México, Distrito Federal I Enero - Febrero 2009 I Año 3 I Número 18 Publicación Bimestral IReserva de derechos N° 04-2008-03714320700-203 I ISSN: En trámite

 

 








 

 

 


Beatriz Adriana Pérez Hernández. Nació en la ciudad de Puebla, México, el 1 de febrero de 1983. Licenciada en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha participado en diversos congresos de Literatura e Investigación. Actualmente es becada de CONACYT y estudia el tercer semestre de la Maestría en Literatura Mexicana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

   

—Estoy en mis días —dice Yadira mientras se pone la pijama.

— ¿En serio?, ahorita vemos.

Yadira tuerce la boca conociendo lo que se avecina. Decide recostarse y cubrirse con el edredón, esperando a que Pedro termine de bañarse. Ella recuerda el inicio de su relación, cuando el ahora su marido siempre le regalaba flores.

— ¡Yadira!— pronuncia Pedro.

— ¿Qué pasa? Aquí estoy, despierta, no es necesario que alces la voz.

— ¿Se te adelantó la regla?

—Sí —contesta muy segura Yadira— un desajuste.

— ¿Ajá?, a ver…

Pedro jala el edredón, dejando a su mujer destapada, se lanza sobre ella y mete su mano entre las piernas de Yadira. Ella, molesta, aprieta las piernas tratando de evitar el contacto con la mano de su marido.

—Mentira, ¿no quieres hacer el amor conmigo?—pregunta Pedro con una actitud entre furiosa y dudosa.

—Siempre es lo mismo: cogemos, te vas al baño, vuelves, te tapas y ni un “hasta mañana, mi amor” dices.

—Efectivamente, Yadira, siempre ha sido así y nunca te habías quejado. ¿Qué te pasa? ¿Acaso tienes otro? Porque si es así…

—Si fuera así te lo diría, no lo dudes. Simplemente que ya no siento nada, hacer el amor contigo se ha vuelto monótono.

—Ah, pues si esa es tu inconformidad, dime entonces qué deseas para satisfacerte mi vida, porque hasta malabares hemos hecho —dice Pedro soltando una carcajada.

—Quiero a una tercera persona con nosotros—pronuncia Yadira, arrepentida de haberlo dicho, pues desconoce la reacción que tendrá Pedro.

— ¿Qué?—pregunta Pedro, sorprendido por la propuesta de su mujer— Sí que eres buena para las bromas, de momento hasta me la creí.

—Ja, no es broma, Pedro, estoy hablando en serio.

— ¿No que no había una tercera persona?—cuestiona Pedro mientras se incorpora de la cama y con una actitud violenta―, eres una desgraciada.

—Cálmate, tienes razón, era broma.

—Desvístete pues, no sabes cómo te deseo.

—Claro, mi amor.

Yadira comienza a quitarse la ropa, resignada y dispuesta, al otro día, de salir en busca de su satisfacción. 

 

 

 

 

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