— ¿Se puede pasar, maestro?
(Mamacita de mi corazón, ¡pero qué bárbara¡ Con esa faldita y
ese escotote desde luego que NO se puede pasar. Te lo prohíbo.
Es inexplicable que la policía te permita circular metida en
esas diminutas prendas. Desde luego que NO puedes pasar… A menos
que quieras convertirme en un delincuente violador empedernido)
—Adelante, señorita Rubio. Dígame en qué puedo servirla
—Es qué no logré llegar al examen y quería ver si me puede
examinar ahora
(Ahora y siempre, mi reina. Con esas piernotas, con ese
cuerpazo pasas y super pasas en todos los exámenes de vista y
palpación que yo te haga. Desde ahorita te digo que tienes diez
en la materia de “Provocación a los hombres de buena voluntad”)
—El examen fue el lunes, ¿y hasta hoy te apareces?
—Ya había venido a buscarlo a su cubículo, maestro. Ayer le
dejé en su escritorio mi ensayo sobre “La Sexualidad Según
Michel Foucault” ¿No lo vio?
(En vez de cubículo deberíamos estar en el Hotel y en lugar del
escritorio debía haber una cama tamaño king kong en la cual
hiciéramos honor a tu ensayo, pervertidora cruel. Eres un
atentado a la decencia, una agresión a las pupilas, una
invitación al mundo de la sordidez sexual y al suicidio)
—No he podido revisar nada, porque cuando no es González o
Pastrana es entonces la señorita Rubio la que quiere hacer
examen fuera de fecha. Siéntate por favor
(Pero te suplico que no vayas a cruzar las piernas porque me
muueeeee… Ay, ay…Te dije que no lo hicieras, asesina, criminal,
homicida, desconsiderada, sinvergüenza, cínica, desvergonzada,
me has puesto al borde del síncope y la muerte... Desde hoy en
adelante ya nada será lo mismo; mi vida ya no tendrá sentido… uf,
uf, uf y recontra uf)
—Es que tuve un problema muy serio y no pude venir, maestro
(Qué bien que no viniste el lunes, mamacita, porque eso me
permite verte, hablarte, pensarte, soñarte, imaginarte,
quererte, amarte, examinarte… Pero que re buena estás,
condenadota. Solo provocas en mí los más sucios pensamientos. Me
tienes más que hechizado. Daría mi vida entera por tenerte
desnuda entre mis brazos un segundo al menos. La milésima parte
de un segundo en tu regazo sería para mí La Gloria, La
Eternidad)
— ¿Y se puede saber en qué consistió tu problema?
—Fue un problema con mi novio…
(¡Ándale, maldita desgraciada¡ Tenías que restregarme en las
narices a ese estúpido, imbécil, idiota, tarado de tu novio.
Tenías que recordarme que es otro y no yo el que te besa el
ombligo y más abajo. Tenías que decirme que prefieres hacer el
amor con un pobre estudiantillo mediocre y con promedio de
siete, que con este doctor en filosofía que te ama por encima de
todas las cosas, incluidos títulos, hijos y esposa…)
—Bueno, bueno, veamos cómo te califico…
— ¿Me podría hacer examen oral?
(¿Oral? Órale. Contigo, cariño mío, la sola palabra oral me
sugiere un mundo de placeres carnales que empiezan con mis
labios en tu clítoris y terminan con tus gritos orgásmicos en
medio de una orgía de ensueño y saciedad escatológica, donde
necesariamente muero como el pez, pues el pez por la boca muere…
Endiablada criatura, vas a llevarme a la locura produciéndome
estos pensamientos sucios, bajos y pedestres ¿Qué no tienes
compasión?)
— ¿En qué tema te sientes más competente?
(Seguramente que a tus veintitantos años, corazón de fuego, tu
fuerte es el tema del amor vivido en el espacio estrecho del
Kamasutra, cuyas posturas necesariamente rebasas superándolas a
plenitud. Llévame hasta el fondo del pecado, revolquémonos en un
colchón de inmoralidad académica donde demostremos que la
verdadera utilidad de la relación profesor-alumna radica en el
lecho conyugal…)
—Puede preguntarme de todo porque me preparé muy bien,
estudié mucho, maestro
(Si te puedo preguntar de todo, dime virgen santa ¿de qué color
son los rizados vellos de tu blanco pubis?, ¿acaso son acordes
con tu apellido? ¿Lo ves, ya lo viste?, con estos pútridos
pensamientos me haces descender a los sótanos de la vulgaridad,
a mí, que obtuve Mención de Honor en la Universitat de
Barcelona… Pero todos mis grados académicos, todos mis títulos
los pongo al servicio de tus nalgas, y me prestas ahora que
salgas… Válgame, ya no soporto tu infame acoso sexual, hasta
albures corrientes me haces pensar)
—Muy bien señorita Rubio, así debe ser toda buena
estudiante (En realidad me vale gorro si estudias o no, yo lo
que quiero es besarte ese par de pezones, mi nena: chuparte y
rechuparte ese don con el que te premió la sabia naturaleza y
que marcan el camino de mis deseos). Permítame su control de
lectura, por favor…
— ¡Ay, maestro¡ Con las carreras se me olvidó traer mi
control de lectura. Mañana sin falta se lo doy, ¿puedo?
—Mejor dame un poquito de tu amor…
(¡En la madre, se me escapó el pensamiento! Pero tú tienes la
culpa por convertirme en bestia y porque me has embrujado al
estar tan buena y, para colmo, bonita…)
—¡¡¡¿Cómo?!!!
—Ejem, ejem. Es una canción de Agustín Lara, ¿la has oído?,
se llama Limosna. A ver si te gusta, dice: “Dame un
poquito de tu amor siquiera/ dame un poquito de tu amooooor,
nomáááás/ Dale a tu boca la ilusión primeraaaa…”
—No se vaya a molestar maestro, pero me parece que ésa es
una canción para viejitos muy rucos
(Méndiga, desgraciada mocosa, estoy seguro de que sabes que me
muero por besarte, abrazarte, pellizcarte, morderte,
penetrarte… y gozas jugando con mis nobles sentimientos. Me
vuelves loco Jessy, me desorganizas todas mis clases, borras de
mi memoria todo lo aprendido y no me dejas trabajar a gusto. Si
al menos te metieras a un convento y vistieras como monja, yo
podría desempeñar mi encargo de maestro con la dignidad que
reclama la sociedad decente. Eres el diablo con disfraz de
lujuria, eres la perdición de los hombres…)
—Bien, tráeme tu control de lectura mañana, pero no lo
olvides porque ya tengo que sacar promedios. Por lo pronto
hagamos el examen (Y luego cogemos ¿Zas? Y después de coger
volvemos a coger y a coger y a coger… ¿Pero por qué pienso con
términos tan prosaicos, tan burdos?, ¿por qué no pienso con
palabras como “hacer el amor”?, ¿por qué pones en mi pensamiento
la vulgaridad de expresiones tan bajas y corrientes? ¡Bruja,
bruja y mil veces bruja¡ Que Dios perdone tus pecados… )
—¡Ay¡, estoy muy nerviosa
(¿Y yo?, cómo crees que estoy yo, biscochote. Mirándote ese
bellísimo par de piernas que son todo un portento y dispositivo
de concupiscencia. Y ese escote que es un atentado a la moral
más férrea. Con semejantes instrumentos tú eres capaz de
destrozar no uno sino mil hogares. Dios santísimo, ten piedad de
mí, ya no me hagas caer en el pantano de la tentación ni en el
lenguaje de la lascivia y la inmoralidad. Dios mío, recuerda que
soy hombre casado, mentor y padre de familia…)
—Bueno. Según Habermas, dígame
usted ¿en qué consiste el concepto de “interés emancipativo”
como forma de interés cognitivo ejercido en acciones que da
lugar a tres dimensiones de la existencia social humana?
— ¿Eee?... Este… Este… ¿No me la
repite por favor?
(¡Ándale, infeliz¡ Así, así, maldita. Sufre, sufre para que
sientas lo que yo estoy sintiendo con tu sola presencia infernal
y malévola; seductora y corruptora, demoníaca y siniestra…Pero
qué requete buenísima estás, pecadora irredenta. Si al menos
pudiera morderte una nalga… O mejor las dos…)
—¿Cuáles son, Jessica, las
bases sobre las que Sartre afirma que la experiencia metafísica
del absurdo del mundo demuestra que la conciencia, que es
conciencia del mundo, es al mismo tiempo distinta del mundo?
— ¿Eee?... Este… Este… ¿No me la
repite por favor?
(Ella
que no se baja la falda y mi respiración que se agita. Me falta
el aire, se me agolpa la sangre en la cabeza, me sudan las
manos, me tiemblan las piernas, aumentan mis palpitaciones, se
me nubla la vista, me zumban los oídos,
me falta el aire, ya casi no puedo respirar, mi corazón ya no
soporta la taquicardia, me escurre el sudor por la
frente, se me quiebra la voz, se me traba la lengua, Parece que
voy a desmayarme por su belleza bestial,
subyugante y despiadada. ¡Aggg!,
¿me estaré infartando?)
— ¿Se siente mal, maestro?
(¡Hija de tu madre¡ ¿Qué si me siento mal? Casi me matas,
pecadora reiterada, y preguntas que si me siento mal, no tienes
perdón de Dios. Pervertida, corruptora de mayores)
—No, no. Ya vamos a terminar, señorita Rubio. Me respondes
la última pregunta y salimos a respirar un poco de aire fresco,
dime ¿cómo explica Bachelard la endósmosis abusiva de lo
asertórico en lo apodíctico de la memoria en la razón, para la
construcción hermenéutica de la epistemología occidental?
— ¿Eee?... Este… Este… ¿No me la
repite por favor?
(En total fueron 40 larguísimos minutos en los cuales el
diablo, encarnado en la figura de la alumna Jessica Rubio, dijo
puras pendejadas como respuestas a las diez preguntas del
examen, mientras yo moría de pasión al desearla, al quererla, al
amarla tan en silencio, al soñar sus besos, al saberla tan cerca
y tan lejos. Al respirar su aliento, al oler su fragancia
juvenil en un baño de feromonas
salvajes y agresivas, al arrobarme
con su rostro paradójico de ángel y demonio; al mirar su
insultante cuerpo, su escultural y cruel figura, su pecho
exquisito como expresión del mal.
Jessy solo se tapó las piernas cuando sobrevino mi
vergonzoso lapsus. Yo hablaba sobre materialismo dialéctico y
dije por error: “…las categorías piernotas del marxismo, ¡que
diga!, las categorías filosóficas del marxismo...” Ella tal vez
sospechó algo, porque inmediatamente se puso el suéter encima de
sus pecaminosas extremidades, aunque fue demasiado tarde: el
daño que me había causado ya estaba hecho. El nerviosismo me
impidió impartir el resto de mis clases.
Finalmente ella, demonio disfrazado de hermosísima
estudiante, personificación del pecado y la maldad,
representante del vicio y de Satán, salió del cubículo dejándome
convertido en un triste guiñapo. Su desvergüenza y crueldad
extrema llegó al colmo, cuando se despidió de beso en la
mejilla. Ésa fue la puntilla de una muerte anunciada. Poner la
piel de su mejilla junto a la mía fue el acto más cruel que
jamás he padecido. Fue vivir un instante en el peor de los
infiernos, fue la muerte misma que me invitaba a morir de algo
que no es la muerte...
Vi como su infernal figura se desplazó hacia la salida,
contoneándose en señal de triunfo. Puse el seguro en la chapa de
la puerta y procedí a poseerla en el espacio efímero y secreto
de mi masturbación:
único espacio posible donde es posible hacer posible mi sueño
imposible…)
Según el Acta número SF-29787635-05 que obra en los
archivos del Departamento de Servicios Escolares de la
Facultad de Filosofía y Letras, la alumna RUBIO MURGUÍA
JESSICA obtuvo la calificación final de 8 (ocho) en el
Seminario de Filosofía Contemporánea II.