimir toda la cantidad de poesía que, a mi modo de ver, hay en este fabuloso [ejemplar] de la mitología latinoamericana, en su crueldad legendaria, en su infinita soledad. Confío en poder estructurar el carácter con elementos puramente líricos, y que al final quede dado el personaje y su medio, en toda su abominable realidad. Este desafío me tiene entusiasmado, pero no puedo cumplirlo en México, donde los trabajos forzados me agobian y donde la vida pública me exaspera. Espero que la costa brava me dé la tranquilidad que necesito para sacar este disparate.

                               Confío en que esta larga carta no parezca una cortina de humo para disimular lo esencial: que no puedes reimprimir mis libros. Tus planes editoriales me parecen estupendos. Tengo la impresión de que América Latina, por fin, empieza a producir suficientes cosas buenas, y en buenas cantidades, como para que no tengas que lamentar mi negativa. Estoy convencido de que al cabo de largos años de tentativas, la novela latinoamericana está dando en el blanco. Ahora sólo falta romper la absurda incomunicación. Esta carta aspira a ser una pequeña contribución en ese sentido. 

Un inmenso abrazo, 

G. García Márquez

▫▫▫▫▫▫▫

Mayo 3 

Mi querido Pedro Lastra:

                                        gracias por tu carta y por el envío del cuento. Poco a poco los voy reuniendo todos: son en total unos doce.

         No te había escrito en espera de una respuesta de Sudamericana en relación con el cuento que quieres publicar en tu antología. Te autorizan a reproducir LA SIESTA DEL MARTES, o cualquier otro de LOS FUNERALES.

         Imposible hacer escala en Santiago. Voy México-Bogotá-Lima-Baires, aunque esto, por supuesto, no sería problema: el caso es que no me queda un día libre, pues regreso volando a Caracas a una confrontación de novelistas y críticos que harán allá con motivo del premio Rómulo Gallegos. No irás por Chile? Sería estupendo encontrarnos en las barricadas contrarias.

         Me sigue conmoviendo el ojo avizor de Latcham: no se le escapaba nada. Cómo hacía para estar pendiente de todo lo nuevo que se publicaba? 

Un gran abrazo, y hasta la próxima,

                                                                                                                                                                         Gabriel     

▫▫▫▫▫▫▫

 

Mayo 30 

Mi querido Pedro Lastra:

                                         CIEN AÑOS DE SOLEDAD sale a la calle el 6 de junio. 

         Quiero pedirte un favor así de grande y así de urgente: mándale a Paco Porrúa, de la Editorial Sudamericana, una lista muy precisa de los críticos y gacetilleros que deben recibir ejemplares anticipados para asegurar un buen lanzamiento de la novela en Chile. En la lista, por supuesto, te pones tú a la cabeza.

         El otro día te mandé la autorización de Sudamericana para publicar mi cuento en tu antología.

         La inminente aparición de la novela me está perforando la úlcera! 

Un enorme abrazo,  

                            Gabriel
 

     ▫▫▫▫▫▫▫

 

26.XII.67, Barcelona

 

Mi querido Pedro Lastra:

                                        estupendo el estudio sobre La Hojarasca. Yo nunca entendí por qué ese aspecto sofocliano se le ha escapado a todos los críticos, si a mí me parecía tan evidente en la novela. Más aún, en un plan anterior, el cura y el médico debían ser hermanos, pero luego me pareció que el asunto resultaba algo melodramático al referirlo a un pueblo latinoamericano.

         Hay en la contribución a la bibliografía algunas cosas que no conozco, y que me gustaría ver. Por ejemplo: lo de Ariel Dorfman; la crónica de Lachtamn sobre La Mala Hora; lo de Juan Loveluck; lo de Mario Rodríguez Fernández.

         A ti te falta, en cambio, porque tal vez no había aparecido aún, un excelente estudio de Volkening sobre Cien Años, aparecido en ECO.

         El guión que se empezó a publicar en Letras Nacionales ya fue filmado en México, bajo la dirección de Arturo Ripstein, y la película resultó excelente. Y por tanto, un estrepitoso fracaso comercial. El guion completo lo publicó la revista Bellas Artes de México, no recuerdo cuándo, pero si tienes modo de pedirlo a México, te lo mandarán. Me interesa que lo veas, porque de todo lo que escribí para el cine, es el único donde se ven algunas de mis obsesiones personales.

         Le mandaré a Zapata Olivella, para Letras Nacionales, el estudio sobre La Hojarasca. Tal vez alcance a salir antes de 10 años, habida cuenta del ritmo en que aparece esa revista.

         Cien Años de Soledad ha sido la salvación: gracias a sus ventas espectaculares, tengo por delante unos años de paz doméstica que pienso dedicar minuto tras minuto a escribir. Ahora estoy metido en un cuento que puede ser muy largo y muy divertido, y que llevará el pretensioso título de “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira, y de su abuela desalmada”. Es, más que nada, un recurso para calentar motores antes de zambullirme, quién sabe durante cuánto tiempo, en El Otoño del Patriarca. Después no sé qué haré.

         Barcelona es una ciudad abúlica y tranquila, en la cual estoy disfrutando del viejo placer del anonimato, que tan necesario me resulta para escribir. 

Un gran abrazo,  

                           Gabriel

 

 

 

 

 

destiempos.com  I  Año 3 I  Número 15 I  2008 ©

volver al índice  

Copyright 2006-2008- destiempos.com - All Rights Reserved - publicación de 12e