Como si el aire soplara desde algún rincón oscuro
Como si nada estuviera dispuesto a conceder raíces
Como si entre las sombras que se cuelan
Hubiera parpadeos ignorados
Frágil vuelta de los sentidos
Tenue
inverosímil en su fuga
blanca sospecha de miembros volátiles
inmóvil el aleteo
como si supiera
inclinada la faz desde los nombres inasibles
Una vuelta y otra y otra más
Porque el despertar no concede treguas
Ni historias ni ancestros
Murmullos de un sismo violeta
Gira sobre el centro de su propio vértigo
A la espera de atardeceres inmóviles
Horizontes en espiral
Brisa que desgranan los dedos del verso
Porque se sabe que el cuerpo devora las agujas de su
ombligo
Solamente
solo
Con el sentido de una máquina remota
Como si supiera
Como si nada estuviera dispuesto a conceder raíces
Llamas de un vilano a contraluz
circulando por el doble frente del abismo
No hay marcas sino brasas en el rostro
Velamen tatuado
Rítmico golpear de la soga húmeda
Como si el aire soplara desde algún rincón oscuro
Junto al oído mismo
Crepitar apenas intuido por el vibrar del laberinto
Y no importa entonces encontrar la calle donde fue el
nacimiento
Ninguna esquina ningún posible camino escondido
por los pájaros
Si el ritmo no fuera diluvio interminable
Percusión jadeante
Tal vez reconociera el calor de las pieles
Pero así es gasa que atraviesa los sentidos
Brumosa imagen invertida en la retina
Vacío eslabón de la simiente
No en el viento
ni en el fuego que cubre el silencio
Únicamente en el susurro
CON
VIENTOS DEL ESTE
Con el viento que sopla del este
tu pelo enreda el horizonte
náufragas violencias anunciaban los versos
páginas enteras de gusto salobre
porque es el que es abre silencios
últimas espumas en su nombre
veintidós elementos hoy te buscan
y bautizan con salmos la orilla de tus puertos
el vuelo secreto de tu rostro
el destello que amoroso
hilvana tus huesos.
TODO TIENE
ENTONCES EL RITMO DE LAS LETANÍAS
Todo tiene entonces el ritmo de las letanías
Cada ola cada piedra
cada segundo labrado en el aire
como si no hubiera habido una piel suave por las noches
como si el balbuceo no te hubiera acunado
cuando el azul no era aún la despedida
Golpes concéntricos mareados por el verbo
Sin claridades ni esperas
Como si no hubiera existido
Más que el blanco de los rostros
Esa sola fotografía de miradas remotas
¿Hundido en qué ruidos ensayas el canto?
¿Con qué acordes se eriza tu espalda?
La sal del desierto inventa las voces
vuelta tras vuelta
no a la plegaria que bordó la orilla
no a la promesa de amaneceres claros
ni a la espera continua frente al fuego
no al lápiz dueño de los vacíos
Es sólo la sombra de la sombra
que cuenta otra vez la misma historia
como si no hubiera habido una piel suave por las noches
como si el sonido fuera ave de paso
espacio imposible entre dos alientos
“No la llevamos en oscuros amuletos”
escribía Ana en el invierno más frío
y era su lengua la de los abuelos
cuando el azul no era aún la despedida
borrones de tiza
como los de la otra
la de los versículos más crueles
la de la herida en la frente
la que cancelara los ocasos
Como si no hubiera existido
Más que el blanco de los rostros
En la espuma añeja que dejaba el agua
un
estertor diminuto
en el vértice tenue del instante
un estertor diminuto
audible apenas tras el agitar de alas
que sacude este fragmento de cielo
hace el recuento de la vida a la intemperie
con sus más calladas ausencias
con la arena que despeina las noches de viento
con la marca que inventa una piel más alegre
más ligera
más dulce
y no este saber de memoria cada eco
este buscar el inútil trébol de la infancia
para llegar a la cena de plato vacío
y al nombre repetido apenas entre dientes
un estertor diminuto como canto de grillo
como crepitar de papeles
o golpear de nudillos distraído
no hacen falta campanas para doblar a muerto
sólo que el aliento se adelgace
así
de a poco
gira aún la noria en la casa sin nombre
y el fuego entibia el café de mañana
entre una orilla y otra queda el aire