México, Distrito Federal I Julio - Agosto  2008 I Año 3 I Número 15 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 

 

Rocío Soria.(Quito, 1979). Realizó estudios en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador. Ha publicado el poemario Huella Conceptual, con el que obtuvo el Segundo Premio en el Concurso de Poesía organizado por el Departamento de Cultura de la Universidad Central del Ecuador, 2003. Ha obtenido también las siguientes distinciones: Primer Premio en el Concurso Interuniversitario de Relato Corto organizado por la Universidad San Francisco de Quito, 2005; Premio Internacional de Poesía Fanny León Cordero organizado por la Asociación Ecuatoriana de Escritoras Contemporáneas, 2005, Medalla de Bronce en el género cuento en el Concurso de Poesía, Cuento y Ensayo organizado por la Facultad de Filosofía, Escuela de Lenguaje y Literatura de la Universidad Central del Ecuador, 2006; Primer Premio Concurso del Libro y de la Rosa organizado por la UNESCO y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 2006. En el 2008 ha publicado el poemario El cuerpo del hijo

 

Baja de su piso con toda la magnitud que le otorga su silencio

no se detiene en ninguna ventana, intenta un juego sin precedentes

sabe que todos los juegos son nuevos y nunca similares

sabe que las jugarretas, a veces, arrastran al fondo

 

                y requeman,

                y angustian cuando caemos en cuenta que nada es definitivo;

  o que hay búsquedas vedadas por el anacronismo de su  inexistencia

                                                                                               y no por la fatalidad.

 

Y sin embargo hoy ha dudado

y ha esperado

y ha buscado en los cajones algunos mendrugos comestibles;

                             y no sé si los haya hallado

 

                         -fingía una absoluta soledad-

 

pero los recuerdos y los olvidos fueron apoderándose de su cara

hasta que de tanto llorar sonreía indultándose los sollozos de la madrugada.

 

Y es que a veces intenta volverse hombre

para que le sea más fácil consagrarse a la muerte;

o para dormir con la certeza.

 

Intenta a grandes brincos sobre su cama o a gritos sacarse el cuerpo;

pero es inútil porque esa materia nos tiene invadidos hasta el cuello.

 

Busca con esa premura de quien se sabe perdido, o solo;

o simplemente se sabe culpable.

 

Busca, con el temor al desamparo, al ser solo que lo habita

como si no le habitaran también los sitios que habitó.

 

Bien sabe que la  huida y la búsqueda son figuras sobrepuestas

jugarretas que escupen sus propios dientes como piecitas de rompecabezas

 

…y de pronto con una paciencia que no le pertenece

acomoda y restituye sus piezas;

 

       y de golpe las revuelve hasta molerlas…

 

A veces baja con una sonrisa colgándole en el labio

 

(le ocurren instantes de ingenuidad

que pretenden con su escepticismo)

 

una sonrisa triste de quien se la está jugando.

 

Pero es una sonrisa.

 

La felicidad le es infranqueable y la pretende de las caderas solo para seguirse el juego y exprimirse luego de lágrimas al  llorar con todo el cuerpo.

 

porque el amor es una contingencia, a veces,

y otras una necesidad,

 

 porque allá arriba o allá abajo no hay nada,

 porque en ningún sitio hay legitimidad para estas apariciones.

 

- LA TIRANTEZ DE LA TRISTEZA HACE AQUÍ LA SEGUNDA VOZ -

 

No hay oportunidad posible ni redención consigo mismo

no hay nuevos comienzos.

 

El comienzo es siempre el final mismo.

 

- NO HAY CASI, NI GRATUIDAD, NI PLENA CONCIENCIA -

 

Hay solamente apósitos colocados sobre una herida constante,

sobre una herida que aún no nace,

sobre una sardonia.

¡Todo por lo que hay que jugarse¡

Aunque ni mínimamente posibilite espectros reales o

figuras aparentes

 

 

 

 

 

 

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