
Madrid, Oficina de la Seguridad Social de la Calle
Maldonado
Ahora mis ojos están llenos de extrañeza…
Ahora puedo escribir…
Ahora puedo desvelar mis ojos
al ritmo de este hip hop marchoso
ondulado, certero y cadencioso
a un público elevado dedicado.
Al son de la décima valiente
en España, comparto mi mirada
extraña por extraña últimamente
en tierras calientes exiliada.
Bailo entonces, gustoso, en la palabra
como veis, cada vez más animado
Que nada detenga este deleite
de contarme y contar lo recontado
siempre nuevo al cincel de mi machado.
Quedo quieto en mi sitio, pues la gente
vigila con esmero al inspirado
al que un rato, por nada se detiene
a una orilla de la acéfala corriente
y se seca al sol en pose sonriente
Busco, alado, a la musa, mi vecina
para quedar en este lance bien parado
Un poco antiguo, un poco postmoderno,
un poco cuerdo y un poquito tarado.
Dejo a la mano rasgar el pergamino
siguiendo alguna extraña partitura
cierto sonido, cierto compás y un duende
que lleva en viejo cofre mi camino.
Quisiera yo que nunca se perdieran
mi fuerza y mi energía para aquesto
dejarme escrito a base de poesía
dejar, el cuello, el corazón, el resto.
El verso que engalana la palabra,
que las puertas del alma deja abiertas,
es un ritmo, un baile, una llamada
Una vela en una noche cerrada
un camino en medio de la ensenada
Los siglos de los siglos de una lengua
se despiertan ante una sola llamada
Sólo quiere el poeta en su osadía
hacerse acreedor de esta riqueza
e hilando con colores la palabra
coserla en el mosaico tan extraño
que compone nuestra naturaleza