
Ven, déjame mirarte a los ojos,
tan sólo quiero bucear serenamente en el fondo .
Déjame levantar tu piel y tocar
adentro
saborearte en la quietud total
de este instante
en el que todos los relojes
marcan la hora exacta del inicio.
Deja a un lado tus defensas . Quítate la armadura.
Tan sólo quiero penetrar en el secreto acogedor
de tu agua más profunda
esa que se esconde tímidamente entre tus dedos.
Tan sólo quiero
lavarme los ojos en la densidad de todos tus
silencios,
tus silencios, claros y cálidos como la luz.
Y ahí,
unidos en la soledad de sabernos nosotros mismos
recorrer juntos ese espacio abierto
que todavía permanece oculto en los bolsillos.
A
cal y canto
¿Quién está arañando a mi puerta?
¿Quién insiste en golpear ahora?
¿Qué deseas de mí?
Ya me has robado todas las aguas
y secado mis sonrisas
ya has descosido, de súbito, mi cielo
y poblado mis ojos de arena turbia,
has nombrado setenta veces siete mi destierro
y surcado mis mares de sombras.
¿Qué más quieres de mí?
Conozco tu juego
pero saldré de él tal y como entré:
con las manos vacías.
Y cuando caiga mi piel,
quedaré del todo a merced del cálido viento de
hermosura
y tú simplemente
volverás al hoyo oscuro de hielo
del que has salido
para no volver jamás.
Aléjate, no sigas llamando,
para ti
mi corazón no tiene puertas ni ventanas.
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I
Año 3
I Número
15 I
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