México, Distrito Federal I Julio - Agosto  2008 I Año 3 I Número 15 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 Pablo Brito Altamira. no se considera un escritor sino alguien que se vale de la escritura y otras formas de expresión como instrumentos para transmitir experiencias y experimentar en la comunicacíón dentro de la “vida real”: para él,  el único arte posible es el de vivir. Autor de algunas piezas de teatro, numerosos relatos, algunos textos teóricos y unos cuantos  ejercicios narrativos  que prefiere no llamar novelas, es sobre todo un investigador de la naturaleza humana y un poeta. Su historia, ciertos casos que recordar no quiere. Autor de Teatro, Director, Productor y  Publicista, es responsable también de un buen número de guiones de cine y t.v.  para largos y cortos  - comerciales o experimentales, filmados o por filmar -  de cuyos nombres no quiere acordarse. Ha obtenido numerosos reconocimientos por su trabajo. El último de ellos es el primer premio en el certamen literario “Villa de Navia” 2005.

 

 

Lo señalaba Octavio Paz y viene de una tradición ya larga, inaugurada por Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, los surrealistas y los situacionistas: la poesía de nuestra época no puede ser otra que la poesía del presente.

Sin una definición de presente la declaración sería vacía. Y la definición , que no puede ser más que poética, es ya la poesía misma que se anuncia, ya que poesía es definición , en el sentido de instrumento que señala y marca el perfil, la forma, los alcances y límites de algo en su más íntima esencia. 

Y ahora la paradoja, porque no hay poesía sin paradoja, y ésta es una de las más poéticas de todas: la poesía del presente ya no es poesía.

“Detrás de la poesía de las palabras está la poesía a secas, sin palabras y sin gestos “dijo Artaud, y al decirlo lanzó la flecha hacia un futuro que ya es actualidad. 

La poesía ya no es decir, sino hacer. Y más que acción o actividad, la poesía es actitud, estilo.  

La tarea del poeta no es ya la de escribir poemas, sino la de crear y producir momentos. 

En lugar de coplas, sonetos, versos libres o haikus, hay viajes – externos o interiores- , conquistas – amorosas o bélicas- descubrimientos, exploraciones, celebraciones, eventos, sucesos, situaciones. 

Hay poemas, canciones, frases convertidas en graffiti que dan la vuelta al globo y sirven de inspiración, de iluminación o de rúbrica a las aventuras individuales o grupales, sí. 

Sólo que el juego con las palabras y las palabras del juego son accesorio y complemento de lo vivido. Ya no son fin sino  medio. Se trata de hacer de la vida una obra de arte y no de hacer obras de arte a expensas de la vida.  

El poeta de hoy  no es  Petrarca como escritor, la artista del presente es Laura como persona.  El poema no es lo que queda escrito sino lo que se ha logrado amar. Enamorarse es lo poético y hacerlo con arte es la meta. Mayores que los laureles de Picasso hoy resplandecen los de Dora Maar. 

La poesía es ahora aventura, aventura poética.  

Esto es suficiente para servir de manifiesto, o de programa. El buen poema es breve, porque sólo lo breve es memorable. De las largas odas extraemos un verso y es ese verso el que da sentido y valor al resto. 

Y el resto, como ya sabíamos, es silencio.

 

 

 

 

 

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