En el conjunto de estos poemas se representa la desintegración y
construcción de una identidad espiritual y corporal de un Ser,
que con mucha emoción recorre a través de la voz poética. Hay
imágenes violentas, tiernas, desesperadas; otras envueltas de
silencios y esperanzas. Los silencios son los espacios que la
autora introduce en el orden de los versos, los cuales aparecen
como cortes que buscan la esencia de una acción o idea a
concretizar. La esperanza es la búsqueda insistente, constante
como lo sugiere
la poetisa : « ha buscado en los cajones algunos mendrugos ».
Aunque la búsqueda está presentada como una acción incierta,
ella nos introduce al mismo tiempo a un mundo maravilloso donde
podría encontrarse la felicidad. Para ello es necesario
atravesar el camino de la duda y sobrepasar aquellas
adversidades que surgen a lo largo de la vida, aquellos
laberintos existenciales que encuentra ese Ser por donde se
desplaza.
La soledad es un campo de batalla, donde se lucha
consigo mismo, es en el libro de Rocío Soria, como una sombra
que se enfrenta a otra sombra, siendo ambas la misma sombra, tal
como aparece en el hermoso verso: “no sabe si él o el del espejo
ha despertado primero”. El espejo es el rebote de la propia
imagen que desesperadamente se enfrenta desde el otro lado,
desde el lado interior que parece consumirlo en silencio, en ese
lado donde la soledad es además, el dolor que le permite
resistir en la búsqueda de sí mismo. A veces el Ser que aparece
en los versos de Rocío, es alguien que es un Hombre y un Dios;
es un Ser que vacila entre el mundo de la divinidad y el mundo
terrestre. Sus denotados desvelos aparecen como lanzas en su
experiencia de la vida, puesto que pesa una amenaza constante en
cada uno de los movimientos que hace.
En esa travesía vital, la muerte es apenas una
imagen que se confunde con las insistentes imágenes quebradas,
desgarradas que ese Ser debe soportar. Hay un evidente
sufrimiento epidérmico que flota en la contextualización de los
poemas, es algo oculto, invisible; así lo dice la voz poética :
“el dolor es un asunto que se lo resuelve en completa soledad”.
¿Acaso no es ésta la experiencia cotidiana del hombre? Unos lo
llevan con mayor intensidad que otros; unos lo manifiestan,
otros en el profundo silencio lo guardan como un tesoro extraño.
El camino para ese Ser es un descenso a la vida
terrestre, a la vida concreta, casi a una vida infernal, es el
paso doloroso del hombre/hijo por un túnel colmado de angustias,
indiferencias y desprecios. Va como acosado por un destino que
lo ha condenado a permanecer en aquella ciénega oscura que lo
acerca y aleja de la muerte; y así, en su errancia busca el amor,
busca la muerte. En ese contexto la imagen de la mujer, a veces
aparece como la continuidad del camino difícil; entonces la
mujer es otro mundo, otra experiencia que explora la voz poética
y nos lleva por una senda descubriendo el campo espiritual del
personaje femenino, cuya particularidad es la búsqueda de una
libertad sea interna o externa, como lo refieren estos versos al
expresar: “Este bocado de oxígeno es el primero”, “el aire pita
en mi pecho”, “Quiero un bocado de aire”. Por esas sendas por
las que avanza la mujer o el hombre hay algo común que los une,
aquello lo de la unidad o la desintegración espiritual del ser,
como lo sintetiza la poetisa Rocío Soria, en uno de lo más
bellos versos de este libro: “No sé si voy caminando o voy
desplomándome/ en una especie de rueda de fuego / no sé si sueño
o empiezo a devenir”.
La poetisa Rocío Soria logra con mucha destreza
abordar una variedad de temas, tal un desafío, en la poética
Latinoamericana, y lo hace con una sensibilidad muy singular,
propia. Es uno de los mayores logros que sobresalen en sus
versos, los que indudablemente reflejan la emoción dolorosa y
profunda del hombre. A nivel temático alcanza una dimensión
universal al tocar temas como la soledad, el dolor, la búsqueda
de sí mismo, el desafío para encontrar una puerta, una luz, un
camino.
París, 26 de abril de 2008