México, Distrito Federal I Noviembre- Diciembre 2008 I Año 3 I Número 17 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 

 

 

Carlos Alberto GONZÁLEZ SÁNCHEZ,

Homo viator, homo scribens. Cultura gráfica, información

 y gobierno en la expansión atlántica (siglos XV-XVII)

 

 Bethany Aram. Ph.D., Departamento de Historia, 2001.M.A.,Departamento de Historia, 1997, The Johns Hopkins University, Baltimore, Maryland.  Algunas publicaciones: Leyenda negra y leyendas doradas en la conquista de América.  Pedrarias y Balboa.  Madrid:  Marcial Pons Historia, 2008.Juana the Mad, Sovereignty and Dynasty in Renaissance Europe Baltimore, Maryland:  The Johns Hopkins University Press, 2005,La Reina Juana:  Gobierno, piedad y dinastía.  Madrid:  Marcial Pons Historia, 2001

Madrid, Marcial Pons Historia, 2007, 277 páginas.

 

 

Los viajeros transatlánticos de antaño revelaban su implicación en una extensiva cultura gráfica al llevar instrumentos de sus oficios y deleites, desde portacartas, plumas y tinta, hasta varios libros, tanto los que los eclesiásticos promocionaban como los que denostaban.  Si bien los lectores de la alta modernidad que Carlos Alberto González Sánchez reivindica sabían distinguir entre textos beneficiosos y placenteros; pero la tarea se complica gratamente para quienes deseaban acompañarse por este tesoro que encanta a la vez que instruye. 

Al manejar una gran riqueza de evidencias y testimonios de distintas fuentes editadas e inéditas desde nuevas perspectivas, un importante especialista en la expansión atlántica capta y demuestra el protagonismo decisivo de la escritura y la lectura para los orígenes de la globalización.   Es más, González Sánchez  está entre las voces más originales y sugerentes de la nueva historia cultural.  Los últimos avances en este campo fundamentan su análisis de los discursos, las prácticas y las representaciones que se movían entre distintos mundos, geográficos e intelectuales. 

En lugar de escritores que viajan, el libro descubre viajeros que escriben, en su mayoría castellanos, portugueses, ingleses y alemanes.  Impulsados por sus ambiciones y sueños, esos aventureros a menudo superaban sus modestas formaciones para plasmar sus experiencias, logros y sufrimientos en primera persona.  Otro gran impulso para la extensión y la proliferación de distintas relaciones fue la insistencia de la propia corona en solicitar mapas y relaciones a los testigos y protagonistas de distantes acontecimientos; aunque selectivamente los difundía. 

Al superar o, por lo menos, mitigar, las distancias, la escritura facilitó el intento de la Corona de Castilla de imponer el dominio intelectual y material de nuevas tierras.  Es más, permitía encarnar y transmitir la real voluntad en ausencia del monarca (o, en un sentido paralelo, representar, es decir, hacer presente, la divinidad).  Americanos nativos, así como europeos, atribuían – o trágicamente dejaban de atribuir, en el caso de Atalhuapa -- poderes sobrenaturales a la escritura.  Al instrumento de imperio por excelencia no le faltaba un doble filo.  Cuando el número y la extensión de los escritos solicitados por la Corona sobrepasaba la capacidad del mismo Consejo de Indias para evaluarlos, se exigían relaciones progresivamente más precisas, contrastadas y ordenadas.

Tras considerar las relaciones dirigidas a la corona, se entabla el tema de las cartas – que la corona insistía debían circular libremente  – y el asunto de la difusión de libros – que las mismas autoridades reales y eclesiásticas intentaban regular en un supuesto beneficio de sus súbditos y fieles – sobre todo los nuevos.  Otro asunto fascinante es la apropiación de la cultura gráfica occidental y sus ventajas legales por parte de ciertas élites indígenas.  Como documenta González Sánchez, muchos castellanos asimismo percibían la utilidad de la escritura para sus objetivos y, concretamente, el ascenso económico y social.

                Los distintos usos de los libros sagrados y profanos durante la trayectoria Atlántica concluyen este viaje en el tiempo.  Proporciona, en definitiva, placer e instrucción, que no es poco en una etapa de comunicaciones instantáneas que apenas permiten semejantes reflexiones.

 

 

 

 

 

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