
Lo
señalaba Octavio Paz y viene de una tradición ya larga, inaugurada
por Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, los surrealistas y los
situacionistas: la poesía de nuestra época no puede ser otra que la
poesía del presente.
Sin una definición de presente la declaración sería vacía. Y la
definición , que no puede ser más que poética, es ya la poesía misma
que se anuncia, ya que poesía es definición , en el sentido de
instrumento que señala y marca el perfil, la forma, los alcances y
límites de algo en su más íntima esencia.
Y ahora la paradoja, porque no hay poesía sin paradoja, y ésta es
una de las más poéticas de todas: la poesía del presente ya no es
poesía.
“Detrás de la poesía de las palabras está la poesía a secas, sin
palabras y sin gestos “dijo Artaud, y al decirlo lanzó la flecha
hacia un futuro que ya es actualidad.
La poesía ya no es decir, sino hacer. Y más que acción o actividad,
la poesía es actitud, estilo.
La tarea del poeta no es ya la de escribir poemas, sino la de crear
y producir momentos.
En lugar de coplas, sonetos, versos libres o haikus, hay viajes –
externos o interiores- , conquistas – amorosas o bélicas-
descubrimientos, exploraciones, celebraciones, eventos, sucesos,
situaciones.
Hay poemas, canciones, frases convertidas en graffiti que dan la
vuelta al globo y sirven de inspiración, de iluminación o de rúbrica
a las aventuras individuales o grupales, sí.
Sólo que el juego con las palabras y las palabras del juego son
accesorio y complemento de lo vivido. Ya no son fin sino medio. Se
trata de hacer de la vida una obra de arte y no de hacer obras de
arte a expensas de la vida.
El poeta de hoy no es Petrarca como escritor, la artista del
presente es Laura como persona. El poema no es lo que queda escrito
sino lo que se ha logrado amar. Enamorarse es lo poético y hacerlo
con arte es la meta. Mayores que los laureles de Picasso hoy
resplandecen los de Dora Maar.
La poesía es ahora aventura, aventura poética.
Esto es suficiente para servir de manifiesto, o de programa. El buen
poema es breve, porque sólo lo breve es memorable. De las largas
odas extraemos un verso y es ese verso el que da sentido y valor al
resto.
Y el resto, como ya sabíamos, es silencio.
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Año 3 I Número
15
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