México, Distrito Federal I Julio - Agosto  2008 I Año 3 I Número 15 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 

 

 

 

Margarita Mejía Ramírez (México, 1978). Pasante de la licenciatura en Letras Hispánicas. Actualmente se desempeña como coeditora de soft notice en un diario local de Coatzacoalcos, Veracruz. Y es correctora de estilo y formadora de libros, principalmente académicos, free lance.

 

Y te volví a sentir entre mis brazos.

Y por instantes de nuevo fuiste mía.

Incluso cuando este raciocinio mío

frena el tomar tu rostro,

enfrentar tus labios y no aquietar ese beso

que hace años dejé extraviarse entre las sábanas.

 

Y aún así, con esta reprimenda diaria a cuestas,

de nueva cuenta fuiste mía.

Aun cuando para ello

tuve que acallarme y asumirme como la amiga

desde aquel día en que te revelé lo que sentía

y tras un entonces qué nos sigue,

escogiste la amistad que no ofrecía.

 

Por eso ayer, en esa lluviosa noche,

sin saberlo, sin sospecharlo siquiera,

de nueva cuenta me consolé al consolarte,

al refugiar tus lágrimas por otra,

al sentir tu abrazo demandando alivio

por la que hoy te ha renunciado.

 

Y mientras contra mi pecho resguardaba tus apretados sollozos

por quien de nueva cuenta te ha lacerado,

anónimamente te hice mía.

 

Y si lo hubieras sabido…

Si tan sólo no temiera alejar tus pocos momentos a mi lado

Si no temiera perderte, si no te temiera…

 

Por eso ayer, tontamente me consolé al consolarte,

al abrigar tus quebrantos entre mis brazos,

en tanto que uno cada uno de mis dedos

surcaba entre tu lacio cabello negro;

acariciaban tu nuca, tu cuello,

tus suaves mejillas,

tu barbilla y tus hombros sin decir palabra alguna,

pues las que deseaban escaparse,

ya no se pronunciarán de estos labios que reprimen

el intento de besarte un te amo.

 

Por eso debo acallarme,

debo dejar de susurrarme un "no te alejaré

como aquellas patéticas mujeres

que en el camino marchado reencuentras,

pues tras permitirles te lastimen nuevamente,

vuelves a guarecerte en la secreta amante que es tu amiga

brindadora de sus brazos mitigantes de las hieles,

de aquellas a quien anhelaste amar.

 

¡Y si lo hubieras sabido!

¡Si lo supieras!

Si tan sólo…

Si tan sólo no temiera perder tus limitantes encuentros

de noches de embriago,

de tus noches de olvido en que compartes mi cama

y en que mis ojos trasnochados ocultan mi secreto

a la vez que mis manos temerosas se alejan

dibujando tu silueta de espaldas a mí…

 

Si tan sólo no supiera que volveré a perderte

cada vez que llega el alba a levantar tu rostro de la almohada

o que al percibir el aroma del café que te preparo y tomarlo apresuradamente,

 insistes en iniciar tu retorno porque otra noche tu cama sintió la ausencia

y esperas el reencuentro sanador de la que amas.

 

Pero no lo sabes.

Y ni siquiera lo sospechas.

Pues si tan sólo lo supieses,

sé que ahuyentaré en definitiva

la esperanza de este sueño

de volver a tenerte a mi lado,

como aquella amante que hace tiempo dejé partir con un abrazo,

en un “te llamo”, en un “adiós”…

y ya ni siquiera podría mi desgajado corazón acogerte

cuando vuelves una y otra vez fragmentada

por esas otras que no soy yo.

 

Por eso te dejé partir en la ignorancia

de este amor que me consume.

Pero de nueva cuenta fuiste mía,

mi siempre amiga pernoctante/pernoctada amada.

 

 

 

 

 

 

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