México, Distrito Federal I Julio - Agosto  2008 I Año 3 I Número 15 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 José Antonio Durand Alcántara. Editor y profesor de la FES Zaragoza, UNAM. Presidente de la Academia de Extensión Universitaria y Difusión de la Cultura en la FES Zaragoza. Miembro del Club Literario La Pluma del Ganso. Ganador del Concurso de “Cuento, Poesía y Periodismo”, UAM-Iztapalapa, 1983; Primer lugar en el Concurso de Cuento “Día del Maestro”, UPIICSA, IPN, 1986 y 3er lugar del Concurso Nacional de Poesía “Rubén Bonifaz Nuño”, UNAM, 1995. En 2007 publicó la 2da. edición de su libro de poesía y cuento corto: De canibalismo y otras filias, UNAM.

 

 

“Dame un poquito de tu amor, siquiera/

dame un poquito de tu amor, nomás/

dale a tu boca la ilusión primera…”

                                               Agustín Lara

 

 

— ¿Se puede pasar, maestro?

 (Mamacita de mi corazón, ¡pero qué bárbara¡ Con esa faldita y ese escotote desde luego que NO se puede pasar. Te lo prohíbo. Es inexplicable que  la policía te permita circular metida en esas diminutas prendas. Desde luego que NO puedes pasar… A menos que quieras convertirme en un delincuente violador empedernido)

     —Adelante, señorita Rubio. Dígame en qué puedo servirla

     —Es qué no logré llegar al examen y quería ver si me puede examinar ahora

 (Ahora y siempre, mi reina. Con esas piernotas, con ese cuerpazo pasas y super pasas en todos los exámenes de vista y palpación que yo te haga. Desde ahorita te digo que tienes diez en la materia de “Provocación a los hombres de buena voluntad”)

     —El examen fue el lunes, ¿y hasta hoy te apareces?

     —Ya había venido a buscarlo a su cubículo, maestro. Ayer le dejé en su escritorio mi ensayo sobre “La Sexualidad Según Michel Foucault” ¿No lo vio?

 (En vez de cubículo deberíamos estar en el Hotel y en lugar del escritorio debía haber una cama tamaño king kong en la cual hiciéramos honor a tu ensayo, pervertidora cruel. Eres un atentado a la decencia, una agresión a las pupilas, una invitación al mundo de la sordidez sexual y al suicidio)

     —No he podido revisar nada, porque cuando no es González o Pastrana es entonces la señorita Rubio la que quiere hacer examen fuera de fecha. Siéntate por favor

 (Pero te suplico que no vayas a cruzar las piernas porque me muueeeee… Ay, ay…Te dije que no lo hicieras, asesina, criminal, homicida, desconsiderada, sinvergüenza, cínica, desvergonzada, me has puesto al borde del síncope y la muerte... Desde hoy en adelante ya nada será lo mismo; mi vida ya no tendrá sentido… uf, uf, uf y recontra uf)

     —Es que tuve un problema muy serio y no pude venir, maestro

 (Qué bien que no viniste el lunes, mamacita, porque eso me permite verte, hablarte, pensarte, soñarte, imaginarte, quererte, amarte, examinarte… Pero que re buena estás, condenadota. Solo provocas en mí los más sucios pensamientos. Me tienes más que hechizado. Daría mi vida entera por tenerte desnuda entre mis brazos un segundo al menos. La milésima parte de un segundo en tu regazo sería para mí La Gloria, La Eternidad)

     — ¿Y se puede saber en qué consistió tu problema?

     —Fue un problema con mi novio…

 (¡Ándale, maldita desgraciada¡ Tenías que restregarme en las narices a ese estúpido, imbécil, idiota, tarado de tu novio. Tenías que recordarme que es otro y no yo el que te besa el ombligo y más abajo. Tenías que decirme que prefieres hacer el amor con un pobre estudiantillo mediocre y con promedio de siete, que con este doctor en filosofía que te ama por encima de todas las cosas, incluidos  títulos, hijos y  esposa…)

     —Bueno, bueno, veamos cómo te califico…

     — ¿Me podría hacer examen oral?

 (¿Oral? Órale. Contigo, cariño mío, la sola palabra oral me sugiere un mundo de placeres carnales que empiezan con mis labios en tu clítoris y terminan con tus gritos orgásmicos en medio de una orgía de ensueño y saciedad escatológica, donde necesariamente muero como el pez, pues el pez por la boca muere… Endiablada criatura, vas a llevarme a la locura produciéndome estos pensamientos sucios, bajos y pedestres ¿Qué no tienes compasión?)

     — ¿En qué tema te sientes más competente?

 (Seguramente que a tus veintitantos años, corazón de fuego, tu fuerte es el tema del amor vivido en el espacio estrecho del Kamasutra, cuyas posturas necesariamente rebasas superándolas a plenitud. Llévame hasta el fondo del pecado, revolquémonos en un colchón de inmoralidad académica donde demostremos que la verdadera utilidad  de la relación profesor-alumna radica en el lecho conyugal…)

     —Puede preguntarme de todo porque me preparé muy bien, estudié mucho, maestro

(Si te puedo preguntar de todo, dime virgen santa ¿de qué color son los rizados vellos de tu blanco pubis?, ¿acaso son acordes con tu apellido? ¿Lo ves, ya lo viste?, con estos pútridos pensamientos me haces descender a los sótanos de la vulgaridad, a mí, que obtuve Mención de Honor en la Universitat de Barcelona… Pero todos mis grados académicos, todos mis títulos los pongo al servicio de tus nalgas, y me prestas ahora que salgas… Válgame, ya no soporto tu infame acoso sexual, hasta albures corrientes me haces pensar)

     —Muy bien señorita Rubio, así debe ser toda buena estudiante (En realidad me vale gorro si estudias o no, yo lo que quiero es besarte ese par de pezones, mi nena: chuparte y rechuparte ese don con el que te premió la sabia naturaleza y que marcan el camino de mis deseos). Permítame su control de lectura, por favor…

     — ¡Ay, maestro¡ Con las carreras se me olvidó traer mi control de lectura. Mañana sin falta se lo doy, ¿puedo?

     —Mejor dame un poquito de tu amor…

(¡En la madre, se me escapó el pensamiento! Pero tú tienes la culpa por convertirme en bestia y porque me has embrujado al  estar tan buena y, para colmo, bonita…)

     —¡¡¡¿Cómo?!!!

     —Ejem, ejem. Es una canción de Agustín Lara, ¿la has oído?, se llama Limosna. A ver si te gusta, dice: “Dame un poquito de tu amor siquiera/ dame un poquito de tu amooooor, nomáááás/ Dale a tu boca la ilusión primeraaaa…”

     —No se vaya a molestar maestro, pero me parece que ésa es una canción para viejitos muy rucos

 (Méndiga, desgraciada mocosa, estoy seguro de que sabes que me muero por besarte, abrazarte, pellizcarte, morderte, penetrarte…  y gozas jugando con mis nobles sentimientos. Me vuelves loco Jessy, me desorganizas todas mis clases, borras de mi memoria todo lo aprendido y no me dejas trabajar a gusto. Si al menos te metieras a un convento y vistieras como monja, yo podría desempeñar mi encargo de maestro con la dignidad que reclama la sociedad decente. Eres el diablo con disfraz de lujuria, eres la perdición de los hombres…)

     —Bien, tráeme tu control de lectura mañana, pero no lo olvides porque ya tengo que sacar promedios. Por lo pronto hagamos el examen (Y luego cogemos ¿Zas? Y después de coger volvemos a coger y a coger y a coger… ¿Pero por qué pienso con términos tan prosaicos, tan burdos?, ¿por qué no pienso con palabras como “hacer el amor”?, ¿por qué pones en mi pensamiento la vulgaridad de expresiones tan bajas y corrientes? ¡Bruja, bruja y mil veces bruja¡ Que Dios perdone tus pecados… )

     —¡Ay¡, estoy muy nerviosa

 (¿Y yo?, cómo crees que estoy yo, biscochote. Mirándote ese bellísimo par de piernas que son todo un portento y dispositivo de concupiscencia. Y ese escote que es un atentado a la moral más férrea. Con semejantes instrumentos tú eres capaz de destrozar no uno sino mil hogares. Dios santísimo, ten piedad de mí, ya no me hagas caer en el pantano de la tentación ni en el lenguaje de la lascivia y la inmoralidad. Dios mío, recuerda que soy  hombre casado, mentor  y padre de familia…)

     —Bueno. Según Habermas, dígame usted ¿en qué consiste el concepto de “interés emancipativo” como forma de interés cognitivo ejercido en acciones que da lugar a tres dimensiones de la existencia social humana?

     — ¿Eee?... Este… Este… ¿No me la repite por favor?

 (¡Ándale, infeliz¡ Así, así, maldita. Sufre, sufre para que sientas lo que yo estoy sintiendo con tu sola presencia infernal y malévola; seductora y corruptora, demoníaca y siniestra…Pero qué requete buenísima estás, pecadora irredenta. Si al menos pudiera morderte una nalga… O mejor las dos…)

     —¿Cuáles son, Jessica, las bases sobre las que Sartre afirma que la experiencia metafísica del absurdo del mundo demuestra que la conciencia, que es conciencia del mundo, es al mismo tiempo distinta del mundo?

     — ¿Eee?... Este… Este… ¿No me la repite por favor?

 (Ella que no se baja la falda y mi respiración que se agita. Me falta el aire, se me agolpa la sangre en la cabeza, me sudan las manos, me tiemblan las piernas, aumentan mis palpitaciones, se me nubla la vista, me zumban los oídos, me falta el aire, ya casi no puedo respirar, mi corazón ya no soporta la taquicardia, me escurre el sudor por la frente, se me quiebra la voz, se me traba la lengua, Parece que voy a desmayarme por su belleza bestial, subyugante y despiadada. ¡Aggg!, ¿me estaré infartando?)

     — ¿Se siente mal, maestro?

 (¡Hija de tu madre¡ ¿Qué si me siento mal? Casi me matas, pecadora reiterada, y preguntas que si me siento mal, no tienes perdón de Dios. Pervertida, corruptora de mayores)

     —No, no. Ya vamos a terminar, señorita Rubio. Me respondes la última pregunta y salimos a respirar un poco de aire fresco, dime ¿cómo explica Bachelard la endósmosis abusiva de lo asertórico en lo apodíctico de la memoria en la razón, para la construcción hermenéutica de la epistemología occidental?

     — ¿Eee?... Este… Este… ¿No me la repite por favor?

 (En total fueron 40 larguísimos minutos en los cuales el diablo, encarnado en la figura de la alumna Jessica Rubio, dijo puras pendejadas como respuestas a las diez preguntas del examen, mientras yo moría de pasión al desearla, al quererla, al amarla tan en silencio, al soñar sus besos, al saberla tan cerca y tan lejos. Al respirar su aliento, al oler su fragancia juvenil en un baño de feromonas salvajes y agresivas, al arrobarme con su rostro paradójico de ángel y demonio; al mirar su insultante cuerpo, su escultural y cruel figura, su pecho exquisito como expresión del mal.

     Jessy solo se tapó las piernas cuando sobrevino mi vergonzoso lapsus. Yo hablaba sobre materialismo dialéctico y dije por error: “…las categorías piernotas del marxismo, ¡que diga!, las categorías filosóficas del marxismo...”  Ella tal vez sospechó algo, porque inmediatamente se puso el suéter encima de sus pecaminosas extremidades, aunque fue demasiado tarde: el daño que me había causado ya estaba hecho. El  nerviosismo me impidió impartir el resto de mis clases.

     Finalmente ella, demonio disfrazado de hermosísima estudiante, personificación del pecado y la maldad, representante del vicio y de Satán, salió del cubículo dejándome convertido en un triste guiñapo. Su desvergüenza y crueldad extrema llegó al colmo, cuando se despidió de beso en la mejilla. Ésa fue la puntilla de una muerte anunciada. Poner la piel de su mejilla junto a la mía fue el acto más cruel que jamás he padecido. Fue vivir un instante en el peor de los infiernos, fue la muerte misma que me invitaba a morir de algo que no es la muerte...

     Vi como su infernal figura se desplazó hacia la salida, contoneándose en señal de triunfo. Puse el seguro en la chapa de la puerta y procedí a poseerla en el espacio efímero y secreto de mi masturbación: único espacio posible donde es posible hacer posible mi sueño imposible…)

 Según el Acta número SF-29787635-05 que obra en los archivos del Departamento de Servicios Escolares de la Facultad de Filosofía y Letras, la alumna RUBIO MURGUÍA JESSICA obtuvo la calificación final de 8 (ocho) en el Seminario de Filosofía Contemporánea II.

 

 

 

 

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