¿Del legado de los forefathers, los pioneros de raza
blanca que llegaron con grandes esperanzas al territorio
–habitado ya por indígenas norteamericanos—que se convertiría en
Estados Unidos, huyendo de la persecución religiosa, de la
opresión, del hambre?¿O los sueños de un Thoreau, un Whitman, o
acaso un Martin Luther King cuyo “I have a dream” fuera
eje ideológico en los 60 del movimiento de derechos civiles
Estados Unidos que les abrió a las llamadas minorías (hoy día
mayoría), fueran negritudes o chicanidades, nuevos intersticios
para ser y crecer, para retomar y recrear la palabra?
¿Cuáles pesadillas? ¿De quiénes?
¿De los estadounidenses “blancos” no-liberales atemorizados ante
la reterritorialización de “the silent invasion” (Anzaldúa,
Borderlands,10) de los mal-llamados “aliens”,
extraterrestres, es decir, los más de 45 millones de gente de
origen mexicano y latinoamericano que habitan en E.U.—esa
“invasión silenciosa” que es una realidad más cercana a la
pesadilla, claro, una vez que la amnesia “borra” el hecho
innegable de que los baños los limpian ellos, de que en miles y
miles de restaurantes a lo largo de E.U. están cocinando,
sirviendo, atendiendo?
¿O es la pesadilla de quienes se les cruzó la frontera con el
Tratado de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848 mediante lo
cual se anexó más de la mitad del territorio mexicano
(exactamente 2 millones 300 mil kilómetros cuadrados) y quienes,
después incluso de siete o más generaciones, siguen siendo
ciudadanos de segunda? ¿De quiénes se vieron deslenguados de la
noche a la mañana cuando les cambiaron país y leyes, incluyendo
la lengua oficial?
¿O será la pesadilla de aquellos que se mojan atravesando el Río
Bravo/Río Grande, desnudados de mucho más que su ropa, de
aquellos que los coyotes (des)ayudan a cruzar el desierto
sedientos, o arriesgando quedar aplastados en las vías de los
trenes, asfixiados, abandonados por los polleros, sólo en
compañía de la Catrina-calaca posadezca. Todos aquellos que se
mueven hacia el norte, pese al muro de la muerte, de la
vergüenza, ese muro “de la tortilla”, aquellos a quienes
Anzaldúa les regala un término más digno y real: “economic
refugees” (Anzaldúa, Borderlands,11),quienes se
refugian de la (mala) economía del (mal) gobierno mexicano?
¿O será la pesadilla ya cotidiana de la migra que ahora amenaza
de manera más palpable con la deportación de aquellos que, como
dice Elena Poniatowska, “cruzan la frontera por hambre, porque
su gobierno no puede alimentarlos, pero también porque sienten
que ese país es una tierra de promisión, la única que puede
darles una mejor vida, la única en la que mal que bien serán
respetados sus derechos.”? (Poniatowska, One Wound/Una herida
18).
¿De quiénes estamos hablando al hablar de los sueños, de las
pesadillas en un Estados Unidos abiertamente multicultural,
multiétnico, multicredo, multilingüístico, aún cuando el poder
siga siendo mayormente WASP “blanco” hegemónico y de los
belicosos Bush y co.?
¿Y las heridas?
En su libro Borderlands/La Frontera. La nueva mestiza
(1987) Gloria Anzaldúa declara en una cita muy conocida: “The
U.S.-Mexican border es una herida abierta where the Third
World grates against the first and bleeds“ [La frontera
entre México y Estados Unidos es una herida abierta donde el
tercer mundo raspa contra el primero y sangra] (Borderlands,3).
La frontera como herida permanente, cotidiana, la zona
fronteriza de mundos que se besan, se odian, se destazan. Los
borderlands de aquellos que son “diferentes” y por ello se
les estigmatiza. Este concepto va más allá de la frontera
geopolítica que divide artificialmente familias y legados
ancestrales, esa “raya imaginaria” de la que canta Lila Downs en
“The Border/La línea” en su disco compacto que lleva el mismo
título.
Y si bien la frontera México-Estados Unidos es “una herida
abierta donde el tercer mundo raspa contra el primero y sangra”,
esta cita de Anzaldúa fluye hacia una propuesta real-creativa: “And
before a scab forms it hemorrhages again, the lifeblood of two
worlds merging to form …a border culture.”[”Y antes de
formarse una costra, vuelve la hemorrágia, que es la sangrevida
de dos mundos fusionándose para formar…una cultura
fronteriza.”](Anzaldúa, Borderlands,3).
De la herida, del rasgamiento, de la ruptura, de la pesadilla,
surge, como ave fénix, la posibilidad múltiple de una nueva
cultura, de nuevas identidades, nuevos sueños. Y es esta “border
culture” híbrida, el habitat natural de las chicanidades,
las cuales encarnan múltiples fronteras, en donde es necesario
negociar día con día cada herida.
“To Live in the Borderlands Means you”/“Vivir en la zona
fronteriza quiere decir que”, es el título de un poema de
Anzaldúa que, utilizando el título como su primer verso,
continúa así:
are neither hispana india negra española
ni gabacha, eres mestiza, mulata,
half-breed
caught in the crossfire between camps
while carrying all five races on your back
not knowing which side to turn to, run from;
To live in the Borderlands means knowing
That the India in you, betrayed for 500 years,
Is no longer speaking to you, that mexicanas call you
rajetas,
That denying the Anglo inside you
Is as bad as having denied the Indian or Black;
Cuando vives en la frontera
People walk through you, the wind steals your voices,
You’re a burra, buey, scapegoat,
Forerunner of a new race,
…
In the Borderlands
You are the battleground
Where enemies are kin to each other;
You are at home, a stranger,
The border disputes have been settled
The volley of shots have shattered the truce
you are wounded, lost in action
dead, fighting back;
…
To survive the Borderlands
You must live sin fronteras
Be a crossroads.
(Anzaldúa, Borderlands/La Frontera, 194-5).
no eres ni hispana india negra española
Ni gabacha, eres mestiza, mulata, half-breed
Atrapada en le fuego cruzado entre ambos bandos
mientras llevas las cinco razas a cuestas
Sin saber a qué lado dirigirte, de cual huír,
Vivir en la zona fronteriza quiere decir que sabes
Que la india dentro de ti, traicionada durante 500 años,
Ya no te habla,
Que las mexicanas te llaman rajetas,
Que esa negación de lo anglo que llevas dentro
Es tan malo como negar lo Indian o lo Black
Cuando vives en la frontera
La gente te atraviesa al caminar, el viento te roba la voz,
Eres burra, buey, chivo expiatorio,
Precursora de una nueva raza…
…
En la zona fronteriza
Tú eres el campo de batalla
Donde los enemigos son parientes entre sí;
En tu propio hogar eres una extraña,
Las discordias fronterizas se han resuelto
La descarga de tiros ha hecho añicos la tregua
Estás herida, perdida en acción
Muerta, defendiéndote;
….
Para sobrevivir a la zona fronteriza
Debes vivir sin fronteras
Volverte un crossroads.
(mi trad. en Cantar de Espejos/Singing Mirrors, ed Claire
Joysmith, en prensa)
Estas identidades múltiples son el corazón, el latido mismo, de
las chicanidades. Las realidades no sólo son enfrentar el campo
de batalla, sino, de hecho, encarnarlo. Se trata de asumir e
integrar multiplicidades, no de asimilarse a la
cultura “dominante”, blanca, hegemónica. Berenice
Zamora escribe: You insult me/When you say
I’m/Schizophrenic./My divisions are infinite.
(Infinite Divisions,78)[Me insultas/cuando dices que
soy/esquizofrénica./Mis divisiones son infinitas. (Cantar
de Espejos/Singing Mirrors)]
Estamos ante lo que Rafael Pérez-Torres en Movements in
Chicano Poetry llama “an endless project of becoming,
rather than being, Chicana/o” (p.30) [un proyecto
interminable de convertirse en, más que de ser, Chicana y
Chicano]. Retomar las multiplicidades identitarias y asumirlas,
tomarlas en las manos y amasarlas, recrearlas de manera
continua, estas son las chicanidades.
Para Pérez-Torres la literatura chicana, al igual que la
cultura, “challenges its readers to consider the processes of
identity construction” (Movements in Chicano
Poetry, 30) [reta a sus lectores a considerar los procesos
de construcción identitaria]. No se nace Chicano o Chicana; es
un proceso conciente que se vivencía, de nombrarse como tal, de
irse (re)creando, asumiendo las multiplicidades mutantes que se
imantan bajo “chicanidades”.
Hoy día, el Movimiento Chicano de los años 60 y 70 permanece
como legado, se fusiona con múltiples marcos teóricos
multiculturales y multiétnicos de gran complejidad y amplitud,
se transmuta con la influencia de la escritura de las mujeres
“de color”, se transforma en híbrido, diverso: las chicanidades
contemporáneas se asumen como transfronterizas, transculturales,
hoy díaglobales. Guillermo Gómez-Peña, performancero quien se ha
autodenominado como “transgenic ‘glow in the dark’ mextizo in
process of chicanoization” (One Wound, 171) ofrece
en una entrevista la siguiente perspectiva:“Para mí, el
chicanismo contemporáneo, es un state of mind, una
actitud ante el mundo; una manera de ser, de pensar, de crear
que implica una cierta fluidez intercultural, una capacidad de
cruzar fronteras culturales y de oficio, y de asumirse en los
intersticios y las zonas intermedias de la identidad y la
cultura. Esta es una de [las] grandes aportaciones [del
chicanismo] a los debates intelectuales de la época y por esto
mismo creo que tiene una vigencia internacional.”
Esto, como bien apunta Gloria Anzaldúa, convierte a las minorías
en general, incluidas las chicanidades, en la sombra yungiana de
Estados Unidos, su pesadilla encarnada, lo cual se develó de
manera muy clara en lo sucedido en Nueva Orleáns posterior al
huracán Katrina, esa Catrina-calaca posadesca, en donde la
mayoría de sus habitantes negros,latinos y mexicanos, ya de por
sí ghetoizados,nunca pudieron regresar a sus precarios hogares.
Anzaldúa lo plantea así: “As
I see it this country’s real battle is with its shadow —its
racism, propensity for violence, rapacity for consuming, neglect
of its responsibility to global communities and the environment,
and unjust treatment of dissenters and disenfranchised,
especially people of color.”
(Anzaldúa,One Wound,93)
[Lo que yo veo es que la verdadera batalla de este país es con
su sombra: su racismo, su propensión a la violencia, su
consumismo rapaz, el rechazo de su responsabilidad hacia las
comunidades mundiales y hacia el medio ambiente, y su trato
injusto hacia los inconformes y aquellos privados de derechos
civiles, en particular la gente de color]. (trad. en Debate
Feminista,p.334 )
Y otra pesadilla, ruptura brutal, otro “puf” del sueño, otra
herida sobre heridas: el 11 de septiembre, 2001.
¿Pesadillas, de quiénes?
En un cibertestimonio recopilado en One Wound for Another/Una
herida por otra. Testimonos de Latin@s in the U.S. through
Cyberspace (11 de septiembre de 2001-11 de marzo de 2002)
publicado por el Centro de Investigaciones sobre América del
Norte (CISAN), UNAM, The Colorado College y Whittier College,
Javier Campos narra la pesadilla encarnada en vuelo mortal:
Si uno mira detenidamente a aquellos que se lanzaron,
desesperados, entrando con pánico a la muerte, era esa gente que
estuvo quizás 8 horas (en el turno de la noche) limpiando
aquellos dos edificios. Era gente que aún llevaba su ropa de
trabajo. No eran oficinistas. Estoy seguro que la mayoría eran
personas de la limpieza. Eran pájaros sonámbulos que una vez
cruzaron arrastrándose por la frontera que divide Estados Unidos
y México. Pero ahora se iban a las profundidades de la muerte,
volando sin alas, sin poder regresar al lugar de donde vinieron.
Porque ellos jamás pudieron ser aves migratorias en este país,
sino golondrinas de un solo viaje.
(One Wound, 115)
Las pesadillas sufridas por Chicanos y Chicanas como
encarnación, a su vez, de una otredad-pesadilla se hizo patente
al ser estimatizados como árabes, como “el enemigo”. La
escritora Sandra Cisneros, afamada autora chicana de The
House on Mango Street, da un giro a esta
identificación-estigma, asumiéndola cabalmente, contrarrestando
así la identificación impuesta al referirse al “enemigo”
predilecto de esos momentos que se extiende hasta estos días: “And
I thought about how we look just like the Arabs, that in fact we
are the Arabs, and we are the Jews, since we are Mexicans, or
Mix-icans.
A mix of this and that, of some any races. And I’ve been
pondering this a lot, since when I look in the mirror I look
more like Osama Bin Laden than I do Bush. Osama looks like my
tío Nacho. The Afghans look like my brothers. They are my
brothers, my brothers with their 1001 Arabian Nights eyebrows
and noses.
MyfatherwithhisfaceofaMoor.”
(One Wound ,138)
[Y pensé en cómo nos vemos justo como árabes, que de hecho somos
los árabes y somos los judíos, puesto que somos mexicanos, o
mixicanos.
Una mezcla de esto y aquello, de algunas, de cualquier raza. Y
he reflexionado mucho sobre esto,puesto que cuando me asomo al
espejo me parezco más a Osama Bin Laden que a Bush. Los afganos
se parecen a mis hermanos. Son mis hermanos, mis hermanoscon
cejas y narices de las mil y una noches. Mi padreconcarademoro.](trad.
en Debate Feminista,337)
Estos cibertestimonios post-11 de septiembre, 2001 permiten ver
concretamente cómo fluyen las chicanidades contemporáneas en
acción, en palabra y obra, cómo se definen ante un nacionalismo
rampante de “flag-wavers”, de ondea-banderas rojiazules,
estrellado-rayadas, cómo se redefinen ante la dictotomía de ser
parte de Estados Unidos, pero concientes de ser su sombra, su
pesadilla, y de la necesidad urgente de colocarse y actuar ante
estas innegables realidades.
En su cibertestimonio Anzaldúa lanza un llamado: “Abre los
ojos, North América, open your eyes, look at your shadow,
and listen to your soul”, (Anzaldúa,One Wound,94) [Abre
los ojos, Norteamérica, abre los ojos, mira tu sombra y escucha
tu alma ] (trad. en Debate Feminista,334)
y continúa: “Levántate, rise up in testimony.
Let’s begin by admitting that as a nation we’re killing the
dream of this country (a true democracy) by making war and
depriving many of life and basic human rights.”(Anzaldúa,One
Wound,) [Levántate y da testimonio.
Iniciemos admitiendo que como nación estamos matando el sueño de
este país (una democracia verdadera) al hacer la guerra y al
privar a muchos de vida y de derechos humanos básicos.] (mi
traducción)
Entre tanto puf! bang! crash!
¿Cómo develar el “puf” del sueño, abordar las pesadillas reales,
cómo hacerlo desde las entrañas mismas del monstruo, desde
Estados Unidos, cómo expresarse con la verdad, denunciar con
sentir e inteligencia, con acciones y no raecciones? Anzaldúa,
dándole un giro a su propia propuesta de 1987 en Borderlands,
en donde se refiere a la frontera como herida que sangra, se
hace costra y resangra, la trastoca en su cibertestimonio
post-11 de septiembre, 2001, en cicatriz-puente:
“We are all wounded but we can connect through the wound
that’s alienated us from others.
When the wound forms a cicatriz, the scar can become a bridge
linking people split apart”.
“The healing of our wounds results in transformation and
transformation results in the healing of our wounds.”
(Anzaldúa,
One Wound, 102)
[Todas y todos estamos heridas y heridos pero podemos
conectarnos a través de la herida que nos ha enajenado de los
demás. Cuando la herida forma una cicatriz, ésta puede
convertirse en un puente que vincule a la gente que se encuentra
dividida].[La sanación de nuestras heridas resulta en la
transformación y la transformación resulta en la sanación de
nuestras heridas.] (trad.
Debate Feminista,334)
Lo que sucede en “otras” partes nos afecta, como dice Elena
Poniatowska: “Cada vez es más concreto el entramado en el que
vivimos, cada vez nos atañe en un sentido más directo….Somos
dobles, somos múltiples, vivimos entre tensiones: el estire y
afloje entre nosotros mismos, y los otros, humanos, animales,
paisaje, la tensión de la prisa la de la supervivencia, la de la
competencia, la de la guerra.” (prólogo,
One Wound,
19)
No podemos caer hoy día en sueños irreales de que en México no
somos actores y actoras de muchas pesadillas compartidas.
En un mundo globalizado en el que nos ponemos pantalones de
mezclilla hechos en maquiladoras en la frontera México-Estados
Unidos, usamos prendas hechas por manos guatemaltecas,
colombianas, manos turcas, paquistaníes, chinas y tantas manos
más, invisibles pero que nos ofrecen, nos dan visibilidad, ya no
podemos darnos el lujo de hablar de estas manos, de estas
culturas, manteniéndolas en un espacio abstracto, o simplemente
exotizarlas como lejanas, desconocidas. Estas son prendas que
nosotros, que nosotras, llevamos puestas, son parte de nuestras
imágenes públicas, parte de nuestra identidad contemporánea
cotidiana, de nuestras identidades múltiples, identidades tal
vez todavía no cabalmente asumidas como tales.
Lo transfronterizo de las chicanidades nos permite hacer
conciencia de los nuevos significados de las múltiples fronteras
hoy día. Haciendo uso de códigos ecológico-pacifistas
politizados Anzaldúa habla de la supervivencia de la especie
humana que depende de cada una/o de nosotros/as y de nuestra
conexión con nuestros “vecinos, ya sea que vivan del otro lado
de la calle, del otro lado de las fronteras nacionales o del
otro lado del océano”, pues ya no estamos hablando de “mi” país
o “tu” nación, sino de “nuestro” planeta. Una vez más la
dicotomía se resuelve mediante una instancia alterna: ni mío, ni
tuyo, sino nuestro, una ofrenda frente a la declaración binaria
divisoria de Bush, al filo del terror terrorista, de la
pesadilla en gestación: “You are either with us or you are
with the terrorists” [O están con nosotros o están con los
terroristas](discurso de Bush por televisión nacional
estadounidense, 20 septiembre, 2001).
Las chicanidades ya no son sueños ni pesadillas ni heridas que
pertenezcan a quienes se autodenominan chicanos, chicanas
estadounidenses. Las chicanidades no tienen patente, ni dueño,
ni marca propia, no tienen fronteras, son maleables y de alguna
manera u otra se integran a nuestra cultura hoy día, cada vez
más, estemos o no plenamente concientes de ello.
La sanación se ve determinada a través de la acción individual
llevada a la colectividad que busca (re)configurarse día con día
en estos tiempos globales de grandes cambios. Y surge de estas
voces chicano-latinas-estadounidenses una propuesta utópica de
un nuevo sueño:
“In terms of evolutionary stages, the world is presently
between el quito sol y el sexto.
According to Maya knowledge, the sixth world starts December
2012. It is this Nuevo Mundo, this new order, we need to create
with the choices we make, the acts we perform, and the futures
we dream” y “We are the song that sings us. It begins with 'Let
us fight no more but heal the wounds of nations.
Let us be the healing of the wound.'
(Anzaldúa,One
Wound, 99)
[En términos de etapas evolutivas, el mundo se encuentra en
estos momentos entre el quinto sol y el sexto. De acuerdo con el
conocimiento Maya, el sexto mundo se inicia en diciembre de
2012. Es este nuevo mundo, este nuevo orden, que debemos crear
con las elecciones que hacemos, los actos que realizamos, y los
futuros que soñamos.] [Somos el canto que nos canta. Y éste
comienza con: ‘Que no se libren más batallas, que sanemos las
heridas de las naciones. Que seamos la sanación de la herida.’]
(mi traducción)
Las chicanidades estadounidenses, al vivir en los intersticios
reales y cotidianos de las entre-fronteras, entre sueños y
pesadillas, viviéndolos en carne propia, han forjado nuevos
sueños, nuevas sanaciones, nuevos futuros en estos nuestros
tiempos post-11 de septiembre, 2001.
Anzaldúa, Gloria, Borderlands/La Frontera.
La Nueva Mestiza,
Spinsters/Aunt Lute, San Francisco, 1987.
Anzaldúa, Gloria,”Let Us Be the Healing of the Wound: The
Coyolxauhqui Imperative –La Sombra y El Sueño”, en One Wound
for Another/Una herida por otra.
Testimonios de Latin@s in the U.S. through Cyberspace (11 de
septiembre de 2001-11 de marzo de 2002),
eds. Claire Joysmith y Clara Lomas, CISAN, UNAM, Ciudad
de México,The Colorado College, Colorado Springs, Colorado, EU,
y Whittier College,California, EU, Prólogo de Elena Poniatowska,
2005, 92-103.
Campos, Javier, “Esos olvidados pájaros migratorios bajo las
torres gemelas” en One Wound for Another/Una herida por otra.
Testimonios de Latin@s in the U.S. through Cyberspace (11 de
septiembre de 2001-11 de marzo de 2002), eds. Claire
Joysmith y Clara Lomas, CISAN, UNAM, Ciudad de México,The
Colorado College, Colorado Springs, Colorado, EU, y Whittier
College,California, EU, Prólogo de Elena Poniatowska, 2005,
p.113-117.
Downs, Lila, The Border/La línea (disco compacto) Narada
Productions, Inc. Milwaukee, E.U., 2001.
Joysmith, Claire (ed.) Cantar de Espejos/Singing Mirrors,
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Pérez-Torres, Rafael, Movements in Chicano Poetry.against
Myths, Against Margins, Cambridge University Press, Londres,
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Poniatowska, Elena, “Prólogo”, One Wound for Another/Una
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Cyberspace (11 de septiembre de 2001-11 de marzo de 2002),
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CISAN, UNAM, Ciudad de México,The Colorado College,
Colorado Springs, Colorado, EU, y Whittier College, California,
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Rebolledo, Tey Diana, y Eliana S. Rivero (eds.), Infinite
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University of Arizona Press, Tucson,1993.
“'Let us be the Healing of the Wound': escribiendo desde la
herida” en “Desde las fronteras”,
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